CABALLEROS
CRUCÍFEROS

DISCIPLINA

Nuestros cuerpos son templos de Dios y por eso los limpiamos de la impureza del pecado, de toda vejación, de todo uso perverso, de todo abuso y de todo sacrilegio. Para ello utilizamos la penitencia, el ayuno y la mortificación que corresponde a nuestro temple y a nuestra obediencia.
Nuestros niños y jóvenes, en la medida de su llamado y constitución, practican ejercicios físicos y marchas militares, así como todas las artes marciales, a fin de templar la voluntad de hierro que nuestra misión reclama.
Las artes marciales no son para aplicar a nuestros semejantes, sino que su perfección nos enseña que al principal enemigo que debemos vencer es a nosotros mismos, para ello nos sirven y por esto somos los mejores en su práctica y desarrollo...