CABALLEROS
CRUCÍFEROS

Subida al Cerro del Tepeyac

 

 

Iniciación al camino sencillo de perfección cristiana que enseñó la Madre de Dios bajo el nombre de Guadalupe  "la que procede de la región de la luz, como águila de fuego", “la que aplasta la cabeza de la serpiente”, para ser conducidos por Ella al Santo de los Santos del templo de Dios.

 

 

Introducción

 

El cumplimiento del mandato de construir un templo, que expresó la Santísima Virgen de Guadalupe a través de San Juan Diego, inició con el reconocimiento por parte del obispo fray Juan de Zumárraga en 1531 de la Aparición de Santa María, de su imagen en la tilma y con la construcción de la Basílica de la Guadalupe.

 

Con la canonización de Juan Diego,  la Iglesia reconoce que la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe estaba impresa también en el alma de Juan Diego, y SS Juan Pablo II proclama el camino hacia la consumación de la voluntad de Nuestra Señora, de construir el templo con hombres, a través de la imitación del santo, quien se con su humildad se revistió de la Virgen, que es la más perfecta imagen de Cristo que una creatura puede alcanzar. Con tal santidad es posible alcanzar la más perfecta imagen del Padre Eterno y la perfección que El quiere de cada uno de los hombres, mujeres y niños, que de esto tengan noticia. Es de esta manera como el ser humano da cumplimiento al mandato de Cristo: “Sed Perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto”, quien obró el misterio de la creación, la encarnación y la redención a través de María. A través de Ella también dará conclusión a la historia terrena de la humanidad y culminará el inicio de la historia celestial de toda la creación.

 

Para explicar este grandioso acontecimiento, es necesario recapitular sobre los principales hechos de nuestra historia, la cual inicia por el  amor misterioso y eterno que Dios nos tiene por el que decidió crear todo cuanto existe y coronar esa creación al hacerse hombre con superabundancia de Gracia y Gloria a través de María. Ella estuvo presente por toda la eternidad en la divina voluntad misma de la creación del universo, la encarnación divina, la redención y recreación gloriosa de todo cuanto existe. En los íntimos misterios de esta divina voluntad, la determinación misma de hacerse hombre tenía que ver con el inconmensurable amor que prodigaba a María, en la que encerraba todos los tesoros de la creación que entregaría a su Segunda Persona desde  el momento de su encarnación, la redención,  hasta la Jerusalem Celeste.

 

Ya en curso, la determinación divina de hacerse hombre fue la prueba de fidelidad para los ángeles,  y muchos encabezados por Satanás no aceptaron y se rebelaron, por lo que fueron precipitados  al infierno. Querían que en lugar de que Dios se hiciera hombre, asumiera la naturaleza angélica --se enangelizara-- porque consideraban al hombre como a una creatura baja y miserable, indigna de convertirse en dios por participación. 

 

La naturaleza angélica fue sometida a la prueba de la divina voluntad, consistente en que Dios crearía a una creatura tan agraciada y tan parecida a Dios Padre –“hagamos al hombre a Nuestra Imagen y Semejanza”--, que ejercería como creatura con todo el poder de Dios por participación, la función de la primera persona de su Santísima Trinidad,  Dios Padre, de engendrar a Dios mismo en su segunda persona, para revestirlo de una nueva persona en la que la creatura y el creador serían un mismo ser, con dos naturalezas.

 

No se equivocaban los ángeles. Ello significaba que una creatura singular en Gracia, tendría la dignidad del Padre por participación, al ejercer el oficio de engendrar a la persona que reuniría a la creatura y al creador. Unos adquirieron la perfección de su naturaleza al amar esta voluntad divina. Otros fueron expulsados por rebeldes.

 

No tanto el regir al universo que tendría la dignidad del hombre, sino el que un día Dios mismo pudiera decirse con todo el amor y delicada predilección y con toda verdad “el Hijo del Hombre”, fue la voluntad divina que los demonios no quisieron aceptar –y que imitan quienes no quieren ser salvados por Cristo--  y a quien no quisieron servir primero fue a esa creatura singular tan agraciada que sería llamada la Madre de Dios, cuya identidad les estuvo vedada y cuyo imperio los humilla y pulveriza.

 

Este modelo de María estaba reservado para todos los hombres, el engendrar por la Gracia –regalo de Dios—a Dios Hijo con la vida de cada uno, y adquirir de esa manera, la divinidad, para ser hermanos de Cristo y poder llamar Padre a Dios.

 

Perdido y lleno de envidia el demonio tentó en el paraíso terrenal a nuestros primeros padres para que desobedecieran a Dios, con lo que pensaba echar a perder los maravillosos planes que El tenía para nosotros. Sin embargo,  en su incomprensible amor eterno y conforme a su eterna providencia, ya había determinado que aparte de hacerse hombre, también sería redentor y en un acto más grandioso que la misma creación, recrearía al hombre y a todo el universo, y lo haría de la forma más simple y maravillosa que su sabiduría quería regalar en superabundancia de amor a los hombres: a través de María. Así, aquella que ya estaba coronada como Madre de Dios, Templo y Trono de la Sabiduría, Hija de Dios Padre y Esposa del Espíritu Santo, tendría de forma inherente a su naturaleza la gloria de ser Corredentora con Cristo.

 

En la regeneración, Cristo nos ha salvado con su vida, pasión, muerte y resurrección, y nos ha enseñado el camino que conduce a El para llegar al Padre. Falta que hagamos nuestra parte y ser perfectos con este trabajo.

 

Una vez que hagamos nuestros los mandamientos de la Ley de Dios y los sacramentos, hay varias rutas que dan curso a la Gracia Santificante y que nos  propone la Iglesia para llegar seguros a la santidad: las reglas de vida de los santos, sus consejos, su imitación, etc.

 

No para minimizar la importancia de estos caminos, sino para coronarla, la Santísima Virgen enseñó un camino en el Nuevo Mundo, el cual sería conocido y  cobraría significado y relevancia especialmente hacia los hechos escatológicos de nuestros días.

 

Ello ocurrió cuando la Virgen de Guadalupe, que apareció encinta en el ayate de San Juan Diego en México, pidió que los hombres acudieran en todas sus necesidades a Ella y que le construyeran un templo. Con estas disposiciones, habrá de dar a luz a una simiente de hijos que tienen la imagen de Cristo y revisten su imagen virginal.

 

Este camino que nos ha mostrado es el más directo y sencillo de todos para adquirir su imagen virginal y con ella la imagen de Cristo y la perfección cristiana: al subir un cerrillo, el del Tepeyac y hacer el oficio de San Juan Diego. 

 

Es necesario aprender de Ella y cumplir lo que nos manda, como lo hizo el santo, para que Ella imprima en nuestra alma a su perfecta imagen y siendo Ella quien más perfectamente imitó a Cristo Nuestro Señor, imprimirá en ese mismo acto a la imagen de Cristo en nosotros, con la que seremos reconocidos por el Padre Eterno, dado que lo estaremos adorando en espíritu y en verdad, como El quiere ser amado.

 

Con esta forma de vida seremos la materia perfecta que Ella quiere para construir su templo, que es el templo de Dios en nosotros. Este templo es el que será medido con esa caña con la que San Juan midió al Templo en el Capítulo 11 de la Revelación: “luego me fue dada una caña de medir, parecida a una vara diciéndome: Levántate y mide el Santuario de Dios y el altar, y a los que adoran en él”. Esa caña con la que se nos medirá son las 7 prácticas de vida que nos hacen formar parte del templo y con las que adquiriremos la imagen de María –con las que subiremos el cerrillo-- y con la de Ella la de Cristo: Pobreza, obediencia, castidad, estabilidad, conversión de costumbres, esclavitud a María y ofrecimiento de Víctima de Amor, que se nos han enseñado en todo camino de perfección cristiana desde Adán y Eva, Abraham, Moisés y los profetas, hasta la encarnación de Cristo y la fundación de la Iglesia y prevalecerán hasta su triunfo. Con esta forma de vida escalaremos las virtudes de María, que son las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, y las virtudes capitales de humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

 

Con la canonización de Juan Diego, el Papa Juan Pablo II ha presenciado, al igual que el obispo Fray Juan de Zumarraga, como la imagen de María está impresa no sólo en el ayate, sino que en ese acto también estaba impresa en su alma y que la Virgen Santísima quiere que todos los hombres imitemos a Juan Diego –el más pequeño de sus Hijos-- para que como él, recibamos su imagen en nuestras almas, con lo cual cumpliremos su voluntad de construir el templo que quiere y que nos recordó a través de uno de sus más grandes santos, San Luis de Montfort. Esto es, edificar el templo de Dios en nosotros, para que podamos ser medidos con la vara que se entregó a San Juan.

 

Estas son las alas del águila que en La Revelación le son dadas a la mujer encinta –la Iglesia- que está por dar a luz, para que se refugie en el desierto, --que es figura de las 7 prácticas de vida que nos enseñaron los padres que en este habitaron y donde les fue dado ser portadores del Espíritu Santo--, donde comerá de los frutos del Espíritu Santo con los que será  alimentada el tiempo señalado. Allí, nutrida con los manjares del desierto, dará a luz a estos hijos nuevos, a este templo semejante a Ella. Allí adquirirá esta construcción las proporciones del templo medido por San Juan.

 

A continuación se explica como han sucedido estos hechos, a ti, quienquiera que seas, que, si quieres, puedes elegir renunciar a tu voluntad y tomar las ilustres y heroicas armas de la obediencia, para militar bajo Cristo, Señor y Verdadero Rey, cuyo yugo es suave y cuya carga es ligera, para progresar en la vida divina y dilatado el corazón, correr con una dulzura de amor indecible por el camino de los mandatos de Dios, como nos invitan los santos.

 

Capítulo 1.

La Santísima Virgen de Guadalupe mandó construir su templo.

 

Tomemos para este efecto el relato del “Nican Mopohua”, el más reconocido sobre las apariciones de nuestra Madre.

 

Primero se hizo ver de un hombre de raza indígena, su nombre Juan Diego; y después se apareció su Preciosa Imagen delante del reciente obispo don fray Juan de Zumárraga. (...)

  1. Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos,
  2. así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquél por quien se vive: el verdadero Dios.
  3. En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un hombre de raza indígena, un pobre hombre del pueblo,
  4. Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlán,
  5. y en las cosas de Dios, en todo pertenecía a Tlatelolco.
  6. Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos.
  7. Y al llegar cerca del cerro llamado Tepeyac ya amanecía.
  8. Escuchó cantar sobre el cerro, como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les respondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos.
  9. Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá  lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños?
  10. ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial?
  11. Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial.
  12. Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo, le decían: "JUANITO, JUAN DIEGUITO".
  13. Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba en su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban.
  14. Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, cuando lo vio una Doncella que allí estaba de pie,
  15. lo llamó para que fuera cerca de Ella.
  16. Y cuando llegó frente a Ella mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza:
  17. su vestido relucía como el sol, como que reverberaba,
  18. y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos;
  19. el resplandor de Ella como preciosas piedra, como ajorca (todo lo más bello) parecía
  20. la tierra como que relumbraba con los resplandores del arco iris en la niebla.
  21. Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allí se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro.
  22. En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra, que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho.
  23. Le dijo:- "ESCUCHA, HIJO MÍO EL MENOR, JUANITO. ¿A DÓNDE TE DIRIGES?"
  24. Y él le contestó:_ "Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatelolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros sacerdotes"
  25. En seguida, con esto dialoga con él, le descubre su preciosa voluntad;
  26. le dice: "SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA TIERRA, MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME LEVANTEN MI CASITA SAGRADA.
  27. EN DONDE LO MOSTRARÉ, LO ENSALZARÉ AL PONERLO DE MANIFIESTO:
  28. LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN:
  29. PORQUE YO EN VERDAD SOY VUESTRA MADRE COMPASIVA,
  30. TUYA Y DE TODOS LOS HOMBRES QUE EN ESTA TIERRA ESTÁIS EN UNO,
  31. Y DE LAS DEMÁS VARIADAS ESTIRPES DE HOMBRES, MIS AMADORES, LOS QUE A MÍ CLAMEN, LOS QUE ME BUSQUEN, LOS QUE CONFÍEN EN MÍ,
  32. PORQUE ALLÍ LES ESCUCHARÉ SU LLANTO, SU TRISTEZA, PARA REMEDIAR PARA CURAR TODAS SUS DIFERENTES PENAS, SUS MISERIAS, SUS DOLORES.
  33. Y PARA REALIZAR LO QUE PRETENDE MI COMPASIVA MIRADA MISERICORDIOSA, ANDA AL PALACIO DEL OBISPO DE MEXICO, Y LE DIRÁS QUE CÓMO YO TE ENVÍO, PARA QUE LE DESCUBRAS CÓMO MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME PROVÉA DE UNA CASA, ME ERIJA EN EL LLANO MI TEMPLO; TODO LE CONTARÁS, CUANTO HAS VISTO Y ADMIRADO, Y LO QUE HAS OÍDO.
  34. Y TEN POR SEGURO QUE MUCHO LO AGRADECERÉ Y LO PAGARÉ,
  35. QUE POR ELLO TE ENRIQUECERÉ, TE GLORIFICARÉ;
  36. Y MUCHO DE ALLÍ MERECERÁS CON QUE YO RETRIBUYA TU CANSANCIO, TU SERVICIO CON QUE VAS A SOLICITAR EL ASUNTO AL QUE TE ENVÍO.
  37. YA HAS OÍDO, HIJO MÍO EL MENOR, MI ALIENTO MI PALABRA; ANDA, HAZ LO QUE ESTÉ DE TU PARTE".
  38. E inmediatamente en su presencia se postró; le dijo:_ "Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre servidor".
  39. Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda: vino a encontrar la calzada, viene derecho a México.
  40. Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego fue derecho al palacio del obispo, que muy recientemente había llegado, gobernante sacerdote; su nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco.
  41. Y en cuanto llegó luego hace el intento de verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo;
  42. después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo que entrara.
  43. Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, se postró, luego ya le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que admiró lo que vio, lo que oyó.
  44. Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto,
  45. le respondió, le dijo: "Hijo mío, otra vez vendrás, aun con calma te oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo".
  46. Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo.
  47. Luego se volvió, al terminar el día , luego de allá se vino derecho a la cumbre del cerrillo,
  48. y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí cabalmente donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando.
  49. Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo:
  50. "Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste.
  51. Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto.
  52. Me dijo: "Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé, bien aun desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad".
  53. Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal vez no es de tus labios;
  54. mucho te suplico, Señora mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean.
  55. Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña;
  56. por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía".
  57. Le respondió la perfecta Virgen, digna de honra y veneración:
  58. "ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUÉ QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD;
  59. PERO ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD.
  60. Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO.
  61. Y DE MI PARTE HAZLE SABER, HAZLE OÍR MI QUERER, MI VOLUNTAD, PARA QUE REALICE, HAGA MI TEMPLO QUE LE PIDO.
  62. Y BIEN, DE NUEVO DILE DE QUÉ MODO YO, PERSONALMENTE, LA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, YO, QUE SOY LA MADRE DE DIOS, TE MANDO".
  63. Juan Diego, por su parte, le respondió, le dijo:_ "Señora mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino.
  64. Iré a poner en obra tu voluntad, pero tal vez no seré oído, y si fuere oído quizás no seré creído.
  65. Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu palabra, a tu aliento, lo que me responda el gobernante sacerdote.
  66. Ya me despido de Ti respetuosamente, Hija mía la más pequeña, Jovencita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito.
  67. Y luego se fue él a su casa a descansar..
  68. Al día siguiente, domingo, bien todavía en la nochecilla, todo aún estaba oscuro, de allá salió, de su casa, se vino derecho a Tlatelolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista; luego para ver al señor obispo.
  69. Y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se había oído misa y se había nombrado lista y se había dispersado la multitud.
  70. Y Juan Diego luego fue al palacio del señor obispo.
  71. Y en cuanto llegó hizo toda la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vió;
  72. a sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento de la Reina del Cielo,
  73. que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde había dicho, en donde la quería
  74. Y el gobernante obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella; todo absolutamente se lo contó al señor obispo.
  75. Y aunque todo absolutamente se lo declaró, y en cada cosa vio, admiró que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador Nuestro Señor Jesucristo,
  76. sin embargo, no luego se realizó.
  77. Dijo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría lo que él pedía,
  78. que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona.
  79. Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al obispo:
  80. "Señor gobernante, considera cuál será la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió".
  81. Y habiendo visto el obispo que ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo despacha.
  82. Y en cuanto se viene, luego le manda a algunos de los de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba, a  quién veía, con quién hablaba.
  83. Y así se hizo. Y Juan Diego luego se vino derecho. Siguió la calzada.
  84. Y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca del Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder. Y aunque por todas partes buscaron, ya por ninguna lo vieron.
  85. Y así se volvieron. No sólo porque con ello se fastidiaron grandemente, sino también porque les impidió su intento, los hizo enojar.
  86. Así le fueron a contar al señor obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía.
  87. Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente.
  88. Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor obispo;
  89. la que, oída por la Señora, le dijo:
  90. "BIEN ESTÁ, HIJITO MÍO, VOLVERÁS AQUÌ MAÑANA PARA QUE LLEVES AL OBISPO LA SEÑAL QUE TE HA PEDIDO;
  91. CON ESO TE CREERÁ Y ACERCA DE ESTO YA NO DUDARÁ NI DE TI SOSPECHARÁ;
  92. Y SÁBETE, HIJITO MÍO, QUE YO TE PAGARÉ TU CUIDADO Y EL TRABAJO Y CANSANCIO QUE POR MI HAS EMPRENDIDO;
  93. EA, VETE AHORA; QUE MAÑANA AQUÍ TE AGUARDO".
  94. Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió.
  95. Porque cuando fue a su casa, su tío de nombre Juan Bernardino, estaba gravemente enfermo.
  96. Llamó al médico pero ya no era tiempo porque estaba muy grave.
  97. Y cuando anocheció, le rogó su tío que fuera a Tlatelolco para llamar algún sacerdote que lo confesara y lo preparara,
  98. porque estaba seguro de que ya era el tiempo de morir, porque ya no se levantaría, ya no se curaría.
  99. Y el martes estando todavía muy oscuro salió Juan Diego de su casa a Tlatelolco para a llamar al sacerdote,
  100. y cuando llegó al lado del cerrito donde termina la sierra, al pie, donde empieza el camino,  por la parte donde el sol se oculta, se dijo:
  101. "Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al gobernante eclesiástico como me lo mandó;
  102. mejor voy primero por el sacerdote y de esta forma dejamos ya no nos preocuparemos porque mi tío no hace más que aguardarlo".
  103. En seguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio y lo atravesó para salir hacia la parte oriental, para llegar pronto a México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo.
  104. Piensa que por donde dio la vuelta no lo podría ver la que perfectamente a todas partes está mirando.
  105. La vio cómo bajó del cerro, y que desde arriba lo había observado, desde donde antes lo esperaba.
  106. Le salió al encuentro a un lado del cerro; le dijo:
  107. "¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?":
  108. Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o tal vez de ello se espantó, se puso temeroso?
  109. En su presencia se postró, la saludó, le dijo:
  110. "Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía?
  111. Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío.
  112. Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella.
  113. Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo,
  114. porque en realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte.
  115. Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía.
  116. Te ruego me perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa".
  117. En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:
  118. "ESCUCHA, PÓNLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA.
  119. ¿NO ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS? ¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?.
  120. QUE NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NOTE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ BUENO"
  121. (Y luego en aquel mismo momento sanó su tío, como después se supo):
  122. Y Juan Diego, cuando oyó la amable palabra, el amable aliento de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, bien con ello se apaciguó su corazón,
  123. y le suplicó que inmediatamente lo mandara a ver al gobernador obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación, para que creyera
  124. la Reina Celestial luego le mandó que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes la veía;
  125. Le dijo: "SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME VISTE Y TE DI ÓRDENES
  126. ALLÍ VERÁS QUE HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA.
  127. Y Juan Diego luego subió al cerrillo,
  128. y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuantas había florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando todavía no era su tiempo:
  129. porque de veras que en aquella sazón arreciaba el hielo;
  130. estaban difundiendo un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno.
  131. Luego comenzó a cortarlas,, todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma.
  132. Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites,
  133. y si acaso algunas hierbecillas se solían dar, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo.
  134. Y en seguida vino a bajar, vino a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar,
  135. y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó;
  136. luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:
  137. "MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL QUE LLEVARÁS AL OBISPO;
  138. DE MI PARTE LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD.
  139. Y TÚ..., TÚ QUE ERES MI MENSAJERO...., EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA CONFIANZA;
  140. Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS.
  141. Y LE CONTARÁS TODO PUNTUALMENTE LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE,
  142. PARA QUE PUEDAS CONVENCER AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO".
  143. Y en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, ya viene contento.
  144. Ya así viene sosegado su corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente.
  145. Mucho viene cuidando lo que está en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire;
  146. viene disfrutando del aroma de las diversas preciosas flores.
  147. Cuando vino a llegar al palacio del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante,
  148. y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían que no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro,
  149. o tal vez porque ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba,
  150. y ya les habían contado sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo fueron siguiendo
  151. Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón.
  152. Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse.
  153. Y cuando vio Juan Diego que de ningún modo podía ocultarles lo que llevaba y que por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo aporrearían, un poquito les vino a mostrar que eran flores.
  154. Y cuando vieron que todas eran finas, variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran, las admiraron muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que tenían sus corolas, lo bien que olían, lo bien que parecían
  155. Y quisieron coger y sacar unas cuantas;
  156. tres veces sucedió que se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron hacerlo,
  157. porque cuando hacían el intento ya no podían ver las flores, sino que, a modo de pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían.
  158. Inmediatamente fueron a decirle al gobernante obispo lo que habían visto,
  159. cómo deseaba verlo el indito que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo.
  160. Y el gobernante obispo, en cuando lo oyó, dio en la cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito.
  161. Enseguida dio orden de que pasara a verlo.
  162. Y habiendo entrado, en su presencia se postró, como ya antes lo había hecho.
  163. Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje.
  164. Le dijo:_"Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste;
  165. así fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras;
  166. y también le dije que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste.
  167. Y escuchó bien tu aliento, tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada voluntad.
  168. Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte;
  169. y le pedí la prueba para ser creído, según había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió.
  170. Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara diversas rosas de Castilla.
  171. Y cuando las fui a cortar, se las fui a llevar allá abajo;
  172. y con sus santas manos las tomó,
  173. de nuevo en el hueco de mi ayate las vino a colocar,
  174. para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las diera.
  175. Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque sólo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé.
  176. Cuando fui a llegar a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso.
  177. Allí estaban ya perfectas todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar;
  178. y me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad,
  179. y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje,,
  180. Aquí las tienes, hazme favor de recibirlas."
  181. Y luego extendió su blanca tilma , en cuyo hueco había colocado las flores.
  182. Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas,
  183. luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora está,
  184. en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe.
  185. Y en cuanto la vio el obispo gobernante y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron,
  186. se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento.....
  187. Y el obispo gobernante con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra,
  188. y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego
  189. en la que se apareció, en donde se convirtió en señal la Reina Celestial,
  190. Y luego la llevó; allá la fue a colocar a su oratorio.
  191. Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo.
  192. Y al día siguiente le dijo:_"Anda, vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo.
  193. De inmediato se convidó gente para hacerlo, levantarlo,
  194. Y Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso:
  195. quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatelolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho la Reina del Cielo que ya había sanado.
  196. Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa.
  197. Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía.
  198. Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado;
  199. le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran;
  200. Y él le dijo cómo cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció la Señora del Cielo;
  201. y lo mandó a México ver al gobernante obispo, para que allí le hiciera una casa en el Tepeyac.
  202. Y le dijo que no se afligiera, que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló.
  203. Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó,
  204. y la vio exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino,
  205. le dijo cómo a él también lo había enviado a México a ver al obispo;
  206. y que también, cuando fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que había visto
  207. y la manera maravillosa en que lo había sanado,
  208. y que bien así la llamaría bien así se nombraría; LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE, su Amada Imagen.
  209. Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él a dar testimonio,
  210. y junto con su sobrino Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días,
  211. en tanto que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac,; donde se hizo ver de Juan Diego.
  212. Y el señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial.
  213. La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran, su amada Imagen.
  214. Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver a admirar su preciosa Imagen.
  215. Venían a reconocer su carácter divino.
  216. Venían a presentarle sus plegarias.
  217. Muchos admiraron en qué milagrosa manera se había aparecido,
  218. puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen

 

 

Capítulo II

 

Se explica el modo de construir el templo de Dios que quiere el Sagrado Corazón de la  Inmaculada Concepción de la Virgen María de Guadalupe, Madre de Dios, Corredentora, Mediadora y Abogada del género humano y que mandó a Juan Diego y con él a todos los hombres. Imitemos a Juan Diego y así podremos construir el templo y revestir la imagen de María, quien reviste la imagen de Cristo, el sol de justicia, para encontrar Gracia delante de Dios

1.-Primero aceptar la doctrinas de la Santa Iglesia establecida en el catecismo y no tener dudas en el corazón y con la voluntad amar y cumplir con todos los actos de nuestra vida, el camino que Dios nos propone para nuestra salvación, que se contiene en el catecismo de la Iglesia, cumplir los 10 mandamientos de la ley de Dios, los 7 sacramentos de la iglesia y sus 5 mandamientos, porque cuando vino la Virgen de Guadalupe, “ya estaban depuestas las flechas, los escudos y por todas partes había paz, y brotaba, verdecía y abría  su corola la fe y el conocimiento de Aquél por quien se vive: el verdadero Dios”. Esto quiere decir que para que la Virgen se haga presente en nosotros, como la perfecta imagen de Cristo que Ella reviste, primero debe haber la paz que procede de cumplir la voluntad de Dios expresada en lo que nos manda la Iglesia Católica, que es nuestra madre.

2.-Para ayudarnos a hacer esto, y luego de estar bautizados, de confesarnos regularmente y de comulgar con la mayor frecuencia, rezar devotamente el Santo Rosario y meditar el vía crucis como lo haría María, la Iglesia nos propone cumplir con cada uno de los siguientes actos, como lo hacía Juan Diego, quien de madrugada iba a en pos de Dios y de sus mandatos:

Instrumentos de las Buenas Obras, que habrán de aprenderse de memoria y practicarse, que nos recomienda la Iglesia y que proceden de la Regla de San Benito

 

1.- Ante todo, amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.

2.- Amar al prójimo como a sí mismo.

3.- No dar ni desear mal a nadie.

4.- No cometer adulterio; no desearlo ni consentir en pensar en este.

5.- No hurtar.

6.- No codiciar algún bien ajeno.

7.- No mentir ni levantar falso testimonio.

8.- Honrar a sus padres y a todos los hombres.

9.- No hacer a otro lo que no quieren para sí.

10.- Negarse a sí mismo para seguir a Cristo.

11.- Mortificar al cuerpo propio.

12.- No abrazarse a los deleites.

13.- Amar y practicar el ayuno.

14.- Dar a los pobres.

15.- Vestir al desnudo.

16.- Visitar a los enfermos.

17.- Enterrar a los muertos.

18.- Socorrer al atribulado.

19.- Consolar al afligido.

20.- Hacerse extraño a la conducta del mundo.

21.- No anteponer nada al amor de Cristo.

22.- No satisfacer la ira.

23.- No guardar resentimiento.

24.- No tener dolo en el corazón.

25.- No dar paz fingida.

26.- No abandonar la caridad; abrazarse a ella.

27.- No jurar, no sea que se jure en falso.

28.- Decir la verdad con el corazón y con la boca.

29.- No devolver mal por mal.

30.- No injuriar a otro; llevar con paciencia las injurias que se les hicieren.

31.- Amar a los enemigos.

32.- No maldecir a los que maldicen, sino bendecirles con la boca y con el corazón.

33.- Sufrir persecución por la justicia.

34.- No ser soberbio.

35.- No ser dado al vino.

36.- No ser glotón.

37.- No ser soñoliento.

38.- No ser perezoso.

39.- No ser murmurador.

40.- No ser detractor.

41.- Poner en Dios toda su esperanza.

42.- Cuando viere en sí algo bueno, atribúyalo a Dios, no a sí mismo.

43.- El mal, en cambio, impúteselo a sí mismo y piense siempre que es obra suya.

44.- Temer al día del juicio.

45.- Sentir terror al infierno.

46.- Anhelar y suspirar con todo el afán espiritual por la vida eterna.

47.- Tener cada día presente ante sí a la muerte.

48.- Velar a todas horas sobre los actos de su vida.

49.- Tener por cierto que Dios le está mirando en todo lugar.

50.- Estrellar enseguida en Cristo toda tentación, todos los malos pensamientos que sobrevengan a su corazón y manifestarlos al padre espiritual.

51.- Guardar su mente y su boca de palabras malas y perversas.

52.- No ser amigo de hablar mucho.

53.- No decir palabras vanas o que exciten a la risa.

54.- No gustar de reír mucho ni estrepitosamente.

55.- Oír de grado las lecturas santas; huir de  las lecturas vanas y de la televisión o el radio y de las diversiones.

56.- Darse con vigilancia y frecuencia la oración.

57.- Confesar a Dios todos los días en la oración con lágrimas y gemidos las culpas pasadas, vivir diario la compunción del corazón.

58.- Corregirse en adelante de todas sus culpas.

59.- No satisfacer los deseos de la carne.

60.- Aborrecer la propia voluntad.

61.- Obedecer en todos los preceptos de sus superiores, aún cuando estos obraren de otro modo, acordándose del precepto del señor: "Haced lo que dicen, pero no hagan lo que ellos hacen".

62.- Buscar ser tenido en nada. No querer ser tenido por santo antes de serlo, más serlo en efecto para que lo digan con verdad.

63.- Practicar con obras todos los días los preceptos del Señor.

64.- Amar la castidad y buscar la virginidad de espíritu.

65.- No aborrecer a nadie.

66.- No abrigar celos.

67.- No obrar por envidia.

68.- No amar las disputas.

69.- Huir de la altivez.

70.- Venerar a los ancianos.

71.- Amar a los jóvenes y a los niños.

72.- Orar por los enemigos en el amor de Cristo.

73.- Reconciliarse antes del ocaso con quien se haya tenido alguna discordia.

74.- No desesperar jamás de la misericordia de Dios.

75.- Ser amigo del silencio en la boca y en el corazón, siguiendo el consejo el Profeta: "el que quiera escuchar a Dios, que se siente y guarde silencio".

 

Estos son los instrumentos del arte espiritual, los cuales utilizamos incesantemente día y noche, y los devolveremos en día del juicio, y con los cuales nos recompensará el Señor con el galardón que nos tiene prometido "Que ni ojo vio, ni oído oyó, ni el hombre entendió lo que Dios tiene preparado para los que le aman". Pero la oficina donde hemos de practicar con diligencia todas estas cosas es el recinto donde vivimos y los lugares donde desarrollamos todas nuestras actividades y en el estado en el que nos encontramos, guardando estabilidad y permaneciendo firmes en la Fe en el seno de la Santa Iglesia Católica.

 

3.-Guardar silencio y poner atención con la inteligencia y con dedicación de la voluntad para escuchar el canto de las aves que anuncian a Santa María, esto es de los Santos que nos hablan de Ella para darnos su mensaje, que es el de Cristo, despejando de nuestra mente ideas y concepciones propias y distintas de lo que nos manda la Iglesia a través de nuestros pastores. Dejando a un lado los afectos personales hacia las cosas terrenales o hacia las cosas personales y las preocupaciones de la vida, tales como el sustento, el vestido y el trabajo y la propia seguridad. Así lo hizo San Juan Diego cuando caminaba cerca por el cerro en pos de Dios y de sus mandatos, cuando escuchó el canto de pájaros, los santos que anuncian la Buena Nueva con María, en María y por María y música celestial, que procede del cielo, con los múltiples mensajes de María misma, que como en el Tepeyac aparece en todo el mundo, y que nos animan a seguir el camino que Cristo nos enseñó y que la Iglesia nos repite. El santo no se hubiera dado cuenta de esos cantos de pájaros ni tampoco de la música celestial si su corazón y su mente estuvieran embotado por pasiones o distraídos por preocupaciones, ideas o afectos por cosas terrenales.

 

4.-Detenerse a considerar y dar gracias a Dios, porque estas cosas las comunica la Virgen Santísima a sus hijos más predilectos, los que van en pos de Dios y de sus mandatos y que para ser hijo predilecto, hay que recordar las cosas que nos enseñaron nuestros mayores, nuestros pastores en la Santa Iglesia, esto es el cumplimiento de la Ley de Dios.

Así lo hizo el santo, cuando meditaba sobre ese llamado, pensando en lo que le habían enseñado sus antepasados sobre el paraíso.  Así él meditaba como dice el Rey David, ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!

La Virgen Santísima a quien nos dirigimos, es el Seno, el paraíso secreto donde Dios se Deleita y que El nos quiere comunicar como camino más fácil por donde lo encontraremos.

5.-Juan Diego volteó hacia el lado de donde sale el Sol y de allí se percató que procedía el precioso canto celestial.

a)     Como él, nosotros debemos dirigir la mirada de nuestra inteligencia y todos los afectos de nuestro corazón y todas las inclinaciones de nuestros sentidos externos e internos (memoria, imaginación, conciencia y estimación) hacia María, porque Ella es el lado de donde sale el Sol y en ese acto escucharemos el precioso canto celestial, cuyo mensaje es Cristo, el Sol de Justicia y la eterna luz engendrada por el Padre y la Buena Nueva de que somos Hijos de Dios y que El nos ama y que María es el medio por el cual Dios se nos entrega. Ella es el medio por el que, imitándolo a Dios, podemos entregarnos a El más fácilmente, porque si El es el fin y Ella el Medio que El eligió para llegar a nosotros, luego entonces el canto celestial nos dice que imitando a la Santísima Trinidad, que la eligió para llegar a nosotros, llegaremos a Dios más fácil, rápidamente y perfectamente por medio de Ella. Esta es la preciosidad del canto que Juan Diego escuchaba. El  lado de donde sale el sol, es de donde nace Jesucristo.

b)     Al mismo tiempo ese precioso canto es la noticia que Dios había mantenido en secreto pero que al final del tiempo quiso entregar a los hombres, esto es, que María estaba llevando a cabo la imitación del Padre Eterno al engendrar a Cristo en su seno, el cual Dios quiso desde toda la eternidad que fuera su morada, y que para eso la creó como su Paraíso, su cielo secreto, su más amada criatura, que tenía que ser lo más perfectamente semejante a Dios Padre, para llevar a cabo tal sublime trabajo que realiza Dios Padre por la eternidad, que es el de engendrar a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Su Hijo Eterno, al Verbo para quien fueron creadas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.

c)      En este misterio María fue creada con tal semejanza a Dios Padre, para que Ella pudiera cumplir perfectamente el oficio de engendrar a Cristo, para lo cual Ella es la creatura que más perfectamente conoce a Dios Padre, por voluntad de Dios Padre que desde la eternidad inmemorial, al mismo tiempo que engendraba a su amadísimo Hijo, ya tenía presente a la que realizaría el oficio de ser la Madre de su Hijo, y la amaba con un amor tan especial como el que debería revestir como personalidad propia aquella que sería proclamada por este acto, la Madre de Dios.

d)     Así, mientras Dios creaba todo el universo y a todas sus creaturas, lo hacia en el Verbo, con El y para El, pero de misteriosa forma en ese mismo acto, El ya tenía en mente que, después de la desobediencia voluntaria del hombre, recrearía todas las cosas, las del cielo y las de la tierra con la redención de Cristo, con lo que realizaría una obra más perfecta y gloriosa que esa misma creación, y en ese misterio y secreto, se deleitaba en ver que la regeneración de todo, lo haría a través de la creatura más amada de sus tres personas divinas, María, quien al imitar a Dios Padre, engendrando a Cristo, obra gloriosa de su inmaculada concepción para la que fue creada por el Padre, en ese mismo acto, el Padre recreaba, a través de Ella, a todo el universo y a todas sus creaturas, de tal forma que todo lo que ha salido de las manos del Padre, ha tenido que salir, por voluntad suya, de María, porque para ese oficio la constituyó.

e)     A través de María, recibe Dios Padre de mejor forma el amor de sus creaturas, o por  mejor decirlo, el culto, el amor tierno, hermoso, sublime y delicado, el honor y la gloria, como El la prefiere.

f)        Con ello, Dios Padre declaró a todas sus creaturas, que todo acto creador que El efectuó, lo hizo con María, para María, por María y en María, por un acto inefable de su voluntad y que a Ella el la hizo para su Hijo Amado, como el más perfecto regalo que quería darle, para que al igual que El, su Hijo tuviera en Ella todos sus deleites y al entregarle el Padre a su Hijo amado a María, corona de toda la creación, lo constituía Señor de todas las cosas y creaturas, de manera que Ella es la corona de Dios, porque es la creatura más perfecta de todas las que hizo y quiere que ella esté encabezándolo y coronándolo todo en la cabeza de Cristo, su Hijo amado. Por eso El corona a María como Madre del verdadero Dios por quien se vive, dueño de todo, de la cercanía y de la lejanía.

g)     María que es el molde en que Cristo tomó por esposa a la humanidad, y tomó una carne como la nuestra, tiene tal semejanza con su Hijo, que es la más perfecta semejanza que Dios Padre quiso dar de Sí a una creatura, por lo cual, en todos los órdenes no existe creatura más semejante a Cristo, que María, y siendo Cristo la imagen del Padre, entonces no existe creatura más semejante al Padre, por ser semejante al Hijo, que María.

h)      Esto mismo sucede en el orden de la gracia y la revelación que Dios quiso comunicar al hombre. No existe creatura que conozca y cumpla de mejor manera y de la manera que más agrada a Dios Padre su voluntad, que María. Tampoco existe creatura que cumpla de mejor forma, ni de la forma que Dios más ama la voluntad del Hijo, que es la del Padre, que María, ni hay creatura que haya cumplido de mejor forma el Evangelio que Cristo nos enseño, ni de la forma que más ama Dios, que María. Ella, como Madre de Dios es co-creadora y co-regeneradora de todo cuanto existe, en el orden de la redención es Madre del Evangelio, corredentora de la humanidad y en el orden de la ayuda paraclita que realiza el Espíritu Santo, es co-santificadora, por voluntad de la Santísima Trinidad.

i)        En el orden de la redención del género humano, María tiene todas y cada una de las señales de la vida de Cristo, desde su concepción hasta su pasión y muerte;  hasta su parusía y acción en el juicio de las naciones y hasta su venida gloriosa para juzgar a vivos y muertos.

j)        De esta manera, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen tiene en su alma la Cruz de Cristo; tiene a todas y cada una de las heridas redentoras de Cristo, todas sus agonías por nosotros y todos sus sufrimientos, toda la cruz redentora, los latigazos, escupitajos y espinas Ella las sufrió para tener la perfecta imagen de Cristo, todas las blasfemias y malagredecimientos, todos los ultrajes de nuestras culpas actuales. Ese fue el regalo de Cristo a María, ser corredentora de la humanidad, esa es su misión que desempeña con nosotros. Es por esto que quien se abrace de la cruz de Cristo y lleve su cruz de cada día siguiendo a Cristo, se abraza a la cruz que ha sufrido María, que es la más agradable de todas las cruces a los ojos del Padre, porque es la más semejante a la que su Hijo sufrió y por la que el Espíritu Santo derramará sus dones de perfección.

k)      Esta misión da a María el carácter de revestir todas las virtudes que Cristo quiere de su Santa Iglesia y de todos los hombres, quienes para tener el traje de la boda, para desposar a Cristo, debemos revestirnos de María.

l)        Este revestimiento tiene un triple carácter: Primero, para revestir a Cristo, hay que revestir a María, imitándola, haciendo todo lo que hacemos con Ella, en Ella, por Ella y para Ella. Segundo, de esta forma, nos convertimos en Madres de Cristo, tal como lo declaró Nuestro Señor: “Mi madre, mi hermano o hermana son todo aquel que cumple la voluntad de mi Padre Celestial”. Tercero, al engendrar a Cristo de esta manera, nos convertimos en sus hermanos y coherederos de su Reino, como Nuestro Señor lo declara. Así, retratamos en nuestra alma a Cristo de la forma perfecta como El lo quiere, esto es, con la imagen de El, que María reviste, con todas sus obras y todos sus  sufrimientos redentores, como cosa propia, lo poseemos a El, como lo posee María, en la noche de la Fe en esta vida, que se nos revelará cara a cara en la venidera.

m)   Esta acción se hace por la virtud santificadora del Espíritu Santo, quien quiere hacerlo a través de María, su Esposa. Así, María es quien es el vaso de toda virtud agradable al Padre y de toda santidad, es así, que aquel que camina por el sendero de la perfección como lo pide Cristo al mandarnos “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”, camina por María, con Ella, en Ella y para Ella, porque en ese mandato Cristo mismo nos está mandando ir a María, como forma de ser perfectos tal cual lo es el Padre, quien constituye a María, como mediadora de toda gracia.

n)      Al ejercer la triple consagración de bautismo, María también es el modelo a seguir y a revestir, como el traje de bodas que pide el Padre en las bodas de su Hijo, para el cual la esposa se ha embellecido, esto es, que Ella como sacerdote se entregó a sí misma, con libre y plena libertad,  para que en Ella se realizaran todos los planes de la Santísima Trinidad –“he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”-- y entregó al fruto de sus entrañas, a Cristo en expiación de nuestras culpas al Padre Eterno para que nos redimiera y  entrega a cada uno de sus hijos que en su seno ha formado, como ofrenda al Padre. Como Profeta nos anuncia todos los planes de Dios, incluyendo aquellos que están más reservados y más ocultos en su revelación y que sin Ella no podemos comprender. Denuncia y aplasta la cabeza del demonio como ejército en orden de batalla contra el cual el enemigo no tiene defensa alguna por disposición eterna del Padre. Como Reina rige en todas nuestras fuerzas y debilidades para transformarlas en ofrenda agradable a Cristo y reina en toda la distribución de las gracias de Dios y reina en orden al gobierno de Dios en todo el universo, incluso su imperio llega misteriosamente a enderezar a las almas más hundidas en el pecado.

o)     En el sacrificio santo de la Misa, María también tiene participación, siendo Ella el medio del que Dios quiere valerse para entregarse a los hombres, es en su seno donde el pan se transforma en la carne de Cristo y el vino en su sangre, ya que Ella fue quien por voluntad de Dios recibió carne y sangre humanas y donde se hizo una sola persona la carne humana y la divinidad. Además,  es en su seno donde se realiza la unión de nosotros con Cristo cuando lo comemos y nos hacemos uno con la carne y la sangre de Cristo. Al comer este Pan, en correspondencia a la perfección de las obras de Dios por las que se nos da, debemos revestir por voluntad propia entregada a María, su virginidad, para que sea Ella en nuestro corazón quien reciba a Cristo, lo que es muy agradable a El, porque Ella lo recibió en su seno y El prefiere más al monte Sión, que a todas las moradas de Jacob, esto es, prefiere más el seno de María en nuestro corazón, para que Ella le reciba, que al más perfecto de los recintos dispuestos por nosotros sin María.

p)     Como Esposa del Espíritu Santo, María nos comunica en su imitación,  las virtudes por las cuales el Espíritu Santo se ha desposado con Ella. Como Esposa Ella tiene la superabundancia del amor del Espíritu Santo, en quien se hizo fecundo para crear al universo, recrearlo, para  alumbrar a Cristo en persona, para alumbrar al cuerpo místico de Cristo, para llenar de justicia a la tierra con el juicio de las naciones, para  traer de vuelta a Cristo lleno de Gloria en el juicio final y el Reino por el que pedimos en el padre Nuestro y finalmente para alumbrar a la Jerusalem Celeste.

q)     Finalmente, al revestirnos de esta forma, encontraremos Gracia delante de Dios, tal cual la encontró María y podremos proclamar con Ella: “hágase en mí según tu palabra”, que es engendrar y dar a luz a Cristo.

Todo lo anterior se ha prefigurado desde el mismo nacimiento de Cristo cuando los Santos Reyes siguiendo la estrella –María es la Estrella de la Mañana—encontraron primero a María y después al Niño Jesús. Así nosotros, siguiente a la Estrella, que es María, revestiremos sus virtudes y encontraremos a Cristo de la mejor manera, como niño, para que crezca dentro de nosotros y allí encuentre su madurez.

Es por estas cosas, que Juan Diego vio “del lado de donde sale el sol”, de donde procedía un precioso canto celestial, que son estas cosas tan maravillosas que María le comunicaba.

6.-Una vez que se nos han comunicado estas cosas y al vivirlas, escucharemos el llamado de nuestra santísima Madre, quien llamó cariñosamente a Juan Diego: “El más pequeño de mis hijos”, y habiendo meditado y puesto por obra todo lo que nos comunica esa música celestial, a semejanza de él podremos acercarnos a Ella sin ninguna turbación en el corazón, sin alteración, llenos de alegría extrema como él, para subir a donde Ella nos indica, aquí prefigurado en el cerrillo, para que nos mande su voluntad que sin lugar a dudas es ir a Cristo.

Este subir, es caminar en la noche de la Fe, escalando las virtudes de María, que son las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, y las virtudes capitales de humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. Alcanzaremos estas virtudes con las ayudas que ya se han dicho y subiremos a Dios, como San Juan de la Cruz subió por el Monte Carmelo, pero más fácil y rápidamente. Por el camino apaciguaremos nuestros cinco sentidos externos y los cuatro sentidos internos, para que en paz, podamos caminar por el apaciguamiento de la inteligencia y de la voluntad. Con  estos trabajos, más sencillos subiendo el cerro del Tepeyac, pasaremos por la vía purgativa y iluminativa,  y por la noche oscura del sentido y del espíritu, y llegaremos a la unión mística con Dios con mucha suavidad y rapidez.

María nos llama por nuestro nombre a subir al cerrillo y para lograrlo nos da la Misa, la Confesión, el Rosario, el Escapulario, la Cruz de San Benito, la Liturgia de las Horas, el ayuno y la penitencia. Estos medios los habremos de utilizar de acuerdo con nuestro estado de vida por el que nos hemos consagrado a María como esclavos de su amor, tal cual Ella se hizo esclava del Señor.

El cerrito figura a un trabajo de menor dificultad  porque lo hacemos con, en, para María, que subir a una montaña como el Sinaí o cruzar el desierto, porque es María quien nos convoca y es Ella quien nos lleva “en el pliegue de su manto y en el cruce de sus brazos”. Si quisiéramos hacerlo sin Ella tratando de llegar a Cristo por nuestras propias fuerzas, sería tratar de escalar una escarpada montaña.

7.-El llegar a la cumbre de este cerrillo del Tepeyac, que son las virtudes capitales y teologales, veremos a María, tal cual se presentó a San Juan Diego y en este momento Ella habrá constatado que verdaderamente queremos “seguir las cosas de Dios, que nos dan y que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: los sacerdotes”.

 8.-En esta cumbre poseeremos las palabras que la Santísima Virgen Dijo a Juan Diego 

"SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA TIERRA, ....

 

a)     “Sábelo, ten por cierto”, esto es, nos da la noticia de la cual no debemos tener dudas, porque nos la da de forma imperante, como quien ordena. 

b)     “...hijo mío...”: nos llama como sus hijos, tal cual Nuestro Señor nos entregó a Ella al pie de la Cruz en la representación de San Juan, hermanos de Jesucristo, quienes hemos de salir de su vientre tal cual nuestro Hermano mayor con toda su imagen y semejanza recreados por el Padre en el misterio de la Redención por el bautismo

c)      ...el más pequeño...”: esto es,  así de pequeños como su Hijo recién nacido; así de pequeños como niños tal cual dijo nuestro Maestro que debíamos ser para entrar en el Reino de los Cielos. Por ser el más pequeño, tal cual ordenó Nuestro Señor, por eso la Santísima Virgen nos da su catequesis, nos nutre con la sustancia materna, que es Dios mismo, la reservada a los pequeños y humildes, tal cual Ella, quien es Bienaventurada por todas las generaciones, en cuya humildad el Poderoso fijó su mirada y quien se llamó “su esclava”:

d)     “que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María Madre del Verdaderísimo Dios,  por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra...” Esta noticia que ya se había antecedido por conducto de esa música celestial que Juan Diego había escuchado, se traduce en el manjar mismo para el alma por boca Santa María, esto es: Que Ella es la perfecta obra de Dios, quien nos da la vida y que esta vida es para El, porque sólo El es el único Dios verdadero, quien creó a todos los hombres y a todas las cosas y es su dueño absoluto.

e)     “...mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada”: un templo de piedra, como el que ya existe en el Tepeyac y un templo sagrado hombres, que debe construir cada generación de mexicanos en sí mismos, con nuestro propio cuerpo y con nuestra propia alma, tal como lo hizo María, quien es Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad.

f)       “En donde lo mostraré, lo ensalzaré, al ponerlo de manifiesto, lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva en auxilio, en mi salvación...”  Edificando ese templo en nuestro corazón, nuestra mente y todo nuestro ser, a través de la perfecta imitación de todas las virtudes de María, Ella nos entregará todo su amor y la salvación, que es Cristo, su mirada compasiva que es la del Padre, al encontrar en nosotros la imagen de María, que es la de Cristo.

g)     “Porque yo soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las más variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí aclamen, los que me busquen, los que confíen en mí...”: Ella confirma que al hacer esto, Ella nos engendra con la imagen de Cristo, como madre compasiva. Esta afirmación de engendrar a Cristo en el alma, no sólo es para todos los mexicanos, sino para todos los hombres que la aman, que la aclamen, que la busquen y que en Ella confíen. De esta manera se cumple lo que dijo el Rey David en el sentido de que “vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor, hacia el trigo y el vino y el aceite y los rebaños de ovejas y vacas; su alma será como un huerto regado y no volverán a desfallecer”. Además nos adelanta que irán a Ella hombres de todas las estirpes, esto es de todos los linajes, no solamente por lo más grotesco que es la posición económica o la alcurnia, o el poder sobre otros, que es lo que primero se nos puede ocurrir, sino de las verdaderas simientes, esto es, la filiación de las religiones y diversidad de creencias e ideologías. Por ello nos quiere decir que es a través de Ella que Cristo traerá a su rebaño a las ovejas que tiene en otros rediles. De ello se desprende que hombres de toda raza, pueblo y nación vendrán por Ella a su acatamiento. De una forma misteriosa, delicada e incomprensible, todos los cristianos de las más diferentes denominaciones serán atraídos por ella, además de Judíos, musulmanes, budistas etc. Todo aquel hombre de corazón recto será conducido por Ella al rebaño que tendrá a un sólo pastor, como dijo Nuestro Señor, “a todo el que tenga se le dará más”. De forma misteriosa la Santísima Virgen abrirá los ojos del corazón de aquellos que reniegan de Ella o que no la reconocen, pero que tienen rectitud en sus obras, como hizo Dios con San Pablo y también de aquellos que abandonaron la casa paterna, como hizo con el hijo pródigo, el cual sólo después de haberse llevado su herencia y malgastarla, pasar hambre y humillación cuidando cerdos, se dio cuenta de mal proceder y regresó para tomar parte de la herencia de la que participaba su hermano que era todo lo del Padre, esto, es tomar parte de las glorias de María, con una ropa nueva, calzado nuevo y un anillo. Además abrirá los ojos de los que estando en la casa, se han entibiado por la costumbre, como sucediera con el hermano mayor del Hijo Pródigo, quien no se había dado cuenta que era dueño de todo y por tanto no tenía la confianza de disponerlo para estar con sus amigos, a quienes por su tibieza había privado del banquete.

h)      “Porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores...” Construido de esta manera el templo de Dios en nosotros, tendremos certeza de que Ella escuchará el llanto, remediará las penas, miserias y dolores; Siendo Ella el templo de Dios, el cual debemos edificar en nosotros, Ella misma nos dispone para protegernos en la tienda de Dios, como dice el Rey David, para escondernos “en lo escondido de su morada”, que es la Virgen Santísima, y también aquello que dice: “los alegraré y aliviaré sus penas, alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos y a mi pueblo lo saciaré de bienes”. Todo esto procede de Dios por medio de la Virgen Santísima.

i)        “Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa”: nos revela que tiene planes hacia el futuro, consistentes en llevar a cabo su oficio de Madre de engendrar en estos tiempos al templo vivo del Espíritu Santo en nosotros, un templo semejante al que Ella es.

j)        “Anda al palacio del Obispo de México, y le dirás que como Yo te envío, para que le descubras como mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo...” El templo debe ser construido en principio por los pastores de la Iglesia, en verdad, empezando por el máximo pastor de la Iglesia en nuestro país, --ya ha sido iniciada la construcción por el Papa-- y este debe ser construido en el llano, esto es, allí donde no hay peña ni risco ni piedras que lo obstaculicen, como nos dijo Nuestro Señor, al enseñarnos la parábola del Sembrador, porque sólo en la tierra buena para edificar el templo, es donde este podrá construirse tal como Ella desea.

k)      “...Todo le contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído”: Esto es, toda la doctrina de salvación que Cristo nos quiere dar a través de Ella como modo más perfecto, como prueba de que esta es su voluntad.

l)        “...y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envío...”: entregándonos la imagen de Cristo en nosotros, transformados en la imagen y semejanza de Ella, la criatura más perfecta de toda la creación con la que el Padre quiso coronar la perfección de todas sus obras.

m)   “...ya has oído, hijo mío, el menor, mi aliento mi palabra; anda, haz lo que esté de tu parte”. Nos ordena dar cumplimiento a esta su voluntad y debemos, como Juan Diego, postrarnos, tal cual nos dice el Salmo “postrémonos por tierra”, y decir con él: "Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra” y cumplir sin dilación, sin dejar de ser menores y sin ocuparnos de cosas que nos distraigan lo que Ella manda, esto es, hacer lo que está en nuestras manos para construir el templo.

 

9.-Como a San Juan Diego en los trabajos relacionados con lo que a nosotros nos toca de edificar el templo de Dios en nosotros mismos, se nos presentará la prueba a la que debemos responder con persistencia, para que podamos tener la certeza de que Nuestra Madre allí estará asistiéndonos, por él, una vez que el Obispo no creyó a sus palabras, retornó y la Santísima Virgen ya le estaba esperando, y hacer como dice el salmo, lo cual cumplió Juan Diego:

 

a)     “Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo: "Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste”. Esto es, que haciendo Juan Diego lo que la Virgen le dijo y poniendo en ello todo su esfuerzo, puede decirle a Ella: “Hija mía, la mas pequeña, mi muchachita”, porque cumpliendo lo que la Virgen manda, que siempre será para ir en pos de Cristo, la engendraremos en nuestro corazón como a un bebé –y con ello imitamos a Dios Padre y cumplimos la voluntad de Cristo de ser perfectos como el Padre es perfecto-- y es por eso que Juan Diego le llamaba: “Hija mía, la mas pequeña, mi muchachita”, no sin antes postrarse por tierra, porque a mayor conocimiento de las cosas de Dios, mayor es la humildad de sus siervos. Con esto se cumple también la promesa de Nuestro Señor, cuando dijo: “El que cumple la voluntad de mi Padre, ese es mi madre, mi hermano, mi hermana”.

b)     Puede ser que el desaliento o al darnos cuenta de la alteza de lo que nos está pidiendo y ofreciendo María, creamos que es mejor que Ella lo encomiende a otros de sus siervos, como pasó a Juan Diego quien por eso dijo a la Virgen: “Señora mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean. Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña; por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía".

c)     Sin embargo Ella reitera la predilección divina por los pequeños, tal cual lo manifestó Nuestro Señor cuando dio gracias al Padre por haber ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y haberlas revelado a los más pequeños, porque así le pareció bien. Por eso la Santísima Virgen dijo a Juan Diego:  "ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUE QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD”;

d)     Y agrega que es su voluntad que sea él, quien realice su voluntad y no otro: “...ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD”.

e)     Su ruego es imperante y manda con rigor continuar con el esfuerzo que le toca para que se construya su templo: “...Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO”.

f)       Como San Juan  Diego debemos responder para renovar el esfuerzo de construir primero el templo de la Santísima Virgen en Nosotros, que es Ella misma en nosotros, para que enseguida sea la jerarquía quien encabece la construcción de su templo y de esta forma adquiera su perfección. De esta forma obró Dios cuando hizo al hombre, primero lo hizo de tierra, con sus propias manos –en este caso sus manos son las de su Madre—y luego sopló el aliento de vida: "Señora mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino. Iré a poner en obra tu voluntad, pero tal vez no seré oído, y si fuere oído quizás no seré creído. Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu palabra, a tu aliento, lo que me responda el gobernante sacerdote. Ya me despido de Tí respetuosamente, Hija mía la más pequeña, Jovencita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito”.  Así podemos hablarle luego de que Ella como a un bebé estamos engendrando en nuestro corazón y en nuestra alma con nuestros actos que la imitan.

 

10.- San Juan Diego,  como dice el salmo, se adelantó a la aurora y cumplió correctamente el mandato de la Santísima Virgen, por eso participó en la Santa Misa, que es el sacrificio donde también participa la Santísima Virgen María, como corredentora nuestra y continuó con el esfuerzo pedido por la Santísima Virgen. “Al día siguiente, domingo, bien todavía en la nochecilla, todo aún estaba oscuro, de allá salió, de su casa, se vino derecho a Tlatelolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista; luego para ver al señor obispo.

Y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se había oído misa y se había nombrado lista y se había dispersado la multitud. Y Juan Diego luego fue al palacio del señor obispo. Y en cuanto llegó hizo toda la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vio; a sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento de la Reina del Cielo, que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde había dicho, en donde la quería. Y el gobernante obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella; todo absolutamente se lo contó al señor obispo. Y aunque todo absolutamente se lo declaró, y en cada cosa vio, admiró que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, no luego se realizó.

11.-El señor obispo pidió a Juan Diego una señal:  “Dijo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría lo que él pedía, que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona. Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al obispo: "Señor gobernante, considera cuál será la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió". Y habiendo visto el obispo que ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo despacha. Y en cuanto se viene, luego le manda a algunos de los de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba,  a quién veía, con quién hablaba. Y así se hizo. Y Juan Diego luego se vino derecho. Siguió la calzada. Y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca del Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder. Y aunque por todas partes buscaron, ya por ninguna lo vieron. Y así se volvieron. No sólo porque con ello se fastidiaron grandemente, sino también porque les impidió su intento, los hizo enojar. Así le fueron a contar al señor obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía. Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente. También envío a que lo siguieran para certificar lo que decía, pero como las cosas de Dios se ocultan a los hombres cuando se mueven por otra cosa que no sea cumplir su voluntad, como dice la escritura, no me mires porque me espantas, de la misma forma, se les perdió, y para demostrar que ellos no tenían el espíritu de humildad que proviene de María, por eso se disgustaron e intrigaron en contra del justo e incluso planearon golpearlo, porque les preocupaba mucho lo que dijera la gente. Esto nos enseña que si en lugar de haber obrado como lo hicieron, hubieran creído, hubieran tenido la bienaventuranza del Señor cuando dijo: “tu crees porque haz visto; felices los que sin ver creyeron”. Pero aún después, la Virgen muestra misericordia con los corazones duros, donde no los castiga por su dureza, sino que los hace creer.

12.-La Santísima Virgen dice a Juan Diego que vuelva a otro día, con lo que nos pide perseverar en su mandato, lo cual Juan Diego cumple dócilmente, por lo cual Ella le reitera su promesa: "BIEN ESTÁ, HIJITO MÍO, VOLVERÁS AQUÌ MAÑANA PARA QUE LLEVES AL OBISPO LA SEÑAL QUE TE HA PEDIDO; CON ESO TE CREERÁ Y ACERCA DE ESTO YA NO DUDARÁ NI DE TI SOSPECHARÁ; Y SÁBETE, HIJITO MÍO, QUE YO TE PAGARÉ TU CUIDADO Y EL TRABAJO Y CANSANCIO QUE POR MI HAS EMPRENDIDO; EA, VETE AHORA; QUE MAÑANA AQUÍ TE AGUARDO".

13.-Sin embargo, San Juan Diego tenía que pasar por otra situación para que por su medio la Santísima Virgen nos diera otra enseñanza. Cuando su tío estaba enfermo se preocupó en cumplir lo que manda la Iglesia para la salud del alma, esto es la confesión. Por eso le dio la vuelta al cerro, para cumplir primero con este mandato, y dándose cuenta de esta fidelidad, la Santa Madre de Dios lo favoreció con la salud de su tío y enseguida le enseñó un camino más corto –encomendarse a Ella misma-- para que con toda seguridad nunca nos falten los sacramentos que nos da la Iglesia, para que no tengamos que dar muchas vueltas, por eso Ella bajó del cerro, desde donde lo estaba observando y le salió al paso. De esto se desprende que la Virgen Santísima no obstaculiza el camino de quien cumple la voluntad de Dios, sino que lo observa y lo facilita, para que más pronto tengamos la gracia de los sacramentos y la salud del alma y muchas veces también la del cuerpo, cuando así nos convenga  y con ello cumple la misión que Dios le ha encomendado.

“En seguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio y lo atravesó para salir hacia la parte oriental, para llegar pronto a México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo. Piensa que por donde dio la vuelta no lo podría ver la que perfectamente a todas partes está mirando. La vio cómo bajó del cerro, y que desde arriba lo había observado, desde donde antes lo esperaba. Le salió al encuentro a un lado del cerro; le dijo: "¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?": Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o tal vez de ello se espantó, se puso temeroso? En su presencia se postró, la saludó, le dijo: "Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo, porque en realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte. Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. Te ruego me perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa". En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:

14.-Es en este momento cuando nuestra madre pronuncia las palabras más tiernas que sólo habrá pronunciado teniendo en brazos al niño Jesús cuando lo amamantaba: "ESCUCHA, PÓNLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA.

¿NO ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE?

¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO?

¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA?

¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS?

¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?.

QUE NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NO TE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ BUENO"

Con estas palabras la Santísima Señora nos reitera las promesas de Dios desde la Creación del mundo, hasta la redención, el fin de los tiempos y el fin del mundo. Todas estas contenidas en Ella. Con estas palabras Dios nos entrega de la forma más tierna, como dice la Escritura que “el Señor es cariñoso con todas sus creaturas”, a la creatura más perfecta de todas las que El hizo, tal como la entregó a su amado Hijo, para que sea la fuente de nuestra alegría y no tengamos más necesidad.

15.-Al contemplar la magnanimidad de Dios para nosotros con esta entrega, con estas palabras, como Juan Diego debemos apaciguar nuestro corazón ante cualquier mal y frente a cualquier bien que no sea Dios mismo. Conjuntamente con esta fe, y con esta entrega que nos da es como el siervo de Dios está listo para recibir la señal.

16.-Le dijo: "SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME VISTE Y TE DI ÓRDENES.  ALLÍ VERÁS QUE HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA.

17.-Es en este cumplimiento, que la Virgen Santísima nos convoca a subir, esto es a realizar un esfuerzo para encontrarnos con su señal, que son las rosas del Santo Rosario que Ella misma nos ha enseñado en sus apariciones. Ella quiere que las veamos, esto es que con la mirada de la inteligencia conozcamos a esas rosas, al decir el Ave María con la inteligencia y con el corazón; decirlas una por una de esta forma es lo mismo que cortarlas, poniéndolas todas juntas en el conjunto de los 15 misterios que Ella quiere que considere nuestra inteligencia y ame nuestro corazón y que florezcan en todo tiempo, aunque sea invierno o el terreno de nuestro corazón sea lo más árido de este mundo y lo más pedregoso y espinoso, por la propia virtud del Santo Rosario.

a)     El terreno inhóspito quiere decir que el que sirva a María, o aunque no la quiera servir, pero que suba al cerrillo, esto es, que rece el rosario asiduamente, aún diciendo que no está de acuerdo, aún siendo de los que la niegan, siendo protestante o ateo, aún negándolo por dentro de su corazón, aún sin poner atención, aún teniendo los más aberrantes pecados, pero en lo profundo de su corazón ha subido el cerro, esto es que ha rezado el Rosario,  como si dijera “no creo en el Rosario, no creo en la Virgen, no creo en nada, estoy perdido, pero veré si alguien me contesta”, y esto lo cree, y aún así reza con o sin devoción, la Santísima Virgen le proveerá los medios para que florezcan las rosas así como en el Tepeyac,  y acercará a esa persona a Cristo, que es su función. Eso quiere decir la Virgen al hacer crecer las rosas en ese lugar. “Porque de veras que en aquella sazón arreciaba el hielo...”; “Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites y si acaso algunas hierbecillas se solían dar, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo”.

b)     Subido en el cerro, el siervo de María podrá contemplar como las rosas difunden un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno, esto es, la contemplación de los Misterios de María, que son los misterios de Cristo. Esto lo debemos cumplir como lo hizo Juan Diego, quien “...subió al cerrillo y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuantas había florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando todavía no era su tiempo: estaban difundiendo un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno. Luego comenzó a cortarlas,, todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma.

18.-Luego quiere que bajemos, esto es, que subidos en la contemplación de estos misterios, bajemos más con la humildad, que en verdad es ascender más hasta Ella, para poner estas rosas en su presencia, porque una vez de cortadas, esto es, de pronunciadas las Ave Marías, Ella debe reconocerlas para que cumplan su efecto santificador. Así hizo San Juan Diego, quien “... en seguida vino a bajar, vino a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar...”. La Santísima Virgen al reconocer las flores que Ella misma hizo crecer en aquellos terrenos, y ver que las depositamos en la humildad de nuestra tilma que es nuestro corazón desprovisto de todo afecto terreno las tomará en sus manos y luego las volverá a depositar allí, para obrar su milagro, como sucedió a San Juan Diego: “...y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó; luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo: "MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL QUE LLEVARÁS AL OBISPO;  DE MI PARTE LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD. Y TÚ..., TÚ QUE ERES MI MENSAJERO...., EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA CONFIANZA; Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS. Y LE CONTARÁS TODO PUNTUALMENTE LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE, PARA QUE PUEDAS CONVENCER AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO".

19.-Es precisamente en la comunidad con los obispos, con los pastores de la Iglesia cuando se develará la señal completa de la Santísima Virgen, porque así lo dispuso Ella, que todas sus cosas estén reconocidas y autorizadas y encabezadas por los descendientes de los apóstoles, sus primeros hijos. Asimismo, al depositar nuevamente las rosas en el ayate y obrar el milagro, da la señal que reconocerá a Dios Padre, el vestido de la fiesta de las bodas de su Hijo, y las medidas del templo y de los que adoran en él.

20.-“Y en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, ya viene contento. Ya así viene sosegado su corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente. Mucho viene cuidando lo que está en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire; viene disfrutando del aroma de las diversas preciosas flores.”  Con esto quiere decir que la diligencia y el cuidado en conservar con nuestros propios actos, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras intenciones y deseos la señal de María, la cual no debe perderse sino cuidarse delicadamente.

21.-Las dificultades exteriores, los cuidados del mundo también se oponen a las cosas de Dios, sobre todo cuando hay que dar testimonio los Servos de Dios son tratados como San Juan Diego, con burla, despecho y hasta con enojo, pero aquí debemos imitar al santo, quien con perseverancia se mantuvo firme hasta cumplir completamente el mandato de la Santísima Virgen. “Cuando vino a llegar al palacio del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante, y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían que no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro, o tal vez porque ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba, y ya les habían contado sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo fueron siguiendo. Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón.

22.-Las intenciones de las personas que rodean a los Siervos de Dios bien supo San Juan Diego, con auxilio de la Virgen Santísima, convertirlas en oportunidad para que les naciera la semilla de la Fe, como se muestra con lo que le ocurrió: “Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse. Y cuando vio Juan Diego que de ningún modo podía ocultarles lo que llevaba y que por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo aporrearían, un poquito les vino a mostrar que eran flores. Y cuando vieron que todas eran finas, variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran, las admiraron muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que tenían sus corolas, lo bien que olían, lo bien que parecían.

23.-Y bien queda claro que los frutos de la Fe se esconden y solamente se dan al que la tiene porque ha sabido aprovecharse del regalo infinito de la bondad de la Santísima Virgen, es por eso que a quienes querían tocar las rosas que llevaba Juan Diego, estas se les ocultaban, pero en tal caso quienes quieran tomarlas deberán acudir al magisterio de la Iglesia, el cual les enseñará el camino, como después ocurrió: “Y quisieron coger y sacar unas cuantas; tres veces sucedió que se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron hacerlo, porque cuando hacían el intento ya no podían ver las flores, sino que, a modo de pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían. Inmediatamante fueron a decirle al gobernante obispo lo que habían visto, cómo deseaba verlo el indito que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo. Y el gobernante obispo, en cuando lo oyó, dio en la cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito. Enseguida dio orden de que pasara a verlo.

24.- San Juan Diego se mantuvo fiel hasta el final, hasta cumplir lo que la Santísima Virgen le había mandado y para recalcarle el mensaje de forma fiel que la Virgen le había dado, por eso se lo repitió punto por punto, para que se pudiera constatar la grandeza y la extensión que en el tiempo tendría este mensaje, para que en el tiempo propicio se cumpliera la consumación de la orden de la Santísima Virgen y los medios y la señal que Ella preveía para construir el templo “Y habiendo entrado, en su presencia se postró, como ya antes lo había hecho. Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje. Le dijo: "Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste; así fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras; y también le dije que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste. Y escuchó bien tu aliento, tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada voluntad. Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte; y le pedí la prueba para ser creído, según había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió. Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara diversas rosas de Castilla. Y cuando las fui a cortar, se las fui a llevar allá abajo; y con sus santas manos las tomó, de nuevo en el hueco de mi ayate las vino a colocar, para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las diera. Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque sólo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé. Cuando fui a llegar a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso. Allí estaban ya perfectas todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar; y me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad, y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje, aquí las tienes, hazme favor de recibirlas." Y luego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores.”

25.-Cuando San Juan Diego extendió su ayate, las flores cayeron al suelo, revelando la sustancia de su contenido, que es el retrato fiel de la Santísima Virgen, el cual alcanzará el Siervo de Dios que cumpla cabalmente con este camino, porque las rosas del Santo Rosario tejerán esta imagen cuando por la devoción y la intención recta del corazón, sean tomadas por las manos de la Santísima Virgen y regresadas al ayate de nuestro corazón que debe ser del todo humilde, como el manto de Juan Diego: “Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas, luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora está, en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe.

26.-El obispo creyó al igual que todos cuantos estaban allí y se construyó el templo que Ella mandó. “Y en cuanto la vio el obispo gobernante y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron, se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento..... Y el obispo gobernante con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra, y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego en la que se apareció, en donde se convirtió en señal la Reina Celestial, Y luego la llevó; allá la fue a colocar a su oratorio. Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo. Y al día siguiente le dijo:_"Anda, vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo. De inmediato se convidó gente para hacerlo, levantarlo, Y San Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso: quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatelolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho la Reina del Cielo que ya había sanado. Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa. Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía. Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado; le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran; Y él le dijo cómo cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció la Señora del Cielo; y lo mandó a México ver al gobernante obispo, para que allí le hiciera una casa en el Tepeyac. Y le dijo que no se afligiera, que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló. Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó, y la vio exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, le dijo cómo a él también lo había enviado a México a ver al obispo; y que también, cuando fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que había visto y la manera maravillosa en que lo había sanado, y que bien así la llamaría bien así se nombraría; LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE, su Amada Imagen. Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él a dar testimonio, y junto con su sobrino San Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días, en tanto que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac; donde se hizo ver de San Juan Diego. Y el señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial. La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran, su amada Imagen. Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver a admirar su preciosa Imagen. Venían a reconocer su carácter divino. Venían a presentarle sus plegarias. Muchos admiraron en qué milagrosa manera se había aparecido, puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen

27.- La consumación del mandato de la Santísima Virgen María lo da 471 años después, por voluntad de Ella, quien a semejanza de San Juan Diego se entregó totalmente a la Santísima Virgen María, quien en diversas revelaciones ha dicho que el Papa Juan Pablo II es “suyo”. Por ello es que hasta el año 2002, se reconoció la santidad de Juan Diego. Con esto, Juan Pablo II, como pastor de toda la Iglesia Universal, ha observado por voluntad de la Santísima Virgen, como al extenderse la tilma del alma de Juan Diego, en ella esta grabada la imagen fiel de la Santísima Virgen María y es por ello que Juan Pablo II ha venido hasta México para decirnos que él ha visto la fiel imagen de la Santísima Virgen María retratada en el alma del Siervo de Dios Juan Diego, y con él todos los pastores de la Santa Iglesia; para decirnos que con esto se inicia oficialmente la construcción del templo que la Santísima Virgen ha encomendado, --tal como lo construyó Juan Diego en su propia alma--el templo construido con las almas de todos los hombres que quieran recibir a Cristo y que quieren discernir la plenitud del mensaje que Ella dio en el Tepeyac, que es le mismo que dio a los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalem antes de ser llevada en cuerpo y alma al cielo. Este templo es del que habla el Apocalipsis, la Iglesia formada por las almas de los hombres, verdadera esposa embellecida del cordero de Dios, la Jerusalem Celeste desde donde Dios mismo iluminará y enjugará las lágrimas de los hombres, quienes llorarán al revelarse todo el amor que El ha sufrido por nosotros, porque no habrá otra forma de expresarle nuestro amor y nuestra gratitud de habernos elevado a tal dignidad por María a Cristo y al Padre Eterno.

Capítulo III

Aquí se expone el camino fácil de subir el cerrillo del Tepeyac

1.-La jornada de Juan Diego por la que recibió la impresión de la Virgen misma en su alma es la siguiente:

a)     Buscaba a Dios  y a sus mandatos.

b)     Estaba en comunión con los prelados de la Iglesia.

c)      Era humilde y se tenía como el menor y el último de todos.

d)     Hizo el recorrido y subió el cerro del Tepeyac.

e)     Permanecía en la gracia de los sacramentos.

f)        Cumplió fielmente el mandato de la Virgen.

g)     Perseveró hasta el final.

2.-Nosotros debemos imitarlo y lo haremos reflexionando y poniendo por obra las cosas contenidas en el capítulo anterior. Nos ayudará lo siguiente:

a)     Estar bautizado en el seno de la Iglesia Católica, cumplir los 10 mandamientos, los mandamientos de la Iglesia y los sacramentos;

b)     Saber y enseñar el catecismo de la Iglesia Católica;

c)      Confesarse cada semana y tener un director espiritual;

d)     Comulgar cada semana o de ser posible diario; hacerlo como lo haría María con el niño en su purísimo seno;

e)     Cumplir con los instrumentos de las buenas obras, como lo haría María.

f)        Hacer todo por, en, con y para María.

g)     Rezar diario el Santo Rosario.

h)      Meditar con la mente y el corazón el víacrucis asumiéndonos como corazón de María para lograr la compunción del corazón constante y el don de lágrimas. Al final de cada estación o al final del ejercicio conviene decir el Miserere;

i)        Practicar el ayuno especialmente el miércoles y el viernes.

j)        Participar en actividades de la parroquia, especialmente en enseñar el catecismo y promover el canto de la liturgia de las horas con canto gregoriano. Se promoverá a través de promesas personales por tres meses para el canto de una o varias horas de la liturgia bajo la guía y obediencia del párroco.

k)      Hacer una rutina de actividades diarias para convertir nuestras costumbres a las de María.

l)        Leer diariamente este texto durante la comida o en un momento especial reservado para ello.

De esta forma podremos avanzar en el camino de las virtudes que en sus diversas manifestaciones ha pedido la Santísima Virgen de sus hijos: Fe, Esperanza y Caridad, y las virtudes capitales: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

3.-Una forma es subir el cerro del Tepeyac de la mano de San José.

 

Consideración.

 

a)     San José‚ imitó fielmente a Cristo aprendiendo muchas cosas de María y después de la Virgen María no existe otro hombre que se haya asemejado más a Cristo que San José.

b)     San José es el hombre más puro después de la Virgen, por lo tanto el Espíritu Santo también lo llenó de gracia para que pudiera llamar hijo a Nuestro Señor Jesucristo. Por el sacramento del matrimonio, --ellos vivieron el matrimonio más perfecto de la tierra-- que hace una sola cosa a los esposos, hizo el Espíritu Santo a José y a María uno sólo en el espíritu y en la carne virginal.

c)      Por esto San José participa de todos los dones de la Virgen en grado supremo.

d)     San José‚ se entregó a Cristo y a María como ningún otro hombre en la tierra y por ello la gloria y poder que tiene en el Cielo le fueron destinados desde toda la eternidad con un trono superior al de todos los hombres y  ángeles al lado de la Santísima Virgen María.

e)     San José goza de un grandísimo poder de intercesión ante Jesucristo, Ante Dios Padre, ante el Espíritu Santo y ante la Virgen María.

f)        Los espíritus infernales no soportan la humildad y la virginidad de San José, por ello, imitarlo e invocar su nombre en el peligro de la tentación atrae el imperio de la Virgen María contra los demonios.

g)     Gran santidad pueden obtener quienes imiten a este santo patriarca.

 

Algunas prácticas de imitación.

 

a)     Para imitar a San José, primero hay que confesarse diario y comulgar diario, entregándole a este santo varón la custodia de todos sus sentidos internos y externos y la puerta de su alma, como todos los actos, para que sea el quien los dirija, así como dirigió a Jesús siendo niño.

b)     Cada quien deber  hacer su trabajo de cada día, rezando siete veces al día (Rosario, Vía crucis, Liturgia de las Horas) para alcanzar una pureza y virtud semejante a la de San José‚ y conformándose con lo que Dios le de para cada día pero entregando el mayor esfuerzo y orden para proveer de lo mejor a su familia.

c)      Cada quien deber  tratar de ser el siervo de todos, con buena cara y sonrisa; sin reproches. Servir a todos gustosamente, a cualquier hora, empezando por su familia. Ver  en todos los hombres a Jesús hecho hombre.

d)     Desear  ser el más humilde de los servidores de sus semejantes y buscar  hacerlo con sus obras a cada día, hasta su muerte.

e)     Nunca buscar  lugares principales, ni que su opinión sea la preponderante; mejor, escuchar  y bendecir  a todos los hombres; buscar  el ser desconocido y el ser tenido en nada.

f)        Si alguno le pregunta porque lo hace, contestar  que porque quiere servir a Dios, porque Dios ha puesto bajo su cuidado, para servir a todos sus prójimos.

g)     Una vez de haber hecho todo lo anterior, estar  dispuesto a imitar a la Virgen María y así imitar más perfectamente a San José. Imita diariamente a la Santísima Virgen María en todos sus actos, como si fuese ella, antes, durante y después del parto y durante la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

h)      En su corazón se alimenta con la vivencia de que en él mismo se está formando a Cristo, por lo que no tienen más alimento que la protección de la Santísima Virgen María en su vientre purísimo y el amor de San José.

i)        Al amanecer se da cuenta de que Jesucristo ha sido concebido dentro de su ser y lo formará durante el día con todos sus actos.

j)        Antes de dormir se atendrá a que debe proteger durante la noche al Señor que en El se engendra, con una vigilancia estrecha de sus actos.

k)      Partirá el sueño por la mitad para orar, ante la urgencia del parto, de que el Señor llega en cualquier momento.

l)        Arrullan incesantemente el Niño Jesús en el pesebre humilde de su corazón, y le proporcionan calor la rendición de todos sus sentidos y de todo su ser, en todo momento, con todos sus actos.

 

4.-Situaciones Particulares.

La Familia:

a)     Como familia, padres e hijos buscarán vivir como la Sagrada Familia, todos imitando siempre a María;

b)     Como esposos, practicarán el sacramento del matrimonio con santidad, esto es, excluirán el uso de anticonceptivos de toda índole, el sexo oral, anal y la masturbación, así como películas, revistas y espectáculos impropios, como actos que violan la santidad del cuerpo como templo vivo del Espíritu Santo hecho a imagen de Dios, el sexto y el noveno mandamientos. Enseñarán esto mismo a sus hijos e hijas en edad de casarse;

c)      Si los esposo quieren ser perfectos en la imitación de María y alcanzar la virginidad perfecta, en acuerdo (si no hay acuerdo no es recomendable) vivirán la castidad como la vivieron San José y María, hasta alcanzar la virginidad de espíritu.

d)     Los que no están casados por la Iglesia se casarán, cuando no tengan impedimentos;

e)     Los que estén viviendo juntos y se hayan separado de una relación anterior, consultarán el caso con el sacerdote o el obispo de su parroquia y obedecerán lo que les indiquen, obedeciendo aquello que dijo el Señor, que más vale entrar tuerto, manco o cojo al reino de los cielos que ir completo al infierno;

f)        Los que sean homosexuales seguirán los consejos de la Iglesia para corregir esta situación, dado que se aplica lo dicho en el inciso anterior.

g)     Si en las familias hay situaciones de conflicto, por diversas razones entre hijos y padres o hermanos, el ofrecimiento de ayunos, penitencias y la oración son el camino indicado para superarlas.

h)      Las familias acordarán actividades de apostolado en su comunidad o en su medio de desarrollo, esto es, en el lugar donde viven, en su parroquia, la escuela, el trabajo, etc, sin que estas lleguen a distraer el objeto principal de su santificación que es la vida familiar, a semejanza de la Sagrada Familia. Asimismo deben ofrecer sacrificios por los pecadores y especialmente por la santidad de los sacerdotes y de los gobernantes. Particularmente es recomendable el apostolado del rezo de la Liturgia de las Horas y el compromiso de rezar al menos una de las horas diariamente con la familia y/o con su comunidad en su Parroquia. Esto lo pueden hacer bajo compromisos sucesivos por tres meses.

En el trabajo.

a)     A semejanza de San José, quienes trabajan, contribuirán debidamente al hogar para su manutención y para el aumento de su reserva de ahorros de manera que el aspecto económico no sea motivo de angustia por falta de empeño en el trabajo;

b)     Los trabajadores cumplirán debidamente sus compromisos con los patrones sin robar ni tiempo ni materiales, sino que se comportarán con justicia para ellos;

c)      Los patrones transforman a la empresa en una sucursal del taller de San José en el momento en que ordenan a la empresa al alcance de la finalidad trascendente que Dios ordenó para toda empresa desde el momento en que El mismo emprendió la creación y luego la regeneración de todo lo creado.

d)     La empresa perfecta en este orden tiene por objetivo la generación de bienestar económico para sus dueños y para todos sus trabajadores, a quienes proveerá de condiciones tales que les permitan una vida material digna con superación en sus ingresos, sin que ello ponga en riesgo la supervivencia misma de la empresa, para que ellos puedan concentrarse a su vez en aprender y vivir las cosas de Dios, como lo hacía Juan Diego. Para ello los patrones ordenarán la marcha de la empresa al incremento de utilidades y el crecimiento. Es preferible que ordenen la forma de que sus empleados y trabajadores tengan momentos de oración como ya se practica en varios lugares. Si libremente el patrón convoca al que quiera rezar el Santo Rosario conjuntamente o a una hora cada quien en su lugar, las bendiciones sobre esa empresa serán grandes.

e)     Contrario a ello son aquellas empresas donde el objetivo es la riqueza y utilizan la reducción del personal como medio de explotación, generando toda clase de sistemas de terror psicológico contra los empleados. Particularmente pecaminosas y ruines son aquellas donde los patrones aparentan ser muy cristianos, pero dicen que la empresa y las prácticas empresariales son una cosa y la religión es otra, por lo que viven como paganos en su empresa y cumplen exteriormente con los ritos de la liturgia. Estos se parecen a aquellos sobre los que caía la palabra del Señor cuando decía que han suprimido la voluntad de Dios con tradiciones humanas, y cuando decía que este pueblo lo honra con sus labios, que recitan su ley en todo momento, pero su corazón está lejos de El y se hacen reos de las palabras de la Santísima Virgen en el Magnificat. No crean que únicamente con poner flores a imágenes de la Virgen en sus empresas o con sus muchas limosnas o donativos se salvarán, ello más bien será mas carga pecaminosa al parecerse a aquellos de los que el Señor decía suprimían el mandato de Dios de honrar al padre y la madre, cuando alguien destinaba su dinero al tesoro del templo en lugar de ayudar a sus padres, con lo que anulaban el mandato de Dios, para poner en lugar sus prácticas. A estos y a aquellos que obran como si Dios no existiera, se les recomienda rezar el Rosario y hacer penitencia, por estar sujetos de demonios que sólo pueden salir con ayuno y oración, de lo contrario ellos mismos se están reservando para el infierno por sujetarse amarras que los inmovilizan en pecados que claman justicia al cielo.

f)        Los que tienen bajo su responsabilidad el gobierno de personas y asuntos públicos, obren con temor y con temblor, como dice de ellos el Rey David, para no obrar injustamente. Aquellos gobernantes que se dicen católicos, pero que al unirse con otra persona se juntan como si fueran paganos como lo hace ver Tobías, cometen escándalo y más les valdría amarrarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar, que el juicio que les espera. Lo mismo se aplica en todo acto de corrupción y de mala administración. Tienen a los obispos y cardenales de la Iglesia para aconsejarse en materia de gobierno cristiano y de ejemplo que deben dar a sus gobernados, si no los escuchan se reservan para el destino del rico Epulón, que sólo hasta que estuvo en el infierno comprendió su error.

Si es religioso o sacerdote:

a)     Cumplirán  más perfectamente con su vocación, su consagración, sus votos, su regla de vida, cuando lo hagan , con, para y por María, para que puedan decir con el Rey David, “delante del pueblo cumpliré mis votos al Señor y “Ten piedad de mi, Señor, que a ti te busco todo el día”, y también: “un día en tu templo vale más que mil años fuera de el” y puedan escuchar también: “Siervo bueno y fiel, pasa al gozo de tu Señor”.

 

Capítulo IV

 

Para los que les sea dado y quieran participar como milicia en la vivencia y proclamación de este camino

 

Advertencia:

 

1.- Al que quiera seguir a Cristo a donde quiera que El vaya, deben advertir que: "Las sorras tienen cuevas y las aves del cielo tienen nidos; más el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza".

 

2.- Al que el Señor llame valiéndose de cualquier medio para seguirle, considere lo que a uno le contestó cuando el Señor le llamó: "Sígueme". Pero él le dijo: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre". Pero El le replicó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve a anunciar el Reino de Dios".

 

3.- Al que diga: "Señor, te seguiré; pero déjame primero ir a despedirme de los de mi casa". Aténgase a lo que el Señor le replica: "Ninguno que empuñe el  arado y luego mire hacia atrás es bueno para el Reino de Dios".

 

4.- Aquel que quiera salvarse, que cumpla los 10 mandamientos.

 

5.- A aquel que después de cumplir los 10 mandamientos quiera ser perfecto, que vaya y venda todo cuanto tiene, repártalo entre los pobres y luego siga al Señor, cumpliendo alguno o varios de los oficios señalados en esta regla mínima.

 

6.- Aquel que quiera seguir al Señor deberá amarlo más que a todas sus posesiones y si no se quiere desprender de estas como lo recomienda el Señor, deberá servirse de ellas para manifestar su amor a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo.

 

7.- Aquel que quiera seguir al Señor, deberá amarlo más que a su propia vida, más que a su padre, madre, esposa, hijos, casas o tierras. El amor de Dios lo manifestará a todos los hombres con el cumplimiento del Evangelio.    

 

8.- El que reza e invoca a Dios pero no cumple con los 10 mandamientos, los mandamientos de la Iglesia y los sacramentos, sólo lo honra con sus labios, pero su corazón no está con El.  No todo el que diga: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos ni es discípulo de Jesús.

 

9.- Aquel que está dispuesto a cargar su cruz de cada día, ese puede seguir al señor.

 

10.- Aquel que ame más su vida y la anteponga al cumplimiento del Evangelio, no puede ser discípulo de Jesús.

 

11.- Aquel que reciba la palabra de Dios y no la que ponga en práctica, se parece a la semilla que no da fruto, y no es discípulo de Jesús. Es árbol que será cortado y destinado al fuego.

 

12.- Aquel que siga al Señor tendrá en esta vida hasta el ciento por uno, junto con tribulaciones y persecuciones, y después la vida eterna.

 

Considerado lo anterior, quien quiera portar  la Cruz de Cristo (específicamente la cruz de San Benito) y proclamar el camino del Tepeyac que aquí se señala, pueden hacerlo bajo el pronunciamiento de los siguientes votos o promesas privados, luego de cumplir por seis meses con todo lo expuesto hasta aquí y si recibe el llamado por impulso del Espíritu Santo:

 

Pobreza

 

1.- El primer grado de la pobreza consiste en desprenderse de todos los gustos y afectos desordenados de los sentidos externos, hasta apaciguarlos y que estén sujetos a la razón, con la ayuda de la Santísima Virgen, con lo que logrará con la entrega ordinaria de estos a Ella, para que Ella los disponga al servicio de Cristo.

 

2.- El segundo grado de la pobreza consiste en desprenderse de todos los gustos y afectos  desordenados de los sentidos internos, de la imaginativa, de la memoria, hasta que sean de la Virgen Santísima.

 

3.- El tercer grado de la pobreza consiste en desprenderse de la propiedad de la inteligencia, para dejarla en manos de la Santísima Virgen María, que Ella hará entender lo que es precioso a su Hijo Nuestro Señor Jesucristo y de utilidad para el servicio del prójimo.

 

4.- El cuarto grado de la pobreza consiste en desprenderse de la voluntad propia y de todos sus afectos, dejándola en manos de la Santísima Virgen María, que Ella le enderezará a querer a su Divino Hijo y al prójimo como a uno mismo.

 

5.- El quinto grado de la pobreza consiste en desprenderse de todos los afectos del corazón por las cosas y por las personas, y entregarlos a la Santísima Virgen María, que Ella los purificará para dejar un corazón semejante al de Ella.

 

6.- El sexto grado de la pobreza consiste en desprenderse de la propiedad de los tesoros espirituales que merezcan los méritos de una vida santa, dejándolos en manos de la Santísima Virgen María.

 

7.- El séptimo grado de la pobreza consiste en desprenderse de todo lo que es uno mismo convertirse en esclavo de la Santísima Virgen María y víctima de amor, apropiarse solamente de todo lo que significan la vivencia de la cruz de cada día.

 

Obediencia

 

1.- El primer grado de la obediencia, dicho de la humildad, es obedecer a sus superiores sin demora por amor a Cristo; en el instante en que se le ordena algo lo obedece como si lo hubiese mandado el mismo Dios y no permiten dilación en realizarlo, por lo que de estos dice el Señor: "No bien escuchó mi voz, me obedeció", y "El que a vosotros escucha a mi me escucha" y aquella palabra dice: "No vine a hacer mi voluntad sino la de aquel que me ha enviado", sin tardanza, sin tibieza, sin murmuración y sin réplica de resistencia.

 

2.- El segundo grado de la humildad consiste en poner siempre todos sus actos y su vida a los ojos de Dios y todos los deseos ante Cristo, como dice el Profeta: "Ante ti esta todo mi deseo".

 

3.- El tercer grado de la humildad consiste en despreciar la propia voluntad, imitando al señor en aquello que dice el Apóstol: "Se hizo obediente hasta la muerte" y también "El placer merece pena y la necesidad engendra corona".

 

4.- El cuarto grado de la humildad es abrazarse en cosas duras y contrarias, y ante cualquier injuria, calladamente y con paciencia soportar todo en el interior, con la conciencia de aquello que dice el Señor: "El que persevere hasta el fin, ese se salvará".

 

5.- El quinto grado de la humildad es si por una humilde confesión a sus hermanos y superiores no oculta ninguno de sus malos pensamientos que sobrevenga al corazón y el mal cometido ocultamente, siguiendo aquello que dice el Señor: "Descubre al Señor tu camino y espera en El".

 

6.- El sexto grado de la humildad consiste en estar con todo menosprecio a si mismo y para todo lo que le manden se juzgue malo e indigno.

 

7.- El séptimo grado de la humildad consiste en sólo proclamar con la lengua el último y más vil de todos, sino que lo crea así con íntimo sentimiento del corazón.

 

8.- El octavo grado de la humildad consiste en no hacer nada si no lo persuade la Regla común que ha prometido seguir y el ejemplo de los santos.

 

9.- El grado noveno de la humildad consiste en reprimir la lengua para hablar y guardar silencio; no hablar hasta ser preguntado.

 

10.- El décimo grado de la humildad consiste no ser fácil y pronto en reír.

 

11.- El onceavo grado de la humildad consiste en que al hablar se haga con suavidad, sin risas, con gravedad y humildad, diciendo pocas palabras.

 

12.- El doceavo grado de la humildad consiste en que no solamente en el corazón sino también en el mismo cuerpo y aspecto físico se manifiesta humilde a todos cuantos lo miran, juzgándose siempre en todo momento reo de sus pecados y los pecados del mundo ante los ojos de Dios, creyendo hallarse ya en al juicio divino, diciendo de continuo en su corazón lo que dijo aquel publicano del Evangelio con la mirada fija en la tierra: "Señor, no soy digno yo, pecador, de levantar mis ojos al cielo".

 

La virtud de la obediencia no solo debe tributarse por todos a sus superiores, sino también ante los hermanos deben obedecerse mutuamente, en la seguridad de que por este camino irán a Dios, a semejanza de la obediencia cadavérica recomendada por San Francisco de Asís.

 

San Benito comenta que subidos pues, finalmente todos estos grados de humildad, llegará el nombre en seguida a aquella caridad de Dios que "siendo perfecto excluye todo temor", por ella todo cuanto antes observaba no sin recelo empezará a guardarlo si trabajo alguno; como naturalmente y por costumbres, no ya por temor del infierno, sino por amor a Cristo y cierta costumbre santa por la delectación de las virtudes. Lo cual se dignará el Señor manifestar por el Espíritu Santo en su obrero purificado ya de  vicios y pecados.

 

Castidad

 

1.- El primer grado de la castidad consiste en guardar los ojos de todas las cosas y personas del mundo, hasta que la voluntad no reclame satisfacción alguna a través de ellos, siguiendo aquella palabra del Señor: "Y si tu ojo te es ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti, que mas vale tuerto al Reino de los Cielos, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno". Se entregan los ojos a la Santísima Virgen María, para que ella disponga de ellos a su arbitrio, lo cual será conducirlos a la virginidad.

 

2.- El segundo grado de la castidad consiste en guardar el sentido del tacto, entregándolo por completo a la Santísima Virgen María, hasta que este sentido sea el mismo de la Santísima Virgen. El que tal obra tiene en su conciencia aquellas palabras del Señor: "Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtala y arrójalo lejos de ti, que más vale entrar manco al Reino de los Cielos, que con tus dos manos ser arrojado al infierno"

 

3.- El tercer grado de la castidad consiste en guardar la lengua, el oído y el olfato de las cosas y satisfacciones del mundo, entregándolos a la Santísima Virgen como cosa y posesión suya.

 

4.- El cuarto grado de la castidad, consiste en entregar a la Santísima Virgen María todos los sentidos internos, la memoria y la imaginativa, para que Ella los purifique e imprima sus sellos en los mismos.

 

5.- El quinto grado de la castidad consiste en entregar a la Santísima Virgen María las potencias superiores de la voluntad y del entendimiento para que en su ordinaria posesión se enderecen a adquirir la virginidad del espíritu.

 

6.- El sexto grado de la castidad consiste en vivir diariamente como si fuese la misma Virgen Santísima la que vive y obra en las personas.

 

7.- El séptimo grado de la castidad consiste en vivir la Virginidad de la Santísima Virgen María y engendrar con todos los actos la vida al mismo Cristo, hasta decir: "No soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí". Los matrimonios son encaminados a alcanzar este grado cuando,  guiados por el Espíritu Santo,  cumplen con la separación de cuerpos de prudente y común acuerdo para alcanzar la entrega de San José y de la Santísima Virgen María en imitación total a su divino Hijo, quien en fecunda virginidad se entregó a su esposa la Iglesia para engendrar y ofrecer el perfecto culto de adoración al Padre.

 

Estabilidad

 

1.- El primer grado de la estabilidad consiste en que una vez en Estado de Gracia, conformarse con el estado y lugar en donde se desarrolla su vida, con la decisión de santificarse en el cumplimiento de sus responsabilidades.

 

2.- El segundo grado de la estabilidad consiste en amar su estado de vida y las responsabilidades a las que fue llamado y con diligencia cumplirlas todas.

 

3.- El tercer grado de la estabilidad consiste en imitar ordinariamente a la Santísima Virgen en todas las responsabilidades, propias del estado, como si ella fuese quien las cumpliera.

 

4.- El cuarto grado de la estabilidad consiste en buscar agradar a todos sus semejantes con el servicio que da en el cumplimiento de su responsabilidad, y entristecerse si no lo logra.

 

5.- El quinto grado de la estabilidad consiste en tratar de servir perfectamente a todos sus semejantes con el cumplimiento de sus responsabilidades y estar en disponibilidad de dar un mayor servicio.

 

6.- El sexto grado de la estabilidad consiste en arder de amor en al cumplimiento de sus responsabilidades, crucificándose en las mismas en semejanza de Nuestro Señor Jesucristo, haciendo las más humildes y aquellas que todos desprecian.

 

7.- El séptimo grado de la estabilidad consiste en que una vez crucificado en el cumplimiento de sus responsabilidades, y con gran caridad, se tiene a sí mismo como el peor de todos y se repite de continuo: "Que premio merezco Señor, si solamente hago lo que tengo que hacer".

 

Conversión de Costumbres

 

1.- El primer grado de la conversión de costumbres consiste en arrepentirse de todos sus pecados y juzgarse reo de todos ellos todos los días. Tener diariamente la compunción del corazón y pedirla con humildad. El ejercicio del viacrucis asumiéndose como el corazón de la Santísima Virgen María ayudará a reflejar en nosotros a Cristo en el Huerto de Getsemaní. Nuestra alma penetrará los secretos del corazón de María, lo profundo del corazón del Señor y en ese acto igualmente se observará cómo está delante de Dios, dándose cuenta que Jesús verdaderamente nos ha amado, mientras que nuestro amor por él es poco y miserable.

 

2.- El segundo grado de la conversión de costumbres consiste en cumplir ordinariamente con todos los instrumentos de las buenas obras.

 

3.- El tercer grado de la conversión de costumbres consiste en despreciar el pecado y amar al pecador como Cristo lo ama. Sentirse pecador y reo de la culpa mientras que un solo hombre sea pecador y por tanto jamás juzgar a nadie, sino aunque no esté de acuerdo con él, compréndalo y ámelo, lo cual se pondera correctamente con la denuncia contra el pecado y a los que inducen al pecado, por quienes habrá de hacer más sacrificios.

 

4.- El cuarto grado de la conversión de costumbres consiste en orar continuamente con la boca y la mente.

 

5.- El quinto grado de la conversión de costumbres consiste en adquirir la oración incesante del corazón “la llama de amor”,  la oración silenciosa permanente. En este grado es posible que el Señor otorgue el don de lágrimas.

 

6.- El sexto grado de la conversión de costumbres consiste en desprenderse de todos los bienes, repartirlos entre los pobres y seguir a Cristo incondicionalmente. Si por su estado no es posible, el deseo ardiente del desprendimiento y la práctica de la entrega diaria a quienes está obligado obtiene este grado.

 

7.- El séptimo grado de la conversión de costumbres consiste en imitar ordinariamente a Cristo, imitando a la Santísima Virgen María, hasta poder decir: "no soy yo quien vivo, sino Cristo quien vive en mí".

 

Santa Esclavitud a la Santísima Virgen María

 

1.- El primer grado de la esclavitud a María consiste en disponerse s hacer todo lo anterior en Ella, con Ella, por Ella y para Ella y pronunciar la entrega en santa esclavitud, bajo la consagración diaria a su inmaculado corazón.

 

2.- El segundo grado de la esclavitud a María consiste en participar en la Eucaristía con mucha frecuencia, rezar diariamente el Santo Rosario, el Viacrucis, y la Liturgia de las Horas, viviéndolos como la Santísima Virgen María.

 

3.- El tercer grado de la esclavitud a María consiste en llevar un silicio como prueba de esclavitud a María y como recordatorio constante de los sufrimientos que Ella padeció en la tierra.

 

4.- El cuarto grado de la esclavitud a María consiste en que todas las obras son hechas con Ella, por Ella, para Ella y en Ella.

 

5.- El quinto grado de la esclavitud a María consiste en proclamar las virtudes de esta esclavitud a  todos los hombres, enseñar el catecismo siempre y a servir sirviendo a los demás.

 

6.- El sexto grado de la esclavitud a María consiste en entregar todo el tesoro espiritual a María.

 

7.- El séptimo grado de la esclavitud a María consiste en vivir sin voluntad propia alguna que no sea vivir la cruz de Jesucristo y buscarla por todos los medios, así como entregarse totalmente a ser víctima de amor.

 

Víctima de amor

 

1.- El único grado de convertirse en víctima de amor consiste en cumplir con el siguiente ofrecimiento:

"Oh Dios mío, deseo amarte y hacerte amar; deseo cumplir perfectamente tu voluntad, ser santo; pero ante mi impotencia te pido ser mi santidad. Te ofrezco los méritos de Jesucristo, de los santos y sobre todo de la Santísima Virgen María, mi madre amada. Quédate en mí como en un sagrario; no te alejes jamás de mí. Quítame la libertad de ofenderte y si por flaqueza caigo alguna vez, que al punto tu mirada me purifique. Agradezco todas las gracias que me has concedido, especialmente por hacerme pasar por el crisol del sufrimiento. Después de este destierro, espero que gozaré de ti en el cielo, pero no quiero atesorar méritos para el cielo, quiero trabajar sólo por tu amor, con el único fin de agradarte, de consolar tu corazón y salvar almas que te amen eternamente. En el ocaso de esta vida me presentaré ante ti con las manos vacías, porque todas nuestras obras están manchadas en tu presencia. Quiero revestirme de tu justicia y recibir de tu amor la posesión eterna de ti mismo. A fin de vivir en un acto perfecto de amor yo ( ... ) me  ofrezco como víctima de amor holocausto a tu amor misericordioso, suplicándote que me consumas sin cesar, dejando que se desborden en mí alma los raudales de tu infinita ternura, que en ti se encierran, para que así llegue a ser mártir por tu amor. Que este martirio, después de haberme preparado a comparecer ante ti, me haga finalmente morir y que mi alma se arroje sin demora en el brazo de tu amor misericordioso. Quiero, ¡Oh amado mío! a cada latido de mi corazón, renovarte este ofrecimiento, hasta que desvanecidas ya las sombras, pueda de continuo declararte mi amor, mirando a tus ojos".

Para mejor cumplir con estos votos:

a)     Establezca contacto con los Caballeros que Portan la Cruz de Cristo (Caballeros crucíferos);

b)     Con alguna congregación mariana;

c)      Vívalos bajo la dirección de algún sacerdote o religioso santo.

d)     Vívalos en la comunidad familiar extendiendo su práctica a otras familias.

e)     Si es religioso, cumpla el espíritu de su regla con estricta observancia, como lo haría María.

f)        Si quiere vivir la regla dejada por algún santo, vívala en el estado en que se encuentra con toda observancia con la guía de su director espiritual y sin preámbulos o ingrese a la orden correspondientes y sujétese a la obediencia.

Conclusión

Se ha expuesto el contenido y la historia de cómo la Santísima Virgen quiere que construyamos su templo en nosotros; cómo sucedieron los hechos y cómo estos hechos revelan esa misteriosa voluntad de Dios que nos conducirá a cumplir perfectamente nuestra santificación, que es la voluntad de Dios.

En el caso de México, numerosas señales desde la simiente de la nacionalidad indican una misión  y predilección especial en orden al mandato de María para construir su templo, como auténticos mexicanos, ciudadanos del México místico, pupila del cuerpo místico de Cristo, como ha quedado asentado:

a)     La peregrinación que habría de dar lugar a la fundación de la Gran Tenochtitlán, que significa abandonar todo y morir al viejo modo de vida para renacer en el Espíritu Santo.

b)     La señal del lugar de la fundación es una águila devorando a una serpiente, alegoría de María pisando la cabeza de la serpiente como dice el Génesis, cosa que tenemos que hacer todos los días de nuestra vida, matar a la serpiente de nuestro egoísmo y de toda pecado para hacer el oficio del águila, que es el de María. Estas dos señales preparan al pueblo para el milagro de Guadalupe. La segunda además del mandato para cada uno, expresa que desde esta tierra y/o a partir de los que cumplen con la voluntad de Dios, se desarrollarán los hechos de la lucha en que el águila destrozará al Anticristo.

c)       El milagro Guadalupano; el anuncio de que hay que construir un templo aquí, primero de piedras y luego de hombres. Este hecho confirma el camino de la peregrinación y la señal de el Aguila devorando a la serpiente.

d)     El Himno Nacional, que habla del destino de México, como pueblo predilecto de Dios para una misión.

e)     La proclamación de Cristo como Rey por los mártires mexicanos; primicias del destino de la humanidad y de los mexicanos, tierra regada con sangre donde habrán de retoñar los santos que proclamarán la divina misericordia para todo aquel que a ella quiera acogerse y la santidad para todo el que quiera tener aceite para su lámpara y formar parte del templo y no quedarse afuera. Refleja la aceptación del destino que Dios ha dado a México.

f)        La celebración de la fiesta de la Santa Cruz precisamente por los constructores mexicanos. La construcción del templo será con la Cruz de bandera hecha vida. Aún en lo cotidiano Dios nos habla diariamente la misión, como dice el Rey David: “su fidelidad dura por siempre” y “todas nuestras empresas nos las realizas tú”.

g)     El gran amor del pueblo mexicano por SS el Papa, quien ha proclamado a México como “Siempre Fiel”.

Finalmente queda por agregar que para obtener la perseverancia final, el mejor camino siempre será el de María: hacerlo todo con, en, para y por María, hasta estar, como Juan Diego, “bajo su sombra y resguardo, en el pliegue de su manto y en el cruce de sus brazos y sea Ella la fuente de nuestra alegría”.

El Papa Juan Pablo II, representante de Cristo y cabeza de la Santa Iglesia, asume su parte en este trabajo, como le ha sido reservado. Por ello, al igual que los profetas, sufre la alegría, el cumplimiento del librito dulce al paladar pero que amarga las entrañas, de La Revelación. Sufre en su cuerpo los estragos de la vejez, que igualmente aqueja a la Iglesia y de todas las infidelidades de sus hijos con sus enfermedades. Y al igual que el Maestro, habrá que sufrir la traición de aquel con quien lo une una tierna amistad, que come junto con él de su mismo plato y junto con quien ha ido al templo. Ello no es raro, ya que eso mismo sucedió en arcano, cuando aquel que surgió en la creación cuando Dios ordeno que se hiciera la luz, se levantó contra El y le dijo: No te serviré. Asimismo le sucedió al Maestro, cuando aquel que era su amigo lo traicionó. Eso mismo, proporcionalmente ocurrirá a todos los que quieren tener la imagen de Cristo.

En este nacimiento San José, castísimo y cariñoso esposo de María, allanará también el camino, como lo hizo antes y después del parto de María y proveerá de lo necesario, pero habrá que saberlo discernir y aprovechar con la imitación de sus virtudes, para ser guiados por él en el momento cuando los poderes que representen a Herodes, buscarán matar al recién nacido, tanto con nuestros propios actos, como con los eventos externos que se sucederán..

De esta forma, no temeremos al espanto nocturno, cuando Dios purifique al mundo con el fuego, rebaje y rellene todo lo disparejo. Nos entregaremos de lleno a ese fuego del Espíritu Santo, para pasar por el crisol –suave en María-- después del cual Dios se pueda reflejar en nosotros como en un espejo; nos abrazaremos a la Señal del Hijo del Hombre que aparecerá en el cielo, su cruz por la que nos redimió, ya que hemos estado abrazados a ella diariamente con María; resistiremos con firmeza en la fe, ante el embate de los enemigos de Dios y del Anticristo, en orden de batalla con María; saltaremos de gusto cuando a través de los fenómenos que describe el Señor en el Evangelio, juzgue a las naciones y cantemos el Magníficat con María, porque se acerca el día de la Salvación y con gran confianza pasaremos a su derecha junto con sus ovejas, llevados por María, para posteriormente hacer brotar lágrimas de nuestro corazón, las cuales El enjugará, cuando nos haya dado un nuevo nombre, que sólo El conocera, al ver cara a cara de la inmensidad de su amor por nosotros en la Jerusalem Celeste, cuando El sea todo en Todos, por los siglos de los siglos. Amén.

Apéndices

A continuación presento tres apéndices. El primero es el apéndice del libro “La Traición al Papa Juan Pablo II”, escrito por el profeta de nuestro tiempo y hombre de Dios Luis Eduardo López Padilla, quien con la luz del Espíritu Santo nos explica hechos de trascendental importancia para nuestra salvación.

El segundo es una serie de prácticas evangélicas para aquellos llamados a vivirlas.

El tercero es un perfil de la Soberana y Militar Orden de San Juan Diego del Tepeyac, del Templo del Espíritu Santo y de los Caballeros Portadores de la Cruz de Cristo. Caballeros Crucíferos. (CC).

Apéndice I

Juan Pablo II y la Virgen de Guadalupe

 

Es una realidad que México como pueblo y nación tiene una gran trascendencia dentro del plan de Dios para el futuro de la humanidad. La aparición de la Virgen de Guadalupe en el año de 1531 marca un signo importantísimo y providencial en nuestra patria, en el desarrollo del plan de la salvación.

 

Con motivo de la 5ta visita de Su Santidad Juan Pablo II a México, y particularmente al santuario de la Virgen de Guadalupe con ocasión de la canonización de Juan Diego, conviene analizar una perspectiva escatológica, es decir, de este final de los tiempos: la vinculación de este Papa con Guadalupe, y el sentido apocalíptico que tiene la aparición de la Virgen de Guadalupe. No obstante  haber ocurrido hace ya 470 años, su propósito fundamental empieza a tener vigencia a partir de este momento.

 

En primer lugar, hay que hacer notar que el primer santuario que el Santo Padre visitó en todo el mundo al inicio de su pontificado fue, como es sabido, el de Guadalupe, donde él puso bajo su manto, bajo su guía, protección y bendición todo su pontificado. De esta forma, venía a cumplimentar su profunda devoción a la Santísima Virgen, que recién ordenado sacerdote llevó a la práctica con la consagración de San Luis María Grignion de Monfort, que se reduce en la frase Totus Tuus, Todo Tuyo. Asimismo, Juan Pablo II le pide a la Santísima Virgen, en esa ocasión,  que interceda para que nos conceda la fe necesaria para construir en nuestro Continente, es decir, el Americano, la llamada Civilización del Amor. Esta frase adoptada desde 1970 por Pablo VI, no es sino el reconocimiento público y social del reinado de Cristo en la tierra, en el que habrá de cumplirse al fin la oración sacerdotal de Jesús: “Que todos sean uno”, en el que podamos al fin ver realizada la profecía bíblica de un solo rebaño y un solo pastor.

 

No es gratuito que a pesar de la persecución masónica contra el catolicismo en México, hoy en día el pueblo mexicano aún responda a una sólida fe en el  Evangelio. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que el país que será el último bastión de la defensa de la fe y de la Iglesia en el mundo entero sea México. No por nada, el Papa desde 1979, recitó esa frase que hoy es famosa: “México siempre fiel”. Frase que conlleva un alto sentido profético  para el futuro inmediato y que descubre la misión que este país tiene para la renovación y triunfo de la Iglesia en los momentos de la gran persecución en contra del cristianismo.

 

Confirma lo anterior el mensaje que la Santísima Virgen le diera al Padre Esteban Gobbi el 5 de diciembre de 1994, precisamente en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, aquí en México:

 

“¡Esta tierra especialmente protegida y bendecida por Mí. Sois la niña de mis ojos... por esto comenzará desde aquí (desde México) mi gran victoria contra todas las fuerzas masónicas y satánicas, para mayor triunfo de mi Hijo Jesús.”

 

Estas palabras de la Virgen nos recuerdan la feroz batalla que se dio en contra de la Ley Calles a fines de la década de los 20´s y que tenía una explicación fundada, toda vez que México fue la primera nación en todo el mundo que proclamó a Cristo Rey. Es a partir de la Encíclica “Quas Primas” del 11 de diciembre de 1925, con la fiesta litúrgica de Cristo Rey, en que se consolida la doctrina social cristiana para apresurar la acción de proclamar el reino social de Cristo, reconociendo públicamente su derecho a reinar en la sociedad de los hombres, con ellos y por ellos. En efecto, pocos días después, el grito de ¡Viva Cristo Rey! fue lanzado por primera vez por las gargantas del pueblo católico mexicano. Los campesinos, aún sin el apoyo de la Iglesia, y con la sola fe sencilla de su catolicismo tradicional, entregaron la sangre para defender su religión y su fe en la promesa: ¡Reinaré! Y esto por una razón concreta: México está destinado providencialmente a un papel de servicio vital en el triunfo de la Iglesia, una vez que sea purificada y renovada, para que llegue el triunfo del reino de Dios por medio del Corazón Inmaculado de María; porque esta nación que fue creada por Dios para Santa María de Guadalupe, Ella la quiere para Cristo, y así se hará realidad la esperanza cifrada en nuestro Continente. De América cristiana, lidereada por México, crecerá el germen de la renovación y el triunfo del reino de Cristo.

 

Lo anterior está clara y perfectamente asociado precisamente a la aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe en 1531. El lector debe saber que la única imagen, manifestación o aparición de la Santísima Virgen en todo el mundo y en toda su historia en que aparece encinta, es en Guadalupe, en México. En otras múltiples manifestaciones marianas, apariciones o tradiciones que envuelven a la Santísima Virgen, cuando se quiere establecer su maternidad, aparece con el Niño Jesús en brazos. Sin embargo, en el caso de la Virgen de Guadalupe no. Místicamente, misteriosamente, la Virgen hace 471 años aparece encinta. ¿Por qué?

 

La respuesta la encontramos en el libro del Apocalipsis, que en su capítulo 12 nos descubre una señal en el cielo: “Una Mujer vestida del sol, la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas, la cual, hallándose  encinta, gritaba dolores de parto...”.

 

Esta referencia de la Mujer vestida del sol que está encinta, es precisamente la imagen de la Virgen de Guadalupe. En este caso, la visión que tiene el apóstol San Juan de la Mujer vestida del sol que está encinta  y que gime dolores de parto, corresponde, en primer lugar, a la Iglesia, y en segundo lugar, figurativamente, a la Santísima Virgen María. Es decir, esta Mujer vestida del sol, representa a la Iglesia fiel, y también a la Iglesia que va a huir al desierto, y también a la Iglesia que va a dar a luz como resultado de esta purificación y renovación que tendrá la Iglesia universal para recibir el reino de Cristo en todo el orbe, tal y como lo complementa el texto apocalíptico de la Mujer que gime dolores de parto, pues dice más adelante: “Que dio a luz un varón que ha de gobernar  a todas las naciones con vara de hierro...”. Es decir, es la Iglesia que está a la espera de la venida de Cristo, pero ya no como un cordero llevado al matadero, o en un manso borrico como se le vio en la entrada a Jerusalén, sino como Rey de reyes y Señor de señores, ya que aunque muchos no lo crean, Jesucristo es Rey, y  está pronto a volver, pero a volver como Rey. Y así lo dice el Apocalipsis: “Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba era llamado Fiel, el Verdadero, el que con justicia juzga y hace la guerra, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él. Iba envuelto en un manto salpicado de sangre y es llamado por nombre el Verbo de Dios... y en el muslo lleva escrito un título: Rey de reyes y Señor de señores y de su boca sale una espada afilada para con ella herir a las naciones; Él las gobernará con vara de hierro.. .” (Apoc XIX, 11-16).

 

Así pues, Cristo será Rey absoluto de esta humanidad, una vez que la Iglesia sea debidamente purificada. Porque Cristo es Rey por título de nacimiento, por ser el Hijo verdadero de Dios Omnipotente, creador de todas las cosas; es Rey por título de mérito, por ser el Hombre más excelente que ha existido y existirá sobre la faz de la tierra; y es Rey por título de conquista, por haber salvado con su doctrina y con su sangre a la humanidad de la esclavitud del pecado y del infierno.

 

Entonces, esta Mujer que gime dolores de parto es la Iglesia en su proceso de purificación y prueba, que tendrá que pasar a imitación de lo que pasó Jesucristo, para que se haga realidad en todo el orbe Su reino. Y esta Iglesia está claramente identificada en el mensaje de la Virgen de Guadalupe. Confirma este hecho la relación providencial que aparece con las 46 estrellas del manto de la Santísima Virgen de Guadalupe. Efectivamente, las 46 estrellas sobre su manto son, por un lado, los 46 años de vida hasta la redención (los 13 años de María cuando quedó encinta del Espíritu Santo, más los 33 años de la vida de Jesucristo) y, también, los 46 años que tardó en construirse el Templo de Jerusalén. Por tanto, María Santísima es modelo e imagen de la Nueva Jerusalén (Apoc XXI, 2), del Nuevo Templo, del Templo a donde vendrán a refugiarse los apóstoles de los últimos tiempos, y donde tendrán consuelo y protección para la edificación del reino de Cristo. Pues bien, María Santísima es el receptáculo de ese reino,  significado, ni más ni menos, que en la aparición de la Virgen de Guadalupe.

 

También es de llamar la atención la relación de estas 46 estrellas con respecto al Papa Juan Pablo II. En efecto, desde la aparición de la Virgen de Guadalupe, en 1531, hasta Juan Pablo II han habido 46 sucesores de Pedro (desde Clemente VII, Papa reinante en 1531 hasta Juan Pablo II); el mismo número de las estrellas del manto de la Virgen de Guadalupe. Lo que nos sugiere que este Papa cierra la época presente, abriéndose entonces el final de los tiempos. De ahí la íntima vinculación de Juan Pablo II con Guadalupe y la explicación sobrenatural y escatológica de su reciente venida a México  para canonizar a Juan Diego, pero hay que elevar  la mirada para entender la trascendencia de la Virgen de Guadalupe en el plan de Dios.

 

Corroboran lo anterior unos relatos que son tomados del libro de Jacques Lafaye intitulado “ Quetzaltcóatl y Guadalupe”, en donde podemos leer un par de obras guadalupanas del siglo XVIII denominadas “Eclipse del Sol Divino, causado por la interposición de la Inmaculada Luna María, Señora Nuestra, Venerada en su Sagrada Imagen de Guadalupe”, y “La Celestial Concepción y Nacimiento Mexicano de la Imagen de Guadalupe”. Ambas obras se encuentran dentro de los sermones pronunciados el 12 de diciembre de 1742 por un religioso agustino en el Santuario de Guadalupe de Michoacán. Pues bien, en estos textos encontramos lo siguiente:

 

“La Virgen María, en su imagen de Guadalupe aparecida a los mexicanos habría dotado a los “americanos” de un carisma de identificación de María con la Mujer del Apocalipsis. Al referirse a las profecías atribuidas al apóstol San Juan, dejaban ver en la mariofanía del Tepeyac el anuncio del fin de los tiempos, o por lo menos de la Iglesia de Cristo, a la cual subsistiría la Iglesia Parusíaca de María. Del mismo modo que Dios había elegido a los hebreos para encarnarse Jesús su Hijo, del mismo modo, María, la redentora del final de los tiempos, la que iba a triunfar sobre el reino del Anticristo, había elegido a los mexicanos.”

 

El texto precedente identifica con claridad a la Virgen de Guadalupe con la Mujer del Apocalipsis, Mujer que está identificada con la Iglesia fiel de los últimos tiempos y que va dar la gran batalla, en el desierto, en contra del Anticristo, para ser purificada, renovada y salir victoriosa por medio del Corazón Inmaculado de María y dar a luz, por la fe,  a Cristo Rey. Por eso el texto deja claro que la manifestación de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac anuncia el fin de los tiempos para que subsista la Iglesia de la manifestación de María, es decir la Iglesia que va a poner fin al misterio del mal cuya cabeza es el Anticristo; por eso el texto concluye diciendo que María es la que va a triunfar sobre el Anticristo, para lo cual se apoyará mayormente en los mexicanos, a quienes ha elegido para esa misión. Recordemos que la Virgen con su “talón aplastará la cabeza de la serpiente” (Gen III, 15). El Santo Luis María Grignion de Monfort  interpreta  lo que es el talón,  diciendo que son los apóstoles de los últimos tiempos que junto con María van a dar la guerra en contra del Anticristo.

 

 El otro texto es de un Padre Jesuita, de apellido Carranza, autor de la obra:  “Traslado de la Iglesia a Guadalupe”. Dice así:

 “La imagen de Guadalupe será, a fin de cuentas, la patrona de la Iglesia Universal, porque es en el Santuario de Guadalupe donde el trono de San Pedro vendrá a hallar refugio al final de los tiempos...”.

 

Aquí deja claro que Guadalupe, símbolo del  nuevo Templo, de la Iglesia que es perseguida en el desierto, se convertirá en el refugio de los verdaderos y auténticos cristianos, en cuya cabeza está el Papa, en este caso, Juan Pablo II. Quizá de ahí la firme decisión que tenía el Papa de venir a México, aún cuando fuera en silla de ruedas, a la canonización de Juan Diego.

 

 Ahora bien, no debe interpretarse el texto anterior como que el Papa en su huida venga a México, sino que Guadalupe, al ser símbolo místico de la Iglesia que huye al desierto, reúne a todos los miembros de la Iglesia fiel, la Iglesia auténtica y perseguida, y a la cabeza, al Papa Juan Pablo II. De ahí pues la trascendencia de Guadalupe y su profundo misterio, cuyo significado es ahora que empieza a descubrirse y a comprenderse mucho mejor, porque somos nosotros, los de este tiempo, a quienes estaba dirigido principalmente la profecía del final de los tiempos y de la Mujer vestida del sol.

 

Luis Eduardo López Padilla

 

 

 

 

Apéndice II

Costumbres evangélicas de vida de aquellos que han sido llamados a amar a Dios Padre en Espíritu y en Verdad

 

Oficios Comunes.

 

Prácticas para todos los oficios comunes y especiales.

 

1.- Se confiesan y comulgan diariamente.

2.- Cumplen siete votos: Pobreza, Obediencia, Castidad, Estabilidad, Conversación de Costumbres, Esclavitud a María, Víctima de Amor.

3.- Imita diariamente en María, para María, con María, a Nuestro Señor Jesucristo en todos sus actos para asemejarse a El, Verdadero Hombre.

4.- Reza la liturgia de las horas bajo cualquier ritual aprobado por la Iglesia; parte el sueño para rezar el Oficio de Lectura. Si no pueden hacerlo así por alguna circunstancia, rezarán con todo su corazón y entendimiento siete padres nuestros siete veces al día.

5.- Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.

 

Recomendaciones:

 

1.- Antes de disponerse a cumplir estos oficios habrá de haberse acrisolado en la vivencia de los 75 instrumentos de las Buenas Obras anotados al principio de esta Regla.

2.-Se ha de leer diariamente al amanecer estos oficios y se meditarán durante 10 minutos, hasta aprenderlos de memoria y se iniciará con aquellas prácticas que más trabajo le cuestan.

3.-Al amanecer arderá en su corazón el deseo de la perfección, obedeciendo el mandato de Jesucristo: “Sed Perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto”.

4.-Durante todo el día mantendrá alerta el aguijón de la conciencia, para enderezar su corazón al cumplimiento de estas disposiciones evangélicas, hasta que las adquiera como un hábito suave y propio de su persona, en la forma de actuar.

5.-Caminará progresando en estas prácticas, una a una, hasta grabarlas en todo su modo de ser y en su corazón, como el tesoro que son.

 

 

I. Oficio de suplicantes para que el Señor envíe trabajadores a sus campos. a todos los cristianos.

 

1.- Escucharán y meditarán diariamente estas palabras de Jesús: "La cosecha es mucha y los trabajadores son pocos. Supliquen pues al dueño de la cosecha que mande más jornaleros a ella".

2.- Oran y ofrecen sacrificios, para que el Señor mande trabajadores a su mies. Si detectan vocaciones sacerdotales o religiosas, trabajan por que en lo que puedan se dirijan con prudencia y entrega.

 

II. Oficio de quienes reconocen a Jesucristo en todo momento. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Medita conjuntamente con su respiración, aquellas palabras: "A todo aquel que me reconoce delate de los hombres, lo reconoceré Yo también delante de mi Padre que está en los cielos".

2.- Medita también las palabras de Jesús: "A todo aquel que me niegue delante de los hombres, Yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en los cielos".

3.- Meditan que esto significa una guerra santa, como lo declaró Jesús, por lo que están vigilantes de cumplir su oficio siempre.

4.- Piden ayuda siempre al Espíritu Santo, para obtener el don del discernimiento de Espíritus, a fin de poder declarar ante los hombres cuales son los actos de reconocimiento de Jesús, cuales no, y cuales son contrarios a El. Cuales allegan con El, y cuales desparraman, en todos los oficios humanos.

5.- Toman su cruz de cada día y siguen al Señor.

6.- No aman a cosa o creatura alguna más que a Dios.

7.- No buscan salvar su vida, sino perderla por causa de Jesucristo.

8.- Reciben en su casa, empresa o trabajo a los que son de Cristo, sólo por el hecho de serlo.

9.- No temen a hombres ni a espíritu maligno alguno, sino solamente temen a Dios y por ello lo confiesan diariamente con sus actos y predican su doctrina con la boca.

10.- No se preocupan por su vida, de cómo la sustentarán, ni por su cuerpo, de con qué lo vestirán, porque más vale la vida que el sustento y el cuerpo vale más que el vestido.

11.- Buscan primero el reino de Dios y su justicia y lo demás se les da por añadidura.

 

III. Oficio de quienes no rechazan, sino que acogen las señales de Dios. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Hacen penitencia de ayuno, vigilia y mortificación de todos sus cinco sentidos y potencias de voluntad, memoria y entendimiento, como lo recomienda San Juan de la Cruz.

2.- Visten ropas humildes y bajo de ellas traen un cilicio.

3.- Echan sobre su cabeza ceniza con frecuencia.

4.- Estas prácticas las hacen con voto de por vida y hay quienes viven de esta manera siempre, y hay quienes lo hacen por tiempo, sobre todo en los tiempos mayores de la liturgia: cuaresma y adviento.

 

VI. Oficio de quienes siempre hacen el bien. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Obran el bien con el prójimo a tiempo y a destiempo, cuando convengan o no convenga a los respetos y prejuicios humanos.

 

V. Oficio de quienes allegan todo con Jesús. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Meditan y repiten con la respiración aquellas palabras de Jesús: "El que no está conmigo, está contra mí, y el que no allega conmigo, desparrama".

2.- Allegan todos sus actos con Jesús y enseñan a los demás a hacerlo así; todos los frutos buenos provienen de Dios, y los malos, de las malas inclinaciones del hombre y del demonio.

3.- Enseñan con sus actos, y con sus palabras, por todos los medios disponibles a su alcance, todos los actos que allegan con Jesús, y todos los que apartan de El.

4.-Personalmente declaran ante cada uno de los hombres a su alcance, sobre las contradicciones de sus actos con sus palabras, cuando se dicen cristianos.

 

 

VI. Oficio de quienes no se guían por costumbres humanas. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Cumplen los mandatos de Dios, sin importar las tradiciones humanas y costumbres, contra toda opinión, a tiempo y a destiempo, en todo lugar.

2.- A aquellos que se dicen cristianos pero que obran de modo distinto, les hacen ver sus errores de la misma forma que Nuestro Señor lo hizo con los fariseos cuando le recriminaron por su mal entendido apego a las costumbres.

3.- Vigilan constantemente la rectitud de su corazón.

 

VII. Oficio de quienes se guardan de la levadura de los fariseos y saduceos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.-Repudian toda hipocresía que hayan practicado en el pasado.

2.- Se conducen de acuerdo con el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, tratando de que sus obras correspondan al Evangelio.

 

VIII. Oficio de quienes confiesan a Cristo como Hijo de Dios. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Confiesan que Cristo es el Hijo de Dios con todos los actos de su vida, y con sus palabras, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos.

2.- Proclaman y defienden al Papa como auténtico representante de Cristo en la Tierra y difunden la doctrina de la Santa Iglesia a través del catecismo autorizado.

 

IX. Oficio de quienes cargan la cruz de cada día. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Repiten y meditan constantemente las palabras de Cristo: "El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga, pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por causa mía, ése la salvará".

2.- En todas sus actividades cargan la cruz que representan sus responsabilidades, con alegría y humildad.

3.- Están dispuestos a morir incluso, por este servicio.

 

X. Oficio de quienes corrigen fraternalmente a sus hermanos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Cuando se percata de que un hermano comete alguna falta lo reprenden a solas.

2.- Si no hace caso, lo conmina al arrepentimiento juntamente con otros dos.

3.- Si no hace caso, denuncian ante la comunidad cristianamente el que no quiere corregirse.

4.- Si no hace caso a la comunidad, téngalo como uno que no es cristiano.

5.- Ofrece toda clase de sacrificios, oraciones y ayunos para su conversación.

 

XI. Oficio del perdón. Obligado para todos los cristianos.

 

1.- Todos están obligados a perdonar siempre, cuando son ofendidos por alguien, de palabra y de corazón, sin recordar la ofensa.

2.- Para ello, se ajustarán perfectamente a los siete votos, porque aquel que no perdone está fuera de la congregación de los cristianos, y aquel que perdone de boca, pero en su corazón mantenga el agravio tendrá por dicho el camino que le falta por recorrer en la negación de sí mismo para poder seguir a Cristo y deberá aplicarse a buscar la humillación, hasta someter a esa voluntad propia.

 

XII. Oficio de los que trabajan por el Reino de los Cielos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Están bien dispuestos en las horas litúrgicas para escuchar la voz del Señor, para trabajar en su jornal.

2.- No se inconforman contra sus hermanos que hayan recibido trabajo antes o después que ellos, aunque la paga sea la misma.

3.- Se hacen los últimos y los más pequeños en todo, para poder ser los primeros en el Reino de Dios.

 

XIII. Oficio común a todos; no juzgar a su prójimo.

 

1.- Si vieren a algún prelado o sacerdote cometiendo malas acciones no le juzgarán ni con la lengua ni con el corazón, sino que se atendrán a las palabras del Señor: "hagan lo que dice, pero no imiten sus obras".

2.- Ofrecen toda clase de oraciones y sacrificios para la conversión de dichos ministros.

3.- Cumplen con las obligaciones ciudadanas y con las obligaciones de cristianos que han contraído con el bautismo, esto es, ser perfectos como el Padre es perfecto.

4.- Aman a Dios con todo su corazón con toda su alma y con todas sus fuerzas, y al prójimo como a sí mismo.

 

XIV. Oficio común a todos. Responder favorablemente al llamado de Jesús.

 

1.- Considerarán todas las ocasiones desde la llamada a la existencia que como a Jerusalem, Dios ha llamado como una gallina para reunir debajo de sus alas a los pollitos, pero que en lugar de ello ha dado muerte a las buenas intenciones que provienen de Dios y las ha apedreado.

2.- Repetirá incesantemente: "Bendito el que viene en el nombre del Señor".

 

XV. Oficio común a todos. Trabajar responsablemente por el Reino de Dios.

 

1.- Los padres de familia enseñan a sus hijos la doctrina de Cristo a tiempo, esto es, desde muy pequeños y los allegan a los sacramentos de la Santa Iglesia.

2.-Los Sacerdotes se preocupan por celebrar responsablemente la Eucaristía, por exhortar a todos a la confesión y a la comunión, en especial administran los sacramentos a los moribundos.

3.- A semejanza de las vírgenes prudentes se encargan de mantener la lámpara de la Gracia Santificante en ellos encendida.

4.- A semejanza del criado responsable cumplen los oficios de su particular estado de vida, para dar fruto conforme a los talentos que Dios le dio.

 

XVI. Oficio común a todos. Cumplir las obras requeridas para ser llamados a la derecha del Dios.

 

1.- Dar de comer al hambriento, de deber al sediento, acoger al forastero, vestir al desnudo y visitar al enfermo y al encarcelado.

 

XVII. Oficio de amar a los enemigos. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Aman a sus enemigos y hacen el bien a los que los aborrecen; bendicen a los que los maldicen y oran por los que los maltratan.

2.- Ponen la otra mejilla al que los golpea.

3.- Dan más al que les quita algo.

4.- Dan a todo el que les pide algo.

5.- No reclaman al que les quita algo.

6.- No esperan nada en pago por hacer el bien.

7.- Son misericordiosos como el Padre Celestial es Misericordioso.

8.- No juzgan para no ser juzgados.

9.- No condenan a nadie, para no ser condenados.

10.- Perdonan a todos, para ser perdonados.

 

XVIII. Oficio de los que sacan primero la viga del ojo propio antes de corregir a su hermano. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Antes de corregir a alguien primero se corrige a sí mismo.

2.- Antes de corregir a alguien declara que tiene una viga en su ojo propio, que es tal pecado, y por amor a Cristo, busca sacarla, incluso con la ayuda de la persona a quien pretende corregir, y posteriormente declara la corrección fraterna.

 

XIX. Oficio de quienes ponen en práctica la enseñanza de Jesús, y construyen su salvación en terreno firme. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Meditan constantemente las palabras del Señor: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?", y cumplen los mandatos del Señor expresados en esta regla.

 

XX. Oficio de los que se someten a la prueba decisiva. Oficio común a todos los cristianos.

 

1.- Harán una bolsa espiritual en la que guardarán todas las buenas obras para entregarlas a la Santísima Virgen María.

 

7.- Se desprenden de su manto, esto es la vergüenza, para adquirir la espada de la Fe, con la que combatirán por el Reino de Dios y su justicia, cumpliendo los oficios señalados en esta regla mínima de vida.

 

XXI. Oficio del temor a traicionar al Señor, común a todos.

 

1.- Diariamente, ante la tentación escucharán las palabras del Señor: "En verdad les digo que uno de ustedes me entregará".

2.- Se entristecerá y preguntará: "¿A caso seré yo, Señor?" Se encomienda y recogiéndose en la Santísima Virgen María deja que ella rechace la tentación por él.

 

Costumbres diversas de quienes imitan a Jesucristo, Hijo de Dios, verdadero Hombre.

Recomendaciones:

 

1.-Una vez que se han grabado en el corazón los oficios obligatorios para todos los cristianos y que se viven cotidianamente, como una forma propia de conducta cotidiana en el amor de la Virgen Santísima y de Nuestro Señor Jesucristo, y quiere adorar a Dios en Espíritu y en Verdad, lea y medite cada día los siguientes oficios, tome aquel al que lo guíe el Espíritu Santo con la Virgen de Guadalupe y cúmplalo diariamente, como se recomienda.

2.-Si el Espíritu Santo lo guía a adquirir varios oficios, hágalo, con la prudencia y la santidad requerida. Si lo guía a cambiar de oficio, también hágalo, no sin antes haber hecho como parte de sí al que le antecede.

 

 

 

 

I.          Costumbres de quienes imitan a Jesús, María y José antes, durante y después del parto de María.

 

1.- Imita diariamente a la Santísima Virgen María en todos sus actos, como si fuese ella, antes, durante y después del parto.

2.- Practica diariamente la justicia en todos sus actos, como San José y practica y vive el que está engendrando a Cristo.

3.- En su corazón se alimenta con la vivencia de que en él mismo se está formando a Cristo, por lo que no tienen más alimento que la protección de la Santísima Virgen María en su vientre purísimo y el amor de San José.

4.- Al amanecer se da cuenta de que Jesucristo ha sido concebido dentro de su ser y lo formará durante el día con todos sus actos.

5.- Antes de dormir se atendrá a que debe proteger durante la noche al Señor que en El se engendra, con una vigilancia estrecha de sus actos.

6.- Partirá el sueño por la mitad, ante la urgencia del parto, de que el Señor llega en cualquier momento.

7.- Arrullan incesantemente el Niño Jesús en el pesebre humilde de su corazón, y le proporcionan calor la rendición de todos sus sentidos y de todo su ser, en todo momento, con todos sus actos.

8.- Reza la liturgia de las horas bajo el ritual cartujano, siete veces al día.

 

II.        Para los que viven a semejanza de los Santos Reyes Magos.

 

1.- Viven imitando a la Santísima Virgen María, con, en y para Ella.

2.- Parten en sueño para buscar al Niño Jesús, con grande inquietud y ardiente deseo de conocerlo y de adorarle.

3.- Analizan toda su conducta y reconocen toda imperfección y ocasión de pecado, para huir de estas; protegen al Niño Jesús, dándole la vuelta a estas, no enfrentándolas.

4.- Con las pruebas que se les allegan, consultan a la Santísima Virgen, las soportan con paciencia hasta que terminan, y no se vuelven para considerar sobre estas.

 

5.-  Rezan  la liturgia de las horas, siguiendo el ritual cartujano.

 

III.       Para los que imitan a la Sagrada Familia Huyendo de Egipto.

 

1.- Parten el sueño por la mitad con la urgencia de tomar a Jesús y a María y allegarse al lugar seguro de la oración; al Egipto de su corazón, que debe estar limpio y seguro en el amor de Dios; alejado totalmente de todos los peligros que contra la gracia de Dios.

 

IV.       Para los que imitan a los Santos Inocentes.

 

1.- Consideran al levantarse al acostarse y al partir al sueño por la mitad, todas las veces que han matado a las buenas intenciones, al estado de gracia, con la tibieza, las imperfecciones y con el pecado venial y mortal, como Herodes asesinó a los inocentes. Lloran por ello al observar la gravedad de su crimen.

2.- Quieren asemejarse a esos niños asesinados por causa de Jesucristo y recibir el bautismo de la sangre y del dolor de todas aquellas madres. Meditan en ello diariamente al levantarse, al acostarse y al partir el sueño por la mitad, hasta obtener el ensanchamiento de su corazón y la inocencia infantil.

 

V.        Para quienes imitan a la Sagrada Familia volviendo de Egipto.

 

1.- Sosegados sus cinco sentidos; su inteligencia y su voluntad apaciguados en Cristo, se levantarán diariamente buscando la voluntad de Dios en el amor a El sobre todas las cosas y al prójimo como así mismo, alejándose de todo aquello, por minucioso que sea, que pudiese terminar en pecado.

 

VI.       Para quienes imitan a San Juan Bautista.

 

1.- Estudian y meditan diariamente las Sagradas Escrituras.

2.- Buscan la soledad de montañas y desiertos para estar  con la Santísima Trinidad y hacen un voto especial de permanencia en la soledad.

3.- Denuncian por todos los medios a su alcance al pecado en sus distintas manifestaciones.

 

VII.      Para quienes imitan a Jesús en el desierto.

 

1.- Hacen un voto especial de permanencia en la soledad y ayunan. Comen y beben lo estrictamente indispensable para su supervivencia y buena salud.

2.- Luchan contra las tentaciones del demonio solos y desnudos por el desierto.

 

VIII.    Para quienes quieren seguir a Jesús a semejanza de los apóstoles.

 

1.- Escuchan diariamente las palabras de Jesús; "Sígueme", las meditan y siguen diariamente al Señor con todos sus actos.

2.- Imitan al Señor en el desprendimiento, de quien no tiene una piedra para recostar su cabeza, y tampoco afectos humanos que les retengan o distraigan en el seguimiento, sino que cada cosa la ponen en su lugar y pretenden amar como Dios ama.

 

IX.       Para quienes viven las bienaventuranzas.

 

1.- Practican diariamente la pobreza de espíritu, desprendiéndose de todo, para poseer el Reino de los Cielos.

2.- Son pacíficos y apacibles en todos sus actos, para poseer la tierra de sus propios cuerpos.

3.- Lloran diariamente por todos sus pecados y los pecados de todos los hombres, para ser consolados por Dios.

4.- Tienen hambre y sed de la justicia divina en toda la creación, para ser saciados con la posesión de la justicia divina.

5.- Son misericordiosos en todos sus actos, para obtener misericordia.

6.- Practican la pureza de corazón en todos sus actos, para alcanzar la virginidad que provine de la Santísima Virgen María, para poder ver a Dios.

7.- Procuran la paz en todas sus relaciones con el prójimo y en las relaciones entre los hombres, para ser llamados hijos de Dios.

8.- Buscan ser perseguidos por causa de la justicia, para poseer el Reino de los Cielos.

9.- Buscan ser injuriados, perseguidos y acusados falsamente por causa de Jesucristo, para que su premio sea grande en el Reino de los Cielos.

 

X. Oficio para los que quieren ser luz del mundo y sal de la tierra.

 

1.- Realizan todas las obras buenas, diariamente a los ojos de los hombres para dar gloria a Dios, y no para gloria de sí mismos.

 

XI.       Para los que quieren cumplir y enseñar a cumplir los preceptos de Dios.

 

1.- Cumple todos los 10 mandamientos y ama a su prójimo como a sí mismo, y enseña eso a sus semejantes, con todos los medios a su alcance.

 

XII.      Para los que quieren tener una virtud mayor a la de los escribas y fariseos y quieren ser perfectos como el Padre Celestial es Perfecto.

 

1.- Cumplen cabalmente todos los ordenamientos y recomendaciones de Jesucristo para poder entrar en el Reino de los Cielos. No se encolerizan contra otros hombres, ni le dicen tonto o lo injurian, ni tampoco sienten eso en su corazón, aunque no lo digan; buscan siempre la reconciliación con quien han ofendido o se siente ofendido; no se permiten malos deseos sexuales en su corazón; no se divorcian bajo ningún pretexto de su esposo o de su esposa; dicen siempre la verdad.

2.- No hacen resistencia al hombre malo y ponen la otra mejilla a quien los ha agraviado; a quien tiene algo en su contra le dan no solamente lo que quiere, sino otro tanto, si lo tienen; a quien quiere que haga algún trabajo en su favor, le hacen el doble trabajo.

3.- Dan al que les pide todo aquello que no contravenga la ley de Dios, y no dan la espalda a quien les pide dinero prestado.

4.- Aman a sus enemigos con todo el corazón y oran por ellos y por quienes los persiguen.

 

XII.      Para lo que quieren hacer buenas obras para ganar el Cielo.

 

1.- Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.

2.- Buscan hacer buenas obras en secreto, sin que nadie se de cuenta; si los demás se dan cuenta proclaman por amor a Dios.

3.- Dan limosna en secreto y alejan de sí todo sentimiento de soberbia.

4.- Hacen oración en el de su cuarto y no proliferan palabras de peticiones, sino que rezan el Padre Nuestro siempre, o el Santo Rosario. Solo piden que se haga la Voluntad de Dios en ellos y en todos los hombres.

5.- Ayunan diariamente y lo hacen con mesura y prudencia, sin alterar su salud y procuran que nadie se de cuenta.

 

XIII.    Para los que quieren atesorar en el Cielo.

 

1.- Conocedores de que el dinero es malo por naturaleza y que no pueden servir a Dios y al dinero, usan de este solamente para hacer el bien a su prójimo, independientemente de la cantidad que tengan. Si su trabajo se relaciona con empresas o negocios para acrecentar el dinero, lo hacen sin violar los 10 mandamientos ni la caridad cristiana y con el objetivo de beneficiar con este a trabajadores, empleados y gente pobre.

2.- No se preocupan por lo que comerán o beberán por su desprendimiento, porque confían en Dios que les proveerá de lo necesario para vivir en su servicio.

3.- Buscan primero el Reino de Dios y su justicia,  porque Dios les dará lo demás por añadidura, como El así lo determine.

4.- No se preocupan por el día de mañana, porque Jesucristo ha dicho que a cada día le basta su preocupación.

 

XIV.    Para los que quieren alcanzar el Reino de los Cielos pidiendo y dando.

 

1.- No juzgan a nadie, para no ser juzgados por Dios y ser condenados.

2.- Miran antes su mal proceder, antes de recriminar a otro el suyo.

3.- Tratándose de quienes obran como paganos y su proceder no daña a otros tergiversando la verdad y haciendo creer que lo malo es bueno y viceversa, no predican de palabra a los que manifiestamente obran como paganos en contra de Dios, sino que a estos solamente les predican con sus obras, rezan y ofrecen sacrificios por ellos.

4.- Piden y tocan a la puerta del Señor, porque saben que todo lo que pidan les será dado cuando esto es congruente con el plan de salvación.

5.- Hacen al resto de los hombres todo aquello que quieren que se les haga a ellos.

 

XV.     Para los que quieren conocer la verdadera doctrina del Jesucristo y entrar por la puerta angosta.

 

1.- No se dejan llevar por novedades de predicación, sino solamente por el fuego del Espíritu Santo y con prudencia, oración y ayuno solicitan el don de Discernimiento de Espíritus para conocer y practicar la verdadera doctrina. Tienen en el Papa y los obispos de la Santa Iglesia Católica a sus guías y cuando alguno de estos escandaliza a la iglesia, oran por él y ofrecen sacrificios para su conversión.

2.- Se preocupan por dar diariamente frutos buenos con la práctica constante de la virtud, del cumplimiento de los 10 mandamientos, las obras de misericordia y el amor al prójimo.

3.- Lee y medita diariamente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y o vive, para construir su casa futura sobre roca firme.

 

XVI.    Para los que quieren imitar al leproso del  

                Evangelio.

 

1.- Considerándose de todo corazón como un leproso, por sus pecados y los pecados de toda humanidad, diariamente rompe en llanto frente al Santísimo y le dice: "Si quieres puedes curarme", y escucha en su corazón las palabras del Señor: "Quiero".

 

XVII.   Para los que quieren imitar al centurión del 

                Evangelio.

 

1.- Diariamente van a la iglesia y ante el Santísimo exclaman de sí mismos, por todos sus pecados y faltas: "Señor, mi criado está enfermo en casa", y escucharán las palabras de Jesús: "Iré a tu casa", a lo que responderán: "Señor, no soy digno de que entres a mi techo, basta con que lo ordenes y sanará".

2.- Si tiene gente bajo su responsabilidad, además diariamente irá a la Iglesia y ante el Santísimo exclamará y escuchará las mismas palabras. Diariamente meditará la grave responsabilidad de tener gente bajo su cargo y la obligación cristiana de buscar su salud y la de sus almas, y una mayor fe que la del resto de la gente y anhelará escuchar, al final de sus días, las palabras de Jesús: "En ningún israelita he encontrado una fe tan grande como la de este hombre".

 

XVIII. Para quienes quieran imitar a la Suegra de San Pedro.

 

1.- Diariamente al levantarse, considerarán la gravedad de su estado en la vida, y anhelarán que Jesucristo llegue a tocarle la mano, para curarse. Así iniciarán las labores de cada día en su servicio del prójimo hasta el anochecer, cuando al acostarse pedirán la mano del señor, para continuarle sirviendo.

 

XIX.    Para quienes están enfermos y quieren cumplir la voluntad de Dios.

 

1.- Como una jaculatoria incesante, tal cual su respiración, repetirán con todo su corazón y su entendimiento las palabras del profeta Isaías: "Tomó nuestras enfermedades y se echó a cuestas nuestros males". Si por su estado de enfermedad, se les imposibilita repetir estas palabras, lo harán con toda su voluntad y entendimiento, aunque no salgan palabras.

 

XX.     Para quienes estando en Estado Gracia, se han entibiando o sufren tribulaciones y quieren ser aliviados por Jesucristo de esa situación.

 

1.- Se confiesan y comulgan diariamente, si es posible.

Si no al menos harán el acto de contrición y comulgarán espiritualmente.

2.- Cumplen siete votos: Pobreza, Obediencia, Castidad, Estabilidad, Conversación de Costumbres, Esclavitud a María, Víctima de Amor.

3.- Imitan diariamente en María, para María, con María, a Nuestro Señor Jesucristo en todos sus actos para asemejarse a El, Verdadero Hombre.

4.- Reza la liturgia de las horas bajo el ritual cartujano, siete veces al día; parte el sueño para rezar Maitines. Si  no pueden hacerlo así, por restricción de su enfermedad, rezarán con todo su corazón y entendimiento siete padres nuestros siete veces al día.  

5.- Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.

6.- A semejanza de los discípulos en la barca, ante el viento y las alas dirán juntamente con su respiración, diariamente: "Señor sálvanos que perecemos", y escucharán las palabras de Jesús: "¿Por qué te acobardas, hombre de poca fe?".

 

XXI.    Para los que son llamados y quieren hacer el oficio de los apóstoles cuando fueron llamados a predicar.

 

1.- Cuidan a los enfermos.

2.- Enseñarán el catecismo a los que no lo conocen y les leen el evangelio de Jesucristo, los convocan a ir a misa.

3.- Llevan a confesar a quienes están en pecado mortal.

4.- Se mortifican, oran y ayunan por los que están enredados en el pecado.

5- No reciben nada a cambio de su servicio.

6.- Son itinerantes, y este trabajo lo hacen de por vida, habiendo hecho un voto al respecto. También hay quienes habiendo hecho esto con sus seres más próximos, también lo quieren hacer con otros y disponen de tiempos para hacerlo, por lo que pronuncian el voto de hacer este oficio en particular y en cada tiempo dispuesto lo hacen, con humildad corazón puro y callado.

7.- No llevan dinero alguno.

8.- Solamente llevan la ropa que traen puesta, ni tienen dos mudas de ropa durante su oficio.

9.- Caminan descalzos y no usan bastón.

10.- Cuando llegan a una localidad, preguntan quien es la persona más digna y le solicitan hospedaje y allí se quedan hasta haber terminado su trabajo y después se retiran.

11.- Cuando entran a la casa de esta manera: "La paz sea en esta casa".

12.- Si en una casa o localidad no los reciben ni escuchan sus palabras, al salir sacuden de sus pies el polvo.

13.- Meditan que son ovejas en medio de lobos.

14.- Piden al Espíritu Santo discernimiento suficiente para ser prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas.

15.- Se cuidan de los hombres cuyas insidias son para presentarlos ante los enemigos de Cristo.

16.- Cuando son entregados a estos, no se preocupan como hablan, sino que confían en el Espíritu Santo, quien guía su lengua.

17.- Cuando los persiguen en una ciudad huyen a otra.

 

 

 

 

XXII.   Oficio de los que alcanzan el Reino de los Cielos con violencia.

 

1.- Emprenden una guerra constante en contra de sus cinco sentidos, y de su propia voluntad. Siguen para ello todas las recomendaciones de San Juan de la Cruz.

2.- Tienen un celo grande de ofrecer a Dios toda su vida obras presentes, pasadas y futuras, para que todos los hombres vayan al Cielo, por lo cual están dispuestos a ofrecerles en particular con el voto de Víctima de Amor.

 

XXIII.  Oficio de los que se hacen pequeños.

 

1.- Buscan con todos sus actos, el ser tenido en nada, e incluso el ser despreciado.

2.- Buscan con todos sus actos servir a todos, sin descanso.

3.- Acude al Señor diariamente, fatigado y abrumado por la carga, para que El lo alivie; se pone el yugo del Señor sobre sí.

4.- Medita y repite con su respiración: "Aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón". "Mi yugo es suave y mi carga es ligera".

5.- Medita aquellas palabras: "Nadie conoce al Padre sino el Hijo y a quien el Hijo quiera revelárselo".

 

XXIV. Oficio de quienes obran como madre y hermanos de Jesús.

 

1.- Meditan y repiten con la respiración aquellas palabras de Jesús: "Quienquiera que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

 

XXV.   Oficio de los que dan fruto con la semilla del Reino de Dios.

 

1.- Vigila siempre todo lo que escucha, especialmente el Evangelio, para entender el mensaje de Cristo y la respuesta que debe dar a este.

2.- Procuran tener buenas obras, para que Dios se las multiplique.

3.- Procura ver todo cuanto le rodean para entender el mensaje de Dios y la aplicación de Evangelio.

4.- Procura entender el mensaje evangélico y pregunta a los sacerdotes, cuando no lo entiende para que se lo expliquen y pueda ponerlo en práctica.

5- Procura evitar la inconstancia en sus actos, para mantenerse en el seguimiento del Evangelio en la tribulación y cuando no la hay.

6.- Vigila que las preocupaciones de la vida, como casa, vestido y sustento, no le impidan cumplir siempre con el Evangelio.

7.- Ora y ofrece acciones para ser tierra buena y rendir los frutos del Evangelio y darlos al 10, al 60 o al 30 por ciento, según su entrega de Dios.

 

 

 

 

 

XXVI. Oficio de los que practican las obras de Dios, pero están rodeados de personas que obran el mal.

 

1.- Evita el enfrentamiento con quien hacen obras malas y no busca su ruina, sino que ora por ellos y ofrece sacrificios.

 

XXVII.            Oficio de los que quieren ser como el grano de mostaza.

 

1.- Procuran realizar diariamente y en cada momento las buenas obras para alimentar al Estado de Gracia, celosa y cuidadosamente con la Santísima Virgen María hasta ver crecer ese árbol y anidar en él celo por hacer más buenas obras.

 

XXVIII.           Oficio de quienes buscan el tesoro escondido y la perla fina del Reino de los Cielos.

 

1.- Vigila para encontrar siempre el servicio al prójimo en todas sus obras y después del servicio lo oculta del halago y del orgullo.

2.- Siendo empresario o tratándose de hombres ricos, utilizan toda su riqueza para el beneficio de sus semejantes. Toda su actividad negociadora se orienta hacia el servicio de sus semejantes, en especial de los que menos tienen.

 

XXIX. Oficio de los operan la red del Reino de los Cielos.

 

1.- Vigila que su conciencia en todo momento identifique sus actos buenos, para proliferarlos, y los actos de omisión para sustituirlos por bien.

 

XXX.   Oficio de los que quieren dejar de ser incrédulos.

 

1.- Vigila a todos cuantos les rodean para imitar sus obras buenas y aprender de su sabiduría, considerada esta acorde con el Evangelio y la doctrina de la Iglesia.

2.- Vigila especialmente imitar las buenas obras de cuantos están cerca de él, sin importar su parentesco o edad.

 

XXXI. Oficio de quienes quieren imitar a Juan Bautista cuando estuvo preso.

 

1.- Consideran a la cárcel como un monasterio liberador, no como una prisión.

2.- Vigilan constantemente su conducta para no caer en pecados o faltas, a causa de los sistemas internos operantes.

3.- Proclaman con su conducta que son imitadores de Juan Bautista y de Cristo.

4.- Enseñan a los demás presos a realizar este oficio.

5.- Ofrecen diariamente todos sus actos a favor de todos cuantos están presos y de todos los pecadores del mundo, y de todos cuantos siguen los pasos de Cristo.

 

XXXII.            Oficio de los que quieren alimentar a los demás.

 

1.- Procuran llevar al sacerdote para que confiese a los enfermos y procuran llevarles la comunión.

 

XXXIII.           Oficio de quienes imitan a Pedro cuando vio al Señor venir sobre las aguas.

 

1.- Vigilan en todas las situaciones que les rodean durante cada día, para identificar al Señor, que viene y escuchan las palabras "Tranquilízate, Yo soy; no tengas miedo", y dicen entonces: "Señor, si eres Tú, mándame que vaya a  encontrarte sobre las aguas", y escuchan las palabras del Señor: "Ven".

2.- En todo momento piden Fe, para identificar al Señor, y cumplir con su mandato.

3.- Esta práctica la realizan siempre, sobre todo en ocasiones de imperfecciones y tentaciones.

 

XXXIV.          Oficio de quienes imitan a la mujer cananea.

 

1.- Imitan a la mujer cananea quienes no habían pertenecido a la Santa Iglesia y quieren ser bautizados en la Santa Iglesia Católica. También quienes siendo bautizados, han vivido en pecado por largos periodos.

2.- Para caminar por este sendero pronunciarán como una jaculatoria: "También los perrillos comen las migajas que caen de las mesas de sus amos", y buscarán tener la grandeza de Fe de la mujer cananea.

 

XXXV.            Oficio de los que dan de comer a los hambrientos que siguen a Jesús.

 

1.- Reparten entre los hambrientos la comida que tengan, rogando al Señor, que esta comida alcance.

2.- Se preocupan y trabajan para que estos se confiesen y comulguen diariamente, para que de esta forma accedan al pan del cielo.

 

XXXVI.          Oficio de quienes se han dejado guiar por toda clase de señales y no han cumplido con los mandatos de Dios.

 

1.- Escudriñan y guardan en su corazón el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

2.- Se alejan de toda novedad de apariciones o mensajes no aprobados o reconocidos por la Santa Iglesia y se limitan al cumplimiento del Evangelio.

3.- Se comprometen a seguir alguno de los oficios contenidos en esta regla.

 

XXXVII.         Oficio de quienes quieren transfigurarse con Cristo.

 

1.- Cumplen estrictamente todas las disposiciones evangélicas para poder escuchar a Dios Padre y seguir a Cristo radicalmente en el camino de la cruz.

2.- Prefieren la cruz de Cristo, a cualquier otra cosa en esta vida.

 

XXXVIII.        Oficio de quienes quieren tener la Fe semejante a un grano de mostaza.

 

1.- Aman la oración y el ayuno.

2.- Piden incesantemente tener la Fe como un grano de mostaza, para poder seguir fielmente el camino de la cruz.

 

XXXIX.          Oficio de los que quieren ser los más grandes en el Reino de los Cielos.

 

1.- Se hacen inocentes como niños.

2.- Repudian la hipocresía en sí mismos, para evitar escandalizar a la Iglesia.

3.- Aman a todos los pequeños y despreciados del mundo.

4.- Trabajan por la conversión de los pecadores, con ayunos, oraciones, mortificaciones y trabajo pastoral.

 

XL.      Oficio de los catequistas.

 

1.- Meditan y repiten ordinariamente las palabras del Señor: "Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos; yo les aseguro que quien no se haga como uno de estos pequeños, no entrará en el Cielo".

2.- Procuran enseñar el catecismo aprobado para recibir la Primera Comunión y enseñar el catecismo general de la Iglesia después de la Primera Comunión.

3.- Procuran hacerlo de acuerdo con los reglamentos de la Orden de los Caballeros Portadores de la Cruz de Cristo y del Templo del Espíritu Santo.

 

4.- Buscan adquirir la pureza virginal de los niños, a través de todos sus actos, para asemejarse a ellos.

 

XLI.    Oficio de quienes se hacen Eunucos por el Reino de los Cielos.

 

1.- Quienes están casados se obligan a cumplir el voto de castidad bajo la espiritualidad del sacramento del matrimonio, y se entregarán mutuamente como lo recomienda la Santa Iglesia.

2.- Quienes están casados y quieren abstenerse lo harán de mutuo acuerdo. Si no hay acuerdo, se apegarán al punto anterior.

3.- Quienes están casados y quieren hacerse eunucos como lo recomienda el Señor, lo harán de mutuo acuerdo, y se guardarán a semejanza de San José y la Santísima Virgen María, hasta adquirir los dones de ellos.

4.- Quienes están solteros se obligan a abstenerse de toda relación sexual o familiaridad.

5.- Quienes son novios se obligan al respeto mutuo de sus cuerpos, sin permitirse familiaridades.

6.- Quienes son viudos se obligan a abstenerse de relaciones sexuales y familiaridades.

7.- Quienes han sido abandonados por su cónyuge se obligan a abstenerse de toda relación sexual con otras personas y también de familiaridades.

8.- Si alguien no pretende casarse, no buscará novio o novia, y se abstendrá de toda relación sexual o familiaridad.

9.- Quienes escuchando el llamado del Señor al Sacerdocio o a la vida religiosa quieren seguir este camino, se abstienen totalmente del trato con efectos que puedan conducir a familiaridades con hombres y con mujeres.

10.- Todos viven en la esperanza de la resurrección de la carne, amando a todos como Cristo los ama.

 

XLII.   Oficio de los que quieren ser perfectos.

 

1.- Cumplen perfectamente los 10 mandamientos de la Ley de Dios.

2.- Venden todas sus propiedades, y el producto de esta venta lo reparten entre los pobres, para tener un tesoro en el cielo, cumple el Evangelio siguiendo uno o varios de los oficios aquí señalados.

3.- Anteponen el seguimiento de Cristo a la posesión de casas, hermanos o hermanas, padre, madre, esposo/a e hijos.

 

XLIII.  Oficio de los que quieren ser los primeros en el Reino de Dios.

 

1.- Se hacen servidores y criados de todos sus prójimos, en todos los oficios que haya a lugar, buscando lo más humilde y lo que nadie quiere hacer.

 

XLIV.  Oficio de los que quieren que Cristo los haga ver.

 

1.- Diariamente, como una jaculatoria incesante repetirán: "Señor, Hijo de David, Compadécete de nosotros".

2.- Pedirán ver al Señor, y lo seguirán cumpliendo el Evangelio siguiendo alguno o varios de los oficios que aquí se indica.

 

XLIV.  Oficio de quienes obedecen al Señor para entrar en Jerusalén a cumplir con su pasión.

 

1.- Disponen todo su cuerpo y su alma para recibir diariamente al Señor de la Eucaristía, como se hace obedecer a un burro.

2.- Entregarán diariamente al Señor que marcha dentro de ello, todos sus vestidos y las palmas de sus buenas obras, y en cada una de estas dirán: "Hosanna al Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en lo  alto de los cielos”.

 

XLV.   Oficio de los que quieren que Jesús eche a los mercaderes del templo, que es su propio cuerpo.

 

1.- Desprenderán de su corazón la posesión de toda clase de cosas y de actividades distintas al Señor y entronizarán en él a Cristo, y constantemente repetirán aquellas palabras del Señor: "Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones". Esto lo repetirán incesantemente a sus sentidos externos e internos, a su voluntad y a su entendimiento.

2.- Siempre estarán prestos a que su cuerpo sea la casa de oración que Cristo quiere.

 

XLVI.  Oficio de los que son como la higuera estéril y quieren dar fruto.

 

1.- Diariamente se repiten a sí mismos, "El Señor tuvo hambre y viendo una higuera junto al camino, se dirigió a ella, pero no halló más que hojas, entonces dijo: "Que nunca jamás produzcas frutos. Al punto la higuera se secó". Después de repetir varias veces y con profunda compunción del corazón rompe en llanto, exclamando "puras hojas has encontrado en mí cuando me has buscado, y cuando hay algo más, son frutos y zumos amargos... Mi Señor, dame Fe para darte frutos dulces a tu boca”.

2.- Orarán constantemente con Fe, para dar frutos buenos, y cumplirán con uno o varios oficios de los aquí señalados. Se alejarán de toda apariencia, para podar todas las hojas que los envuelven y llenarse de frutos agradables a Dios.

 

LXVII.            Oficio de los que imitan al hijo que cumple con la voluntad del Padre.

 

1.- Se arrepienten diariamente de todas sus culpas rompiendo en llanto por haber ofendido a Dios.

2.- Cumplen con uno o varios de los oficios señalados en esta mínima regla.

 

LXVIII.           Oficio de quienes se han comportado como viñadores homicidas.

 

1.-       Considerarán que han golpeado, matado y apedreado a la gracia recibida en el bautismo, con sus pecados.

2.- Con la piedra angular que es Cristo, con la imitación diaria de El, imitando a la Santísima Virgen María, aplastarán todos sus pecados, tentaciones y malas inclinaciones.

 

LXIX.  Oficio de quienes quieren asistir a la boda del Hijo del Señor.

 

1.- Considerarán la situación de pecado en la que encuentran y romperán en llanto al darse cuenta de todas las veces que fueron invitados a entrar al banquete del Señor, y que las rechazaron, incluso maltratando a quienes eran los mensajeros. Esto lo harán diariamente y a cada momento.

2.- Dejarán que el Señor con sus tropas pase a cuchillo a aquellas conductas e intenciones torcidas a que dio lugar para no asistir al banquete y que la ciudad, esto es, todo su ser sea incendiado para quemar todo reducto de estas inclinaciones.

3.- Se convertirán en personas humildes y se pondrán en el camino de la salvación para entrar al convite, con el traje de la Gracia Santificante.

 

 

 

 

L.        Oficio de quienes imitan a la mujer pecadora.

 

1.- Diariamente cada humillación, cada negación de sí mismos y cada buena obra, como si fuera un perfume agradable a Jesús, pensarán que lo derraman sobre los pies y sobre la cabeza del Señor.

2.- Diariamente llorarán sus pecados, y pensarán que en el llanto lavan los pies del Señor.

 

LI.       Oficio de quienes imitan al ladrón arrepentido.

 

1.- Diariamente se reprenden a sí mismos diciendo: "Tu ni en el mismo suplico temes a Dios. Nosotros recibimos el justo castigo por nuestros pecados, pero este nada a hecho".

2.- Después dirán: "Señor, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino". Y escucharán las palabras del Señor: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso".

 

LII.      Oficio del que vela y ora.

 

1.- Para disponerse a la oración, considerarán las palabras del Señor: "Siéntense allí mientras yo hago oración" y "velen y oren para no entrar en tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil".

2.- Tras la oración nocturna, meditarán las palabras del Señor: "Sigan durmiendo y reposen, porque ya llegó la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores. Levántense, vamos; ya viene el que me entrega".

 

LIII.     Oficio de quienes han traicionado al Señor con el pecado, y quieren volver al Padre.

 

1.- Meditarán las palabras de Judas, el traidor: "Salud, Maestro", y las palabras del Señor: "Amigo, a lo que viniste", acto seguido romperán en llanto con toda compunción de su corazón.

2.- Meditarán las palabras de Judas, el traidor: "Salieron a aprehenderme armados de espada y de palos, como si fuera Yo un bandido, siendo que todos los días estaba enseñando en el templo", y continuarán llorando, y responderán al Señor: "Perdóname mi Señor, soy un pecador y quiero tenerte siempre preso en mi corazón”.

 

LIV.    Oficio de los que traicionaron al Señor y se arrepienten como San Pedro.

 

1.- Después de meditar con el oficio precedente, meditarán que han negado al Señor con las siguientes palabras: "Tu también estabas con Jesús de Nazaret": "Yo no conozco a ese hombre"; "Tu también eres uno de ellos": "Yo no conozco a ese hombre". Acto seguido imaginarán escuchar a un gallo cantar tres veces. Romperán en llanto amargamente, pidiendo perdón postrados en el suelo.

 

LV.      Oficio de quienes imitan a Simeón y a la profetisa Ana.