Caballeros
crucíferos

ESPIRITUALIDAD

Nuestro Carisma es el de todos los guerreros que han defendido la verdad, la justicia, el honor, la lealtad y la dignidad del hombre a lo largo de toda la historia. Por ello, somos portadores de la espada de los guerreros más poderosos de toda la humanidad, de todos los pueblos y de todas la razas. Esa es nuestra herencia, es nuestro deber consagrarnos en la lucha por la investidura que hemos recibido de Dios mismo en persona de San Juan Diego del Tepeyac, a quien la Madre del Verdadero Dios, por quien se vive, ordenó que se edificara un templo, que debe ser en todo semejante a la misma Señora del Cielo, para que sea digno trono para recibir y engendrar a Dios Todo Poderoso en su segunda persona. Esa espiritualidad reservada para una casta y una simiente de guerreros como no los ha habido en la tierra ni volverá a haberlos, es el carisma que nos identifica, templos vivos de Dios donde María engendra a Cristo vivo. Vivimos para ello el Evangelio a través de siete votos, y expandimos el reino de Dios por donde quiera que andamos...
Nuestra siemiente es soberana en unidad con el Papa, los obispos y todo sacerdocio que proviene de Cristo por el bautismo... a la vista de todos, creyentes y no creyentes, nuestra acción se expande con la simplicidad desde los rincones más olvidados por los hombres, hasta aquellos escenarios donde los ricos y poderosos creen que lo gobiernan todo, y en todos ellos llevamos la cruz de Cristo que portamos en nuestros pechos y en nuestras entrañas, para proclamar el amor de Dios por cada uno de los hombres, para que quien quiera renunciar al pecado se incorpore a Cristo
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