CABALLEROS
CRUCÍFEROS
Iniciación al camino sencillo
de perfección cristiana que enseñó la Madre de Dios bajo el nombre de Guadalupe
"la que procede de la región de la luz, como águila
de fuego", “la que aplasta la cabeza de la serpiente”, para ser conducidos
por Ella al Santo de los Santos del templo de Dios.
El cumplimiento del mandato
de construir un templo, que expresó la Santísima Virgen de Guadalupe a través
de San Juan Diego, inició con el reconocimiento por parte del obispo fray
Juan de Zumárraga en 1531 de la Aparición de Santa María, de su imagen en
la tilma y con la construcción de la Basílica de la Guadalupe.
Con la canonización de Juan
Diego, la Iglesia reconoce que la imagen
de la Santísima Virgen de Guadalupe estaba impresa también en el alma de Juan
Diego, y SS Juan Pablo II proclama el camino hacia la consumación de la voluntad
de Nuestra Señora, de construir el templo con hombres, a través de la imitación
del santo, quien se con su humildad se revistió de la Virgen, que es la más
perfecta imagen de Cristo que una creatura puede alcanzar. Con tal santidad
es posible alcanzar la más perfecta imagen del Padre Eterno y la perfección
que El quiere de cada uno de los hombres, mujeres y niños, que de esto tengan
noticia. Es de esta manera como el ser humano da cumplimiento al mandato de
Cristo: “Sed Perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto”, quien obró
el misterio de la creación, la encarnación y la redención a través de María.
A través de Ella también dará conclusión a la historia terrena de la humanidad
y culminará el inicio de la historia celestial de toda la creación.
Para explicar este grandioso
acontecimiento, es necesario recapitular sobre los principales hechos de nuestra
historia, la cual inicia por el amor
misterioso y eterno que Dios nos tiene por el que decidió crear todo cuanto
existe y coronar esa creación al hacerse hombre con superabundancia de Gracia
y Gloria a través de María. Ella estuvo presente por toda la eternidad en
la divina voluntad misma de la creación del universo, la encarnación divina,
la redención y recreación gloriosa de todo cuanto existe. En los íntimos misterios
de esta divina voluntad, la determinación misma de hacerse hombre tenía que
ver con el inconmensurable amor que prodigaba a María, en la que encerraba
todos los tesoros de la creación que entregaría a su Segunda Persona desde
el momento de su encarnación, la redención,
hasta la Jerusalem Celeste.
Ya en curso, la determinación
divina de hacerse hombre fue la prueba de fidelidad para los ángeles, y muchos encabezados por Satanás no aceptaron
y se rebelaron, por lo que fueron precipitados
al infierno. Querían que en lugar de que Dios se hiciera hombre, asumiera
la naturaleza angélica --se enangelizara-- porque consideraban al hombre como
a una creatura baja y miserable, indigna de convertirse en dios por participación.
La naturaleza angélica fue sometida
a la prueba de la divina voluntad, consistente en que Dios crearía a una creatura
tan agraciada y tan parecida a Dios Padre –“hagamos al hombre a Nuestra Imagen
y Semejanza”--, que ejercería como creatura con todo el poder de Dios por
participación, la función de la primera persona de su Santísima Trinidad,
Dios Padre, de engendrar a Dios mismo en su segunda persona, para revestirlo
de una nueva persona en la que la creatura y el creador serían un mismo ser,
con dos naturalezas.
No se equivocaban los ángeles.
Ello significaba que una creatura singular en Gracia, tendría la dignidad
del Padre por participación, al ejercer el oficio de engendrar a la persona
que reuniría a la creatura y al creador. Unos adquirieron la perfección de
su naturaleza al amar esta voluntad divina. Otros fueron expulsados por rebeldes.
No tanto el regir al universo
que tendría la dignidad del hombre, sino el que un día Dios mismo pudiera
decirse con todo el amor y delicada predilección y con toda verdad “el Hijo
del Hombre”, fue la voluntad divina que los demonios no quisieron aceptar
–y que imitan quienes no quieren ser salvados por Cristo-- y a quien no quisieron servir primero fue a
esa creatura singular tan agraciada que sería llamada la Madre de Dios, cuya
identidad les estuvo vedada y cuyo imperio los humilla y pulveriza.
Este modelo de María estaba
reservado para todos los hombres, el engendrar por la Gracia –regalo de Dios—a
Dios Hijo con la vida de cada uno, y adquirir de esa manera, la divinidad,
para ser hermanos de Cristo y poder llamar Padre a Dios.
Perdido y lleno de envidia el
demonio tentó en el paraíso terrenal a nuestros primeros padres para que desobedecieran
a Dios, con lo que pensaba echar a perder los maravillosos planes que El tenía
para nosotros. Sin embargo, en su incomprensible
amor eterno y conforme a su eterna providencia, ya había determinado que aparte
de hacerse hombre, también sería redentor y en un acto más grandioso que la
misma creación, recrearía al hombre y a todo el universo, y lo haría de la
forma más simple y maravillosa que su sabiduría quería regalar en superabundancia
de amor a los hombres: a través de María. Así, aquella que ya estaba coronada
como Madre de Dios, Templo y Trono de la Sabiduría, Hija de Dios Padre y Esposa
del Espíritu Santo, tendría de forma inherente a su naturaleza la gloria de
ser Corredentora con Cristo.
En la regeneración, Cristo nos
ha salvado con su vida, pasión, muerte y resurrección, y nos ha enseñado el
camino que conduce a El para llegar al Padre. Falta que hagamos nuestra parte
y ser perfectos con este trabajo.
Una vez que hagamos nuestros
los mandamientos de la Ley de Dios y los sacramentos, hay varias rutas que
dan curso a la Gracia Santificante y que nos
propone la Iglesia para llegar seguros a la santidad: las reglas de
vida de los santos, sus consejos, su imitación, etc.
No para minimizar la importancia
de estos caminos, sino para coronarla, la Santísima Virgen enseñó un camino
en el Nuevo Mundo, el cual sería conocido y cobraría significado y relevancia especialmente
hacia los hechos escatológicos de nuestros días.
Ello ocurrió cuando la Virgen
de Guadalupe, que apareció encinta en el ayate de San Juan Diego en México,
pidió que los hombres acudieran en todas sus necesidades a Ella y que le construyeran
un templo. Con estas disposiciones, habrá de dar a luz a una simiente de hijos
que tienen la imagen de Cristo y revisten su imagen virginal.
Este camino que nos ha mostrado
es el más directo y sencillo de todos para adquirir su imagen virginal y con
ella la imagen de Cristo y la perfección cristiana: al subir un cerrillo,
el del Tepeyac y hacer el oficio de San Juan Diego.
Es necesario aprender de Ella
y cumplir lo que nos manda, como lo hizo el santo, para que Ella imprima en
nuestra alma a su perfecta imagen y siendo Ella quien más perfectamente imitó
a Cristo Nuestro Señor, imprimirá en ese mismo acto a la imagen de Cristo
en nosotros, con la que seremos reconocidos por el Padre Eterno, dado que
lo estaremos adorando en espíritu y en verdad, como El quiere ser amado.
Con esta forma de vida seremos
la materia perfecta que Ella quiere para construir su templo, que es el templo
de Dios en nosotros. Este templo es el que será medido con esa caña con la
que San Juan midió al Templo en el Capítulo 11 de la Revelación: “luego me
fue dada una caña de medir, parecida a una vara diciéndome: Levántate y mide
el Santuario de Dios y el altar, y a los que adoran en él”. Esa caña con la
que se nos medirá son las 7 prácticas de vida que nos hacen formar parte del
templo y con las que adquiriremos la imagen de María –con las que subiremos
el cerrillo-- y con la de Ella la de Cristo: Pobreza, obediencia, castidad,
estabilidad, conversión de costumbres, esclavitud a María y ofrecimiento de
Víctima de Amor, que se nos han enseñado en todo camino de perfección cristiana
desde Adán y Eva, Abraham, Moisés y los profetas, hasta la encarnación de
Cristo y la fundación de la Iglesia y prevalecerán hasta su triunfo. Con esta
forma de vida escalaremos las virtudes
de María, que son las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, y las
virtudes capitales de humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza,
caridad y diligencia.
Con la canonización de Juan
Diego, el Papa Juan Pablo II ha presenciado, al igual que el obispo Fray Juan
de Zumarraga, como la imagen de María está impresa no sólo en el ayate, sino
que en ese acto también estaba impresa en su alma y que la Virgen Santísima
quiere que todos los hombres imitemos a Juan Diego –el más pequeño de sus
Hijos-- para que como él, recibamos su imagen en nuestras almas, con lo cual
cumpliremos su voluntad de construir el templo que quiere y que nos recordó
a través de uno de sus más grandes santos, San Luis de Montfort. Esto es,
edificar el templo de Dios en nosotros, para que podamos ser medidos con la
vara que se entregó a San Juan.
Estas son las alas del águila
que en La Revelación le son dadas a la mujer encinta –la Iglesia- que está
por dar a luz, para que se refugie en el desierto, --que es figura de las
7 prácticas de vida que nos enseñaron los padres que en este habitaron y donde
les fue dado ser portadores del Espíritu Santo--, donde comerá de los frutos
del Espíritu Santo con los que será alimentada
el tiempo señalado. Allí, nutrida con los manjares del desierto, dará a luz
a estos hijos nuevos, a este templo semejante a Ella. Allí adquirirá esta
construcción las proporciones del templo medido por San Juan.
A continuación se explica como
han sucedido estos hechos, a ti, quienquiera que seas, que, si quieres, puedes
elegir renunciar a tu voluntad y tomar las ilustres y heroicas armas de la
obediencia, para militar bajo Cristo, Señor y Verdadero Rey, cuyo yugo es
suave y cuya carga es ligera, para progresar en la vida divina y dilatado
el corazón, correr con una dulzura de amor indecible por el camino de los
mandatos de Dios, como nos invitan los santos.
Capítulo 1.
La
Santísima Virgen de Guadalupe mandó construir su templo.
Tomemos
para este efecto el relato del “Nican Mopohua”, el más reconocido sobre las
apariciones de nuestra Madre.
Primero
se hizo ver de un hombre de raza indígena, su nombre Juan Diego; y después
se apareció su Preciosa Imagen delante del reciente obispo don fray Juan de
Zumárraga. (...)
Se explica el modo de construir el
templo de Dios que quiere el Sagrado Corazón de la
Inmaculada Concepción de la Virgen María de Guadalupe, Madre de Dios,
Corredentora, Mediadora y Abogada del género humano y que mandó a Juan Diego
y con él a todos los hombres. Imitemos a Juan Diego y así podremos construir
el templo y revestir la imagen de María, quien reviste la imagen de Cristo,
el sol de justicia, para encontrar Gracia delante de Dios
1.-Primero aceptar la doctrinas de
la Santa Iglesia establecida en el catecismo y no tener dudas en el corazón
y con la voluntad amar y cumplir con todos los actos de nuestra vida, el camino
que Dios nos propone para nuestra salvación, que se contiene en el catecismo
de la Iglesia, cumplir los 10 mandamientos de la ley de Dios, los 7 sacramentos
de la iglesia y sus 5 mandamientos, porque cuando vino la Virgen de Guadalupe,
“ya estaban depuestas las flechas, los escudos y por todas partes había paz,
y brotaba, verdecía y abría su corola
la fe y el conocimiento de Aquél por quien se vive: el verdadero Dios”. Esto
quiere decir que para que la Virgen se haga presente en nosotros, como la
perfecta imagen de Cristo que Ella reviste, primero debe haber la paz que
procede de cumplir la voluntad de Dios expresada en lo que nos manda la Iglesia
Católica, que es nuestra madre.
2.-Para ayudarnos a hacer esto, y luego
de estar bautizados, de confesarnos regularmente y de comulgar con la mayor
frecuencia, rezar devotamente el Santo Rosario y meditar el vía crucis como
lo haría María, la Iglesia nos propone cumplir con cada uno de los siguientes
actos, como lo hacía Juan Diego, quien de madrugada iba a en pos de Dios y
de sus mandatos:
Instrumentos de las Buenas Obras, que habrán de aprenderse
de memoria y practicarse, que nos recomienda la Iglesia y que proceden de
la Regla de San Benito
1.-
Ante todo, amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las
fuerzas.
2.-
Amar al prójimo como a sí mismo.
3.-
No dar ni desear mal a nadie.
4.-
No cometer adulterio; no desearlo ni consentir en pensar en este.
5.-
No hurtar.
6.-
No codiciar algún bien ajeno.
7.-
No mentir ni levantar falso testimonio.
8.-
Honrar a sus padres y a todos los hombres.
9.-
No hacer a otro lo que no quieren para sí.
10.-
Negarse a sí mismo para seguir a Cristo.
11.-
Mortificar al cuerpo propio.
12.-
No abrazarse a los deleites.
13.-
Amar y practicar el ayuno.
14.-
Dar a los pobres.
15.-
Vestir al desnudo.
16.-
Visitar a los enfermos.
17.-
Enterrar a los muertos.
18.-
Socorrer al atribulado.
19.-
Consolar al afligido.
20.-
Hacerse extraño a la conducta del mundo.
21.-
No anteponer nada al amor de Cristo.
22.-
No satisfacer la ira.
23.-
No guardar resentimiento.
24.-
No tener dolo en el corazón.
25.-
No dar paz fingida.
26.-
No abandonar la caridad; abrazarse a ella.
27.-
No jurar, no sea que se jure en falso.
28.-
Decir la verdad con el corazón y con la boca.
29.-
No devolver mal por mal.
30.-
No injuriar a otro; llevar con paciencia las injurias que se les hicieren.
31.-
Amar a los enemigos.
32.-
No maldecir a los que maldicen, sino bendecirles con la boca y con el corazón.
33.-
Sufrir persecución por la justicia.
34.-
No ser soberbio.
35.-
No ser dado al vino.
36.-
No ser glotón.
37.-
No ser soñoliento.
38.-
No ser perezoso.
39.-
No ser murmurador.
40.-
No ser detractor.
41.-
Poner en Dios toda su esperanza.
42.-
Cuando viere en sí algo bueno, atribúyalo a Dios, no a sí mismo.
43.-
El mal, en cambio, impúteselo a sí mismo y piense siempre que es obra suya.
44.-
Temer al día del juicio.
45.-
Sentir terror al infierno.
46.-
Anhelar y suspirar con todo el afán espiritual por la vida eterna.
47.-
Tener cada día presente ante sí a la muerte.
48.-
Velar a todas horas sobre los actos de su vida.
49.-
Tener por cierto que Dios le está mirando en todo lugar.
50.-
Estrellar enseguida en Cristo toda tentación, todos los malos pensamientos
que sobrevengan a su corazón y manifestarlos al padre espiritual.
51.-
Guardar su mente y su boca de palabras malas y perversas.
52.-
No ser amigo de hablar mucho.
53.-
No decir palabras vanas o que exciten a la risa.
54.-
No gustar de reír mucho ni estrepitosamente.
55.-
Oír de grado las lecturas santas; huir de
las lecturas vanas y de la televisión o el radio y de las diversiones.
56.-
Darse con vigilancia y frecuencia la oración.
57.-
Confesar a Dios todos los días en la oración con lágrimas y gemidos las culpas
pasadas, vivir diario la compunción del corazón.
58.-
Corregirse en adelante de todas sus culpas.
59.-
No satisfacer los deseos de la carne.
60.-
Aborrecer la propia voluntad.
61.-
Obedecer en todos los preceptos de sus superiores, aún cuando estos obraren
de otro modo, acordándose del precepto del señor: "Haced lo que dicen,
pero no hagan lo que ellos hacen".
62.-
Buscar ser tenido en nada. No querer ser tenido por santo antes de serlo,
más serlo en efecto para que lo digan con verdad.
63.-
Practicar con obras todos los días los preceptos del Señor.
64.-
Amar la castidad y buscar la virginidad de espíritu.
65.-
No aborrecer a nadie.
66.-
No abrigar celos.
67.-
No obrar por envidia.
68.-
No amar las disputas.
69.-
Huir de la altivez.
70.-
Venerar a los ancianos.
71.-
Amar a los jóvenes y a los niños.
72.-
Orar por los enemigos en el amor de Cristo.
73.-
Reconciliarse antes del ocaso con quien se haya tenido alguna discordia.
74.-
No desesperar jamás de la misericordia de Dios.
75.-
Ser amigo del silencio en la boca y en el corazón, siguiendo el consejo el
Profeta: "el que quiera escuchar a Dios, que se siente y guarde silencio".
Estos
son los instrumentos del arte espiritual, los cuales utilizamos incesantemente
día y noche, y los devolveremos en día del juicio, y con los cuales nos recompensará
el Señor con el galardón que nos tiene prometido "Que ni ojo vio, ni
oído oyó, ni el hombre entendió lo que Dios tiene preparado para los que le
aman". Pero la oficina donde hemos de practicar con diligencia todas
estas cosas es el recinto donde vivimos y los lugares donde desarrollamos
todas nuestras actividades y en el estado en el que nos encontramos, guardando
estabilidad y permaneciendo firmes en la Fe en el seno de la Santa Iglesia
Católica.
3.-Guardar
silencio y poner atención con la inteligencia y con dedicación de la voluntad
para escuchar el canto de las aves que anuncian a Santa María, esto es de
los Santos que nos hablan de Ella para darnos su mensaje, que es el de Cristo,
despejando de nuestra mente ideas y concepciones propias y distintas de lo
que nos manda la Iglesia a través de nuestros pastores. Dejando a un lado
los afectos personales hacia las cosas terrenales o hacia las cosas personales
y las preocupaciones de la vida, tales como el sustento, el vestido y el trabajo
y la propia seguridad. Así lo hizo San Juan Diego cuando caminaba cerca por
el cerro en pos de Dios y de sus mandatos, cuando escuchó el canto de pájaros,
los santos que anuncian la Buena Nueva con María, en María y por María y música
celestial, que procede del cielo, con los múltiples mensajes de María misma,
que como en el Tepeyac aparece en todo el mundo, y que nos animan a seguir
el camino que Cristo nos enseñó y que la Iglesia nos repite. El santo no se
hubiera dado cuenta de esos cantos de pájaros ni tampoco de la música celestial
si su corazón y su mente estuvieran embotado por pasiones o distraídos por
preocupaciones, ideas o afectos por cosas terrenales.
4.-Detenerse
a considerar y dar gracias a Dios, porque estas cosas las comunica la Virgen
Santísima a sus hijos más predilectos, los que van en pos de Dios y de
sus mandatos y que para ser hijo predilecto, hay que recordar las cosas
que nos enseñaron nuestros mayores, nuestros pastores en la Santa Iglesia,
esto es el cumplimiento de la Ley de Dios.
Así
lo hizo el santo, cuando meditaba sobre ese llamado, pensando en lo que le
habían enseñado sus antepasados sobre el paraíso. Así él meditaba como dice el Rey David, ¡Cómo
te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!
La
Virgen Santísima a quien nos dirigimos, es el Seno, el paraíso secreto donde
Dios se Deleita y que El nos quiere comunicar como camino más fácil por donde
lo encontraremos.
5.-Juan
Diego volteó hacia el lado de donde sale el Sol y de allí se percató
que procedía el precioso canto celestial.
a)
Como él, nosotros debemos dirigir la mirada de nuestra
inteligencia y todos los afectos de nuestro corazón y todas las inclinaciones
de nuestros sentidos externos e internos (memoria, imaginación, conciencia
y estimación) hacia María, porque Ella es el lado de donde sale el Sol
y en ese acto escucharemos el precioso canto celestial, cuyo mensaje
es Cristo, el Sol de Justicia y la eterna luz engendrada por el Padre y la
Buena Nueva de que somos Hijos de Dios y que El nos ama y que María es el
medio por el cual Dios se nos entrega. Ella es el medio por el que, imitándolo
a Dios, podemos entregarnos a El más fácilmente, porque si El es el fin y
Ella el Medio que El eligió para llegar a nosotros, luego entonces el canto
celestial nos dice que imitando a la Santísima Trinidad, que la eligió para
llegar a nosotros, llegaremos a Dios más fácil, rápidamente y perfectamente
por medio de Ella. Esta es la preciosidad del canto que Juan Diego escuchaba.
El lado de donde sale el sol,
es de donde nace Jesucristo.
b)
Al mismo tiempo ese precioso canto es la noticia que
Dios había mantenido en secreto pero que al final del tiempo quiso entregar
a los hombres, esto es, que María estaba llevando a cabo la imitación del
Padre Eterno al engendrar a Cristo en su seno, el cual Dios quiso desde toda
la eternidad que fuera su morada, y que para eso la creó como su Paraíso,
su cielo secreto, su más amada criatura, que tenía que ser lo más perfectamente
semejante a Dios Padre, para llevar a cabo tal sublime trabajo que realiza
Dios Padre por la eternidad, que es el de engendrar a la Segunda Persona de
la Santísima Trinidad, Su Hijo Eterno, al Verbo para quien fueron creadas
todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.
c)
En este misterio María fue creada con tal semejanza
a Dios Padre, para que Ella pudiera cumplir perfectamente el oficio de engendrar
a Cristo, para lo cual Ella es la creatura que más perfectamente conoce a
Dios Padre, por voluntad de Dios Padre que desde la eternidad inmemorial,
al mismo tiempo que engendraba a su amadísimo Hijo, ya tenía presente a la
que realizaría el oficio de ser la Madre de su Hijo, y la amaba con un amor
tan especial como el que debería revestir como personalidad propia aquella
que sería proclamada por este acto, la Madre de Dios.
d)
Así, mientras Dios creaba todo el universo y a todas
sus creaturas, lo hacia en el Verbo, con El y para El, pero de misteriosa
forma en ese mismo acto, El ya tenía en mente que, después de la desobediencia
voluntaria del hombre, recrearía todas las cosas, las del cielo y las de la
tierra con la redención de Cristo, con lo que realizaría una obra más perfecta
y gloriosa que esa misma creación, y en ese misterio y secreto, se deleitaba
en ver que la regeneración de todo, lo haría a través de la creatura más amada
de sus tres personas divinas, María, quien al imitar a Dios Padre, engendrando
a Cristo, obra gloriosa de su inmaculada concepción para la que fue creada
por el Padre, en ese mismo acto, el Padre recreaba, a través de Ella, a todo
el universo y a todas sus creaturas, de tal forma que todo lo que ha salido
de las manos del Padre, ha tenido que salir, por voluntad suya, de María,
porque para ese oficio la constituyó.
e)
A través de María, recibe Dios Padre de mejor forma
el amor de sus creaturas, o por mejor
decirlo, el culto, el amor tierno, hermoso, sublime y delicado, el honor y
la gloria, como El la prefiere.
f)
Con ello, Dios Padre declaró a todas sus creaturas,
que todo acto creador que El efectuó, lo hizo con María, para María, por María
y en María, por un acto inefable de su voluntad y que a Ella el la hizo para
su Hijo Amado, como el más perfecto regalo que quería darle, para que al igual
que El, su Hijo tuviera en Ella todos sus deleites y al entregarle el Padre
a su Hijo amado a María, corona de toda la creación, lo constituía Señor de
todas las cosas y creaturas, de manera que Ella es la corona de Dios, porque
es la creatura más perfecta de todas las que hizo y quiere que ella esté encabezándolo
y coronándolo todo en la cabeza de Cristo, su Hijo amado. Por eso El corona
a María como Madre del verdadero Dios por quien se vive, dueño de todo, de
la cercanía y de la lejanía.
g)
María que es el molde en que Cristo tomó por esposa
a la humanidad, y tomó una carne como la nuestra, tiene tal semejanza con
su Hijo, que es la más perfecta semejanza que Dios Padre quiso dar de Sí a
una creatura, por lo cual, en todos los órdenes no existe creatura más semejante
a Cristo, que María, y siendo Cristo la imagen del Padre, entonces no existe
creatura más semejante al Padre, por ser semejante al Hijo, que María.
h)
Esto mismo sucede en el orden de la gracia y la revelación
que Dios quiso comunicar al hombre. No existe creatura que conozca y cumpla
de mejor manera y de la manera que más agrada a Dios Padre su voluntad, que
María. Tampoco existe creatura que cumpla de mejor forma, ni de la forma que
Dios más ama la voluntad del Hijo, que es la del Padre, que María, ni hay
creatura que haya cumplido de mejor forma el Evangelio que Cristo nos enseño,
ni de la forma que más ama Dios, que María. Ella, como Madre de Dios es co-creadora
y co-regeneradora de todo cuanto existe, en el orden de la redención es Madre
del Evangelio, corredentora de la humanidad y en el orden de la ayuda paraclita
que realiza el Espíritu Santo, es co-santificadora, por voluntad de la Santísima
Trinidad.
i)
En el orden de la redención del género humano,
María tiene todas y cada una de las señales de la vida de Cristo, desde su
concepción hasta su pasión y muerte; hasta su parusía y acción en el juicio de las
naciones y hasta su venida gloriosa para juzgar a vivos y muertos.
j)
De esta manera, el Inmaculado Corazón de la
Santísima Virgen tiene en su alma la Cruz de Cristo; tiene a todas y cada
una de las heridas redentoras de Cristo, todas sus agonías por nosotros y
todos sus sufrimientos, toda la cruz redentora, los latigazos, escupitajos
y espinas Ella las sufrió para tener la perfecta imagen de Cristo, todas las
blasfemias y malagredecimientos, todos los ultrajes de nuestras culpas actuales.
Ese fue el regalo de Cristo a María, ser corredentora de la humanidad, esa
es su misión que desempeña con nosotros. Es por esto que quien se abrace de
la cruz de Cristo y lleve su cruz de cada día siguiendo a Cristo, se abraza
a la cruz que ha sufrido María, que es la más agradable de todas las cruces
a los ojos del Padre, porque es la más semejante a la que su Hijo sufrió y
por la que el Espíritu Santo derramará sus dones de perfección.
k)
Esta misión da a María el carácter de revestir todas
las virtudes que Cristo quiere de su Santa Iglesia y de todos los hombres,
quienes para tener el traje de la boda, para desposar a Cristo, debemos revestirnos
de María.
l)
Este revestimiento tiene un triple carácter:
Primero, para revestir a Cristo, hay que revestir a María, imitándola, haciendo
todo lo que hacemos con Ella, en Ella, por Ella y para Ella. Segundo, de esta
forma, nos convertimos en Madres de Cristo, tal como lo declaró Nuestro Señor:
“Mi madre, mi hermano o hermana son todo aquel que cumple la voluntad de mi
Padre Celestial”. Tercero, al engendrar a Cristo de esta manera, nos convertimos
en sus hermanos y coherederos de su Reino, como Nuestro Señor lo declara.
Así, retratamos en nuestra alma a Cristo de la forma perfecta como El lo quiere,
esto es, con la imagen de El, que María reviste, con todas sus obras y todos
sus sufrimientos redentores, como cosa propia, lo
poseemos a El, como lo posee María, en la noche de la Fe en esta vida, que
se nos revelará cara a cara en la venidera.
m)
Esta acción se hace por la virtud santificadora del
Espíritu Santo, quien quiere hacerlo a través de María, su Esposa. Así, María
es quien es el vaso de toda virtud agradable al Padre y de toda santidad,
es así, que aquel que camina por el sendero de la perfección como lo pide
Cristo al mandarnos “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”,
camina por María, con Ella, en Ella y para Ella, porque en ese mandato Cristo
mismo nos está mandando ir a María, como forma de ser perfectos tal cual lo
es el Padre, quien constituye a María, como mediadora de toda gracia.
n)
Al ejercer la triple consagración de bautismo, María
también es el modelo a seguir y a revestir, como el traje de bodas que pide
el Padre en las bodas de su Hijo, para el cual la esposa se ha embellecido,
esto es, que Ella como sacerdote se entregó a sí misma, con libre y plena
libertad, para que en Ella se realizaran
todos los planes de la Santísima Trinidad –“he aquí la esclava del Señor,
hágase en mi según tu palabra”-- y entregó al fruto de sus entrañas, a Cristo
en expiación de nuestras culpas al Padre Eterno para que nos redimiera y entrega a cada uno de sus hijos que en su seno
ha formado, como ofrenda al Padre. Como Profeta nos anuncia todos los planes
de Dios, incluyendo aquellos que están más reservados y más ocultos en su
revelación y que sin Ella no podemos comprender. Denuncia y aplasta la cabeza
del demonio como ejército en orden de batalla contra el cual el enemigo no
tiene defensa alguna por disposición eterna del Padre. Como Reina rige en
todas nuestras fuerzas y debilidades para transformarlas en ofrenda agradable
a Cristo y reina en toda la distribución de las gracias de Dios y reina en
orden al gobierno de Dios en todo el universo, incluso su imperio llega misteriosamente
a enderezar a las almas más hundidas en el pecado.
o)
En el sacrificio santo de la Misa, María también tiene
participación, siendo Ella el medio del que Dios quiere valerse para entregarse
a los hombres, es en su seno donde el pan se transforma en la carne de Cristo
y el vino en su sangre, ya que Ella fue quien por voluntad de Dios recibió
carne y sangre humanas y donde se hizo una sola persona la carne humana y
la divinidad. Además, es en su seno
donde se realiza la unión de nosotros con Cristo cuando lo comemos y nos hacemos
uno con la carne y la sangre de Cristo. Al comer este Pan, en correspondencia
a la perfección de las obras de Dios por las que se nos da, debemos revestir
por voluntad propia entregada a María, su virginidad, para que sea Ella en
nuestro corazón quien reciba a Cristo, lo que es muy agradable a El, porque
Ella lo recibió en su seno y El prefiere más al monte Sión, que a todas las
moradas de Jacob, esto es, prefiere más el seno de María en nuestro corazón,
para que Ella le reciba, que al más perfecto de los recintos dispuestos por
nosotros sin María.
p)
Como Esposa del Espíritu Santo, María nos comunica en
su imitación, las virtudes por las
cuales el Espíritu Santo se ha desposado con Ella. Como Esposa Ella tiene
la superabundancia del amor del Espíritu Santo, en quien se hizo fecundo para
crear al universo, recrearlo, para alumbrar
a Cristo en persona, para alumbrar al cuerpo místico de Cristo, para llenar
de justicia a la tierra con el juicio de las naciones, para traer de vuelta a Cristo lleno de Gloria en
el juicio final y el Reino por el que pedimos en el padre Nuestro y finalmente
para alumbrar a la Jerusalem Celeste.
q)
Finalmente, al revestirnos de esta forma, encontraremos
Gracia delante de Dios, tal cual la encontró María y podremos proclamar con
Ella: “hágase en mí según tu palabra”, que es engendrar y dar a luz a Cristo.
Todo
lo anterior se ha prefigurado desde el mismo nacimiento de Cristo cuando los
Santos Reyes siguiendo la estrella –María es la Estrella de la Mañana—encontraron
primero a María y después al Niño Jesús. Así nosotros, siguiente a la Estrella,
que es María, revestiremos sus virtudes y encontraremos a Cristo de la mejor
manera, como niño, para que crezca dentro de nosotros y allí encuentre su
madurez.
Es
por estas cosas, que Juan Diego vio “del lado de donde sale el sol”, de donde
procedía un precioso canto celestial, que son estas cosas tan maravillosas
que María le comunicaba.
6.-Una
vez que se nos han comunicado estas cosas y al vivirlas, escucharemos el llamado
de nuestra santísima Madre, quien llamó cariñosamente a Juan Diego: “El más
pequeño de mis hijos”, y habiendo meditado y puesto por obra todo lo que nos
comunica esa música celestial, a semejanza de él podremos acercarnos a Ella
sin ninguna turbación en el corazón, sin alteración, llenos de alegría extrema
como él, para subir a donde Ella nos indica, aquí prefigurado en el cerrillo,
para que nos mande su voluntad que sin lugar a dudas es ir a Cristo.
Este
subir, es caminar en la noche de la Fe, escalando las virtudes de María, que
son las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, y las virtudes capitales
de humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.
Alcanzaremos estas virtudes con las ayudas que ya se han dicho y subiremos
a Dios, como San Juan de la Cruz subió por el Monte Carmelo, pero más fácil
y rápidamente. Por el camino apaciguaremos nuestros cinco sentidos externos
y los cuatro sentidos internos, para que en paz, podamos caminar por el apaciguamiento
de la inteligencia y de la voluntad. Con estos
trabajos, más sencillos subiendo el cerro del Tepeyac, pasaremos por la vía
purgativa y iluminativa, y por la noche
oscura del sentido y del espíritu, y llegaremos a la unión mística con Dios
con mucha suavidad y rapidez.
María
nos llama por nuestro nombre a subir al cerrillo y para lograrlo nos da la
Misa, la Confesión, el Rosario, el Escapulario, la Cruz de San Benito, la
Liturgia de las Horas, el ayuno y la penitencia. Estos medios los habremos
de utilizar de acuerdo con nuestro estado de vida por el que nos hemos consagrado
a María como esclavos de su amor, tal cual Ella se hizo esclava del Señor.
El
cerrito figura a un trabajo de menor dificultad
porque lo hacemos con, en, para María, que subir a una montaña como
el Sinaí o cruzar el desierto, porque es María quien nos convoca y es Ella
quien nos lleva “en el pliegue de su manto y en el cruce de sus brazos”. Si
quisiéramos hacerlo sin Ella tratando de llegar a Cristo por nuestras propias
fuerzas, sería tratar de escalar una escarpada montaña.
7.-El
llegar a la cumbre de este cerrillo del Tepeyac, que son las virtudes capitales
y teologales, veremos a María, tal cual se presentó a San Juan Diego y en
este momento Ella habrá constatado que verdaderamente queremos “seguir las
cosas de Dios, que nos dan y que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro
Señor: los sacerdotes”.
8.-En esta cumbre poseeremos las palabras que
la Santísima Virgen Dijo a Juan Diego
"SÁBELO,
TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN
SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE
LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO,
EL DUEÑO DE LA TIERRA, ....
a)
“Sábelo, ten por cierto”, esto es, nos da la noticia de la cual no debemos tener
dudas, porque nos la da de forma imperante, como quien ordena.
b)
“...hijo mío...”: nos llama como sus hijos, tal cual Nuestro Señor nos entregó a Ella al
pie de la Cruz en la representación de San Juan, hermanos de Jesucristo, quienes
hemos de salir de su vientre tal cual nuestro Hermano mayor con toda su imagen
y semejanza recreados por el Padre en el misterio de la Redención por el bautismo
c)
...el más pequeño...”:
esto es, así de pequeños como su Hijo recién nacido;
así de pequeños como niños tal cual dijo nuestro Maestro que debíamos ser
para entrar en el Reino de los Cielos. Por ser el más pequeño, tal cual ordenó
Nuestro Señor, por eso la Santísima Virgen nos da su catequesis, nos nutre
con la sustancia materna, que es Dios mismo, la reservada a los pequeños y
humildes, tal cual Ella, quien es Bienaventurada por todas las generaciones,
en cuya humildad el Poderoso fijó su mirada y quien se llamó “su esclava”:
d)
“que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María Madre
del Verdaderísimo Dios, por quien se
vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación,
el dueño del cielo, el dueño de la tierra...” Esta noticia que ya se había antecedido por conducto
de esa música celestial que Juan Diego había escuchado, se traduce en el manjar
mismo para el alma por boca Santa María, esto es: Que Ella es la perfecta
obra de Dios, quien nos da la vida y que esta vida es para El, porque sólo
El es el único Dios verdadero, quien creó a todos los hombres y a todas las
cosas y es su dueño absoluto.
e)
“...mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada”:
un templo de piedra, como el que
ya existe en el Tepeyac y un templo sagrado hombres, que debe construir cada
generación de mexicanos en sí mismos, con nuestro propio cuerpo y con nuestra
propia alma, tal como lo hizo María, quien es Templo, Trono y Sagrario de
la Santísima Trinidad.
f)
“En donde lo mostraré, lo ensalzaré, al
ponerlo de manifiesto, lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi
mirada compasiva en auxilio, en mi salvación...”
Edificando ese templo en nuestro corazón, nuestra mente
y todo nuestro ser, a través de la perfecta imitación de todas las virtudes
de María, Ella nos entregará todo su amor y la salvación, que es Cristo, su
mirada compasiva que es la del Padre, al encontrar en nosotros la imagen de
María, que es la de Cristo.
g)
“Porque yo soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos
los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las más variadas estirpes
de hombres, mis amadores, los que a mí aclamen, los que me busquen, los que
confíen en mí...”: Ella confirma
que al hacer esto, Ella nos engendra con la imagen de Cristo, como madre compasiva.
Esta afirmación de engendrar a Cristo en el alma, no sólo es para todos los
mexicanos, sino para todos los hombres que la aman, que la aclamen, que la
busquen y que en Ella confíen. De esta manera se cumple lo que dijo el Rey
David en el sentido de que “vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor, hacia el trigo y el vino y el aceite
y los rebaños de ovejas y vacas; su alma será como un huerto regado y no volverán
a desfallecer”. Además nos adelanta que irán a Ella hombres de todas las estirpes,
esto es de todos los linajes, no solamente por lo más grotesco que es la posición
económica o la alcurnia, o el poder sobre otros, que es lo que primero se
nos puede ocurrir, sino de las verdaderas simientes, esto es, la filiación
de las religiones y diversidad de creencias e ideologías. Por ello nos quiere
decir que es a través de Ella que Cristo traerá a su rebaño a las ovejas que
tiene en otros rediles. De ello se desprende que hombres de toda raza, pueblo
y nación vendrán por Ella a su acatamiento. De una forma misteriosa, delicada
e incomprensible, todos los cristianos de las más diferentes denominaciones
serán atraídos por ella, además de Judíos, musulmanes, budistas etc. Todo
aquel hombre de corazón recto será conducido por Ella al rebaño que tendrá
a un sólo pastor, como dijo Nuestro Señor, “a todo el que tenga se le dará
más”. De forma misteriosa la Santísima Virgen abrirá los ojos del corazón
de aquellos que reniegan de Ella o que no la reconocen, pero que tienen rectitud
en sus obras, como hizo Dios con San Pablo y también de aquellos que abandonaron
la casa paterna, como hizo con el hijo pródigo, el cual sólo después de haberse
llevado su herencia y malgastarla, pasar hambre y humillación cuidando cerdos,
se dio cuenta de mal proceder y regresó para tomar parte de la herencia de
la que participaba su hermano que era todo lo del Padre, esto, es tomar parte
de las glorias de María, con una ropa nueva, calzado nuevo y un anillo. Además
abrirá los ojos de los que estando en la casa, se han entibiado por la costumbre,
como sucediera con el hermano mayor del Hijo Pródigo, quien no se había dado
cuenta que era dueño de todo y por tanto no tenía la confianza de disponerlo
para estar con sus amigos, a quienes por su tibieza había privado del banquete.
h)
“Porque allí les escucharé su llanto, su
tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias,
sus dolores...” Construido de esta manera el templo de Dios en nosotros,
tendremos certeza de que Ella escuchará el llanto, remediará las penas, miserias
y dolores; Siendo Ella el templo de Dios, el cual debemos edificar en nosotros,
Ella misma nos dispone para protegernos en la tienda de Dios, como dice el
Rey David, para escondernos “en lo escondido de su morada”, que es la Virgen
Santísima, y también aquello que dice: “los alegraré y aliviaré sus penas,
alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos y a mi pueblo lo saciaré
de bienes”. Todo esto procede de Dios por medio de la Virgen Santísima.
i)
“Y para realizar lo que pretende mi compasiva
mirada misericordiosa”: nos revela que tiene planes hacia el futuro, consistentes
en llevar a cabo su oficio de Madre de engendrar en estos tiempos al templo
vivo del Espíritu Santo en nosotros, un templo semejante al que Ella es.
j)
“Anda al palacio del Obispo de México,
y le dirás que como Yo te envío, para que le descubras como mucho deseo que
aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo...”
El templo debe ser construido en principio por los pastores de la Iglesia,
en verdad, empezando por el máximo pastor de la Iglesia en nuestro país, --ya
ha sido iniciada la construcción por el Papa-- y este debe ser construido
en el llano, esto es, allí donde no hay peña ni risco ni piedras que lo obstaculicen,
como nos dijo Nuestro Señor, al enseñarnos la parábola del Sembrador, porque
sólo en la tierra buena para edificar el templo, es donde este podrá construirse
tal como Ella desea.
k)
“...Todo le contarás, cuanto has visto
y admirado, y lo que has oído”: Esto es, toda la doctrina de salvación que Cristo nos
quiere dar a través de Ella como modo más perfecto, como prueba de que esta
es su voluntad.
l)
“...y ten por seguro que mucho lo agradeceré
y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré y mucho de allí merecerás
con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el
asunto al que te envío...”: entregándonos la imagen de Cristo en nosotros, transformados
en la imagen y semejanza de Ella, la criatura más perfecta de toda la creación
con la que el Padre quiso coronar la perfección de todas sus obras.
m)
“...ya has oído, hijo mío, el menor, mi aliento mi palabra;
anda, haz lo que esté de tu parte”. Nos ordena dar cumplimiento a esta su voluntad y debemos, como Juan Diego,
postrarnos, tal cual nos dice el Salmo “postrémonos por tierra”, y decir con
él: "Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable
palabra” y cumplir sin dilación, sin dejar de ser menores y sin ocuparnos
de cosas que nos distraigan lo que Ella manda, esto es, hacer lo que está
en nuestras manos para construir el templo.
9.-Como
a San Juan Diego en los trabajos relacionados con lo que a nosotros nos toca
de edificar el templo de Dios en nosotros mismos, se nos presentará la prueba
a la que debemos responder con persistencia, para que podamos tener la certeza
de que Nuestra Madre allí estará asistiéndonos, por él, una vez que el Obispo
no creyó a sus palabras, retornó y la Santísima Virgen ya le estaba esperando,
y hacer como dice el salmo, lo cual cumplió Juan Diego:
a)
“Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó
por tierra, le dijo: "Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña,
mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu
amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante
sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste”. Esto es, que haciendo Juan Diego lo que la Virgen le
dijo y poniendo en ello todo su esfuerzo, puede decirle a Ella: “Hija mía,
la mas pequeña, mi muchachita”, porque cumpliendo lo que la Virgen manda,
que siempre será para ir en pos de Cristo, la engendraremos en nuestro corazón
como a un bebé –y con ello imitamos a Dios Padre y cumplimos la voluntad de
Cristo de ser perfectos como el Padre es perfecto-- y es por eso que Juan
Diego le llamaba: “Hija mía, la mas pequeña, mi muchachita”, no sin antes
postrarse por tierra, porque a mayor conocimiento de las cosas de Dios, mayor
es la humildad de sus siervos. Con esto se cumple también la promesa de Nuestro
Señor, cuando dijo: “El que cumple la voluntad de mi Padre, ese es mi madre,
mi hermano, mi hermana”.
b)
Puede ser que el desaliento o al darnos
cuenta de la alteza de lo que nos está pidiendo y ofreciendo María, creamos
que es mejor que Ella lo encomiende a otros de sus siervos, como pasó a Juan
Diego quien por eso dijo a la Virgen: “Señora mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de
los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues
que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean.
Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy
cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar
de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija
mía menor, Señora, Niña; por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro,
tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía".
c)
Sin embargo Ella reitera la predilección
divina por los pequeños, tal cual lo manifestó Nuestro Señor cuando dio gracias
al Padre por haber ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y haberlas
revelado a los más pequeños, porque así le pareció bien. Por eso la Santísima
Virgen dijo a Juan Diego: "ESCUCHA,
EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES,
MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUE QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA
QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD”;
d)
Y agrega que es su voluntad que sea él, quien
realice su voluntad y no otro: “...ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE,
VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER,
MI VOLUNTAD”.
e)
Su ruego es imperante y manda con rigor continuar
con el esfuerzo que le toca para que se construya su templo: “...Y, MUCHO
TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA
A VER AL OBISPO”.
f)
Como San Juan
Diego debemos responder para renovar el esfuerzo de construir primero
el templo de la Santísima Virgen en Nosotros, que es Ella misma en nosotros,
para que enseguida sea la jerarquía quien encabece la construcción de su templo
y de esta forma adquiera su perfección. De esta forma obró Dios cuando hizo
al hombre, primero lo hizo de tierra, con sus propias manos –en este caso
sus manos son las de su Madre—y luego sopló el aliento de vida: "Señora
mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón;
con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera
lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino. Iré a poner en obra tu
voluntad, pero tal vez no seré oído, y si fuere oído quizás no seré creído.
Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu palabra,
a tu aliento, lo que me responda el gobernante sacerdote. Ya me despido de
Tí respetuosamente, Hija mía la más pequeña, Jovencita, Señora, Niña mía,
descansa otro poquito”. Así podemos hablarle luego de que Ella como
a un bebé estamos engendrando en nuestro corazón y en nuestra alma con nuestros
actos que la imitan.
10.-
San Juan Diego, como dice el salmo, se adelantó a la aurora
y cumplió correctamente el mandato de la Santísima Virgen, por eso participó
en la Santa Misa, que es el sacrificio donde también participa la Santísima
Virgen María, como corredentora nuestra y continuó con el esfuerzo pedido
por la Santísima Virgen. “Al día siguiente, domingo, bien todavía en la
nochecilla, todo aún estaba oscuro, de allá salió, de su casa, se vino derecho
a Tlatelolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista;
luego para ver al señor obispo.
Y
a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se había oído misa y se
había nombrado lista y se había dispersado la multitud.
Y Juan Diego luego fue al palacio del señor obispo. Y en cuanto llegó hizo
toda la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vio; a sus pies se
hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento
de la Reina del Cielo, que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de
la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde había
dicho, en donde la quería. Y el gobernante obispo muchísimas cosas le preguntó,
le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella;
todo absolutamente se lo contó al señor obispo. Y aunque todo absolutamente
se lo declaró, y en cada cosa vio, admiró que aparecía con toda claridad que
Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador
Nuestro Señor Jesucristo, sin embargo, no luego se realizó.
11.-El
señor obispo pidió a Juan Diego una señal:
“Dijo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría
lo que él pedía, que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído
cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona. Tan pronto como lo oyó
Juan Diego, le dijo al obispo: "Señor gobernante, considera cuál será
la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que
me envió". Y habiendo visto el obispo que ratificaba, que en nada vacilaba
ni dudaba, luego lo despacha. Y en cuanto se viene, luego le manda a algunos
de los de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran siguiendo,
que bien lo observaran a dónde iba, a
quién veía, con quién hablaba. Y así se hizo. Y Juan Diego luego se vino derecho.
Siguió la calzada. Y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca del
Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder. Y aunque por todas partes
buscaron, ya por ninguna lo vieron. Y así se volvieron. No sólo porque con
ello se fastidiaron grandemente, sino también porque les impidió su intento,
los hizo enojar. Así le fueron a contar al señor obispo, le metieron en la
cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada
más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que
le decía, lo que le pedía. Y bien así lo determinaron que si otra vez venía,
regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no
volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente. También envío a que
lo siguieran para certificar lo que decía, pero como las cosas de Dios se
ocultan a los hombres cuando se mueven por otra cosa que no sea cumplir su
voluntad, como dice la escritura, no me mires porque me espantas, de la misma
forma, se les perdió, y para demostrar que ellos no tenían el espíritu de
humildad que proviene de María, por eso se disgustaron e intrigaron en contra
del justo e incluso planearon golpearlo, porque les preocupaba mucho lo que
dijera la gente. Esto nos enseña que si en lugar de haber obrado como lo hicieron,
hubieran creído, hubieran tenido la bienaventuranza del Señor cuando dijo:
“tu crees porque haz visto; felices los que sin ver creyeron”. Pero aún después,
la Virgen muestra misericordia con los corazones duros, donde no los castiga
por su dureza, sino que los hace creer.
12.-La
Santísima Virgen dice a Juan Diego que vuelva a otro día, con lo que nos pide
perseverar en su mandato, lo cual Juan Diego cumple dócilmente, por lo cual
Ella le reitera su promesa: "BIEN
ESTÁ, HIJITO MÍO, VOLVERÁS AQUÌ MAÑANA PARA QUE LLEVES AL OBISPO LA SEÑAL
QUE TE HA PEDIDO; CON ESO TE CREERÁ Y ACERCA DE ESTO YA NO DUDARÁ NI DE TI
SOSPECHARÁ; Y SÁBETE, HIJITO MÍO, QUE YO TE PAGARÉ TU CUIDADO Y EL TRABAJO
Y CANSANCIO QUE POR MI HAS EMPRENDIDO; EA, VETE AHORA; QUE MAÑANA AQUÍ TE
AGUARDO".
13.-Sin embargo, San Juan Diego tenía que pasar por otra
situación para que por su medio la Santísima Virgen nos diera otra enseñanza.
Cuando su tío estaba enfermo se preocupó en cumplir lo que manda la Iglesia
para la salud del alma, esto es la confesión. Por eso le dio la vuelta al
cerro, para cumplir primero con este mandato, y dándose cuenta de esta fidelidad,
la Santa Madre de Dios lo favoreció con la salud de su tío y enseguida le
enseñó un camino más corto –encomendarse a Ella misma-- para que con toda
seguridad nunca nos falten los sacramentos que nos da la Iglesia, para que
no tengamos que dar muchas vueltas, por eso Ella bajó del cerro, desde donde
lo estaba observando y le salió al paso. De esto se desprende que la Virgen
Santísima no obstaculiza el camino de quien cumple la voluntad de Dios, sino
que lo observa y lo facilita, para que más pronto tengamos la gracia de los
sacramentos y la salud del alma y muchas veces también la del cuerpo, cuando
así nos convenga y con ello cumple
la misión que Dios le ha encomendado.
“En
seguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio y lo atravesó para salir
hacia la parte oriental, para llegar pronto a México, para que no lo detuviera
la Reina del Cielo. Piensa que por donde dio la vuelta no lo podría ver la
que perfectamente a todas partes está mirando. La vio cómo bajó del cerro,
y que desde arriba lo había observado, desde donde antes lo esperaba. Le salió
al encuentro a un lado del cerro; le dijo: "¿QUÉ
PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?":
Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o tal vez de ello
se espantó, se puso temeroso? En su presencia se postró, la saludó, le dijo:
"Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta;
¿cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña
mía? Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita
mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. Una gran enfermedad se
le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. Y ahora iré de prisa
a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de
nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo, porque en
realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra
muerte. Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para
ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. Te ruego me perdones,
tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía
la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa". En cuanto
oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:
14.-Es en este momento cuando nuestra madre pronuncia las
palabras más tiernas que sólo habrá pronunciado teniendo en brazos al niño
Jesús cuando lo amamantaba: "ESCUCHA, PÓNLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL
MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE
TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD,
NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA.
¿NO
ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE?
¿NO
ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO?
¿NO
SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA?
¿NO
ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS?
¿TIENES
NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?.
QUE
NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NO TE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD
DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ
BUENO"
Con
estas palabras la Santísima Señora nos reitera las promesas de Dios desde
la Creación del mundo, hasta la redención, el fin de los tiempos y el fin
del mundo. Todas estas contenidas en Ella. Con estas palabras Dios nos entrega
de la forma más tierna, como dice la Escritura que “el Señor es cariñoso con
todas sus creaturas”, a la creatura más perfecta de todas las que El hizo,
tal como la entregó a su amado Hijo, para que sea la fuente de nuestra alegría
y no tengamos más necesidad.
15.-Al
contemplar la magnanimidad de Dios para nosotros con esta entrega, con estas
palabras, como Juan Diego debemos apaciguar nuestro corazón ante cualquier
mal y frente a cualquier bien que no sea Dios mismo. Conjuntamente con esta
fe, y con esta entrega que nos da es como el siervo de Dios está listo para
recibir la señal.
16.-Le
dijo: "SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME
VISTE Y TE DI ÓRDENES. ALLÍ VERÁS QUE
HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA
AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA.
17.-Es
en este cumplimiento, que la Virgen Santísima nos convoca a subir, esto es
a realizar un esfuerzo para encontrarnos con su señal, que son las rosas del
Santo Rosario que Ella misma nos ha enseñado en sus apariciones. Ella quiere
que las veamos, esto es que con la mirada de la inteligencia conozcamos a
esas rosas, al decir el Ave María con la inteligencia y con el corazón; decirlas
una por una de esta forma es lo mismo que cortarlas, poniéndolas todas juntas
en el conjunto de los 15 misterios que Ella quiere que considere nuestra inteligencia
y ame nuestro corazón y que florezcan en todo tiempo, aunque sea invierno
o el terreno de nuestro corazón sea lo más árido de este mundo y lo más pedregoso
y espinoso, por la propia virtud del Santo Rosario.
a)
El terreno inhóspito quiere decir que el que sirva a
María, o aunque no la quiera servir, pero que suba al cerrillo, esto es, que
rece el rosario asiduamente, aún diciendo que no está de acuerdo, aún siendo
de los que la niegan, siendo protestante o ateo, aún negándolo por dentro
de su corazón, aún sin poner atención, aún teniendo los más aberrantes pecados,
pero en lo profundo de su corazón ha subido el cerro, esto es que ha rezado
el Rosario, como si dijera “no creo
en el Rosario, no creo en la Virgen, no creo en nada, estoy perdido, pero
veré si alguien me contesta”, y esto lo cree, y aún así reza con o sin devoción,
la Santísima Virgen le proveerá los medios para que florezcan las rosas así
como en el Tepeyac, y acercará a esa
persona a Cristo, que es su función. Eso quiere decir la Virgen al hacer crecer
las rosas en ese lugar. “Porque de veras que en aquella sazón arreciaba el
hielo...”; “Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se
dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales,
mezquites y si acaso algunas hierbecillas se solían dar, entonces era el mes
de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo”.
b)
Subido en el cerro, el siervo de María podrá contemplar
como las rosas difunden un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas
de rocío nocturno, esto es, la contemplación de los Misterios de María, que
son los misterios de Cristo. Esto lo debemos cumplir como lo hizo Juan Diego,
quien “...subió al cerrillo y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuantas
había florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y
hermosas, cuando todavía no era su tiempo: estaban difundiendo un olor suavísimo;
como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno. Luego comenzó a cortarlas,,
todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma.
18.-Luego
quiere que bajemos, esto es, que subidos en la contemplación de estos misterios,
bajemos más con la humildad, que en verdad es ascender más hasta Ella, para
poner estas rosas en su presencia, porque una vez de cortadas, esto es, de
pronunciadas las Ave Marías, Ella debe reconocerlas para que cumplan su efecto
santificador. Así hizo San Juan Diego, quien “... en seguida vino a bajar,
vino a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar...”.
La Santísima Virgen al reconocer las flores que Ella misma hizo crecer en
aquellos terrenos, y ver que las depositamos en la humildad de nuestra tilma
que es nuestro corazón desprovisto de todo afecto terreno las tomará en sus
manos y luego las volverá a depositar allí, para obrar su milagro, como sucedió
a San Juan Diego: “...y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó;
luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le
dijo: "MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL
QUE LLEVARÁS AL OBISPO; DE MI PARTE
LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD.
Y TÚ..., TÚ QUE ERES MI MENSAJERO...., EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA
CONFIANZA; Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA
DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS. Y LE CONTARÁS TODO
PUNTUALMENTE LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A
CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE, PARA QUE PUEDAS CONVENCER
AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA
QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO".
19.-Es
precisamente en la comunidad con los obispos, con los pastores de la Iglesia
cuando se develará la señal completa de la Santísima Virgen, porque así lo
dispuso Ella, que todas sus cosas estén reconocidas y autorizadas y encabezadas
por los descendientes de los apóstoles, sus primeros hijos. Asimismo, al depositar
nuevamente las rosas en el ayate y obrar el milagro, da la señal que reconocerá
a Dios Padre, el vestido de la fiesta de las bodas de su Hijo, y las medidas
del templo y de los que adoran en él.
20.-“Y
en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene
derecho a México, ya viene contento. Ya así viene sosegado su corazón, porque
vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente. Mucho viene cuidando lo que
está en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire; viene disfrutando
del aroma de las diversas preciosas flores.”
Con esto quiere decir que la diligencia y el cuidado en conservar con
nuestros propios actos, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras
intenciones y deseos la señal de María, la cual no debe perderse sino cuidarse
delicadamente.
21.-Las
dificultades exteriores, los cuidados del mundo también se oponen a las cosas
de Dios, sobre todo cuando hay que dar testimonio los Servos de Dios son tratados
como San Juan Diego, con burla, despecho y hasta con enojo, pero aquí debemos
imitar al santo, quien con perseverancia se mantuvo firme hasta cumplir completamente
el mandato de la Santísima Virgen. “Cuando vino a llegar al palacio del obispo,
lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante,
y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían
que no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro, o tal vez porque
ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba, y ya les habían contado
sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo fueron siguiendo.
Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón.
22.-Las
intenciones de las personas que rodean a los Siervos de Dios bien supo San
Juan Diego, con auxilio de la Virgen Santísima, convertirlas en oportunidad
para que les naciera la semilla de la Fe, como se muestra con lo que le ocurrió:
“Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin
hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco
de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse.
Y cuando vio Juan Diego que de ningún modo podía ocultarles lo que llevaba
y que por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo aporrearían, un poquito
les vino a mostrar que eran flores. Y cuando vieron que todas eran finas,
variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran, las admiraron
muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que tenían sus corolas, lo
bien que olían, lo bien que parecían.
23.-Y
bien queda claro que los frutos de la Fe se esconden y solamente se dan al
que la tiene porque ha sabido aprovecharse del regalo infinito de la bondad
de la Santísima Virgen, es por eso que a quienes querían tocar las rosas que
llevaba Juan Diego, estas se les ocultaban, pero en tal caso quienes quieran
tomarlas deberán acudir al magisterio de la Iglesia, el cual les enseñará
el camino, como después ocurrió: “Y quisieron coger y sacar unas cuantas;
tres veces sucedió que se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron
hacerlo, porque cuando hacían el intento ya no podían ver las flores, sino
que, a modo de pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían. Inmediatamante
fueron a decirle al gobernante obispo lo que habían visto, cómo deseaba verlo
el indito que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo rato que
estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo. Y el gobernante obispo,
en cuando lo oyó, dio en la cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo,
para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito. Enseguida dio orden de
que pasara a verlo.
24.-
San Juan Diego se mantuvo fiel hasta el final, hasta cumplir lo que la Santísima
Virgen le había mandado y para recalcarle el mensaje de forma fiel que la
Virgen le había dado, por eso se lo repitió punto por punto, para que se pudiera
constatar la grandeza y la extensión que en el tiempo tendría este mensaje,
para que en el tiempo propicio se cumpliera la consumación de la orden de
la Santísima Virgen y los medios y la señal que Ella preveía para construir
el templo “Y habiendo entrado, en su presencia se postró, como ya antes lo
había hecho. Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje.
Le dijo: "Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste;
así fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada
Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras
su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras; y también le dije
que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba
de su voluntad, como me lo encargaste. Y escuchó bien tu aliento, tu palabra,
y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga,
se verifique su amada voluntad. Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó
para que otra vez viniera a verte; y le pedí la prueba para ser creído, según
había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió. Y me mandó a la
cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara
diversas rosas de Castilla. Y cuando las fui a cortar, se las fui a llevar
allá abajo; y con sus santas manos las tomó, de nuevo en el hueco de mi ayate
las vino a colocar, para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente
te las diera. Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la
cumbre del cerrito, porque sólo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches,
nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé. Cuando fui a llegar
a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso. Allí estaban ya perfectas
todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay, llenas de rocío,
esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar; y me dijo que de su parte
te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías
para realizar su amada voluntad, y para que aparezca que es verdad mi palabra,
mi mensaje, aquí las tienes, hazme favor de recibirlas." Y luego extendió
su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores.”
25.-Cuando
San Juan Diego extendió su ayate, las flores cayeron al suelo, revelando la
sustancia de su contenido, que es el retrato fiel de la Santísima Virgen,
el cual alcanzará el Siervo de Dios que cumpla cabalmente con este camino,
porque las rosas del Santo Rosario tejerán esta imagen cuando por la devoción
y la intención recta del corazón, sean tomadas por las manos de la Santísima
Virgen y regresadas al ayate de nuestro corazón que debe ser del todo humilde,
como el manto de Juan Diego: “Y así como cayeron al suelo todas las variadas
flores preciosas, luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente
la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma
y figura en que ahora está, en donde ahora es conservada en su amada casita,
en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe.
26.-El
obispo creyó al igual que todos cuantos estaban allí y se construyó el templo
que Ella mandó. “Y en cuanto la vio el obispo gobernante y todos los que allí
estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron, se pusieron de pie para verla,
se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento.....
Y el obispo gobernante con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón
por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable
palabra, y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada,
la vestidura, la tilma de Juan Diego en la que se apareció, en donde se convirtió
en señal la Reina Celestial, Y luego la llevó; allá la fue a colocar a su
oratorio. Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún
lo detuvo. Y al día siguiente le dijo:_"Anda, vamos a que muestres dónde
es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo. De inmediato
se convidó gente para hacerlo, levantarlo, Y San Juan Diego, en cuanto mostró
en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada,
luego pidió permiso: quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino,
que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatelolco
para que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho la Reina del
Cielo que ya había sanado. Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron
a su casa. Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada
le dolía. Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era
acompañado y muy honrado; le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el
que mucho le honraran; Y él le dijo cómo cuando lo dejó para ir a llamarle
un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le
apareció la Señora del Cielo; y lo mandó a México ver al gobernante obispo,
para que allí le hiciera una casa en el Tepeyac. Y le dijo que no se afligiera,
que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló. Le dijo su tío
que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó, y la vio exactamente
en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, le dijo cómo
a él también lo había enviado a México a ver al obispo; y que también, cuando
fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que
había visto y la manera maravillosa en que lo había sanado, y que bien así
la llamaría bien así se nombraría; LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE,
su Amada Imagen. Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante
obispo, lo trajeron a hablar con él a dar testimonio, y junto con su sobrino
San Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días, en tanto
que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac; donde
se hizo ver de San Juan Diego. Y el señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor
la amada Imagen de la Amada Niña Celestial. La vino a sacar de su palacio,
de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran, su
amada Imagen. Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció
cuando vino a ver a admirar su preciosa Imagen. Venían a reconocer su carácter
divino. Venían a presentarle sus plegarias. Muchos admiraron en qué milagrosa
manera se había aparecido, puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra
pintó su amada Imagen
27.-
La consumación del mandato de la Santísima Virgen María lo da 471 años después,
por voluntad de Ella, quien a semejanza de San Juan Diego se entregó totalmente
a la Santísima Virgen María, quien en diversas revelaciones ha dicho que el
Papa Juan Pablo II es “suyo”. Por ello es que hasta el año 2002, se reconoció
la santidad de Juan Diego. Con esto, Juan Pablo II, como pastor de toda la
Iglesia Universal, ha observado por voluntad de la Santísima Virgen, como
al extenderse la tilma del alma de Juan Diego, en ella esta grabada la imagen
fiel de la Santísima Virgen María y es por ello que Juan Pablo II ha venido
hasta México para decirnos que él ha visto la fiel imagen de la Santísima
Virgen María retratada en el alma del Siervo de Dios Juan Diego, y con él
todos los pastores de la Santa Iglesia; para decirnos que con esto se inicia
oficialmente la construcción del templo que la Santísima Virgen ha encomendado,
--tal como lo construyó Juan Diego en su propia alma--el templo construido
con las almas de todos los hombres que quieran recibir a Cristo y que quieren
discernir la plenitud del mensaje que Ella dio en el Tepeyac, que es le mismo
que dio a los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalem antes de ser llevada en
cuerpo y alma al cielo. Este templo es del que habla el Apocalipsis, la Iglesia
formada por las almas de los hombres, verdadera esposa embellecida del cordero
de Dios, la Jerusalem Celeste desde donde Dios mismo iluminará y enjugará
las lágrimas de los hombres, quienes llorarán al revelarse todo el amor que
El ha sufrido por nosotros, porque no habrá otra forma de expresarle nuestro
amor y nuestra gratitud de habernos elevado a tal dignidad por María a Cristo
y al Padre Eterno.
Capítulo III
Aquí se expone el camino fácil de subir el cerrillo
del Tepeyac
1.-La
jornada de Juan Diego por la que recibió la impresión de la Virgen misma en
su alma es la siguiente:
a)
Buscaba a Dios y
a sus mandatos.
b)
Estaba en comunión con los prelados de la Iglesia.
c)
Era humilde y se tenía como el menor y el último de
todos.
d)
Hizo el recorrido y subió el cerro del Tepeyac.
e)
Permanecía en la gracia de los sacramentos.
f)
Cumplió fielmente el mandato de la Virgen.
g)
Perseveró hasta el final.
2.-Nosotros
debemos imitarlo y lo haremos reflexionando y poniendo por obra las cosas
contenidas en el capítulo anterior. Nos ayudará lo siguiente:
a)
Estar bautizado en el seno de la Iglesia Católica, cumplir
los 10 mandamientos, los mandamientos de la Iglesia y los sacramentos;
b)
Saber y enseñar el catecismo de la Iglesia Católica;
c)
Confesarse cada semana y tener un director espiritual;
d)
Comulgar cada semana o de ser posible diario; hacerlo
como lo haría María con el niño en su purísimo seno;
e)
Cumplir con los instrumentos de las buenas obras, como
lo haría María.
f)
Hacer todo por, en, con y para María.
g)
Rezar diario el Santo Rosario.
h)
Meditar con la mente y el corazón el víacrucis asumiéndonos
como corazón de María para lograr la compunción del corazón constante y el
don de lágrimas. Al final de cada estación o al final del ejercicio conviene
decir el Miserere;
i)
Practicar el ayuno especialmente el miércoles
y el viernes.
j)
Participar en actividades de la parroquia,
especialmente en enseñar el catecismo y promover el canto de la liturgia de
las horas con canto gregoriano. Se promoverá a través de promesas personales
por tres meses para el canto de una o varias horas de la liturgia bajo la
guía y obediencia del párroco.
k)
Hacer una rutina de actividades diarias para convertir
nuestras costumbres a las de María.
l)
Leer diariamente este texto durante la comida
o en un momento especial reservado para ello.
De
esta forma podremos avanzar en el camino de las virtudes que en sus diversas
manifestaciones ha pedido la Santísima Virgen de sus hijos: Fe, Esperanza
y Caridad, y las virtudes capitales: humildad, generosidad, castidad, paciencia,
templanza, caridad y diligencia.
3.-Una
forma es subir el cerro del Tepeyac de la mano de San José.
Consideración.
a)
San José‚ imitó
fielmente a Cristo aprendiendo muchas cosas de María y después de la Virgen
María no existe otro hombre que se haya asemejado más a Cristo que San José.
b)
San José es el hombre
más puro después de la Virgen, por lo tanto el Espíritu Santo también lo llenó
de gracia para que pudiera llamar hijo a Nuestro Señor Jesucristo. Por el
sacramento del matrimonio, --ellos vivieron el matrimonio más perfecto de
la tierra-- que hace una sola cosa a los esposos, hizo el Espíritu Santo a
José y a María uno sólo en el espíritu y en la carne virginal.
c)
Por esto San José participa de todos los dones de la Virgen en grado
supremo.
d)
San José‚ se entregó
a Cristo y a María como ningún otro hombre en la tierra y por ello la gloria
y poder que tiene en el Cielo le fueron destinados desde toda la eternidad
con un trono superior al de todos los hombres y ángeles al lado de la
Santísima Virgen María.
e)
San José goza de
un grandísimo poder de intercesión ante Jesucristo, Ante Dios Padre, ante
el Espíritu Santo y ante la Virgen María.
f)
Los espíritus infernales no soportan la humildad y la virginidad
de San José, por ello, imitarlo e invocar su nombre en el peligro de la tentación
atrae el imperio de la Virgen María contra los demonios.
g)
Gran santidad pueden
obtener quienes imiten a este santo patriarca.
Algunas prácticas de imitación.
a)
Para imitar a San
José, primero hay que confesarse diario y comulgar diario, entregándole a
este santo varón la custodia de todos sus sentidos internos y externos y la
puerta de su alma, como todos los actos, para que sea el quien los dirija,
así como dirigió a Jesús siendo niño.
b)
Cada quien deber
hacer su trabajo de cada día, rezando siete veces al día (Rosario, Vía crucis,
Liturgia de las Horas) para alcanzar una pureza y virtud semejante a la de
San José‚ y conformándose con lo que Dios le de para cada día pero entregando
el mayor esfuerzo y orden para proveer de lo mejor a su familia.
c)
Cada quien deber tratar de ser el siervo de todos, con buena
cara y sonrisa; sin reproches. Servir a todos gustosamente, a cualquier hora,
empezando por su familia. Ver en todos los hombres a Jesús hecho hombre.
d)
Desear ser
el más humilde de los servidores de sus semejantes y buscar hacerlo
con sus obras a cada día, hasta su muerte.
e)
Nunca buscar
lugares principales, ni que su opinión sea la preponderante; mejor, escuchar
y bendecir a todos los hombres; buscar el ser desconocido y el
ser tenido en nada.
f)
Si alguno le pregunta porque lo hace, contestar que porque
quiere servir a Dios, porque Dios ha puesto bajo su cuidado, para servir a
todos sus prójimos.
g)
Una vez de haber
hecho todo lo anterior, estar dispuesto a imitar a la Virgen María y
así imitar más perfectamente a San José. Imita
diariamente a la Santísima Virgen María en todos sus actos, como si fuese
ella, antes, durante y después del parto y durante la pasión, muerte y resurrección
de Cristo.
h)
En su corazón se alimenta con la vivencia de que en
él mismo se está formando a Cristo, por lo que no tienen más alimento que
la protección de la Santísima Virgen María en su vientre purísimo y el amor
de San José.
i)
Al amanecer se da cuenta de que Jesucristo
ha sido concebido dentro de su ser y lo formará durante el día con todos sus
actos.
j)
Antes de dormir se atendrá a que debe proteger
durante la noche al Señor que en El se engendra, con una vigilancia estrecha
de sus actos.
k)
Partirá el sueño por la mitad para orar, ante la urgencia
del parto, de que el Señor llega en cualquier momento.
l)
Arrullan incesantemente el Niño Jesús en el
pesebre humilde de su corazón, y le proporcionan calor la rendición de todos
sus sentidos y de todo su ser, en todo momento, con todos sus actos.
4.-Situaciones
Particulares.
La
Familia:
a)
Como familia, padres e hijos buscarán vivir como la
Sagrada Familia, todos imitando siempre a María;
b)
Como esposos, practicarán el sacramento del matrimonio
con santidad, esto es, excluirán el uso de anticonceptivos de toda índole,
el sexo oral, anal y la masturbación, así como películas, revistas y espectáculos
impropios, como actos que violan la santidad del cuerpo como templo vivo del
Espíritu Santo hecho a imagen de Dios, el sexto y el noveno mandamientos.
Enseñarán esto mismo a sus hijos e hijas en edad de casarse;
c)
Si los esposo quieren ser perfectos en la imitación
de María y alcanzar la virginidad perfecta, en acuerdo (si no hay acuerdo
no es recomendable) vivirán la castidad como la vivieron San José y María,
hasta alcanzar la virginidad de espíritu.
d)
Los que no están casados por la Iglesia se casarán,
cuando no tengan impedimentos;
e)
Los que estén viviendo juntos y se hayan separado de
una relación anterior, consultarán el caso con el sacerdote o el obispo de
su parroquia y obedecerán lo que les indiquen, obedeciendo aquello que dijo
el Señor, que más vale entrar tuerto, manco o cojo al reino de los cielos
que ir completo al infierno;
f)
Los que sean homosexuales seguirán los consejos
de la Iglesia para corregir esta situación, dado que se aplica lo dicho en
el inciso anterior.
g)
Si en las familias hay situaciones de conflicto, por
diversas razones entre hijos y padres o hermanos, el ofrecimiento de ayunos,
penitencias y la oración son el camino indicado para superarlas.
h)
Las familias acordarán actividades de apostolado en
su comunidad o en su medio de desarrollo, esto es, en el lugar donde viven,
en su parroquia, la escuela, el trabajo, etc, sin que estas lleguen a distraer
el objeto principal de su santificación que es la vida familiar, a semejanza
de la Sagrada Familia. Asimismo deben ofrecer sacrificios por los pecadores
y especialmente por la santidad de los sacerdotes y de los gobernantes. Particularmente
es recomendable el apostolado del rezo de la Liturgia de las Horas y el compromiso
de rezar al menos una de las horas diariamente con la familia y/o con su comunidad
en su Parroquia. Esto lo pueden hacer bajo compromisos sucesivos por tres
meses.
En
el trabajo.
a)
A semejanza de San José, quienes trabajan, contribuirán
debidamente al hogar para su manutención y para el aumento de su reserva de
ahorros de manera que el aspecto económico no sea motivo de angustia por falta
de empeño en el trabajo;
b)
Los trabajadores cumplirán debidamente sus compromisos
con los patrones sin robar ni tiempo ni materiales, sino que se comportarán
con justicia para ellos;
c)
Los patrones transforman a la empresa en una sucursal
del taller de San José en el momento en que ordenan a la empresa al alcance
de la finalidad trascendente que Dios ordenó para toda empresa desde el momento
en que El mismo emprendió la creación y luego la regeneración de todo lo creado.
d)
La empresa perfecta en este orden tiene por objetivo
la generación de bienestar económico para sus dueños y para todos sus trabajadores,
a quienes proveerá de condiciones tales que les permitan una vida material
digna con superación en sus ingresos, sin que ello ponga en riesgo la supervivencia
misma de la empresa, para que ellos puedan concentrarse a su vez en aprender
y vivir las cosas de Dios, como lo hacía Juan Diego. Para ello los patrones
ordenarán la marcha de la empresa al incremento de utilidades y el crecimiento.
Es preferible que ordenen la forma de que sus empleados y trabajadores tengan
momentos de oración como ya se practica en varios lugares. Si libremente el
patrón convoca al que quiera rezar el Santo Rosario conjuntamente o a una
hora cada quien en su lugar, las bendiciones sobre esa empresa serán grandes.
e)
Contrario a ello son aquellas empresas donde el objetivo
es la riqueza y utilizan la reducción del personal como medio de explotación,
generando toda clase de sistemas de terror psicológico contra los empleados.
Particularmente pecaminosas y ruines son aquellas donde los patrones aparentan
ser muy cristianos, pero dicen que la empresa y las prácticas empresariales
son una cosa y la religión es otra, por lo que viven como paganos en su empresa
y cumplen exteriormente con los ritos de la liturgia. Estos se parecen a aquellos
sobre los que caía la palabra del Señor cuando decía que han suprimido la
voluntad de Dios con tradiciones humanas, y cuando decía que este pueblo lo
honra con sus labios, que recitan su ley en todo momento, pero su corazón
está lejos de El y se hacen reos de las palabras de la Santísima Virgen en
el Magnificat. No crean que únicamente con poner flores a imágenes de la Virgen
en sus empresas o con sus muchas limosnas o donativos se salvarán, ello más
bien será mas carga pecaminosa al parecerse a aquellos de los que el Señor
decía suprimían el mandato de Dios de honrar al padre y la madre, cuando alguien
destinaba su dinero al tesoro del templo en lugar de ayudar a sus padres,
con lo que anulaban el mandato de Dios, para poner en lugar sus prácticas.
A estos y a aquellos que obran como si Dios no existiera, se les recomienda
rezar el Rosario y hacer penitencia, por estar sujetos de demonios que sólo
pueden salir con ayuno y oración, de lo contrario ellos mismos se están reservando
para el infierno por sujetarse amarras que los inmovilizan en pecados que
claman justicia al cielo.
f)
Los que tienen bajo su responsabilidad el
gobierno de personas y asuntos públicos, obren con temor y con temblor, como
dice de ellos el Rey David, para no obrar injustamente. Aquellos gobernantes
que se dicen católicos, pero que al unirse con otra persona se juntan como
si fueran paganos como lo hace ver Tobías, cometen escándalo y más les valdría
amarrarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar, que el juicio
que les espera. Lo mismo se aplica en todo acto de corrupción y de mala administración.
Tienen a los obispos y cardenales de la Iglesia para aconsejarse en materia
de gobierno cristiano y de ejemplo que deben dar a sus gobernados, si no los
escuchan se reservan para el destino del rico Epulón, que sólo hasta que estuvo
en el infierno comprendió su error.
Si
es religioso o sacerdote:
a)
Cumplirán más
perfectamente con su vocación, su consagración, sus votos, su regla de vida,
cuando lo hagan , con, para y por María, para que puedan decir con el Rey
David, “delante del pueblo cumpliré mis votos al Señor y “Ten piedad de mi,
Señor, que a ti te busco todo el día”, y también: “un día en tu templo vale
más que mil años fuera de el” y puedan escuchar también: “Siervo bueno y fiel,
pasa al gozo de tu Señor”.
Capítulo IV
Para los que les sea dado y quieran participar como
milicia en la vivencia y proclamación de este camino
Advertencia:
1.-
Al que quiera seguir a Cristo a donde quiera que El vaya, deben advertir que:
"Las sorras tienen cuevas y las aves del cielo tienen nidos; más el Hijo
del Hombre no tiene donde recostar su cabeza".
2.-
Al que el Señor llame valiéndose de cualquier medio para seguirle, considere
lo que a uno le contestó cuando el Señor le llamó: "Sígueme". Pero
él le dijo: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre". Pero El le
replicó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve a anunciar
el Reino de Dios".
3.-
Al que diga: "Señor, te seguiré; pero déjame primero ir a despedirme
de los de mi casa". Aténgase a lo que el Señor le replica: "Ninguno
que empuñe el arado y luego mire hacia
atrás es bueno para el Reino de Dios".
4.-
Aquel que quiera salvarse, que cumpla los 10 mandamientos.
5.-
A aquel que después de cumplir los 10 mandamientos quiera ser perfecto, que
vaya y venda todo cuanto tiene, repártalo entre los pobres y luego siga al
Señor, cumpliendo alguno o varios de los oficios señalados en esta regla mínima.
6.-
Aquel que quiera seguir al Señor deberá amarlo más que a todas sus posesiones
y si no se quiere desprender de estas como lo recomienda el Señor, deberá
servirse de ellas para manifestar su amor a Dios sobre todas las cosas y a
su prójimo como a sí mismo.
7.-
Aquel que quiera seguir al Señor, deberá amarlo más que a su propia vida,
más que a su padre, madre, esposa, hijos, casas o tierras. El amor de Dios
lo manifestará a todos los hombres con el cumplimiento del Evangelio.
8.-
El que reza e invoca a Dios pero no cumple con los 10 mandamientos, los mandamientos
de la Iglesia y los sacramentos, sólo lo honra con sus labios, pero su corazón
no está con El. No todo el que diga:
"Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos ni es discípulo
de Jesús.
9.-
Aquel que está dispuesto a cargar su cruz de cada día, ese puede seguir al
señor.
10.-
Aquel que ame más su vida y la anteponga al cumplimiento del Evangelio, no
puede ser discípulo de Jesús.
11.-
Aquel que reciba la palabra de Dios y no la que ponga en práctica, se parece
a la semilla que no da fruto, y no es discípulo de Jesús. Es árbol que será
cortado y destinado al fuego.
12.-
Aquel que siga al Señor tendrá en esta vida hasta el ciento por uno, junto
con tribulaciones y persecuciones, y después la vida eterna.
Considerado
lo anterior, quien quiera portar la
Cruz de Cristo (específicamente la cruz de San Benito) y proclamar el camino
del Tepeyac que aquí se señala, pueden hacerlo bajo el pronunciamiento de
los siguientes votos o promesas privados, luego de cumplir por seis meses
con todo lo expuesto hasta aquí y si recibe el llamado por impulso del Espíritu
Santo:
Pobreza
1.-
El primer grado de la pobreza consiste en desprenderse de todos los gustos
y afectos desordenados de los sentidos externos, hasta apaciguarlos y que
estén sujetos a la razón, con la ayuda de la Santísima Virgen, con lo que
logrará con la entrega ordinaria de estos a Ella, para que Ella los disponga
al servicio de Cristo.
2.-
El segundo grado de la pobreza consiste en desprenderse de todos los gustos
y afectos desordenados de los sentidos
internos, de la imaginativa, de la memoria, hasta que sean de la Virgen Santísima.
3.-
El tercer grado de la pobreza consiste en desprenderse de la propiedad de
la inteligencia, para dejarla en manos de la Santísima Virgen María, que Ella
hará entender lo que es precioso a su Hijo Nuestro Señor Jesucristo y de utilidad
para el servicio del prójimo.
4.-
El cuarto grado de la pobreza consiste en desprenderse de la voluntad propia
y de todos sus afectos, dejándola en manos de la Santísima Virgen María, que
Ella le enderezará a querer a su Divino Hijo y al prójimo como a uno mismo.
5.-
El quinto grado de la pobreza consiste en desprenderse de todos los afectos
del corazón por las cosas y por las personas, y entregarlos a la Santísima
Virgen María, que Ella los purificará para dejar un corazón semejante al de
Ella.
6.-
El sexto grado de la pobreza consiste en desprenderse de la propiedad de los
tesoros espirituales que merezcan los méritos de una vida santa, dejándolos
en manos de la Santísima Virgen María.
7.-
El séptimo grado de la pobreza consiste en desprenderse de todo lo que es
uno mismo convertirse en esclavo de la Santísima Virgen María y víctima de
amor, apropiarse solamente de todo lo que significan la vivencia de la cruz
de cada día.
1.-
El primer grado de la obediencia, dicho de la humildad, es obedecer a sus
superiores sin demora por amor a Cristo; en el instante en que se le ordena
algo lo obedece como si lo hubiese mandado el mismo Dios y no permiten dilación
en realizarlo, por lo que de estos dice el Señor: "No bien escuchó mi
voz, me obedeció", y "El que a vosotros escucha a mi me escucha"
y aquella palabra dice: "No vine a hacer mi voluntad sino la de aquel
que me ha enviado", sin tardanza, sin tibieza, sin murmuración y sin
réplica de resistencia.
2.-
El segundo grado de la humildad consiste en poner siempre todos sus actos
y su vida a los ojos de Dios y todos los deseos ante Cristo, como dice el
Profeta: "Ante ti esta todo mi deseo".
3.-
El tercer grado de la humildad consiste en despreciar la propia voluntad,
imitando al señor en aquello que dice el Apóstol: "Se hizo obediente
hasta la muerte" y también "El placer merece pena y la necesidad
engendra corona".
4.-
El cuarto grado de la humildad es abrazarse en cosas duras y contrarias, y
ante cualquier injuria, calladamente y con paciencia soportar todo en el interior,
con la conciencia de aquello que dice el Señor: "El que persevere hasta
el fin, ese se salvará".
5.-
El quinto grado de la humildad es si por una humilde confesión a sus hermanos
y superiores no oculta ninguno de sus malos pensamientos que sobrevenga al
corazón y el mal cometido ocultamente, siguiendo aquello que dice el Señor:
"Descubre al Señor tu camino y espera en El".
6.-
El sexto grado de la humildad consiste en estar con todo menosprecio a si
mismo y para todo lo que le manden se juzgue malo e indigno.
7.-
El séptimo grado de la humildad consiste en sólo proclamar con la lengua el
último y más vil de todos, sino que lo crea así con íntimo sentimiento del
corazón.
8.-
El octavo grado de la humildad consiste en no hacer nada si no lo persuade
la Regla común que ha prometido seguir y el ejemplo de los santos.
9.-
El grado noveno de la humildad consiste en reprimir la lengua para hablar
y guardar silencio; no hablar hasta ser preguntado.
10.-
El décimo grado de la humildad consiste no ser fácil y pronto en reír.
11.-
El onceavo grado de la humildad consiste en que al hablar se haga con suavidad,
sin risas, con gravedad y humildad, diciendo pocas palabras.
12.-
El doceavo grado de la humildad consiste en que no solamente en el corazón
sino también en el mismo cuerpo y aspecto físico se manifiesta humilde a todos
cuantos lo miran, juzgándose siempre en todo momento reo de sus pecados y
los pecados del mundo ante los ojos de Dios, creyendo hallarse ya en al juicio
divino, diciendo de continuo en su corazón lo que dijo aquel publicano del
Evangelio con la mirada fija en la tierra: "Señor, no soy digno yo, pecador,
de levantar mis ojos al cielo".
La
virtud de la obediencia no solo debe tributarse por todos a sus superiores,
sino también ante los hermanos deben obedecerse mutuamente, en la seguridad
de que por este camino irán a Dios, a semejanza de la obediencia cadavérica
recomendada por San Francisco de Asís.
San
Benito comenta que subidos pues, finalmente todos estos grados de humildad,
llegará el nombre en seguida a aquella caridad de Dios que "siendo perfecto
excluye todo temor", por ella todo cuanto antes observaba no sin recelo
empezará a guardarlo si trabajo alguno; como naturalmente y por costumbres,
no ya por temor del infierno, sino por amor a Cristo y cierta costumbre santa
por la delectación de las virtudes. Lo cual se dignará el Señor manifestar
por el Espíritu Santo en su obrero purificado ya de vicios y pecados.
1.-
El primer grado de la castidad consiste en guardar los ojos de todas las cosas
y personas del mundo, hasta que la voluntad no reclame satisfacción alguna
a través de ellos, siguiendo aquella palabra del Señor: "Y si tu ojo
te es ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti, que mas vale tuerto
al Reino de los Cielos, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno".
Se entregan los ojos a la Santísima Virgen María, para que ella disponga de
ellos a su arbitrio, lo cual será conducirlos a la virginidad.
2.-
El segundo grado de la castidad consiste en guardar el sentido del tacto,
entregándolo por completo a la Santísima Virgen María, hasta que este sentido
sea el mismo de la Santísima Virgen. El que tal obra tiene en su conciencia
aquellas palabras del Señor: "Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtala
y arrójalo lejos de ti, que más vale entrar manco al Reino de los Cielos,
que con tus dos manos ser arrojado al infierno"
3.-
El tercer grado de la castidad consiste en guardar la lengua, el oído y el
olfato de las cosas y satisfacciones del mundo, entregándolos a la Santísima
Virgen como cosa y posesión suya.
4.-
El cuarto grado de la castidad, consiste en entregar a la Santísima Virgen
María todos los sentidos internos, la memoria y la imaginativa, para que Ella
los purifique e imprima sus sellos en los mismos.
5.-
El quinto grado de la castidad consiste en entregar a la Santísima Virgen
María las potencias superiores de la voluntad y del entendimiento para que
en su ordinaria posesión se enderecen a adquirir la virginidad del espíritu.
6.-
El sexto grado de la castidad consiste en vivir diariamente como si fuese
la misma Virgen Santísima la que vive y obra en las personas.
7.-
El séptimo grado de la castidad consiste en vivir la Virginidad de la Santísima
Virgen María y engendrar con todos los actos la vida al mismo Cristo, hasta
decir: "No soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí". Los
matrimonios son encaminados a alcanzar este grado cuando, guiados por el Espíritu Santo, cumplen con la separación de cuerpos de prudente
y común acuerdo para alcanzar la entrega de San José y de la Santísima Virgen
María en imitación total a su divino Hijo, quien en fecunda virginidad se
entregó a su esposa la Iglesia para engendrar y ofrecer el perfecto culto
de adoración al Padre.
1.-
El primer grado de la estabilidad consiste en que una vez en Estado de Gracia,
conformarse con el estado y lugar en donde se desarrolla su vida, con la decisión
de santificarse en el cumplimiento de sus responsabilidades.
2.-
El segundo grado de la estabilidad consiste en amar su estado de vida y las
responsabilidades a las que fue llamado y con diligencia cumplirlas todas.
3.-
El tercer grado de la estabilidad consiste en imitar ordinariamente a la Santísima
Virgen en todas las responsabilidades, propias del estado, como si ella fuese
quien las cumpliera.
4.-
El cuarto grado de la estabilidad consiste en buscar agradar a todos sus semejantes
con el servicio que da en el cumplimiento de su responsabilidad, y entristecerse
si no lo logra.
5.-
El quinto grado de la estabilidad consiste en tratar de servir perfectamente
a todos sus semejantes con el cumplimiento de sus responsabilidades y estar
en disponibilidad de dar un mayor servicio.
6.-
El sexto grado de la estabilidad consiste en arder de amor en al cumplimiento
de sus responsabilidades, crucificándose en las mismas en semejanza de Nuestro
Señor Jesucristo, haciendo las más humildes y aquellas que todos desprecian.
7.-
El séptimo grado de la estabilidad consiste en que una vez crucificado en
el cumplimiento de sus responsabilidades, y con gran caridad, se tiene a sí
mismo como el peor de todos y se repite de continuo: "Que premio merezco
Señor, si solamente hago lo que tengo que hacer".
1.-
El primer grado de la conversión de costumbres consiste en arrepentirse de
todos sus pecados y juzgarse reo de todos ellos todos los días. Tener diariamente
la compunción del corazón y pedirla con humildad. El ejercicio del viacrucis
asumiéndose como el corazón de la Santísima Virgen María ayudará a reflejar
en nosotros a Cristo en el Huerto de Getsemaní. Nuestra alma penetrará los
secretos del corazón de María, lo profundo del corazón del Señor y en ese
acto igualmente se observará cómo está delante de Dios, dándose cuenta que
Jesús verdaderamente nos ha amado, mientras que nuestro amor por él es poco
y miserable.
2.-
El segundo grado de la conversión de costumbres consiste en cumplir ordinariamente
con todos los instrumentos de las buenas obras.
3.-
El tercer grado de la conversión de costumbres consiste en despreciar el pecado
y amar al pecador como Cristo lo ama. Sentirse pecador y reo de la culpa mientras
que un solo hombre sea pecador y por tanto jamás juzgar a nadie, sino aunque
no esté de acuerdo con él, compréndalo y ámelo, lo cual se pondera correctamente
con la denuncia contra el pecado y a los que inducen al pecado, por quienes
habrá de hacer más sacrificios.
4.-
El cuarto grado de la conversión de costumbres consiste en orar continuamente
con la boca y la mente.
5.-
El quinto grado de la conversión de costumbres consiste en adquirir la oración
incesante del corazón “la llama de amor”,
la oración silenciosa permanente. En este grado es posible que el Señor
otorgue el don de lágrimas.
6.-
El sexto grado de la conversión de costumbres consiste en desprenderse de
todos los bienes, repartirlos entre los pobres y seguir a Cristo incondicionalmente.
Si por su estado no es posible, el deseo ardiente del desprendimiento y la
práctica de la entrega diaria a quienes está obligado obtiene este grado.
7.-
El séptimo grado de la conversión de costumbres consiste en imitar ordinariamente
a Cristo, imitando a la Santísima Virgen María, hasta poder decir: "no
soy yo quien vivo, sino Cristo quien vive en mí".
1.-
El primer grado de la esclavitud a María consiste en disponerse s hacer todo
lo anterior en Ella, con Ella, por Ella y para Ella y pronunciar la entrega
en santa esclavitud, bajo la consagración diaria a su inmaculado corazón.
2.-
El segundo grado de la esclavitud a María consiste en participar en la Eucaristía
con mucha frecuencia, rezar diariamente el Santo Rosario, el Viacrucis, y
la Liturgia de las Horas, viviéndolos como la Santísima Virgen María.
3.-
El tercer grado de la esclavitud a María consiste en llevar un silicio como
prueba de esclavitud a María y como recordatorio constante de los sufrimientos
que Ella padeció en la tierra.
4.-
El cuarto grado de la esclavitud a María consiste en que todas las obras son
hechas con Ella, por Ella, para Ella y en Ella.
5.-
El quinto grado de la esclavitud a María consiste en proclamar las virtudes
de esta esclavitud a todos los hombres,
enseñar el catecismo siempre y a servir sirviendo a los demás.
6.-
El sexto grado de la esclavitud a María consiste en entregar todo el tesoro
espiritual a María.
7.-
El séptimo grado de la esclavitud a María consiste en vivir sin voluntad propia
alguna que no sea vivir la cruz de Jesucristo y buscarla por todos los medios,
así como entregarse totalmente a ser víctima de amor.
1.-
El único grado de convertirse en víctima de amor consiste en cumplir con el
siguiente ofrecimiento:
"Oh
Dios mío, deseo amarte y hacerte amar; deseo cumplir perfectamente tu voluntad,
ser santo; pero ante mi impotencia te pido ser mi santidad. Te ofrezco los
méritos de Jesucristo, de los santos y sobre todo de la Santísima Virgen María,
mi madre amada. Quédate en mí como en un sagrario; no te alejes jamás de mí.
Quítame la libertad de ofenderte y si por flaqueza caigo alguna vez, que al
punto tu mirada me purifique. Agradezco todas las gracias que me has concedido,
especialmente por hacerme pasar por el crisol del sufrimiento. Después de
este destierro, espero que gozaré de ti en el cielo, pero no quiero atesorar
méritos para el cielo, quiero trabajar sólo por tu amor, con el único fin
de agradarte, de consolar tu corazón y salvar almas que te amen eternamente.
En el ocaso de esta vida me presentaré ante ti con las manos vacías, porque
todas nuestras obras están manchadas en tu presencia. Quiero revestirme de
tu justicia y recibir de tu amor la posesión eterna de ti mismo. A fin de
vivir en un acto perfecto de amor yo ( ... ) me
ofrezco como víctima de amor holocausto a tu amor misericordioso, suplicándote
que me consumas sin cesar, dejando que se desborden en mí alma los raudales
de tu infinita ternura, que en ti se encierran, para que así llegue a ser
mártir por tu amor. Que este martirio, después de haberme preparado a comparecer
ante ti, me haga finalmente morir y que mi alma se arroje sin demora en el
brazo de tu amor misericordioso. Quiero, ¡Oh amado mío! a cada latido de mi
corazón, renovarte este ofrecimiento, hasta que desvanecidas ya las sombras,
pueda de continuo declararte mi amor, mirando a tus ojos".
Para
mejor cumplir con estos votos:
a)
Establezca contacto con
los Caballeros que Portan la Cruz de Cristo (Caballeros crucíferos);
b)
Con alguna congregación
mariana;
c)
Vívalos bajo la dirección
de algún sacerdote o religioso santo.
d)
Vívalos en la comunidad
familiar extendiendo su práctica a otras familias.
e)
Si es religioso, cumpla
el espíritu de su regla con estricta observancia, como lo haría María.
f)
Si quiere vivir la regla
dejada por algún santo, vívala en el estado en que se encuentra con toda observancia
con la guía de su director espiritual y sin preámbulos o ingrese a la orden
correspondientes y sujétese a la obediencia.
Conclusión
Se
ha expuesto el contenido y la historia de cómo la Santísima Virgen quiere
que construyamos su templo en nosotros; cómo sucedieron los hechos y cómo
estos hechos revelan esa misteriosa voluntad de Dios que nos conducirá a cumplir
perfectamente nuestra santificación, que es la voluntad de Dios.
En
el caso de México, numerosas señales desde la simiente de la nacionalidad
indican una misión y predilección especial en orden al mandato
de María para construir su templo, como auténticos mexicanos, ciudadanos del
México místico, pupila del cuerpo místico de Cristo, como ha quedado asentado:
a)
La peregrinación que habría de dar lugar a la fundación
de la Gran Tenochtitlán, que significa abandonar todo y morir al viejo modo
de vida para renacer en el Espíritu Santo.
b)
La señal del lugar de la fundación es una águila devorando
a una serpiente, alegoría de María pisando la cabeza de la serpiente como
dice el Génesis, cosa que tenemos que hacer todos los días de nuestra vida,
matar a la serpiente de nuestro egoísmo y de toda pecado para hacer el oficio
del águila, que es el de María. Estas dos señales preparan al pueblo para
el milagro de Guadalupe. La segunda además del mandato para cada uno, expresa
que desde esta tierra y/o a partir de los que cumplen con la voluntad de Dios,
se desarrollarán los hechos de la lucha en que el águila destrozará al Anticristo.
c)
El milagro Guadalupano;
el anuncio de que hay que construir un templo aquí, primero de piedras y luego
de hombres. Este hecho confirma el camino de la peregrinación y la señal de
el Aguila devorando a la serpiente.
d)
El Himno Nacional, que habla del destino de México,
como pueblo predilecto de Dios para una misión.
e)
La proclamación de Cristo como Rey por los mártires
mexicanos; primicias del destino de la humanidad y de los mexicanos, tierra
regada con sangre donde habrán de retoñar los santos que proclamarán la divina
misericordia para todo aquel que a ella quiera acogerse y la santidad para
todo el que quiera tener aceite para su lámpara y formar parte del templo
y no quedarse afuera. Refleja la aceptación del destino que Dios ha dado a
México.
f)
La celebración de la fiesta de la Santa Cruz
precisamente por los constructores mexicanos. La construcción del templo será
con la Cruz de bandera hecha vida. Aún en lo cotidiano Dios nos habla diariamente
la misión, como dice el Rey David: “su fidelidad dura por siempre” y “todas
nuestras empresas nos las realizas tú”.
g)
El gran amor del pueblo mexicano por SS el Papa, quien
ha proclamado a México como “Siempre Fiel”.
Finalmente
queda por agregar que para obtener la perseverancia final, el mejor camino
siempre será el de María: hacerlo todo con, en, para y por María, hasta estar,
como Juan Diego, “bajo su sombra y resguardo, en el pliegue de su manto y
en el cruce de sus brazos y sea Ella la fuente de nuestra alegría”.
El
Papa Juan Pablo II, representante de Cristo y cabeza de la Santa Iglesia,
asume su parte en este trabajo, como le ha sido reservado. Por ello, al igual
que los profetas, sufre la alegría, el cumplimiento del librito dulce al paladar
pero que amarga las entrañas, de La Revelación. Sufre en su cuerpo los estragos
de la vejez, que igualmente aqueja a la Iglesia y de todas las infidelidades
de sus hijos con sus enfermedades. Y al igual que el Maestro, habrá que sufrir
la traición de aquel con quien lo une una tierna amistad, que come junto con
él de su mismo plato y junto con quien ha ido al templo. Ello no es raro,
ya que eso mismo sucedió en arcano, cuando aquel que surgió en la creación
cuando Dios ordeno que se hiciera la luz, se levantó contra El y le dijo:
No te serviré. Asimismo le sucedió al Maestro, cuando aquel que era su amigo
lo traicionó. Eso mismo, proporcionalmente ocurrirá a todos los que quieren
tener la imagen de Cristo.
En
este nacimiento San José, castísimo y cariñoso esposo de María, allanará también
el camino, como lo hizo antes y después del parto de María y proveerá de lo
necesario, pero habrá que saberlo discernir y aprovechar con la imitación
de sus virtudes, para ser guiados por él en el momento cuando los poderes
que representen a Herodes, buscarán matar al recién nacido, tanto con nuestros
propios actos, como con los eventos externos que se sucederán..
De
esta forma, no temeremos al espanto nocturno, cuando Dios purifique al mundo
con el fuego, rebaje y rellene todo lo disparejo. Nos entregaremos de lleno
a ese fuego del Espíritu Santo, para pasar por el crisol –suave en María--
después del cual Dios se pueda reflejar en nosotros como en un espejo; nos
abrazaremos a la Señal del Hijo del Hombre que aparecerá en el cielo, su cruz
por la que nos redimió, ya que hemos estado abrazados a ella diariamente con
María; resistiremos con firmeza en la fe, ante el embate de los enemigos de
Dios y del Anticristo, en orden de batalla con María; saltaremos de gusto
cuando a través de los fenómenos que describe el Señor en el Evangelio, juzgue
a las naciones y cantemos el Magníficat con María, porque se acerca el día
de la Salvación y con gran confianza pasaremos a su derecha junto con sus
ovejas, llevados por María, para posteriormente hacer brotar lágrimas de nuestro
corazón, las cuales El enjugará, cuando nos haya dado un nuevo nombre, que
sólo El conocera, al ver cara a cara de la inmensidad de su amor por nosotros
en la Jerusalem Celeste, cuando El sea todo en Todos, por los siglos de los
siglos. Amén.
Apéndices
A
continuación presento tres apéndices. El primero es el apéndice del libro
“La Traición al Papa Juan Pablo II”, escrito por el profeta de nuestro tiempo
y hombre de Dios Luis Eduardo López Padilla, quien con la luz del Espíritu
Santo nos explica hechos de trascendental importancia para nuestra salvación.
El
segundo es una serie de prácticas evangélicas para aquellos llamados a vivirlas.
El
tercero es un perfil de la Soberana y Militar Orden de San Juan Diego del Tepeyac,
del Templo del Espíritu Santo y de los Caballeros Portadores de la Cruz de
Cristo. Caballeros Crucíferos. (CC).
Juan Pablo II y la Virgen de Guadalupe
Es
una realidad que México como pueblo y nación tiene una gran trascendencia
dentro del plan de Dios para el futuro de la humanidad. La aparición de la
Virgen de Guadalupe en el año de 1531 marca un signo importantísimo y providencial
en nuestra patria, en el desarrollo del plan de la salvación.
Con
motivo de la 5ta visita de Su Santidad Juan Pablo II a México, y particularmente
al santuario de la Virgen de Guadalupe con ocasión de la canonización de Juan
Diego, conviene analizar una perspectiva escatológica, es decir, de este final
de los tiempos: la vinculación de este Papa con Guadalupe, y el sentido apocalíptico
que tiene la aparición de la Virgen de Guadalupe. No obstante
haber ocurrido hace ya 470 años, su propósito fundamental empieza a
tener vigencia a partir de este momento.
En
primer lugar, hay que hacer notar que el primer santuario que el Santo Padre
visitó en todo el mundo al inicio de su pontificado fue, como es sabido, el
de Guadalupe, donde él puso bajo su manto, bajo su guía, protección y bendición
todo su pontificado. De esta forma, venía a cumplimentar su profunda devoción
a la Santísima Virgen, que recién ordenado sacerdote llevó a la práctica con
la consagración de San Luis María Grignion de Monfort, que se reduce en la
frase Totus Tuus, Todo Tuyo. Asimismo, Juan Pablo II le pide a la Santísima
Virgen, en esa ocasión, que interceda
para que nos conceda la fe necesaria para construir en nuestro Continente,
es decir, el Americano, la llamada Civilización del Amor. Esta frase adoptada
desde 1970 por Pablo VI, no es sino el reconocimiento público y social del
reinado de Cristo en la tierra, en el que habrá de cumplirse al fin la oración
sacerdotal de Jesús: “Que todos sean uno”, en el que podamos al fin ver realizada
la profecía bíblica de un solo rebaño y un solo pastor.
No
es gratuito que a pesar de la persecución masónica contra el catolicismo en
México, hoy en día el pueblo mexicano aún responda a una sólida fe en el Evangelio. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos
que el país que será el último bastión de la defensa de la fe y de la Iglesia
en el mundo entero sea México. No por nada, el Papa desde 1979, recitó esa
frase que hoy es famosa: “México siempre fiel”. Frase que conlleva un alto
sentido profético para el futuro inmediato
y que descubre la misión que este país tiene para la renovación y triunfo
de la Iglesia en los momentos de la gran persecución en contra del cristianismo.
Confirma
lo anterior el mensaje que la Santísima Virgen le diera al Padre Esteban Gobbi
el 5 de diciembre de 1994, precisamente en el Santuario de Nuestra Señora
de Guadalupe, aquí en México:
“¡Esta
tierra especialmente protegida y bendecida por Mí. Sois la niña de mis ojos...
por esto comenzará desde aquí (desde México) mi gran victoria contra todas
las fuerzas masónicas y satánicas, para mayor triunfo de mi Hijo Jesús.”
Estas
palabras de la Virgen nos recuerdan la feroz batalla que se dio en contra
de la Ley Calles a fines de la década de los 20´s y que tenía una explicación
fundada, toda vez que México fue la primera nación en todo el mundo que proclamó
a Cristo Rey. Es a partir de la Encíclica “Quas Primas” del 11 de diciembre
de 1925, con la fiesta litúrgica de Cristo Rey, en que se consolida la doctrina
social cristiana para apresurar la acción de proclamar el reino social de
Cristo, reconociendo públicamente su derecho a reinar en la sociedad de los
hombres, con ellos y por ellos. En efecto, pocos días después, el grito de
¡Viva Cristo Rey! fue lanzado por primera vez por las gargantas del pueblo
católico mexicano. Los campesinos, aún sin el apoyo de la Iglesia, y con la
sola fe sencilla de su catolicismo tradicional, entregaron la sangre para
defender su religión y su fe en la promesa: ¡Reinaré! Y esto por una razón
concreta: México está destinado providencialmente a un papel de servicio vital
en el triunfo de la Iglesia, una vez que sea purificada y renovada, para que
llegue el triunfo del reino de Dios por medio del Corazón Inmaculado de María;
porque esta nación que fue creada por Dios para Santa María de Guadalupe,
Ella la quiere para Cristo, y así se hará realidad la esperanza cifrada en
nuestro Continente. De América cristiana, lidereada por México, crecerá el
germen de la renovación y el triunfo del reino de Cristo.
Lo
anterior está clara y perfectamente asociado precisamente a la aparición de
la Santísima Virgen de Guadalupe en 1531. El lector debe saber que la única
imagen, manifestación o aparición de la Santísima Virgen en todo el mundo
y en toda su historia en que aparece encinta, es en Guadalupe, en México.
En otras múltiples manifestaciones marianas, apariciones o tradiciones que
envuelven a la Santísima Virgen, cuando se quiere establecer su maternidad,
aparece con el Niño Jesús en brazos. Sin embargo, en el caso de la Virgen
de Guadalupe no. Místicamente, misteriosamente, la Virgen hace 471 años aparece
encinta. ¿Por qué?
La
respuesta la encontramos en el libro del Apocalipsis, que en su capítulo 12
nos descubre una señal en el cielo: “Una Mujer vestida del sol, la luna bajo
sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas, la cual, hallándose encinta, gritaba dolores de parto...”.
Esta
referencia de la Mujer vestida del sol que está encinta, es precisamente la
imagen de la Virgen de Guadalupe. En este caso, la visión que tiene el apóstol
San Juan de la Mujer vestida del sol que está encinta y que gime dolores de parto, corresponde, en
primer lugar, a la Iglesia, y en segundo lugar, figurativamente, a la Santísima
Virgen María. Es decir, esta Mujer vestida del sol, representa a la Iglesia
fiel, y también a la Iglesia que va a huir al desierto, y también a la Iglesia
que va a dar a luz como resultado de esta purificación y renovación que tendrá
la Iglesia universal para recibir el reino de Cristo en todo el orbe, tal
y como lo complementa el texto apocalíptico de la Mujer que gime dolores de
parto, pues dice más adelante: “Que dio a luz un varón que ha de gobernar a todas las naciones con vara de hierro...”.
Es decir, es la Iglesia que está a la espera de la venida de Cristo, pero
ya no como un cordero llevado al matadero, o en un manso borrico como se le
vio en la entrada a Jerusalén, sino como Rey de reyes y Señor de señores,
ya que aunque muchos no lo crean, Jesucristo es Rey, y
está pronto a volver, pero a volver como Rey. Y así lo dice el Apocalipsis:
“Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba era
llamado Fiel, el Verdadero, el que con justicia juzga y hace la guerra, y
tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él. Iba envuelto en un manto
salpicado de sangre y es llamado por nombre el Verbo de Dios... y en el muslo
lleva escrito un título: Rey de reyes y Señor de señores y de su boca sale
una espada afilada para con ella herir a las naciones; Él las gobernará con
vara de hierro.. .” (Apoc XIX, 11-16).
Así
pues, Cristo será Rey absoluto de esta humanidad, una vez que la Iglesia sea
debidamente purificada. Porque Cristo es Rey por título de nacimiento, por
ser el Hijo verdadero de Dios Omnipotente, creador de todas las cosas; es
Rey por título de mérito, por ser el Hombre más excelente que ha existido
y existirá sobre la faz de la tierra; y es Rey por título de conquista, por
haber salvado con su doctrina y con su sangre a la humanidad de la esclavitud
del pecado y del infierno.
Entonces,
esta Mujer que gime dolores de parto es la Iglesia en su proceso de purificación
y prueba, que tendrá que pasar a imitación de lo que pasó Jesucristo, para
que se haga realidad en todo el orbe Su reino. Y esta Iglesia está claramente
identificada en el mensaje de la Virgen de Guadalupe. Confirma este hecho
la relación providencial que aparece con las 46 estrellas del manto de la
Santísima Virgen de Guadalupe. Efectivamente, las 46 estrellas sobre su manto
son, por un lado, los 46 años de vida hasta la redención (los 13 años de María
cuando quedó encinta del Espíritu Santo, más los 33 años de la vida de Jesucristo)
y, también, los 46 años que tardó en construirse el Templo de Jerusalén. Por
tanto, María Santísima es modelo e imagen de la Nueva Jerusalén (Apoc XXI,
2), del Nuevo Templo, del Templo a donde vendrán a refugiarse los apóstoles
de los últimos tiempos, y donde tendrán consuelo y protección para la edificación
del reino de Cristo. Pues bien, María Santísima es el receptáculo de ese reino,
significado, ni más ni menos, que en la aparición de la Virgen de Guadalupe.
También
es de llamar la atención la relación de estas 46 estrellas con respecto al
Papa Juan Pablo II. En efecto, desde la aparición de la Virgen de Guadalupe,
en 1531, hasta Juan Pablo II han habido 46 sucesores de Pedro (desde Clemente
VII, Papa reinante en 1531 hasta Juan Pablo II); el mismo número de las estrellas
del manto de la Virgen de Guadalupe. Lo que nos sugiere que este Papa cierra
la época presente, abriéndose entonces el final de los tiempos. De ahí la
íntima vinculación de Juan Pablo II con Guadalupe y la explicación sobrenatural
y escatológica de su reciente venida a México
para canonizar a Juan Diego, pero hay que elevar la mirada para entender la trascendencia de
la Virgen de Guadalupe en el plan de Dios.
Corroboran
lo anterior unos relatos que son tomados del libro de Jacques Lafaye intitulado
“ Quetzaltcóatl y Guadalupe”, en donde podemos leer un par de obras guadalupanas
del siglo XVIII denominadas “Eclipse del Sol Divino, causado por la interposición
de la Inmaculada Luna María, Señora Nuestra, Venerada en su Sagrada Imagen
de Guadalupe”, y “La Celestial Concepción y Nacimiento Mexicano de la Imagen
de Guadalupe”. Ambas obras se encuentran dentro de los sermones pronunciados
el 12 de diciembre de 1742 por un religioso agustino en el Santuario de Guadalupe
de Michoacán. Pues bien, en estos textos encontramos lo siguiente:
“La
Virgen María, en su imagen de Guadalupe aparecida a los mexicanos habría dotado
a los “americanos” de un carisma de identificación de María con la Mujer del
Apocalipsis. Al referirse a las profecías atribuidas al apóstol San Juan,
dejaban ver en la mariofanía del Tepeyac el anuncio del fin de los tiempos,
o por lo menos de la Iglesia de Cristo, a la cual subsistiría la Iglesia Parusíaca
de María. Del mismo modo que Dios había elegido a los hebreos para encarnarse
Jesús su Hijo, del mismo modo, María, la redentora del final de los tiempos,
la que iba a triunfar sobre el reino del Anticristo, había elegido a los mexicanos.”
El
texto precedente identifica con claridad a la Virgen de Guadalupe con la Mujer
del Apocalipsis, Mujer que está identificada con la Iglesia fiel de los últimos
tiempos y que va dar la gran batalla, en el desierto, en contra del Anticristo,
para ser purificada, renovada y salir victoriosa por medio del Corazón Inmaculado
de María y dar a luz, por la fe, a
Cristo Rey. Por eso el texto deja claro que la manifestación de la Virgen
de Guadalupe en el Tepeyac anuncia el fin de los tiempos para que subsista
la Iglesia de la manifestación de María, es decir la Iglesia que va a poner
fin al misterio del mal cuya cabeza es el Anticristo; por eso el texto concluye
diciendo que María es la que va a triunfar sobre el Anticristo, para lo cual
se apoyará mayormente en los mexicanos, a quienes ha elegido para esa misión.
Recordemos que la Virgen con su “talón aplastará la cabeza de la serpiente”
(Gen III, 15). El Santo Luis María Grignion de Monfort interpreta lo
que es el talón, diciendo que son los
apóstoles de los últimos tiempos que junto con María van a dar la guerra en
contra del Anticristo.
El otro texto es de un Padre Jesuita, de apellido
Carranza, autor de la obra: “Traslado
de la Iglesia a Guadalupe”. Dice así:
“La imagen de Guadalupe será, a fin de cuentas,
la patrona de la Iglesia Universal, porque es en el Santuario de Guadalupe
donde el trono de San Pedro vendrá a hallar refugio al final de los tiempos...”.
Aquí
deja claro que Guadalupe, símbolo del nuevo
Templo, de la Iglesia que es perseguida en el desierto, se convertirá en el
refugio de los verdaderos y auténticos cristianos, en cuya cabeza está el
Papa, en este caso, Juan Pablo II. Quizá de ahí la firme decisión que tenía
el Papa de venir a México, aún cuando fuera en silla de ruedas, a la canonización
de Juan Diego.
Ahora bien, no debe interpretarse el texto anterior
como que el Papa en su huida venga a México, sino que Guadalupe, al ser símbolo
místico de la Iglesia que huye al desierto, reúne a todos los miembros de
la Iglesia fiel, la Iglesia auténtica y perseguida, y a la cabeza, al Papa
Juan Pablo II. De ahí pues la trascendencia de Guadalupe y su profundo misterio,
cuyo significado es ahora que empieza a descubrirse y a comprenderse mucho
mejor, porque somos nosotros, los de este tiempo, a quienes estaba dirigido
principalmente la profecía del final de los tiempos y de la Mujer vestida
del sol.
Luis Eduardo López Padilla
Apéndice II
Costumbres evangélicas de vida de aquellos que han sido
llamados a amar a Dios Padre en Espíritu y en Verdad
Oficios
Comunes.
Prácticas
para todos los oficios comunes y especiales.
1.-
Se confiesan y comulgan diariamente.
2.-
Cumplen siete votos: Pobreza, Obediencia, Castidad, Estabilidad, Conversación
de Costumbres, Esclavitud a María, Víctima de Amor.
3.-
Imita diariamente en María, para María, con María, a Nuestro Señor Jesucristo
en todos sus actos para asemejarse a El, Verdadero Hombre.
4.-
Reza la liturgia de las horas bajo cualquier ritual aprobado por la Iglesia;
parte el sueño para rezar el Oficio de Lectura. Si no pueden hacerlo así por
alguna circunstancia, rezarán con todo su corazón y entendimiento siete padres
nuestros siete veces al día.
5.-
Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.
Recomendaciones:
1.-
Antes de disponerse a cumplir estos oficios habrá de haberse acrisolado en
la vivencia de los 75 instrumentos de las Buenas Obras anotados al principio
de esta Regla.
2.-Se
ha de leer diariamente al amanecer estos oficios y se meditarán durante 10
minutos, hasta aprenderlos de memoria y se iniciará con aquellas prácticas
que más trabajo le cuestan.
3.-Al
amanecer arderá en su corazón el deseo de la perfección, obedeciendo el mandato
de Jesucristo: “Sed Perfectos como vuestro Padre Celestial es Perfecto”.
4.-Durante
todo el día mantendrá alerta el aguijón de la conciencia, para enderezar su
corazón al cumplimiento de estas disposiciones evangélicas, hasta que las
adquiera como un hábito suave y propio de su persona, en la forma de actuar.
5.-Caminará
progresando en estas prácticas, una a una, hasta grabarlas en todo su modo
de ser y en su corazón, como el tesoro que son.
I.
Oficio de suplicantes para que el Señor envíe trabajadores a sus campos. a
todos los cristianos.
1.-
Escucharán y meditarán diariamente estas palabras de Jesús: "La cosecha
es mucha y los trabajadores son pocos. Supliquen pues al dueño de la cosecha
que mande más jornaleros a ella".
2.-
Oran y ofrecen sacrificios, para que el Señor mande trabajadores a su mies.
Si detectan vocaciones sacerdotales o religiosas, trabajan por que en lo que
puedan se dirijan con prudencia y entrega.
II.
Oficio de quienes reconocen a Jesucristo en todo momento. Oficio común a todos
los cristianos.
1.-
Medita conjuntamente con su respiración, aquellas palabras: "A todo aquel
que me reconoce delate de los hombres, lo reconoceré Yo también delante de
mi Padre que está en los cielos".
2.-
Medita también las palabras de Jesús: "A todo aquel que me niegue delante
de los hombres, Yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en
los cielos".
3.-
Meditan que esto significa una guerra santa, como lo declaró Jesús, por lo
que están vigilantes de cumplir su oficio siempre.
4.-
Piden ayuda siempre al Espíritu Santo, para obtener el don del discernimiento
de Espíritus, a fin de poder declarar ante los hombres cuales son los actos
de reconocimiento de Jesús, cuales no, y cuales son contrarios a El. Cuales
allegan con El, y cuales desparraman, en todos los oficios humanos.
5.-
Toman su cruz de cada día y siguen al Señor.
6.-
No aman a cosa o creatura alguna más que a Dios.
7.-
No buscan salvar su vida, sino perderla por causa de Jesucristo.
8.-
Reciben en su casa, empresa o trabajo a los que son de Cristo, sólo por el
hecho de serlo.
9.-
No temen a hombres ni a espíritu maligno alguno, sino solamente temen a Dios
y por ello lo confiesan diariamente con sus actos y predican su doctrina con
la boca.
10.-
No se preocupan por su vida, de cómo la sustentarán, ni por su cuerpo, de
con qué lo vestirán, porque más vale la vida que el sustento y el cuerpo vale
más que el vestido.
11.-
Buscan primero el reino de Dios y su justicia y lo demás se les da por añadidura.
III.
Oficio de quienes no rechazan, sino que acogen las señales de Dios. Oficio
común a todos los cristianos.
1.-
Hacen penitencia de ayuno, vigilia y mortificación de todos sus cinco sentidos
y potencias de voluntad, memoria y entendimiento, como lo recomienda San Juan
de la Cruz.
2.-
Visten ropas humildes y bajo de ellas traen un cilicio.
3.-
Echan sobre su cabeza ceniza con frecuencia.
4.-
Estas prácticas las hacen con voto de por vida y hay quienes viven de esta
manera siempre, y hay quienes lo hacen por tiempo, sobre todo en los tiempos
mayores de la liturgia: cuaresma y adviento.
VI.
Oficio de quienes siempre hacen el bien. Oficio común a todos los cristianos.
1.-
Obran el bien con el prójimo a tiempo y a destiempo, cuando convengan o no
convenga a los respetos y prejuicios humanos.
V.
Oficio de quienes allegan todo con Jesús. Oficio común a todos los cristianos.
1.-
Meditan y repiten con la respiración aquellas palabras de Jesús: "El
que no está conmigo, está contra mí, y el que no allega conmigo, desparrama".
2.-
Allegan todos sus actos con Jesús y enseñan a los demás a hacerlo así; todos
los frutos buenos provienen de Dios, y los malos, de las malas inclinaciones
del hombre y del demonio.
3.-
Enseñan con sus actos, y con sus palabras, por todos los medios disponibles
a su alcance, todos los actos que allegan con Jesús, y todos los que apartan
de El.
4.-Personalmente
declaran ante cada uno de los hombres a su alcance, sobre las contradicciones
de sus actos con sus palabras, cuando se dicen cristianos.
VI.
Oficio de quienes no se guían por costumbres humanas. Oficio común a todos
los cristianos.
1.-
Cumplen los mandatos de Dios, sin importar las tradiciones humanas y costumbres,
contra toda opinión, a tiempo y a destiempo, en todo lugar.
2.-
A aquellos que se dicen cristianos pero que obran de modo distinto, les hacen
ver sus errores de la misma forma que Nuestro Señor lo hizo con los fariseos
cuando le recriminaron por su mal entendido apego a las costumbres.
3.-
Vigilan constantemente la rectitud de su corazón.
VII.
Oficio de quienes se guardan de la levadura de los fariseos y saduceos. Oficio
común a todos los cristianos.
1.-Repudian
toda hipocresía que hayan practicado en el pasado.
2.-
Se conducen de acuerdo con el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, tratando
de que sus obras correspondan al Evangelio.
VIII.
Oficio de quienes confiesan a Cristo como Hijo de Dios. Oficio común a todos
los cristianos.
1.-
Confiesan que Cristo es el Hijo de Dios con todos los actos de su vida, y
con sus palabras, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a
sí mismos.
2.-
Proclaman y defienden al Papa como auténtico representante de Cristo en la
Tierra y difunden la doctrina de la Santa Iglesia a través del catecismo autorizado.
IX.
Oficio de quienes cargan la cruz de cada día. Oficio común a todos los cristianos.
1.-
Repiten y meditan constantemente las palabras de Cristo: "El que quiera
venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga,
pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por causa
mía, ése la salvará".
2.-
En todas sus actividades cargan la cruz que representan sus responsabilidades,
con alegría y humildad.
3.-
Están dispuestos a morir incluso, por este servicio.
X.
Oficio de quienes corrigen fraternalmente a sus hermanos. Oficio común a todos
los cristianos.
1.-
Cuando se percata de que un hermano comete alguna falta lo reprenden a solas.
2.-
Si no hace caso, lo conmina al arrepentimiento juntamente con otros dos.
3.-
Si no hace caso, denuncian ante la comunidad cristianamente el que no quiere
corregirse.
4.-
Si no hace caso a la comunidad, téngalo como uno que no es cristiano.
5.-
Ofrece toda clase de sacrificios, oraciones y ayunos para su conversación.
XI.
Oficio del perdón. Obligado para todos los cristianos.
1.-
Todos están obligados a perdonar siempre, cuando son ofendidos por alguien,
de palabra y de corazón, sin recordar la ofensa.
2.-
Para ello, se ajustarán perfectamente a los siete votos, porque aquel que
no perdone está fuera de la congregación de los cristianos, y aquel que perdone
de boca, pero en su corazón mantenga el agravio tendrá por dicho el camino
que le falta por recorrer en la negación de sí mismo para poder seguir a Cristo
y deberá aplicarse a buscar la humillación, hasta someter a esa voluntad propia.
XII.
Oficio de los que trabajan por el Reino de los Cielos. Oficio común a todos
los cristianos.
1.-
Están bien dispuestos en las horas litúrgicas para escuchar la voz del Señor,
para trabajar en su jornal.
2.-
No se inconforman contra sus hermanos que hayan recibido trabajo antes o después
que ellos, aunque la paga sea la misma.
3.-
Se hacen los últimos y los más pequeños en todo, para poder ser los primeros
en el Reino de Dios.
XIII.
Oficio común a todos; no juzgar a su prójimo.
1.-
Si vieren a algún prelado o sacerdote cometiendo malas acciones no le juzgarán
ni con la lengua ni con el corazón, sino que se atendrán a las palabras del
Señor: "hagan lo que dice, pero no imiten sus obras".
2.-
Ofrecen toda clase de oraciones y sacrificios para la conversión de dichos
ministros.
3.-
Cumplen con las obligaciones ciudadanas y con las obligaciones de cristianos
que han contraído con el bautismo, esto es, ser perfectos como el Padre es
perfecto.
4.-
Aman a Dios con todo su corazón con toda su alma y con todas sus fuerzas,
y al prójimo como a sí mismo.
XIV.
Oficio común a todos. Responder favorablemente al llamado de Jesús.
1.-
Considerarán todas las ocasiones desde la llamada a la existencia que como
a Jerusalem, Dios ha llamado como una gallina para reunir debajo de sus alas
a los pollitos, pero que en lugar de ello ha dado muerte a las buenas intenciones
que provienen de Dios y las ha apedreado.
2.-
Repetirá incesantemente: "Bendito el que viene en el nombre del Señor".
XV.
Oficio común a todos. Trabajar responsablemente por el Reino de Dios.
1.-
Los padres de familia enseñan a sus hijos la doctrina de Cristo a tiempo,
esto es, desde muy pequeños y los allegan a los sacramentos de la Santa Iglesia.
2.-Los
Sacerdotes se preocupan por celebrar responsablemente la Eucaristía, por exhortar
a todos a la confesión y a la comunión, en especial administran los sacramentos
a los moribundos.
3.-
A semejanza de las vírgenes prudentes se encargan de mantener la lámpara de
la Gracia Santificante en ellos encendida.
4.-
A semejanza del criado responsable cumplen los oficios de su particular estado
de vida, para dar fruto conforme a los talentos que Dios le dio.
XVI.
Oficio común a todos. Cumplir las obras requeridas para ser llamados a la
derecha del Dios.
1.-
Dar de comer al hambriento, de deber al sediento, acoger al forastero, vestir
al desnudo y visitar al enfermo y al encarcelado.
XVII.
Oficio de amar a los enemigos. Oficio común a todos los cristianos.
1.-
Aman a sus enemigos y hacen el bien a los que los aborrecen; bendicen a los
que los maldicen y oran por los que los maltratan.
2.-
Ponen la otra mejilla al que los golpea.
3.-
Dan más al que les quita algo.
4.-
Dan a todo el que les pide algo.
5.-
No reclaman al que les quita algo.
6.-
No esperan nada en pago por hacer el bien.
7.-
Son misericordiosos como el Padre Celestial es Misericordioso.
8.-
No juzgan para no ser juzgados.
9.-
No condenan a nadie, para no ser condenados.
10.-
Perdonan a todos, para ser perdonados.
XVIII.
Oficio de los que sacan primero la viga del ojo propio antes de corregir a
su hermano. Oficio común a todos los cristianos.
1.-
Antes de corregir a alguien primero se corrige a sí mismo.
2.-
Antes de corregir a alguien declara que tiene una viga en su ojo propio, que
es tal pecado, y por amor a Cristo, busca sacarla, incluso con la ayuda de
la persona a quien pretende corregir, y posteriormente declara la corrección
fraterna.
XIX.
Oficio de quienes ponen en práctica la enseñanza de Jesús, y construyen su
salvación en terreno firme. Oficio común a todos los cristianos.
1.-
Meditan constantemente las palabras del Señor: "¿Por qué me llaman Señor,
Señor, y no hacen lo que les digo?", y cumplen los mandatos del Señor
expresados en esta regla.
XX.
Oficio de los que se someten a la prueba decisiva. Oficio común a todos los
cristianos.
1.-
Harán una bolsa espiritual en la que guardarán todas las buenas obras para
entregarlas a la Santísima Virgen María.
7.-
Se desprenden de su manto, esto es la vergüenza, para adquirir la espada de
la Fe, con la que combatirán por el Reino de Dios y su justicia, cumpliendo
los oficios señalados en esta regla mínima de vida.
XXI.
Oficio del temor a traicionar al Señor, común a todos.
1.-
Diariamente, ante la tentación escucharán las palabras del Señor: "En
verdad les digo que uno de ustedes me entregará".
2.-
Se entristecerá y preguntará: "¿A caso seré yo, Señor?" Se encomienda
y recogiéndose en la Santísima Virgen María deja que ella rechace la tentación
por él.
Costumbres
diversas de quienes imitan a Jesucristo, Hijo de Dios, verdadero Hombre.
Recomendaciones:
1.-Una
vez que se han grabado en el corazón los oficios obligatorios para todos los
cristianos y que se viven cotidianamente, como una forma propia de conducta
cotidiana en el amor de la Virgen Santísima y de Nuestro Señor Jesucristo,
y quiere adorar a Dios en Espíritu y en Verdad, lea y medite cada día los
siguientes oficios, tome aquel al que lo guíe el Espíritu Santo con la Virgen
de Guadalupe y cúmplalo diariamente, como se recomienda.
2.-Si
el Espíritu Santo lo guía a adquirir varios oficios, hágalo, con la prudencia
y la santidad requerida. Si lo guía a cambiar de oficio, también hágalo, no
sin antes haber hecho como parte de sí al que le antecede.
I. Costumbres de quienes imitan a Jesús,
María y José antes, durante y después del parto de María.
1.-
Imita diariamente a la Santísima Virgen María en todos sus actos, como si
fuese ella, antes, durante y después del parto.
2.-
Practica diariamente la justicia en todos sus actos, como San José y practica
y vive el que está engendrando a Cristo.
3.-
En su corazón se alimenta con la vivencia de que en él mismo se está formando
a Cristo, por lo que no tienen más alimento que la protección de la Santísima
Virgen María en su vientre purísimo y el amor de San José.
4.-
Al amanecer se da cuenta de que Jesucristo ha sido concebido dentro de su
ser y lo formará durante el día con todos sus actos.
5.-
Antes de dormir se atendrá a que debe proteger durante la noche al Señor que
en El se engendra, con una vigilancia estrecha de sus actos.
6.-
Partirá el sueño por la mitad, ante la urgencia del parto, de que el Señor
llega en cualquier momento.
7.-
Arrullan incesantemente el Niño Jesús en el pesebre humilde de su corazón,
y le proporcionan calor la rendición de todos sus sentidos y de todo su ser,
en todo momento, con todos sus actos.
8.-
Reza la liturgia de las horas bajo el ritual cartujano, siete veces al día.
II. Para los que viven a semejanza de los Santos
Reyes Magos.
1.-
Viven imitando a la Santísima Virgen María, con, en y para Ella.
2.-
Parten en sueño para buscar al Niño Jesús, con grande inquietud y ardiente
deseo de conocerlo y de adorarle.
3.-
Analizan toda su conducta y reconocen toda imperfección y ocasión de pecado,
para huir de estas; protegen al Niño Jesús, dándole la vuelta a estas, no
enfrentándolas.
4.-
Con las pruebas que se les allegan, consultan a la Santísima Virgen, las soportan
con paciencia hasta que terminan, y no se vuelven para considerar sobre estas.
5.- Rezan la
liturgia de las horas, siguiendo el ritual cartujano.
III. Para los que imitan a la Sagrada Familia
Huyendo de Egipto.
1.-
Parten el sueño por la mitad con la urgencia de tomar a Jesús y a María y
allegarse al lugar seguro de la oración; al Egipto de su corazón, que debe
estar limpio y seguro en el amor de Dios; alejado totalmente de todos los
peligros que contra la gracia de Dios.
IV. Para los que imitan a los Santos Inocentes.
1.-
Consideran al levantarse al acostarse y al partir al sueño por la mitad, todas
las veces que han matado a las buenas intenciones, al estado de gracia, con
la tibieza, las imperfecciones y con el pecado venial y mortal, como Herodes
asesinó a los inocentes. Lloran por ello al observar la gravedad de su crimen.
2.-
Quieren asemejarse a esos niños asesinados por causa de Jesucristo y recibir
el bautismo de la sangre y del dolor de todas aquellas madres. Meditan en
ello diariamente al levantarse, al acostarse y al partir el sueño por la mitad,
hasta obtener el ensanchamiento de su corazón y la inocencia infantil.
V. Para quienes imitan a la Sagrada Familia
volviendo de Egipto.
1.-
Sosegados sus cinco sentidos; su inteligencia y su voluntad apaciguados en
Cristo, se levantarán diariamente buscando la voluntad de Dios en el amor
a El sobre todas las cosas y al prójimo como así mismo, alejándose de todo
aquello, por minucioso que sea, que pudiese terminar en pecado.
VI. Para quienes imitan a San Juan Bautista.
1.-
Estudian y meditan diariamente las Sagradas Escrituras.
2.-
Buscan la soledad de montañas y desiertos para estar con la Santísima Trinidad y hacen un voto especial
de permanencia en la soledad.
3.-
Denuncian por todos los medios a su alcance al pecado en sus distintas manifestaciones.
VII. Para quienes imitan a Jesús en el desierto.
1.-
Hacen un voto especial de permanencia en la soledad y ayunan. Comen y beben
lo estrictamente indispensable para su supervivencia y buena salud.
2.-
Luchan contra las tentaciones del demonio solos y desnudos por el desierto.
VIII. Para quienes quieren seguir a Jesús a semejanza
de los apóstoles.
1.-
Escuchan diariamente las palabras de Jesús; "Sígueme", las meditan
y siguen diariamente al Señor con todos sus actos.
2.-
Imitan al Señor en el desprendimiento, de quien no tiene una piedra para recostar
su cabeza, y tampoco afectos humanos que les retengan o distraigan en el seguimiento,
sino que cada cosa la ponen en su lugar y pretenden amar como Dios ama.
IX. Para quienes viven las bienaventuranzas.
1.-
Practican diariamente la pobreza de espíritu, desprendiéndose de todo, para
poseer el Reino de los Cielos.
2.-
Son pacíficos y apacibles en todos sus actos, para poseer la tierra de sus
propios cuerpos.
3.-
Lloran diariamente por todos sus pecados y los pecados de todos los hombres,
para ser consolados por Dios.
4.-
Tienen hambre y sed de la justicia divina en toda la creación, para ser saciados
con la posesión de la justicia divina.
5.-
Son misericordiosos en todos sus actos, para obtener misericordia.
6.-
Practican la pureza de corazón en todos sus actos, para alcanzar la virginidad
que provine de la Santísima Virgen María, para poder ver a Dios.
7.-
Procuran la paz en todas sus relaciones con el prójimo y en las relaciones
entre los hombres, para ser llamados hijos de Dios.
8.-
Buscan ser perseguidos por causa de la justicia, para poseer el Reino de los
Cielos.
9.-
Buscan ser injuriados, perseguidos y acusados falsamente por causa de Jesucristo,
para que su premio sea grande en el Reino de los Cielos.
X.
Oficio para los que quieren ser luz del mundo y sal de la tierra.
1.-
Realizan todas las obras buenas, diariamente a los ojos de los hombres para
dar gloria a Dios, y no para gloria de sí mismos.
XI. Para los que quieren cumplir y enseñar a
cumplir los preceptos de Dios.
1.-
Cumple todos los 10 mandamientos y ama a su prójimo como a sí mismo, y enseña
eso a sus semejantes, con todos los medios a su alcance.
XII. Para los que quieren tener una virtud mayor
a la de los escribas y fariseos y quieren ser perfectos como el Padre Celestial
es Perfecto.
1.-
Cumplen cabalmente todos los ordenamientos y recomendaciones de Jesucristo
para poder entrar en el Reino de los Cielos. No se encolerizan contra otros
hombres, ni le dicen tonto o lo injurian, ni tampoco sienten eso en su corazón,
aunque no lo digan; buscan siempre la reconciliación con quien han ofendido
o se siente ofendido; no se permiten malos deseos sexuales en su corazón;
no se divorcian bajo ningún pretexto de su esposo o de su esposa; dicen siempre
la verdad.
2.-
No hacen resistencia al hombre malo y ponen la otra mejilla a quien los ha
agraviado; a quien tiene algo en su contra le dan no solamente lo que quiere,
sino otro tanto, si lo tienen; a quien quiere que haga algún trabajo en su
favor, le hacen el doble trabajo.
3.-
Dan al que les pide todo aquello que no contravenga la ley de Dios, y no dan
la espalda a quien les pide dinero prestado.
4.-
Aman a sus enemigos con todo el corazón y oran por ellos y por quienes los
persiguen.
XII. Para lo que quieren hacer buenas obras para
ganar el Cielo.
1.-
Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.
2.-
Buscan hacer buenas obras en secreto, sin que nadie se de cuenta; si los demás
se dan cuenta proclaman por amor a Dios.
3.-
Dan limosna en secreto y alejan de sí todo sentimiento de soberbia.
4.-
Hacen oración en el de su cuarto y no proliferan palabras de peticiones, sino
que rezan el Padre Nuestro siempre, o el Santo Rosario. Solo piden que se
haga la Voluntad de Dios en ellos y en todos los hombres.
5.-
Ayunan diariamente y lo hacen con mesura y prudencia, sin alterar su salud
y procuran que nadie se de cuenta.
XIII. Para los que quieren atesorar en el Cielo.
1.-
Conocedores de que el dinero es malo por naturaleza y que no pueden servir
a Dios y al dinero, usan de este solamente para hacer el bien a su prójimo,
independientemente de la cantidad que tengan. Si su trabajo se relaciona con
empresas o negocios para acrecentar el dinero, lo hacen sin violar los 10
mandamientos ni la caridad cristiana y con el objetivo de beneficiar con este
a trabajadores, empleados y gente pobre.
2.-
No se preocupan por lo que comerán o beberán por su desprendimiento, porque
confían en Dios que les proveerá de lo necesario para vivir en su servicio.
3.-
Buscan primero el Reino de Dios y su justicia,
porque Dios les dará lo demás por añadidura, como El así lo determine.
4.-
No se preocupan por el día de mañana, porque Jesucristo ha dicho que a cada
día le basta su preocupación.
XIV. Para los que quieren alcanzar el Reino de los
Cielos pidiendo y dando.
1.-
No juzgan a nadie, para no ser juzgados por Dios y ser condenados.
2.-
Miran antes su mal proceder, antes de recriminar a otro el suyo.
3.-
Tratándose de quienes obran como paganos y su proceder no daña a otros tergiversando
la verdad y haciendo creer que lo malo es bueno y viceversa, no predican de
palabra a los que manifiestamente obran como paganos en contra de Dios, sino
que a estos solamente les predican con sus obras, rezan y ofrecen sacrificios
por ellos.
4.-
Piden y tocan a la puerta del Señor, porque saben que todo lo que pidan les
será dado cuando esto es congruente con el plan de salvación.
5.-
Hacen al resto de los hombres todo aquello que quieren que se les haga a ellos.
XV. Para los que quieren conocer la verdadera
doctrina del Jesucristo y entrar por la puerta angosta.
1.-
No se dejan llevar por novedades de predicación, sino solamente por el fuego
del Espíritu Santo y con prudencia, oración y ayuno solicitan el don de Discernimiento
de Espíritus para conocer y practicar la verdadera doctrina. Tienen en el
Papa y los obispos de la Santa Iglesia Católica a sus guías y cuando alguno
de estos escandaliza a la iglesia, oran por él y ofrecen sacrificios para
su conversión.
2.-
Se preocupan por dar diariamente frutos buenos con la práctica constante de
la virtud, del cumplimiento de los 10 mandamientos, las obras de misericordia
y el amor al prójimo.
3.-
Lee y medita diariamente el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y o vive,
para construir su casa futura sobre roca firme.
XVI. Para los que quieren imitar al leproso del
Evangelio.
1.-
Considerándose de todo corazón como un leproso, por sus pecados y los pecados
de toda humanidad, diariamente rompe en llanto frente al Santísimo y le dice:
"Si quieres puedes curarme", y escucha en su corazón las palabras
del Señor: "Quiero".
XVII. Para los que quieren imitar al centurión del
Evangelio.
1.-
Diariamente van a la iglesia y ante el Santísimo exclaman de sí mismos, por
todos sus pecados y faltas: "Señor, mi criado está enfermo en casa",
y escucharán las palabras de Jesús: "Iré a tu casa", a lo que responderán:
"Señor, no soy digno de que entres a mi techo, basta con que lo ordenes
y sanará".
2.-
Si tiene gente bajo su responsabilidad, además diariamente irá a la Iglesia
y ante el Santísimo exclamará y escuchará las mismas palabras. Diariamente
meditará la grave responsabilidad de tener gente bajo su cargo y la obligación
cristiana de buscar su salud y la de sus almas, y una mayor fe que la del
resto de la gente y anhelará escuchar, al final de sus días, las palabras
de Jesús: "En ningún israelita he encontrado una fe tan grande como la
de este hombre".
XVIII.
Para quienes quieran imitar a la Suegra de San Pedro.
1.-
Diariamente al levantarse, considerarán la gravedad de su estado en la vida,
y anhelarán que Jesucristo llegue a tocarle la mano, para curarse. Así iniciarán
las labores de cada día en su servicio del prójimo hasta el anochecer, cuando
al acostarse pedirán la mano del señor, para continuarle sirviendo.
XIX. Para quienes están enfermos y quieren cumplir
la voluntad de Dios.
1.-
Como una jaculatoria incesante, tal cual su respiración, repetirán con todo
su corazón y su entendimiento las palabras del profeta Isaías: "Tomó
nuestras enfermedades y se echó a cuestas nuestros males". Si por su
estado de enfermedad, se les imposibilita repetir estas palabras, lo harán
con toda su voluntad y entendimiento, aunque no salgan palabras.
XX. Para quienes estando en Estado Gracia, se
han entibiando o sufren tribulaciones y quieren ser aliviados por Jesucristo
de esa situación.
1.-
Se confiesan y comulgan diariamente, si es posible.
Si
no al menos harán el acto de contrición y comulgarán espiritualmente.
2.-
Cumplen siete votos: Pobreza, Obediencia, Castidad, Estabilidad, Conversación
de Costumbres, Esclavitud a María, Víctima de Amor.
3.-
Imitan diariamente en María, para María, con María, a Nuestro Señor Jesucristo
en todos sus actos para asemejarse a El, Verdadero Hombre.
4.-
Reza la liturgia de las horas bajo el ritual cartujano, siete veces al día;
parte el sueño para rezar Maitines. Si no
pueden hacerlo así, por restricción de su enfermedad, rezarán con todo su
corazón y entendimiento siete padres nuestros siete veces al día.
5.-
Su corazón arde por morir en una cruz y resucitar glorificado.
6.-
A semejanza de los discípulos en la barca, ante el viento y las alas dirán
juntamente con su respiración, diariamente: "Señor sálvanos que perecemos",
y escucharán las palabras de Jesús: "¿Por qué te acobardas, hombre de
poca fe?".
XXI. Para los que son llamados y quieren hacer el
oficio de los apóstoles cuando fueron llamados a predicar.
1.-
Cuidan a los enfermos.
2.-
Enseñarán el catecismo a los que no lo conocen y les leen el evangelio de
Jesucristo, los convocan a ir a misa.
3.-
Llevan a confesar a quienes están en pecado mortal.
4.-
Se mortifican, oran y ayunan por los que están enredados en el pecado.
5-
No reciben nada a cambio de su servicio.
6.-
Son itinerantes, y este trabajo lo hacen de por vida, habiendo hecho un voto
al respecto. También hay quienes habiendo hecho esto con sus seres más próximos,
también lo quieren hacer con otros y disponen de tiempos para hacerlo, por
lo que pronuncian el voto de hacer este oficio en particular y en cada tiempo
dispuesto lo hacen, con humildad corazón puro y callado.
7.-
No llevan dinero alguno.
8.-
Solamente llevan la ropa que traen puesta, ni tienen dos mudas de ropa durante
su oficio.
9.-
Caminan descalzos y no usan bastón.
10.-
Cuando llegan a una localidad, preguntan quien es la persona más digna y le
solicitan hospedaje y allí se quedan hasta haber terminado su trabajo y después
se retiran.
11.-
Cuando entran a la casa de esta manera: "La paz sea en esta casa".
12.-
Si en una casa o localidad no los reciben ni escuchan sus palabras, al salir
sacuden de sus pies el polvo.
13.-
Meditan que son ovejas en medio de lobos.
14.-
Piden al Espíritu Santo discernimiento suficiente para ser prudentes como
las serpientes y sencillos como las palomas.
15.-
Se cuidan de los hombres cuyas insidias son para presentarlos ante los enemigos
de Cristo.
16.-
Cuando son entregados a estos, no se preocupan como hablan, sino que confían
en el Espíritu Santo, quien guía su lengua.
17.-
Cuando los persiguen en una ciudad huyen a otra.
XXII. Oficio de los que alcanzan el Reino de los Cielos
con violencia.
1.-
Emprenden una guerra constante en contra de sus cinco sentidos, y de su propia
voluntad. Siguen para ello todas las recomendaciones de San Juan de la Cruz.
2.-
Tienen un celo grande de ofrecer a Dios toda su vida obras presentes, pasadas
y futuras, para que todos los hombres vayan al Cielo, por lo cual están dispuestos
a ofrecerles en particular con el voto de Víctima de Amor.
XXIII. Oficio de los que se hacen pequeños.
1.-
Buscan con todos sus actos, el ser tenido en nada, e incluso el ser despreciado.
2.-
Buscan con todos sus actos servir a todos, sin descanso.
3.-
Acude al Señor diariamente, fatigado y abrumado por la carga, para que El
lo alivie; se pone el yugo del Señor sobre sí.
4.-
Medita y repite con su respiración: "Aprendan de mi que soy manso y humilde
de corazón". "Mi yugo es suave y mi carga es ligera".
5.-
Medita aquellas palabras: "Nadie conoce al Padre sino el Hijo y a quien
el Hijo quiera revelárselo".
XXIV. Oficio de quienes obran como madre y hermanos
de Jesús.
1.-
Meditan y repiten con la respiración aquellas palabras de Jesús: "Quienquiera
que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano,
mi hermana y mi madre”.
XXV. Oficio de los que dan fruto con la semilla del
Reino de Dios.
1.-
Vigila siempre todo lo que escucha, especialmente el Evangelio, para entender
el mensaje de Cristo y la respuesta que debe dar a este.
2.-
Procuran tener buenas obras, para que Dios se las multiplique.
3.-
Procura ver todo cuanto le rodean para entender el mensaje de Dios y la aplicación
de Evangelio.
4.-
Procura entender el mensaje evangélico y pregunta a los sacerdotes, cuando
no lo entiende para que se lo expliquen y pueda ponerlo en práctica.
5-
Procura evitar la inconstancia en sus actos, para mantenerse en el seguimiento
del Evangelio en la tribulación y cuando no la hay.
6.-
Vigila que las preocupaciones de la vida, como casa, vestido y sustento, no
le impidan cumplir siempre con el Evangelio.
7.-
Ora y ofrece acciones para ser tierra buena y rendir los frutos del Evangelio
y darlos al 10, al 60 o al 30 por ciento, según su entrega de Dios.
XXVI. Oficio de los que practican las obras de Dios,
pero están rodeados de personas que obran el mal.
1.-
Evita el enfrentamiento con quien hacen obras malas y no busca su ruina, sino
que ora por ellos y ofrece sacrificios.
XXVII. Oficio de los que quieren ser como
el grano de mostaza.
1.-
Procuran realizar diariamente y en cada momento las buenas obras para alimentar
al Estado de Gracia, celosa y cuidadosamente con la Santísima Virgen María
hasta ver crecer ese árbol y anidar en él celo por hacer más buenas obras.
XXVIII. Oficio de quienes buscan el tesoro escondido
y la perla fina del Reino de los Cielos.
1.-
Vigila para encontrar siempre el servicio al prójimo en todas sus obras y
después del servicio lo oculta del halago y del orgullo.
2.-
Siendo empresario o tratándose de hombres ricos, utilizan toda su riqueza
para el beneficio de sus semejantes. Toda su actividad negociadora se orienta
hacia el servicio de sus semejantes, en especial de los que menos tienen.
XXIX. Oficio de los operan la red del Reino de los Cielos.
1.-
Vigila que su conciencia en todo momento identifique sus actos buenos, para
proliferarlos, y los actos de omisión para sustituirlos por bien.
XXX. Oficio de los que quieren dejar de ser incrédulos.
1.-
Vigila a todos cuantos les rodean para imitar sus obras buenas y aprender
de su sabiduría, considerada esta acorde con el Evangelio y la doctrina de
la Iglesia.
2.-
Vigila especialmente imitar las buenas obras de cuantos están cerca de él,
sin importar su parentesco o edad.
XXXI. Oficio de quienes quieren imitar a Juan Bautista
cuando estuvo preso.
1.-
Consideran a la cárcel como un monasterio liberador, no como una prisión.
2.-
Vigilan constantemente su conducta para no caer en pecados o faltas, a causa
de los sistemas internos operantes.
3.-
Proclaman con su conducta que son imitadores de Juan Bautista y de Cristo.
4.-
Enseñan a los demás presos a realizar este oficio.
5.-
Ofrecen diariamente todos sus actos a favor de todos cuantos están presos
y de todos los pecadores del mundo, y de todos cuantos siguen los pasos de
Cristo.
XXXII. Oficio de los que quieren alimentar
a los demás.
1.-
Procuran llevar al sacerdote para que confiese a los enfermos y procuran llevarles
la comunión.
XXXIII. Oficio de quienes imitan a Pedro cuando
vio al Señor venir sobre las aguas.
1.-
Vigilan en todas las situaciones que les rodean durante cada día, para identificar
al Señor, que viene y escuchan las palabras "Tranquilízate, Yo soy; no
tengas miedo", y dicen entonces: "Señor, si eres Tú, mándame que
vaya a encontrarte sobre las aguas",
y escuchan las palabras del Señor: "Ven".
2.-
En todo momento piden Fe, para identificar al Señor, y cumplir con su mandato.
3.-
Esta práctica la realizan siempre, sobre todo en ocasiones de imperfecciones
y tentaciones.
XXXIV. Oficio de quienes imitan a la mujer cananea.
1.-
Imitan a la mujer cananea quienes no habían pertenecido a la Santa Iglesia
y quieren ser bautizados en la Santa Iglesia Católica. También quienes siendo
bautizados, han vivido en pecado por largos periodos.
2.-
Para caminar por este sendero pronunciarán como una jaculatoria: "También
los perrillos comen las migajas que caen de las mesas de sus amos", y
buscarán tener la grandeza de Fe de la mujer cananea.
XXXV. Oficio de los que dan de comer a los
hambrientos que siguen a Jesús.
1.-
Reparten entre los hambrientos la comida que tengan, rogando al Señor, que
esta comida alcance.
2.-
Se preocupan y trabajan para que estos se confiesen y comulguen diariamente,
para que de esta forma accedan al pan del cielo.
XXXVI. Oficio de quienes se han dejado guiar
por toda clase de señales y no han cumplido con los mandatos de Dios.
1.-
Escudriñan y guardan en su corazón el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.
2.-
Se alejan de toda novedad de apariciones o mensajes no aprobados o reconocidos
por la Santa Iglesia y se limitan al cumplimiento del Evangelio.
3.-
Se comprometen a seguir alguno de los oficios contenidos en esta regla.
XXXVII. Oficio de quienes quieren transfigurarse
con Cristo.
1.-
Cumplen estrictamente todas las disposiciones evangélicas para poder escuchar
a Dios Padre y seguir a Cristo radicalmente en el camino de la cruz.
2.-
Prefieren la cruz de Cristo, a cualquier otra cosa en esta vida.
XXXVIII. Oficio de quienes quieren tener la Fe semejante
a un grano de mostaza.
1.-
Aman la oración y el ayuno.
2.-
Piden incesantemente tener la Fe como un grano de mostaza, para poder seguir
fielmente el camino de la cruz.
XXXIX. Oficio de los que quieren ser los más
grandes en el Reino de los Cielos.
1.-
Se hacen inocentes como niños.
2.-
Repudian la hipocresía en sí mismos, para evitar escandalizar a la Iglesia.
3.-
Aman a todos los pequeños y despreciados del mundo.
4.-
Trabajan por la conversión de los pecadores, con ayunos, oraciones, mortificaciones
y trabajo pastoral.
XL. Oficio de los catequistas.
1.-
Meditan y repiten ordinariamente las palabras del Señor: "Dejad que los
niños se acerquen a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos; yo les
aseguro que quien no se haga como uno de estos pequeños, no entrará en el
Cielo".
2.-
Procuran enseñar el catecismo aprobado para recibir la Primera Comunión y
enseñar el catecismo general de la Iglesia después de la Primera Comunión.
3.-
Procuran hacerlo de acuerdo con los reglamentos de la Orden de los Caballeros
Portadores de la Cruz de Cristo y del Templo del Espíritu Santo.
4.-
Buscan adquirir la pureza virginal de los niños, a través de todos sus actos,
para asemejarse a ellos.
XLI. Oficio de quienes se hacen Eunucos por el Reino
de los Cielos.
1.-
Quienes están casados se obligan a cumplir el voto de castidad bajo la espiritualidad
del sacramento del matrimonio, y se entregarán mutuamente como lo recomienda
la Santa Iglesia.
2.-
Quienes están casados y quieren abstenerse lo harán de mutuo acuerdo. Si no
hay acuerdo, se apegarán al punto anterior.
3.-
Quienes están casados y quieren hacerse eunucos como lo recomienda el Señor,
lo harán de mutuo acuerdo, y se guardarán a semejanza de San José y la Santísima
Virgen María, hasta adquirir los dones de ellos.
4.-
Quienes están solteros se obligan a abstenerse de toda relación sexual o familiaridad.
5.-
Quienes son novios se obligan al respeto mutuo de sus cuerpos, sin permitirse
familiaridades.
6.-
Quienes son viudos se obligan a abstenerse de relaciones sexuales y familiaridades.
7.-
Quienes han sido abandonados por su cónyuge se obligan a abstenerse de toda
relación sexual con otras personas y también de familiaridades.
8.-
Si alguien no pretende casarse, no buscará novio o novia, y se abstendrá de
toda relación sexual o familiaridad.
9.-
Quienes escuchando el llamado del Señor al Sacerdocio o a la vida religiosa
quieren seguir este camino, se abstienen totalmente del trato con efectos
que puedan conducir a familiaridades con hombres y con mujeres.
10.-
Todos viven en la esperanza de la resurrección de la carne, amando a todos
como Cristo los ama.
XLII. Oficio de los que quieren ser perfectos.
1.-
Cumplen perfectamente los 10 mandamientos de la Ley de Dios.
2.-
Venden todas sus propiedades, y el producto de esta venta lo reparten entre
los pobres, para tener un tesoro en el cielo, cumple el Evangelio siguiendo
uno o varios de los oficios aquí señalados.
3.-
Anteponen el seguimiento de Cristo a la posesión de casas, hermanos o hermanas,
padre, madre, esposo/a e hijos.
XLIII. Oficio de los que quieren ser los primeros en
el Reino de Dios.
1.-
Se hacen servidores y criados de todos sus prójimos, en todos los oficios
que haya a lugar, buscando lo más humilde y lo que nadie quiere hacer.
XLIV. Oficio de los que quieren que Cristo los haga
ver.
1.-
Diariamente, como una jaculatoria incesante repetirán: "Señor, Hijo de
David, Compadécete de nosotros".
2.-
Pedirán ver al Señor, y lo seguirán cumpliendo el Evangelio siguiendo alguno
o varios de los oficios que aquí se indica.
XLIV. Oficio de quienes obedecen al Señor para entrar
en Jerusalén a cumplir con su pasión.
1.-
Disponen todo su cuerpo y su alma para recibir diariamente al Señor de la
Eucaristía, como se hace obedecer a un burro.
2.-
Entregarán diariamente al Señor que marcha dentro de ello, todos sus vestidos
y las palmas de sus buenas obras, y en cada una de estas dirán: "Hosanna
al Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en lo alto de los cielos”.
XLV. Oficio de los que quieren que Jesús eche a los
mercaderes del templo, que es su propio cuerpo.
1.-
Desprenderán de su corazón la posesión de toda clase de cosas y de actividades
distintas al Señor y entronizarán en él a Cristo, y constantemente repetirán
aquellas palabras del Señor: "Mi casa será llamada casa de oración, pero
ustedes la han convertido en cueva de ladrones". Esto lo repetirán incesantemente
a sus sentidos externos e internos, a su voluntad y a su entendimiento.
2.-
Siempre estarán prestos a que su cuerpo sea la casa de oración que Cristo
quiere.
XLVI. Oficio de los que son como la higuera estéril
y quieren dar fruto.
1.-
Diariamente se repiten a sí mismos, "El Señor tuvo hambre y viendo una
higuera junto al camino, se dirigió a ella, pero no halló más que hojas, entonces
dijo: "Que nunca jamás produzcas frutos. Al punto la higuera se secó".
Después de repetir varias veces y con profunda compunción del corazón rompe
en llanto, exclamando "puras hojas has encontrado en mí cuando me has
buscado, y cuando hay algo más, son frutos y zumos amargos... Mi Señor, dame
Fe para darte frutos dulces a tu boca”.
2.-
Orarán constantemente con Fe, para dar frutos buenos, y cumplirán con uno
o varios oficios de los aquí señalados. Se alejarán de toda apariencia, para
podar todas las hojas que los envuelven y llenarse de frutos agradables a
Dios.
LXVII. Oficio de los que imitan al hijo que
cumple con la voluntad del Padre.
1.-
Se arrepienten diariamente de todas sus culpas rompiendo en llanto por haber
ofendido a Dios.
2.-
Cumplen con uno o varios de los oficios señalados en esta mínima regla.
LXVIII. Oficio de quienes se han comportado
como viñadores homicidas.
1.-
Considerarán que han golpeado,
matado y apedreado a la gracia recibida en el bautismo, con sus pecados.
2.-
Con la piedra angular que es Cristo, con la imitación diaria de El, imitando
a la Santísima Virgen María, aplastarán todos sus pecados, tentaciones y malas
inclinaciones.
LXIX. Oficio de quienes quieren asistir a la boda del
Hijo del Señor.
1.-
Considerarán la situación de pecado en la que encuentran y romperán en llanto
al darse cuenta de todas las veces que fueron invitados a entrar al banquete
del Señor, y que las rechazaron, incluso maltratando a quienes eran los mensajeros.
Esto lo harán diariamente y a cada momento.
2.-
Dejarán que el Señor con sus tropas pase a cuchillo a aquellas conductas e
intenciones torcidas a que dio lugar para no asistir al banquete y que la
ciudad, esto es, todo su ser sea incendiado para quemar todo reducto de estas
inclinaciones.
3.-
Se convertirán en personas humildes y se pondrán en el camino de la salvación
para entrar al convite, con el traje de la Gracia Santificante.
L. Oficio de quienes imitan a la mujer pecadora.
1.-
Diariamente cada humillación, cada negación de sí mismos y cada buena obra,
como si fuera un perfume agradable a Jesús, pensarán que lo derraman sobre
los pies y sobre la cabeza del Señor.
2.-
Diariamente llorarán sus pecados, y pensarán que en el llanto lavan los pies
del Señor.
LI. Oficio de quienes imitan al ladrón arrepentido.
1.-
Diariamente se reprenden a sí mismos diciendo: "Tu ni en el mismo suplico
temes a Dios. Nosotros recibimos el justo castigo por nuestros pecados, pero
este nada a hecho".
2.-
Después dirán: "Señor, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino".
Y escucharán las palabras del Señor: "En verdad te digo que hoy estarás
conmigo en el paraíso".
LII. Oficio del que vela y ora.
1.-
Para disponerse a la oración, considerarán las palabras del Señor: "Siéntense
allí mientras yo hago oración" y "velen y oren para no entrar en
tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil".
2.-
Tras la oración nocturna, meditarán las palabras del Señor: "Sigan durmiendo
y reposen, porque ya llegó la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos
de los pecadores. Levántense, vamos; ya viene el que me entrega".
LIII. Oficio de quienes han traicionado al Señor
con el pecado, y quieren volver al Padre.
1.-
Meditarán las palabras de Judas, el traidor: "Salud, Maestro", y
las palabras del Señor: "Amigo, a lo que viniste", acto seguido
romperán en llanto con toda compunción de su corazón.
2.-
Meditarán las palabras de Judas, el traidor: "Salieron a aprehenderme
armados de espada y de palos, como si fuera Yo un bandido, siendo que todos
los días estaba enseñando en el templo", y continuarán llorando, y responderán
al Señor: "Perdóname mi Señor, soy un pecador y quiero tenerte siempre
preso en mi corazón”.
LIV. Oficio de los que traicionaron al Señor y se
arrepienten como San Pedro.
1.-
Después de meditar con el oficio precedente, meditarán que han negado al Señor
con las siguientes palabras: "Tu también estabas con Jesús de Nazaret":
"Yo no conozco a ese hombre"; "Tu también eres uno de ellos":
"Yo no conozco a ese hombre". Acto seguido imaginarán escuchar a
un gallo cantar tres veces. Romperán en llanto amargamente, pidiendo perdón
postrados en el suelo.
LV. Oficio de quienes imitan a Simeón y a la
profetisa Ana.