Textos que fundamentan la espiritualidad crucífera.

 

Tomado de:

 

P. JUAN MIR Y NOGUERA. De la Compañía de Jesús. La Creación. Según que se contiene en el Primer Capítulo del Génesis. Con las Licencias Necesarias. Madrid. Librería Católica de Gregorio del Amo. Sucesor de Olamendi. Calle Paz. Núm. 6. 1890.   Páginas 988-1030. Capítulo L. La vida Sobrenatural. Día Sexto. Era moderna. Capítulo LI, La vida divina. Día Séptimo. Era actual.

 

 

Amados Hermanos:

 

Como un tesoro oculto que Dios ha querido obsequiarnos con gran magnanimidad, presentamos un fragmento de la obra del Padre Juan Mir y Noguera, de la Compañía de Jesús, que nos permite reflexionar para fundamentar firmemente, como piedra angular, un mayor conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, para que lo conozcamos más a El, como Padre y a fin de portar fielmente su cruz e imitar a nuestro padre San Juan Diego en el pliegue del manto y en el cruce de los brazos de la Santísima Virgen María.

 

Con ello confirmamos nuestra postura en la fe, que debemos proclamar con todas nuestras acciones, que toda la creación fue hecha por Dios Nuestro Señor en María para Jesucristo a quien servimos, --con su sabiduría, que es locura para el hombre-- tomando como modelo de todas sus obras su soberana voluntad de hacerse Hombre en María, a quien ama por toda la eternidad como su Madre y a quien la propia Santísima Trinidad ama como Madre de Dios.

 

Dios creó todo cuanto existe porque quería hacerse Hombre y ante la previsión de que el hombre caería en pecado, conjuntó el hacerse Hombre con la Redención; rescatar al género humano de la muerte y recrearlo todo con su encarnación, pasión, muerte y resurrección.

 

Fue el modelo de la encarnación de su Hijo Amado en María, --con Ella y para Ella-- el signo que imprimió a toda la creación, a todo lo visible y lo invisible, la cual proclama ese soberano designio en todo el universo, en cada instante, en todos y en cada uno de sus fenómenos desde su comienzo y fundamento hasta la consumación de los siglos y en la vida futura.

 

Cariñoso con todas sus creaturas, el Padre nos confirmó este amoroso designio con la Redención del género humano, realizando Nuestro Señor Jesucristo un acto superior a la creación primera, haciéndolo todo nuevamente, recreando todo cuanto destruimos por el pecado, más perfecto, prodigándonos además los bienes celestiales por adelantado, por los que gratuitamente podemos ser sus Hijos, hermanos, hermanas y madres  de Cristo, con El y en El, en María a quien hizo co-redentora, con ella y para ella.

 

Será con la Efusión del Espíritu Santo, con la manifestación de los Hijos de Dios y con la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo, cuando estos misterios serán revelados a toda la humanidad, de los cuales nos ha venido instruyendo el Padre en toda la historia humana y que canta misteriosamente a diario el universo entero desde lo más pequeño hasta lo más grande.

 

Esto es lo que nos ha venido enseñando el Padre desde los Patriarcas, los profetas y con la Santa Iglesia Católica e incluso con la ciencia y que tendrá su consumación en la Jerusalén Celeste.

 

Así pues, sirva para alimentar nuestros corazones en el cumplimiento de nuestros trabajos y expresar con gemidos del espíritu en Cristo: ¡Abba, Padre!, inclinando nuestro ser lleno de amor y gratitud ante tal amor de Dios a nosotros, llenos de la compunción y de las lágrimas del alma.

 

Estado de México, 2 de octubre de 2004. Fiesta de Todos los Santos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Allí su espíritu ardoroso, centella de luz y de fuego espirada de la boca de Dios, bebiendo raudales de dulcísimos deleites, amaba, adoraba, agradecía con himnos de respetuoso afecto el escondido misterio de la encarnación del Verbo eternal, que columbraba ya como camino indispensable para llegar al término que esperaba gozar en breve por interminable sucesión de siglos. La turba de espíritus angélicos no acertaban á descoger las alas, contemplando atónitos y fuera de sí al
hombre.. monarca de la tierra, con quien Dios había comunicado, haciéndole tantas finezas de amor y esmerándose por él un tantico menos que por ellos había hecho.

 

ARTÍCULO IV.

El Verbo encarnado fue el fundamento del orden sobrenatural y el fin eminente de toda la creación, según el testimonio de las Escrituras, de los santos Padres y de la católica razón.

 

Para más entera noticia de este misterio, preséntase aquí ocasión de inquirir qué parte le cupo al Hijo de Dios en la institución del orden de la gracia, según los inescrutables designios de su providencia. Porque el fin principal que la divina majestad pretendió en el fundar este linaje de cosas tan alto, ¿quién dudará sino que fue su mayor gloria y la comunicación de sus magníficas bondades? Mas qué fundamento dio á toda la traza de esta institución, es lo que queremos aquí tantear, con el favor de su gracia, siguiendo las huellas de los Santos y Doctores teólogos.

 

Dios, en aquella primera intención que eternalmente concibió de comunicarse á las criaturas dándoles ser, antes que precediese en su soberano consistorio decreto alguno de poner en luz las cosas, considerando que la más perfecta y divina manera de hacer comunicación de sí y de asentar amistad con sus hechuras, era juntar su naturaleza increada con una naturaleza criada, abrazándose con su más íntimo ser y haciendo en ella morada, determinó y tuvo por bien disponer que su amadísimo Hijo franquease su divinidad y tuviese por suya la humanidad, supositando la naturaleza humana en su persona divina ; y fué
tan por extremo lo que se regaló con la grandeza, de este consejo, que

 

1 DE THOM.: I. II., ae, q. LXXXII, a i.—ln II , dist. I, q. i, a. I.

 

 

 

 

 

 

 

 

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para que no faltase en el mundo quien correspondiese con el Hijo de Dios hecho hombre, y le adorase, y amase, y sirviese, entre las infinitas cosas que podía criar, escogió lucidísimos escuadrones de ángeles y largas generaciones de hombres, que fuesen sus amigos y servidores, adelantando sus finezas con enviar primero los tres reinos, mineral, vegetal y animal, que hiciesen de aposentadores y preparasen morada al Hombre-Dios , y sirviesen á su engrandecimiento, á la manera que los medios remotos sirven á los próximos, y éstos y aquéllos al intento principal se proporcionan y ordenan. «Dios, dice el P. Suárez, en aquella primaria intención y voluntad con que trazó darse á las criaturas, quiso el misterio de la Encarnación, prefiriendo á Cristo nuestro Señor, Dios y hombre, para que fuese coronamiento de todas las obras divinas.... Y de aquí se sigue que si cotejamos la voluntad de la Encarnación y la de permitir el pecado, en razón de causa final, la
de la Encarnación fue la primera que tuvo
1 ».

 

Esta grandiosa doctrina que el P. Suárez realzó con la agudeza, solidez y erudición de su ingenio, habíala insinuado ya y propuesto más de veinte años antes el P. Maestro Fr. Luis de León, en su obra Los nombres de Cristo, piélago de admirable sabiduría.« Así como en el árbol la raíz no se hizo para sí, ni menos el tronco que nace y se sustenta sobre ella, sino lo uno y lo otro, juntamente con las ramas y la flor y la hoja, y todo lo demás que el árbol produce, se ordena y endereza para el fruto que del sale, que es el fin y como remate suyo; así por
la misma manera estos cielos extendidos que vemos, y las estrellas que en ellos dan resplandor, y entre todas ellas esta fuente de claridad y de luz que todo lo alumbra, redonda y bellísima, la tierra pintada con flores, y las aguas pobladas de peces, los animales y los hombres, y este universo todo, cuan grande y cuan hermoso es, lo hizo Dios para fin de hacer hombre á su Hijo, y para producir este único y divino fruto que es Cristo, que con verdad le podemos llamar el parto común y general de todas las cosas 2. »  Con parecido símil significó esto mismo después el glorioso Doctor de la Iglesia san Francisco de Sales, diciendo : «Así como la viña principalmente se planta por el fruto, y con ser lo primero que se desea y pretende , vemos que se adelantan las hojas y las flores; de la misma suerte el magnífico Salvador nuestro fue lo primero en la intención divina, y en el diseño eterno que la providencia de Dios hizo de la creación temporal de las cosas; y en contemplación de este fruto amabilísimo hizo plantar la viña del mundo, y ordenó que muchas generaciones se sucediesen unas á otras, y como hojas y flores le precediesen 3».

 

Ahora, que para honrar el nacimiento de Cristo crió Dios la majestad de este universo, echando primero las raíces de los elementos materiales, y edificando sobre ellos el reino mineral con su variedad

 

1De Incarnat., dist. v, sect. 2.— 2 Los nombres de Cristo, 2,1: Pimpollo. — 3 Práctica del amor de Dios, 1. II, cap. v.

 

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infinita de formas y la muchedumbre de globos lucientes, el reino vegetal con su hermosura de árboles y vistosas flores, el reino animal con tanta diversidad de especies é individuos, el reino humano con la sagacidad y habilidades de los hombres, y el reino espiritual con la pureza y resplandor de los seres inmortales; que todo, en fin. lo terreno y lo celeste, lo material y espiritual, lo caduco y perecedero, lo recapitulase y sumase en Cristo, como para quien estaba ordenado desde el principio del mundo, divinamente lo dio á entender el Apóstol san Pablo á los colosenses, diciendo : «Él es imagen de Dios invisible, y el engendrado primero que todas las criaturas. Porque para él se fabricaron todas, así en el cielo como en la tierra, las invisibles y las visibles, así los tronos como las dominaciones, potentados y principados, todo por él y para él fue criado; y él es el príncipe que va delante de todos, y todas las cosas tienen ser por él 1 ».

 

No hay por qué dudar qué este testimonio hable de Cristo, Dios y hombre. Así lo declaran los santos Crisóstomo 2, Agustín 3, Jerónimo 4, Gregorio Nazianceno 5 , ni parece sufrir otro sentido el contexto. Porque habiendo los falsos doctores, amigos de la ley mosaica, esparcido por el Asía menor el culto y la religión de los ángeles, igualándolos con Cristo en la dignidad, y enseñando que debían los hombres
adorarlos y acercarse por ellos á Dios 6 , san Pablo esforzándose contra aquellas perversas doctrinas, en esta carta demuestra á los fieles de Colosas que en sólo Cristo Hijo de Dios está nuestro remedio y reconciliación con el Padre, y que no han de ser oídos los que dan á los ángeles oficio de medianeros ; mas á fin de satisfacer á todos los entendimientos y sacar de raíz las semillas del error, no exalta como quiera la preeminencia de Cristo, presentándole sólo como imagen
del Padre, sino que pasando de vuelo por las criaturas materiales y espirituales, asienta sobre todas la majestad del Salvador, haciendo derivar de él gracias, virtudes, poder, y, lo que más es, el ser y substancia misma de ellas. ¿Qué eficacia tendría la argumentación de san Pablo, si pudieran sus adversarios oponer que los ángeles no dependían de Cristo, ni habían sido criados por su respeto y contemplación 7?

 

Entendiólo así el abad Ruperto, y dijo : « El Padre, como tuviese en el sagrario de su pecho al único Hijo, quiso edificarle palacio y proveerle de numerosa familia.... que asistiese á su trono y le hiciese compañía.... Por esto hizo todas las cosas que hay en el cielo y en la tierra, y pobló el cielo invisible de ejércitos de ángeles, y la tierra de muchas generaciones de hombres 8». Parando también el P. M. Fray
Luis de León en la palabra Primogénito del testimonio alegado, añade este bello comentario : « Y dice que es engendrado primero, que es primogénito, no sólo para decir que antecede en tiempo el que es eterno en nacer, sino para decir que es el original universal

 

1 Coloss., I, 15. — 2 Hom. xv. — 3 Contra epist. fundam., cap. xxxvii4 In glossa.  5 Orat. xliii.6 theodoret. : In Coloss. — 7 estíus : In ep. ad Coloss. Argum.—

8 De Trinit., 1. iii, c. xx.

 

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engendrado, y como la idea: eternamente nacida de todo lo que puede por el discurso de los tiempos nacer y el padrón vivo de todo, y el que tiene en sí, y el que deriva de sí á todas las cosas su nacimiento y origen. Y así porque dice esto, añade luego á propósito dello y para declararlo mejor: Porque en él se produjeron todas las cosas, así las de los cielos como las de la tierra, las visibles y las invisibles. En él dice que quiere decir en él y por él, en él primero y originalmente,
y por él después, como por maestro y artífice
1 ». Este discurso del Maestro León , es muy según el sentir de los Padres , que para cerrar la boca á los arríanos y darles en rostro con el abuso que de este lugar hacían, enseñaban y defendían que Cristo era unigénito ante toda criatura, y no sólo la más aventajada de todas 2.

 

Este testimonio del Nuevo Testamento recibe esclarecida confirmación de aquel otro del Viejo, que dice : «El Señor me poseyó en el principio de sus caminos» con todo lo demás ?, que allí va diciendo el sagrado escritor, donde teje los encomios más encumbrados del Hijo de Dios hecho carne, según que lo exponen los Padres griegos y latinos, san Atanasio4, san Gregorio Nazianceno 5, san Agustín 6 y san
Ambrosio 7. Los Setenta trasladaron : «El Señor me crió principio de sus caminos en orden á sus obras». Si, pues, Cristo fue criado primero que las cosas, y no lo fue, cierto, en el orden ejecutivo, resta que digamos que lo fue en el intencional de Dios. Allégase que caminos del Señor son sus acuerdos y las trazas que ideó para el buen gobierno del mundo ; como si quisiera significar que Dios, queriendo en Cristo encabezar y dar principio á la fábrica del mundo , -puso su predefinición como centro de donde tirar las líneas de su plan divino.

 

Con grande aviso expuso la interpretación de estos dos lugares de los Colosenses y de los Proverbios eI Doctor de la Iglesia san Francisco de Sales por estas devotas palabras: «La soberana Providencia, cuando hizo en su eternidad el diseño y montea de todo lo que había de criar, amó ante tudas las criaturas y con exceso de amor sumo al más amable objeto de su voluntad, que es nuestro Salvador, y después por su orden á las demás criaturas, según más ó menos pertenecen á su servicio, y al honor y gloria del mismo Salvador. Así que todo lo que se hizo fue hecho por este Hombre-Díos, el cual por eso es llamado Primogénito de toda criatura, á quien poseyó Dios desde el principio de sus
caminos
antes que Dios las criase á ellas, criado al principio y antes que fuesen los siglos, porque en él se hicieron todas las cosas y en él  tienen su ser y firmeza, y es cabeza de toda la iglesia, gozando en todo y por todo !a primacía 8». Por donde ¿quiérese más claro ser Cristo la razón de todas las cosas, la traza de todo el plan del universo, el artífice de toda esta gran máquina, el príncipe de todo lo criado? Así, cuando echaba Dios en Cristo el resto de su omnipotencia y  derramaba

 

1 Nombres de Cristo, 1. iii : Hijo. — 2 charles gay : De la Vie et des verlues chréíiennes., tr. 1.— 3 Proverb , viii , 21.—  4 Serm. 3, contra Arian,— 5 Orat. xxxvi.— 6 De Trinit, 1. i, c. xii. — 7 De Fide . 1. i , cap. vii. 8 Tratado del amor de Dios, 1. ii , cap. v.

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en él todo aquel océano de su vida infinita, tenía delante de sí los innumerables seres que por él habían de participar los dones de la naturaleza, por él ser enriquecidos con las joyas de la gracia, y por él entrar en posesión de los bienes de la gloria.

 

En tercer lugar, Cristo es causa final de la justificación y predestinación de los hombres. Dícelo abiertamente san Pablo por estas palabras : «Dios predestinó los hombres á conformarse con la imagen de su Hijo, á fin de que fuese primogénito entre muchos hermanos 1 ». Es á saber: el Padre puso á Cristo por principal dechado á quien deben procurar imitar hombres y ángeles2 ; diónos en Cristo una palabra entera hablada por Dios 3, siendo las criaturas letras imperfectisimas salidas de la boca del Verbo; constituyóle cabeza de un cuerpo inmenso de hermanos 4 que componen la gran familia, cuyo mayorazgo y heredero universal fuese 5; y, por consiguiente, todas las cosas naturales y sobrenaturales, esperanzas, galardones y gozos, de Cristo hablan, á Cristo dicen y en él vienen á parar. Así se entiende aquella voz de san Pablo tan preñada de sentido: Omnia vesira sunt, vos autem Christi, Christus antem Dei 6. La gloria del cristiano está puesta en ser fin de las cosas criadas ¡todas sirven á la obra de la gracia, la vida y la muerte, el presente y el porvenir, el mundo y los ángeles: Omnia vestra
sunt
. Mas toda esta universalidad de cosas, incluso el hombre, que es
su monarca, rinde vasallaje y tiene por señor al Hombre-Dios: Vos autem Christi. El cual, como hombre y como Verbo, es obra y propiedad del Padre, Christus autem Dei, el blanco de todas sus obras, el amado y deseado ante todas, el fin en quien llevó eternamente puesta la mira.

 

Cuando el amor divino dio traza cómo hacer un hombre Dios, y preparó el don7 para regalárselo á las criaturas racionales, en cuyo trato hallasen amabilidad incomparable, ya entonces, antes que naciesen seres, determinó dar á su Verbo humanado por esposa una casta generación de hermanos que viviesen del rocío de sus gracias y gozasen del beneficio de su gloria. Divinamente expresó la ejecución de este pensamiento el poderoso ingenio del Maestro León por estas palabras: « Primero que naciese en carne Cristo , y luego que los hombres, ó
luego que los ángeles comenzaron á ser, comenzó á prender en sus corazones dellos su deseo y amor. Porque, como altísimamente escribe san Pablo , cuando Dios primeramente introdujo á su Hijo en el mundo, dijo : Y adórenle todos los ángeles. En que quiere significar y decir que luego y en el principio que el Padre sacó las cosas á luz y dio ser y vida á los ángeles, metió en la posesión de ellos á Cristo , su Hijo, como á heredero' suyo y para quien se crió, notificándoles algo de lo que tenía en su ánimo acerca de la humanidad de Jesús, señora que había de ser de todo y reparadora de todo, á la cual se la propuso

 

1 Rom., viii , 25.— 2 Cor., iii, ii.—  3 Apoc., i, 8.— 4 I Cor., i, 18. — 5 Hebr., i, 2.—
I Cor. iii, 22. — 7 Jo., iv, 10.

 

 

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delante los ojos para que fuese su esperanza y su deseo y su amor.
Así que cuanto son antiguas las cosas, tan antiguo es ser Jesucristo amado de ellas , y, como si dijésemos, en sus amores del se comenzaron los amores primeros ; y en la afición de su vista se dio principio al deseo, y su caridad se entró en los pechos angélicos, abriendo la puerta ella antes que ningún otro que de fuera les viniese.... Y como las demás cosas para ser amadas quieran primero ser vistas y conocidas, á Cristo le comenzaron á amar los ángeles y los hombres sin verle y con solas sus nuevas. Las imágenes y las figuras suyas , ó , diremos mejor aún, las sombras obscuras que Dios les puso delante, y el rumor sólo suyo y su fama les encendió los espíritus con increíbles ardores
1 ». Hasta aquí este admirable escritor.

 

Juntemos á su teología la de los Padres antiguos. San Cirilo de Alejandría, comentando el lugar de los Proverbios , dice : « Primero que nosotros es fundado Cristo ; nosotros somos en él sobreedificados y salvados, antes de comenzar á ser el mundo, en la presencia de Dios : á fin de que, como por disposición divina anteceda la bendición á la maldición , y la promesa de vida á la condenación de muerte , y á la servidumbre del diablo la libertad de la adopción, pueda la naturaleza humana levantarse otra vez de su abatimiento al puesto de la dignidad primera por la gracia de Cristo ». — San Ireneo significa este misterio diciendo:

« Como existiese el Salvador, convenía que fuese hecho el que se salvase , para que no fuese vano y vacío el que tenía salud 2». Cuyas palabras muestran claro que, á no ser que supongamos que el hombre no podía existir  sino es en traje de pecador, Cristo Salvador fue trazado y constituido primero, y el linaje humano después.—
San Atanasio declara por una hermosa comparación cómo el Verbo Encarnado fue un misterio bastante de suyo para , no sólo edificar el orden sobrenatural, mas también reparar su ruina y restituirle á su primer esplendor. « Á la manera , dice , que un sabio arquitecto que quiere levantar una casa, y que hace cuenta de repararla , si acaso viniese al suelo , tiene prevenidos y á mano los materiales que son menester, de forma que antes que la casa se construya están á punto y
apercibidos los pertrechos de su reparación; no de otra manera la renovación de nuestra salud en Cristo fue fundada antes de tenerla nosotros, para que en él también pudiésemos ser restaurados. Así que el acuerdo y el propósito fue formado antes del tiempo ; y entonces se hizo la fábrica, cuando la necesidad lo pidió, y vino el Salvador 3.»—La misma semejanza emplea san Cirilo diciendo: «El arquitecto prudente que ha de edificar un palacio duda verosímilmente si con el tiempo padecerá detrimento la alteza del edificio : y por esto abre zanjas holgadas
y echa firmísimos cimientos , para que si algún trastorno reciben las partes superiores puedan luego repararse, conservando la misma planta y fundamento. No de otra suerte nuestro Criador fundó á Cristo

 

1 Nombres de Cristo, I. iii ; El Amado.— 2 Advers. baeres., cap. xxxiii .— 3 Or. 2 contra Arian.
63

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cimiento de nuestra salud , antes del principio del mundo , para que sí cayésemos con prevaricación en él fuésemos de nuevo levantados 1 ».

 

Otros autores se podrían traer, si estos no bastasen, para mostrar la verdad que pretendemos ; pero arma á nuestro propósito admirablemente y es, sabrosísimo al paladar devoto un himno de san Gregorio Nacianzeno , que , entre otras cosas, dice á Cristo : «Á ti, ¡oh Cristo!, se debe que el sol en el cielo con sus resplandores quite á las estrellas su luz , así en comparación de tu luz son tinieblas los más claros espíritus. Obra tuya es que la luna, luz de la noche, vive á veces y muere
y torna llena después y concluye su vuelta. Por ti el círculo que llamamos zodíaco, y aquella danza, como si dijésemos, tan ordenada del cielo, pone sazón y debidas leyes al año, mezclando sus partes entre sí y templándolas, como sin sentir , con dulzura. Las estrellas, así las fijas como las que andan y tornan , son pregoneros de tu saber admirable. Luz tuya son todos los entendimientos del cielo que celebran la Trinidad con sus cantos. También el hombre es tu gloria que colocaste
en la tierra como ángel tuyo, pregonero y cantor
2 ».

 

Haciendo ahora uno de todos estos clarísimos testimonios de la Escritura y de los santos Padres, podemos ya; concluir que Cristo nuestro divino Salvador fue querido, y decretado primero que las criaturas, y éstas por amor de él. «Este es, exclama san Francisco de Sales, el orden de la Providencia, en cuanto mirando á las Escrituras y alas doctrinas de los antiguos podemos rastrear, según que nuestra flaqueza es capaz de hablar en este misterio 3 ».

 

Así que, Dios estribó en su Verbo encarnado sobre todo otro fin. Ni le faltaban razones poderosísimas para holgarse con él. Porque Cristo es amable de suyo, por ser obra excelentísima que contiene sumaria y eminentemente todas las demás; es obra gloriosísima, porque reverbera los atributos de la Divinidad y los pregona y exalta ; es obra santísima, porque basta para santificar y endiosar con su gracia ángeles y hombres; es obra perfectísima, porque con las prerrogativas que posee, ennoblece el universo y completa y perfecciona el orden natural.
De estos principios se hace indubitable que aun no reinando en el mundo pecado hubiera pasado adelante el decreto del Verbo hecho carne. ¿Faltaran acaso entonces ángeles y hombres? ¿No habría existido Adán por ventura ? Luego tampoco hubiera faltado Cristo, fin principal, gala y prez del universo. No hubiera Cristo faltado, Cristo, gloria de Dios, gloria de los ángeles, gloria de los hombres, gloria del mundo. Y no habiendo entonces pecados que perdonar ni males que
curar, Cristo fuera medio, no remedio; fundamento de entereza, no arrimadizo de ruina ; santificador, no redentor; sacerdote de adoración, no víctima de expiación; don de justos, no perdón de pecadores; inmortal no pasible: pero en todo trance

Cristo Jesús, salud, gracia, santificación, vida eterna y nuestro único bien.                     

 

1 Thes., 1. v, cap. viii.— 2 Versión del P. Maestro León: Nombre, Amado.— 3  Tr. Del Amor de Dios, 1. ii, cap. iv.     

 

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                                                       ARTÍCULO V.

Fuéle revelada al primer hombre la encarnación del Hijo de Dios.—Sueño de Adán. — La unión de Adán y Eva imagen de este misterio.—El mundo da gloria á Dios.—La caída y la reparación. —El Verbo humanado es piedra angular de ambos testamentos.—Excelencias de la Redención —Bienes que le vienen por Cristo al mundo sensible.— La Virgen Madre de Dios.

 

Entronizado, pues, Adán en el centro de las delicias y hecho señor universal de la tierra, entre las gracias que recibió una fue la fe explícita en el misterio de la Encarnación 1, no en cuanto ordenado á librar de culpas por la sangre del Hombre-Dios, como luego diremos, sino á consumar la felicidad en cuanto medio y camino para la gloria; creía Adán en Cristo Jesús como autor de la gracia y fuente de la vida sobrenatural á que había sido sublimado. No solamente tuvo conocimiento de este augusto misterio, mas también le profetizó y divinamente le cantó. Su vida era un andar metido en Dios, anegado en los raudales de su dulzura, engolfado y sumido en el piélago de sus bondades, esmerándose en agradecerle los beneficios recibidos. Y cuando la unión mística de amor es fuerte, saca al alma de sí y de sus sentidos, y la traspasa en Dios, ora pasmándola de admiración, ora encendiéndola en afectos, ora embriagándola de purísimo deleite, con tan rara mudanza en el cuerpo, que ni los sentidos ejercitan operación sensitiva, ni los miembros hacen movimiento, ni el hombre da señal de vida; aunque en tornando en sí, muy bien se acuerda de lo que experimentó en aquel suave enajenamiento ; así por el mismo estilo metióle nuestro Señor á Adán muy adelante en la intimidad de su trato , y aislándole las potencias traspuso tan altamente su espíritu en pureza mental, que le transportó á otro paraíso muy diferente de aquel terrestre, y le abrió un camino de luz, y juntamente le descubrió sus secretos por tan admirable manera, que por ninguna se puede bien explicar.

 

Arrobado en éxtasis profundo 2, pasó por su mente esta intelectual visión, según que nos es dado conjeturar. Envióle Dios un sueño extático, en que se le ofreció delante lo que los ángeles contemplaban, y durmiendo penetró en el santuario de la divinidad, y transportado recibió inteligencias secretísimas 3. Llegado á lo alto del éxtasis, veía con vista vivísima de fe cómo el Padre, fuente dé toda  fecundidad, origen de toda autoridad, manantial de toda paternidad engendraba a su á su divino Verbo, y comunicábale su inefable esencia y absolutas perfecciones; contemplaba cómo el Verbo era engendrado en el seno del Padre entre eternos resplandores; rastreaba cómo el Hijo amaba al Padre con amor
tan vivo y apretado, y se unía con él en lazo tan substancial y divino, que de la unión de entrambos procedía la persona del Espíritu Santo: el cual, siendo amor esencial y don de dones, por incomprensible mane-

 

1 D. thom. : II II. ae, q. ii , a. 7. — 2 tertullian. : De anima, cap. xlv. 3 S. august.: De Genef. Ad litt. ,I. ix, cap. Xxxiv

 

 

996                                            Día sexto.—Era moderna.

 

ra se comunicaba y extendía, y henchía de su virtud cielos y tierra, llegando á juntar entre sí estos dos extremos, y á constituir en la sola persona del Verbo las dos naturalezas, celestial y terrestre, divina y humana. En esta inefable unión del Hijo de Dios con la humanidad columbraba el contemplativo Adán, que en siglos no lejanos, el Verbo del Padre saldría de las entrañas de una purísima doncella por obra del Espíritu Santo, para ser en hecho de verdad el autor y consumador
de la vida sobrenatural. Así soñaba Adán.

 

Y no era todo sueño; era en sueño realidad, era éxtasis colmado de admirable verdad. Mientras el hombre dormía, acércasele Dios, y toma de su costado una costilla, vístela de carne y hermosura, dale vida infundiéndole alma espiritual. Embargados tenía el hombre los sentidos cuando del costado le sacó Dios la mujer : no vio el misterio recóndito de aquella instantánea formación, porque siempre quiso la divina majestad que sus creaciones fuesen un secreto escondido á la curiosidad de los hombres. Despierta Adán; y viendo el sueño realizado, no cabiendo su alma de placer, exclama saludando la obra de Dios, y celebrando el secreto divino : «Este es hueso de mis huesos, y carne de mi carne....», y pasando á profetizar, olvidado de la esposa que tenía delante de sí, no parando en las gracias de todo el Edén, quitándolos ojos de Eva para trascender todo lo criado, y
ponerlos en el Esposo de la humanidad, que había de salir de su Padre, y dejarlos cielos, y descender á la tierra, y tomar madre y luego abandonarla para buscarse esposa, la Iglesia, con quien eternamente vivir abrazado y estrechamente unido; en medio de suavísimos transportes cantó un sublime epitalamio, prorrumpiendo en estas misteriosas voces : «Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se juntará con su esposa, y serán dos en una carne 1 ».

 

Al mismo tiempo, en diciendo ad haerebit uxori suae proclamó la unidad esencial del matrimonio, la cual se constituye por la recíproca potestad que los esposos se dan. Al decir erunt dúo in carne una determinó la unidad efectiva ó el efecto del recíproco entregamiento en orden á los mutuos oficios. El perpetuo é indisoluble vínculo de la sociedad conyugal fue preconizado en estas enfáticas palabras, como lo enseña el Concilio de Trento 2. De donde la institución de la sociedad
doméstica es antecedente á toda humana invención, es institución divina; institución fecunda, que manda Dios que se perpetúe, diciendo á entrambos : «Creced y multiplicaos»3  con que declara y ratifica la facultad que les había dado, y los induce á ejercitar de hecho actos á que su naturaleza los inclinaba. No fue humana esta institución; porque ¿cómo considerados los dos sexos tuviera Adán conocimiento suficiente para argüir el carácter de unidad é indisolubilidad del enlace matrimonial? Dios fue quien los unió, y lo que Dios trabó no está en
mano del hombre desbaratarlo y desunirlo».

 

1 Gen., ii, 23. — 2 Sess. xxiv.—  3 Marc., x, 9.

 

 

 

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Este enlace de nuestros primeros padres simbolizaba el abrazo
místico de la divinidad con la humanidad en la persona del Verbo; y le simbolizaba especulativamente : no como el matrimonio cristiano, que representa de hecho y prácticamente tan maravillosa unión; que por eso confiere gracia sacramental, cual no la confería el antiguo, que era sólo figurativo, aunque indisoluble y verdadero contrato. Figura fue sólo capaz de significar la indisoluble unión de Cristo con su Iglesia , según que San Pablo con alta majestad de voces lo significó : «Y serán, dice, dos en una carne. Gran sacramento es este; pero entiéndelo yo de Cristo y de la Iglesia» 1.  «No niega San Pablo, exclama aquí el Maestro León, decirse con verdad de Eva y de Adán aquello , y serán una carne los dos, de los cuales al principio se dijo ; pero dice, que aquella verdad fue semejanza de aqueste otro hecho secreto, y dice que en aquello la razón de ello era manifiesta y descubierta razón; mas aquí dice que es oculto misterio» 2.

 

á la verdad, la Iglesia, cuerpo de Cristo, de su carne fue edificada y con el Verbo divino se enlazó cuando el Verbo se hizo carne : el ser, pues, sacada de su divino costado cuando dormía en la cruz el sueño de muerte, significa solamente que recibió acrecentamiento y plenitud su cuerpo místico ; por esta razón fue entonces y sigue y seguirá siendo una como amplificación y desenvolvimiento de la unión del Verbo con la humana naturaleza. La formación de Eva fue un efecto anticipado
de entrambos enlaces
3. La Iglesia es la plenitud del Verbo 4, el lleno de la vida del Verbo. En la Iglesia rebosan los poderes del Verbo, su santidad, sus gracias, sus dones, su espíritu ; á la Iglesia le ha cabido la suerte de tener por cabeza á Jesús, como al hombre ser cabeza de la mujer ; que por eso llamó san Pablo á Adán forma futuri  5, imagen y figura del Adán futuro, del Adán segundo 6, del Adán celestial7, del Padre del siglo por venir 8. Porque «Dios, dice el P. Alápide, quiso y
decretó que Adán y todas sus cosas fuesen por Cristo, y tipos de Cristo, y de las cosas que Cristo había de hacer: y así en el divino decreto resplandeció la mutua relación entre Cristo y Adán. Porque Adán no habría sido criado padre de todos los hombres para transmitirles su justicia ó iniquidad, si en eso mismo no hubiera sido .tipo y figura de Cristo, que debía ser padre y cabeza de todos los hijos de Dios»
9

 

Lo anunció al mundo el gran Tertuliano con estas imponderables palabras: «Grande era la obra que iba á salir del barro terreno: cada rasgo, cada línea del divino artífice señalado en la arcilla, figuraba á Cristo, que un día había de ser hombre»10. Y en otra parte prosigue en el mismo pensamiento, y dice: «Si Adán figuraba á Cristo, el sueño de Adán era la muerte de Cristo, que había de dormir muriendo para que de su costado herido fuese figurada y formada la Iglesia, verdadera madre de vivos» 11 . No menos esclarecidas son las palabras de san

 

1 Ephes., v, 31.— 2 Nombres de Cristo, 1. ii: Esposo.— 3 P. martín: De Matrimonio, t.. i,  p. 73.— 4 Ephes. , i, 23. —  5 Rom. , v i, 14. — 6 1 Cor. , xv , 47. — 7 I Cor., xv, 47. — 8 Is. ix, 6.—  9 In ep., a l Rom., v, 14.—  10 De Resurrectione carnis , c. v.—  11 De anima, cap. xliii.

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Agustín: «En que al principio de la creación del linaje humano, dice, de la costilla que quitó Dios al costado del varón que estaba durmiendo, se hiciera la mujer, convenía ya entonces con esta obra profetizar á Cristo y á la Iglesia. Porque aquel sueño del hombre era símbolo de la muerte de Cristo, cuyo costado, estando él difunto colgado en la Cruz, fue abierto con la lanza, y de allí salió agua y sangre , que sabemos que son los Sacramentos con que se edifica la Iglesia. Porque de este término usó también la Escritura donde no dijo : Formó , fingió, sino
edificó la costilla en mujer. Y así también el Apóstol, á lo que es la Iglesia , llama edificación del cuerpo de Cristo
1 ». Hasta aquí san Agustín.

 

Por consiguiente, Dios había representado en Adán las trazas que pensaba llevar á ejecución en su Verbo Encarnado. Y así como el universo mundo, antes de nacer Adán, era tosco, vulgar y sin vida razonable, y en abriendo Adán los ojos, saltó el mundo de gozo y cantaron por sus labios las criaturas cantos de alabanza al Altísimo Hacedor; así también la naturaleza humana , que era de suyo inhábil para amar sobrenatural mente, ni capaz, con toda la muchedumbre de criaturas, para honrar y glorificar dignamente al Señor de la majestad, al recibir ahora á Cristo por mayorazgo y por carne de su carne, en teniéndole á él por centro, alma y vida de sus operaciones, en el punto de serle dado por cabeza de todos los predestinados, pudo ella en Cristo y por Cristo dar gloria cabal á Dios , tributarle perfecto homenaje de adoración, rendirle culto infinitamente digno, cual se debe á la soberana majestad.

 

Dar gloria á Dios, ¿quién tal jamás pensó? ¿ La criatura vil y miserable glorificar al Sumo Hacedor ? ¿ En qué pensamiento cupo tal pasmo de maravilla ? Con todo, en el lenguaje cristiano ha tomado derecho de propiedad la voz «glorificar á Dios». San Pablo la pronunciaba con enfática ternura ; «alabanza á Dios por  Jesucristo»2, porque revestidos del espíritu de Cristo, bien podemos llamar á Dios Padre, Padre 3,  y exhalar gemidos que le roben á Dios el corazón. En nombre y en persona de Jesús, tiene el hombre patente y abierto camino hasta el estrado del Padre celeste 4. Bien podrán estar pertinaces los hombres carnales que no arrostran las cosas espirituales , tachando de presunción el trato íntimo del hombre con el  Todopoderoso. ¡ Insensatos!  No ven que el esclavo, revestido del espíritu de Jesús , tórnase hijo; de terreno , celestial; de pecador, hermano de Cristo , heredero del reino y partícipe de la gloria perdurable.

 

Empero el primer hombre, juntamente con las mejorías de tantos privilegios , recibió la libertad entera, sin linaje de violencia. Presentóle Dios agua y fuego, y dióle á escoger. Libremente tomó el fuego, y el agua la desechó. El fuego levantó llamaradas que abrasaron su

 

1 De Civit  Dei., ii, xxii, cap. xvii.— 2 II Cor., i, 20.— Rom., viii , 15.— 4 Ephes., ii , 18, iii, 12.

 

 

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voluntad , nubes de humo que ofuscaron su entendimiento, y el fuego de la tierra encendió los braseros del infierno. Manchada la obrado Dios, perdida la semejanza, no quedó sino la imagen, fea y desfigurada , sólo capaz de recibir lumbre y hermosura y de ser levantada otra vez á la alteza sobrenatural de donde había caído 1. Justicia de Dios, que se ejecutó en todos los hombres con infinita equidad. Son aquí muy de observar los efectos de este delito. Dos fuerzas poderosas y contrarias, la naturaleza y la gracia, formaban en Adán, compuestas en proporción admirable, un suavísimo concierto, que no le dejaba sentir desorden en las pasiones. El pecado bastó para soltar el nudo misterioso que causaba tanta armonía, Y como de una herida resulta desunión violenta de dos cosas antes unidas, destrabada del alma de Adán, por la maldad de la culpa, la virtud de la gracia santificante , el hombre, que antes tenía en su mano las riendas de pasiones y sentidos y bajo su imperio el instinto de los animales, derribado ahora de su trono, quedó solo, medio muerto, cubierto de heridas, inhábil para caminar al fin sobrenatural: vulnerada la razón, levantó cabeza la concupiscencia con brutal desenfreno; vulnerada la ciencia, se puso el error en armas; vulnerada la inmortalidad, empuñó su cetro la muerte ; vulnerada la hermosa paz, voló al cielo, y bajó la guerra con el diluvio de males que inundaron el mundo infiel.

 

El pecado dé Adán, robándole la gracia santificante, desbarató las trazas de esta primera dispensación, y dio con el plan divino en el suelo. No le faltaban á Dios providencias en sus consejos eternos : para remedio del mal tomó otra más excelente que la primera. Entre los infinitos ingenios que su sabiduría ideó, el más glorioso, el más digno de su amor fue disponer que de los mismos hijos de Adán culpable naciese uno que con la virtud de sus merecimientos reparase los daños
ocasionados por la primera prevaricación. La caída pide rescate ; el rescate, redentor. El Verbo del Padre se vestirá de carne, no como quiera humana, sino culpable y cubierta de heridas, volveráse pecador sin la vileza de la culpa, haráse cargo y saldrá por fiador de todos los pecados y pecadores, cubrirá su inocencia con el personaje del pecador universal, y se dejará padecer tormentos y muerte como reo ante el trono de la divina justicia. No entendió Adán en aquel místico
sueño el misterio de la Redención; pero oyó y entendió la promesa luego que se vio despojado del manto de la gracia; y comenzó á esperar al Redentor. Porque en oyendo aquellas amenazantes palabras dichas por Dios á la serpiente : « La descendencia de la mujer te quebrantará la cabeza», los que por su abominable delito á rayos merecían que los hiciesen mil pedazos y que los hundieran en los infiernos, viendo cuan fino se mostraba el Señor con ellos y con su prosapia,
deshechos en lágrimas de ternura, alentaron en su pecho la confianza de un futuro Reparador. ¿Pudo la bondad de Dios singularizarse más ?

 

1 S. aucust. : Contra Munich., v ii.

 

 

 

 

1000                                             Día sexto.—Era moderna.

 

¿Pudo su sabiduría trazar designio más glorioso? ¿Pudo su poder proveer de remedio al mal volviéndole en bien, y el bien en mejor, llegando al cabo con esta empresa, más generosamente? No hay duda: esta obra desfloró los atributos de Dios, y recogió en sí y concertó lo más extremo y sumo de todos, hermanando lo más fino del rigor con lo más acendrado de la ternura y compasión. Así la justicia y la clemencia se abrazaron al pie del árbol tremendo y se dieron ósculo de paz: que si el pecado del primer Adán fue pecado de la naturaleza humana, la santidad del segundo Adán viene á ser la santificación de la naturaleza caída.

 

La promesa del Edén es el primer eslabón de un encadenamiento de vaticinios. La historia del cielo y de la tierra será de hoy más la historia de Jesús Redentor. Las sagradas Letras no hablarán sino del Hijo de la Virgen. El Viejo Testamento le presentará como un germen escondido, el Nuevo nos ofrecerá el fruto maduro. El Hombre-Dios es el alfa y el ómega de todas las Escrituras, la expectación de todos los justos. Adán y Eva se gozaron ya con su noticia: Noé entenderá con más claridad su venida 1; Abraham se alegrará contemplando su día en lontananza 2; Jacob le aclamará príncipe  3; Balaam pregonará su realeza  4; Moisés le anunciará legislador 5; David cantará las glorias de su reinado 6; Miqueas realzará la generación eterna7; Isaías celebrará la virginidad de su madre 8; Malaquías le verá entrar en el templo 9; Jeremías contará su pasión y muerte 10; Daniel señalará los
años de su venida 11: en fin, San Pablo, sumando todos los rasgos de entrambos Testamentos, le llamará «piedra-angular, fundamento de apóstoles y profetas » 12.

 

De este inmenso beneficio del Redentor había de reflorecer esta gloria, que «no tuvo tanta eficacia el delito como el don»; ni causó tanto daño Adán, que mayor provecho no recibiésemos de Cristo. Porque si Adán tuvo gracia en cierto modo accidental, nosotros poseemos la substancial divinidad. Si en Adán fue la gracia mudable é inconstante, en nosotros echa tan hondas raíces, que muchas almas
gozan de Dios que jamás la perdieron; si en Adán estuvo á merced del libre albedrío, en nosotros ayuda poderosamente á enfrenar la inconstancia del libre albedrío; si en Adán no era premio deméritos, en nosotros es justo valor de obras divinas; si á Adán le hacía justo, amigo, hijo adoptivo, á nosotros logra hacernos hermanos del Hijo natural, cuya excelsa dignidad es el título de nuestra nobleza; sí
en el Paraíso terrenal no existieran guerras de pasiones bravas, ahora las que hay la gracia las corona de ilustrísimas victorias; si entonces faltaran allí miserias, las de acá las convierte la gracia en escuela de virtudes : en fin, Cristo nos aplica con su espíritu su infinita santidad, como una segunda naturaleza; nuestra vida  terrestre es el plantel del

 

1 Gen., ix, 26.— 1 Gen., xii, 3. — 3 Gen., xlix, 8.— 4 Núm., xxiv, 17.— 5 Deut., xviii,
18. —
6 Ps. ii.— 7 Mich., v, 2. — 8 Is., vii, 14. — 9 Mal., iii, 14.— 10 Jer., xi. —  11 Dan., ix. 12 Ephes., ii, 20.

 

 

 

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Paraíso celeste , la fe nos ingerta en Cristo sobre el tronco de la divinidad, el bautismo nos traspasa la savia espiritual, los demás sacramentos bañan nuestras almas con su rocío, la palabra divina nos sirve de luz , la gracia actual nos aviva y conforta, la Iglesia católica cultiva y protege en nosotros la naturaleza divina, y hasta que nos revistamos de ella espiritual, íntima, total y verdaderamente, el espíritu de Cristo no dejará de influir virtud en nuestras almas por todos estos
arcaduces, y en ellas morará hasta que acabe la vida, como en su templo, santificando, espiritualizando, divinizando.

 

Consta, pues, que nuestra deificación en Cristo y por Cristo es la verdad fundamental de la religión verdadera, la substancia de la historia humana, el timbre sobre modo ilustre de la realeza del hombre, la credencial de su legitimidad, el memorial de sus imprescriptibles derechos; deificación gloriosa, única, salvadora y de absoluta necesidad, por cuya virtud el Padre que está en los cielos, no por afán de acrecentar su gloría, sino impulsado del deseo de comunicarla, tuvo á bien extender el círculo de la familia divina y condecorar al hombre y
al ángel en el tiempo con el título magnífico de hijo, que sólo da á su Verbo entre los eternos resplandores de santidad.

 

Y porque en el Verbo divino hecho hombre se juntan en admirable consorcio la humanidad y divinidad, es á saber, la vida divina, la vida racional, la vida sensitiva y la yida vegetativa, formando un todo completo que resume la Creación enteramente , debemos decir que Cristo es la cifra que resume muy al vivo la universalidad de las cosas creadas é increadas. Dice el P. Juan Eusebio Nieremberg una cosa de mucha ponderación, que no conviene pasar de aquí sin repetirla. «Es sin duda que si hubiera muchos mundos fuera de este, pudieran tener los demás grande envidia á este mundo, donde el Criador de todo encarnó y anduvo y vivió. Dice Alejandro de Alés que en la Encarnación da hermosura al mundo. Yo no dudo que si Dios criara otro mundo con criaturas más excelentes y perfectas mil veces que las de este , de modo que la luz del sol fuera mil veces mayor, la hermosura de los cielos, la claridad de las estrellas, el resplandor de la luna, la amenidad de los campos, y todo cuanto hay excediese con mil ventajas á lo que ahora vemos, no sería tan admirable este mundo tan hermoso, tan precioso, como el nuestro, por sola la perfección de la obra de la Encarnación, aunque Cristo no tuviera, como tiene ahora, los cuatro dotes de gloria; y admirara más y deleitara más este mundo á quien conociese con viveza esta obra, que el otro inundo tan admirable careciendo de ella. Pues estando ahora glorioso en el cielo, ¿qué será su vista sola? Será más gustosa, más admirable y hermosa que la de millones de mundos más hermosos.» Todo esto escribe este varón sapientísimo en su Prodigio del Amor divino 1.

 

Grandemente se honran todas las naturalezas con la vecindad de

 

1 L. i, cap. viii , § iv.

 

1002                                           Día sexto.—Era moderna.

 

Dios-Hombre, la cual sola basta para llenar de gloria y de gozo millares de mundos que hubiera. Todos los grados de seres quedan en Cristo infinitamente ennoblecidos ; y aquella infinita perfección que por sí ninguna de ellas podría tener, y aquella sed de mejoría que cada una parece que anhela , y aquella plenitud de ser que todas con ímpetu buscan, en el engrandecimiento de Cristo hallaran la plenitud de su perfección. «Cristo (dice hermosamente un moderno escritor) es para los demás seres la garantía , la esperanza y el principio de la consecución del ideal hacia el que se encaminan , según la libre y sabia disposición de Dios. Cristo , sentado en la cúspide de la inmensa obra de la creación, recibe los homenajes de todos los seres que la componen.
Todos, sin excepción alguna, le están sujetos, todos sirven para su gloria, y en cuanto cumplen sus mandatos cooperan al logro de sus nobilísimos designios. Cristo á su vez es el que ha de restaurar todas las cosas, el que ha de traer el complemento de todas ellas
1. Llevando á la plenitud de la gloria los hijos de Dios, será causa de aquella última grandeza y elevación del mundo material que antes hemos expuesto. Cristo, Rey de la creación, la conduce á su más encumbrado ideal: toda ella le sirve, y toda ella es bendecida y magnificada por Cristo. De este modo, en la mayor amplitud y en la esfera más elevada, se realiza en Cristo la ley de unión 2

 

Cuan grande sea la honra que le haya tocado por suerte á nuestra tierra y á todo el universo mundo en la persona de la Sacratísima Virgen María nuestra Señora, podrá manifestarlo la lengua que supiere hablar dignamente de aquella augusta Princesa, cuya excelsitud se pierde de vista, porque sobrepuja en dones y gracias á todas las criaturas juntas del cielo y de la tierra, por ser su dignidad la más alta que á pura criatura puede caber y Dios otorgar. Porque si Dios proporciona el tesoro de los dones que á las criaturas reparte, á los oficios á que las levanta, como la dignidad de Madre de Dios sea la más encumbrada de todas las dignidades, por cuanto la calidad de Madre de Dios es la cumbre adonde puede llegar una pura criatura, porque otorga un cierto derecho sobre el Verbo encarnado ; era menester que la plenitud de gracias concedidas á María excediese á la que han alcanzado los Santos, que comenzase allí donde remataba la santidad de ellos, que poseyese en el primer instante de su concepción el caudal de bienes atesorados en las demás criaturas, y que se aventajase
inmensamente á toda conocida santidad. ¿Qué mucho que aun antes de hacer recibiese el uso de la razón, el don de la impecabilidad , y ejercitase actos de fe y de acatamiento profundo á los decretos divinos? ¿Qué será cuando llegue á madurez esta soberana Princesa? ¿ Quién ensalzará dignamente á la Madre de Dios, que tiene el principado entre todas las criaturas y que ocupa cielos y tierra con su

 

1 Ad.Ephes., i.— 2 D. antonio comellas : Demostración de la armonía entre la Religión católica y la ciencia, 1880, parte: i. ^,  sección tercera cap i i i .

 

 

                          Cap. L.—La yida sobrenatural.                                               1003

 

inefable grandeza? Ella, habiendo hollado y deshecho la cabeza de la infernal serpiente, es alegría del universo, medianera de los hombres, Reina de los ángeles, trono de Dios, más esclarecida que el sol, más hermosa que la luna, escogida del Verbo, amada del Padre, Esposa del Espíritu Santo, pasmo y lustre de todos los bienaventurados; en fin, Madre de Dios. ¡Jesús y María! ¿Pueden concebirse ideales más esplendorosos y cercados de maravillas? ¿Podía el universo sensible y espiritual preciarse de posesión más honrosa?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO LI.
LA VIDA DIVINA.

 

« Requievit die séptimo ab universo

opere quod patrarat.»

                   (Cap. i i , 2.)

ARTICULO I.

El descanso de Dios.—Cuánto tiempo duró.—En qué consiste la vida divina.—Su prestancia sobre todas las vidas.—Qué actos la hacen ostensible.

 

Acabo Dios en el séptimo día, ó en el sexto, como leen los Setenta y el Samaritano, la obra que había trazado hacer, y descansó el día séptimo de  toda la obra que había hecho 1.


El día séptimo fue consagrado por el Señor al descanso. Cuándo empezó, cuándo remató el sábado divinal, no lo declaran las Escrituras ; pero de su silencio podemos inferir que comenzó Dios á descansar así que hubo sacado á luz y edificado la compañera del hombre. Cuándo, dónde acaba, entre qué términos corre este sábado solemne, es secreto que ignoramos. «El término del sábado, es decir, del período en que cesó Dios de hacer cosas nuevas, no le veo yo ciertamente, dice el P. Pianciani; pasadas veinticuatro horas después de la formación de la mujer, el descanso divino no tuvo fin, ni cesó aquella cesación. Porque en descansando un día solar, no fabricó nuevos seres, ala manera que nuestros oficiales mecánicos que tras el descanso del domingo vuelven el lunes á la tarea de su oficio. Aun ahora paréceme á mí que dura aquél día de laborioso descanso, en que el Padre celestial usque modo operatur, conservando las cosas
criadas y las leyes establecidas ; y al mismo tiempo que dura cesa, porque no produce nuevas suertes de substancias, ni causa aquellos trastornos grandes, y extraordinarios que no convienen al presente estado de cosas, como convenían en aquellos períodos, en que una formación abría camino para nuevos sucesos. Si; grande es el día séptimo sin tarde y sin ocaso, como dice san Agustín 2. Hasta el presente dura, y durará, Dios queriendo, mientras perseverare en la tierra el
actual orden de cosas 3

 

 

1 Cap. ii, 12.—2 Confes., 1. x iii, cap. xxxvi . — 3 Cosmogonin, § lxxx.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1008                                Día séptimo.—Era actual.

 

Estas palabras del P. Pianciani hacen hermosa consonancia con las que nos dejó escritas Ensebio de Cesárea, tomadas de Aristóbulo, filósofo hebreo. Dicen así : «Lo que en la ley tenemos, que Dios descansó el séptimo día, no ha de entenderse, como los más quisieron, cual si nada Dios en adelante hiciera, sino que acabó de constituir los grados y órdenes de todas las cosas, para que se propagasen de igual conformidad por perpetua sucesión de siglos. Porque significa el sagrado escritor que en el espacio de seis días fue criado por Dios el
cielo y la tierra y todo lo que en el ámbito de ellos se contiene, señalando á cada cosa el orden y tiempo que le compete ; y constituidas las cosas en su lugar y sazón, Dios las conserva después sin alteración alguna. El día séptimo quiso que fuese para nosotros fijo y solemne, como señal del orden septenario, para que por él vengamos al conocimiento de las cosas divinas y humanas. La universalidad de
animales y plantas se revuelve en un círculo de semanas. Aquél sábado llamamos descanso
1 ».

 

Confirman este esclarecido testimonio las alabanzas que tributaron al día séptimo los antiguos escritores, como Hesíodo, que le llamó día sagrado ; Hornero, día santo ; Lino, día de feliz agüero y de fiesta ; Calimaco, día perfecto entre todos los días. De cuyos encomios, que pueden leerse en el mismo Ensebio en el lugar alegado, hácese indubitable que todas las naciones, judíos y gentiles, desde el uno al otro confín del orbe, magnificaron la institución hebdomadaria en memoria del sábado divino, como arriba tratamos 2.  Alberto Dupaigne discurrió con poco acierto que el día séptimo es el día sin noche de la visión gloriosa, y juzgó, temerario, que andamos todavía en el día sexto, en que Dios ostenta la magnificencia de su poder, conservando y perpetuando las obras criadas, hasta que, terminada la peregrinación del tiempo dé principio el sábado perennal de la gloria, y la creación alcance su más alto punto de engrandecimiento 3.

 

Hora es, pues, de alzar la mano de nuestra tarea, y de levantar los ojos al divino descanso , á aquella sosegada é inmanente vida del Sumo Hacedor, en que ocupa su inefable y bienaventurada eternidad. Y porque la vida en las substancias simplicísimas y espirituales se manifiesta en los actos de entender y querer , será bien tantear en qué linaje de obras vitales ejercita Dios su sabiduría y voluntad; lo que haremos según la poquedad de nuestras fuerzas , confiando en las de arriba , después de apuntar someramente en qué la vida divina consiste y se debe cifrar.

 

Si consideramos la condición de los seres que viven, que está en moverse á obrar, hallaremos ser en Dios tanto más perfecta la vida, cuanto se mueve más  espontánea y libremente sin depender de otro alguno en la inmanencia de su operación. Y sí tan vivamente obra Dios que á ningún otro ser debe su  movimiento, y sí el movimiento

 

1 Praep. Evang., 1. xii, cap. xii.— 2 Cap. v.— 3  Les Montagnes, 1877, chap. viii, p. 341.

 

                                      Cap. LI.—La yida divina                                           1009

 

de un ser espiritual consiste :en los ¡Actos de entendimiento y voluntad; consiguiente es que el ser divino sea la misma verdad substancial con que se mueve el entendimiento, y la misma esencial bondad con que su querer se actúa : y quien así entiende y así quiere, y tan altamente vive, mejor será que digamos que no se mueve viviendo, sino que sencillamente es la pura verdad entendiéndose y el puro amor amándose con acto sempiterno é inmutable 1.

 

En esto es cosa muy de considerar cómo la perfección de la vida divina sube y vuela por cima de las otras vidas que hasta aquí hemos declarado. Porque como la perfección de la vida se tome de la inmanencia de los actos proporcionalmente, de forma que, cuanto menos mudanza hubiere en los actos del ser viviente, tanto será su vida más real; siendo el estilo de Dios obrar inmanentemente sin sombra de mutabilidad, -no hay dudar sino que posee lo más alto y perfecto de la vida. Y al decir obrar, no queremos tanto especificar operaciones que muestren á los ojos la vida, cuanto señalar aquella substancia eminente, que con la operación se identifica é iguala, por serla vida nombre substantivo, como lo enseña santo Tomás 2 y lo declaró Aristóteles cuando dijo : «Vivir para los que viven es ser 3». Pues como sea Dios el ser por excelencia , ni quepa en él cosa que no le tenga sumamente sin mezcla de limitación, cuádrale por soberana manera vivir y ser
la vida subsistente : que « si Dios no fuese vida subsistente se seguiría ser  viviente por participación , y ser eso se reduciría á ser otra cosa que vivió antes que él 4», como sabiamente dice el Doctor Angélico.

 

 Diferenciándose, pues, los vivientes de los que no lo son en tener dentro de sí el principio de sus movimientos por propiedad suya 5 ¿ cómo podrá dudarse que debemos atribuir vida soberana al Ser Supremo , que es piélago sin fondo de todas las perfecciones? Dado que los seres que viven se actúen y obren con más noble manera que los que carecen de vida, esa actuación y operativa facultad débensela á la fuente manantial de toda operación y facultad, que es Dios nuestro Señor, al cual, por el mero hecho, es necesario conceder vida formalmente perpetua. Mas sí en Dios ponemos vida formalmente tal, menester será que su vida se marque con el timbre de perfección simplicísima, cual pueda caer en una esencia actualísima y de todo punto inalterable. Porque toda la substancia de la vida en esto consiste : que el viviente tenga de su propia cosecha y no mendigado
ni prestado, el vivir, como en otra parte probamos 6, ¿ y no nos dicen á voces las criaturas que para perfeccionarse en su especie se ven necesitadas á buscar sustento y arrimo fuera de sí, y que para ello tienen que moverse, y que con la fatiga de sus movimientos declaran aquella incesante lucha con la necesidad que por, sí mismos no pueden satisfacer? Si, pues, hay un ser que no necesite ajeno favor para sus-

 

1 kleutgen : De Deo, p. i, 1. i, q. i, a. 8.— 2 I p., q. xviii , a. 2.— 3 De anima, 1. ii,
cap. v.—
4 Contra Gentes, 1. i , cap. xcviii . —  5 Suárez : De anima , 1. i , cap. iv. — 6 Cap. xxi, art. i, ii.         

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1010                                   Día séptimo.Era actual.

 

tentar la vida, ese tal vivirá sin necesidad de moverse para salir de sí y gozará de perfectísima vida , no siendo deudor á ser alguno de su propia y vital substancia. Así lo entendió santo Tomás, cuando dijo: «Aquel ser, cuyo es entender por su naturaleza, y á quien lo que naturalmente tiene no se le determina por otro ser, es el que obtiene el grado de vida más excelente; ese es Dios 1 ».

 

De aquí se deduce que así como las plantas, que todo lo reciben de lo exterior, viven vida muy limitada, y tal. que apenas merece el nombre de vida ; y como los brutos, que poseen conocimiento sensible que los adiestra á procurarse la perfección, pero por carecer de fin deliberado todavía tienen vida bruta y grosera ; y como los seres racionales, que ordenan sus movimientos á su fin propio y dependen menos de lo exterior, viven más exquisita y perfectamente; así también Dios, que ninguna necesidad tiene de cosa que le venga de fuera, alienta vida soberanamente perfecta y absoluta, porque entendiéndose á sí mismo se mueve sin salir de su esencia y se actúa con operación improducta, inmanentísima é indistinta del mismo Dios. Este linaje de vida realzada remedan, encendiéndose en su imitación, las criaturas en cuanto compete á su flaco posible, como agudamente lo notó el P. Mauro por estas palabras : « Las plantas y los animales participan del generante una pequeñísima porción de substancia, siendo producidos en estado imperfectísimo ; pero luego granjean toda la perfección
de por sí, nutriéndose con sus facultades vitales, creciendo, perfeccionando los órganos y alcanzando estado perfecto. De igual forma los animales sintiendo se hacen por sí mismos sensibles ; y por la misma vía los seres intelectivos. De arte que al modo que Dios es de suyo todas las cosas , los seres inteligentes se hacen en cierta medida todas las cosas de suyo también. El hombre, que de todos los animales es el único que vive vida racional, que es más divina, nace desprovisto é
inerme, como quiera que los demás salen á luz vestidos y bien armados, para que por la razón y por las manos se procure vestidos y armas, y tenga de su habilidad é ingenio lo que los brutos tienen de naturaleza 2 ». Hasta aquí el P. Mauro.

 

Si comparamos la vida en el ser inteligente y en Dios, notaremos cuan por extremo sobrepuja la una á la otra. Porque el ser inteligente se ve solicitado por un fin que le es distinto y extrínseco, y así es movido por la fuerza del fin, y á él tiende y corre presuroso; pero Dios, que se tiene á sí mismo por fin, se mueve sin ser movido : la criatura inteligente en el entender y querer depende del objeto externo y del divino concurso; pero Dios por su propio conocimiento, sin extraña intervención, se determina y obra, bastándole su infinita naturaleza para eternalmente moverse: la criatura intelectual juntamente participa de Dios los movimientos que ejecuta, sin cuy a voluntad permanecería en absoluta inacción; pero Dios se entiende y se ama sin recibir de nadie

 

I p., q. xviii, a. 3 .2 In quaest. Philos.,  vol. iii, q. xxii.

 

 

 

                                      Cap. LI.—La yida divina                                           1011

 

conocimiento y amor, él se es su amor, él se es su conocimiento, él se tiene de suyo con absoluta propiedad todo cuanto para vivir necesita; y, por consiguiente, no sólo vive vida perfecta y acabada, sino que él mismo es vida esencial, vida eminente, fuente y manantial de toda vida. «Vida es Dios, dice doctamente el P. Lessio, y no vida como quiera, sino vida capital y eterna ; y el lleno y universidad de la vida, origen y acabamiento, principio y fin de la vida : en su vida, aun las
cosas que no viven, tienen vida. Porque él es esencia sobrevital y vida sobreesencial, conteniendo de antemano en sí eminentísima y simplicísimamente y abrazando causalmente, y formando, conservando y rematando fuera de sí según su especie toda substancia vital. Él se es su vital operación ; conviene á saber: su inteligencia, su amor, su gozo, su bienaventuranza
1

 

Siendo vida subsistente y esencial, por la misma causa es fuente caudalosa de todas las vidas que en el mundo son y puede haber; porque contiene en su esencia la razón y las perfecciones de todas , y es su causa ejemplar y autor; y no sólo autor, pero también protector, conservador y próvido restaurador de toda vida2.  No es , empero, Dios alma del mundo, ni vida universal, como soñaron los fatuos de los antiguos y fingen algunos más fatuos modernos, en el sentido propio y literal de la palabra, como si Dios fuera el principio inmediato que ejecuta y obra en los seres mundanales : esta locura la hemos reprendido en otro lugar. Que por ser causa remota de las operaciones vitales, se llame Dios vida del mundo metafóricamente, no desdora la majestad de su realísima vida ; como no desdora el decir san Pablo : «en él vivimos, nos movemos y somos 3», refiriéndolo á la divina presencia que á todas partes asiste y en todas se actúa.

 

Por esta razón, el P. Suárez, á la dificultad cómo siendo la vida de Dios entender y querer, pueden participarla seres como los árboles, faltos de razón , responde generalmente que porque la vida de Dios está en acto substancial y perfectísimo, y la de las criaturas en actos accidentales y limitados, ninguna de ellas puede decirse que vive como vive Dios; y si decimos que tienen parte en la vida divina, deberá entenderse así, que Dios intrínsecamente está siempre en acto último y perfecto de sí, pero las criaturas pueden constituirse de suyo en acto segundo imperfecto. Y viniendo al caso de las plantas, añade: «Respondemos que aunque en Dios no hay más actos vitales que entender y querer, á nuestra manera de concebir, pero en estos actos se encierran muchas razones más ó menos comunes , y según ellas pueden los árboles tener, á par de vivientes, alguna proporción y concernencia con Dios. Porque en Dios en hecho de verdad no cabe más grado de vida que el entender, que es el único que participan las naturalezas intelectivas; y sin embargo de esto, también los animales tienen su parte en

 

1 De perf. divin., 1. vi, cap. v.— 2 Ps. xx , 5 ; xxvi , l.—Ezech. , xxxvii, Joan., v, 21 ;

Apoc.,xi, i i —Joan., 1,3.— 3 Act. , xvii, 28.

 

 

 

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la vida divina ; porque ya que no semejen el entender de Dios, en cuanta es entender, á lo menos le remedan y figuran debajo de razón más abstracta, cual es el conocer. Pues así también los vegetales, puesto que no convengan con la intelección de Dios, so razón de conocimiento, tienen otra conveniencia más abstracta y común, que es constituirse por sí mismos, ó sea obrar cerca de sí, tomando el obrar latamente, en cuanto prescinde de la eficiencia, ó ser en acto por la esencia 1».

La misma doctrina enseñó el P. Lessio por estas magníficas palabras : «De aquella fuente sobrevital todos los seres que de alguna manera viven, toman vida y sacan sus vitales facultades y movimientos, unos más excelentes, otros menos, cada uno en su grado y por su orden. De él toda vida de plantas, y de anímales , y de hombres, y de demonios, y de ángeles, toda vida natural y sobrenatural, de este siglo y del futuro , temporal y eternal, deriva, florece y alienta. Finalmente:

así como él es el ser sobreesencial de todos los que existen, así es vida sobrevital de todos los que viven, como lo dice san Dionisio, capítulo vi de los Nombres divinos 2». Y luego, juntando la vida esencial de Dios y la participada de las criaturas, añade gravemente : « Atribuyese á Dios la vida, especialmente á causa de su inteligencia y sapiencia ; porque esta es ]a primera y suma vida, ó la vital operación, de que toda otra vida procede. Pues de la sabiduría nace el amor; y por
ella todas las  demás cosas fueron criadas y formadas. Después en su sabiduría todas las cosas viven; porque el ser entendidas y formadas con entendimiento es la substancia y vida de las cosas inteligibles, y la intelección de una cosa es la misma cosa de un modo inteligible. Así que la sabiduría divina es vida de todos los seres, y por ellos Dios vive para sí y para todos , y todos viven para él, y están presentes, y resplandecen , y permanecen en él invariablemente de toda eternidad
en toda eternidad 3».

 

                                                       ARTICULO II.

Vida de Dios ad extra. — El entendimiento divino conoce todos los actos necesarios y libres de las. criaturas. — De qué manera los conoce.— La divina voluntad libremente se termina en las cosas criadas. — Voluntad de beneplácito y de permisión. — El poder divino ejecutor de los quereres de Dios. — Creación y conservación de los seres. — El devino descanso es ocupación continuada. — El mundo microscópico demuestra el divino poder.

 

Acto vitalísimo de Dios es la inteligencia, tanto en él más perfecta que la de los seres intelectivos, cuanto disfamas infinitamente que ellos de lo tosco de la materia aquel purísimo y simplicísimo ser que abarca en sí todo ser y toda perfección. No solamente es sabia, pero la misma sabiduría increada; « todo mente, todo razón, todo espíritu activo, toda luz », como habla san Ireneo 4; y san

 

1 De Anima, 1. i. Cap. iv.— De perf. divin. , 1. vi, cap. v. — 3 Ibid. — 4 Lib. ii, cap. xxviii.

 

 

                                      Cap. LI.—La yida divina                                           1013

 

Agustín « en la admirable simplicidad, dice, de su naturaleza no es una cosa saber y otra ser, sino que saber y ser son una y misma cosa 1». La inteligencia es en Dios substancial y subsistente, ni más ni menos que su divino ser, sin que le falte grado ni entidad á la perfección del entendimiento : todo lo comprende y cala de golpe y enteramente con la purísima é invariable mirada de sus vivísimos ojos.

 

En primer lugar, el alma, por más que se entere de sus actos , no recibe en sí el resplandor de su esencia, aunque revolviendo sobre ellos sienta ser ella principio de sus conocimientos y voliciones : no así, sino por más alta manera, Dios, cuyo ser es actuarse, no mediando linaje alguno de reflexión, tiene unido y  esencialmente enlazado consigo su propio conocimiento, siendo su virtud intelectiva por extremo fecunda al par de su inteligibilidad , que sobrepuja á la razón de todo entendimiento : y así, sobre tener conciencia de sí, colmadísimamente  comprende é intuitivamente penetra el océano sin orillas de su insondable esencia. Por este motivo su ser es objeto formal y primario de su

sabiduría, por cuanto no hay causa ni razón fuera de ella que le determine á entender y amar.

 

Todas las demás cosas las entiende en cuanto figura en sí y tiene traspasados á sí los rayos de ellas; si no las viese todas embebidas en su ser, á sí propio tampoco totalmente se conociera. Sin fatiga posee puntual noticia de las cosas mínimas y ocultísimas, que fueron, son, serán y que pueden por tiempo ser: porque todas las que de alguna manera son , tienen el ser sumido en el abismo de la divinidad con exceso y eminencia ; y Dios , que contempla con aquellos acicalados ojos la hermosura de su ser, no puede no ver con igual claridad las cosas que en él se representan: por manera que alcanza de vista la suma de pensamientos que en cabezas de hombres se han fraguado, ni sólo discierne los más menudos movimientos que en las entrañas de los animales se excitan, pero sabe distinta y tasadamente el cómo , el  cuándo , el por qué y la razón de ser de cada acto vital y orgánico ; y aún pasa más adelante, y le hacen efecto, y se asientan vivamente en su soberano entendimiento, cual si presentes fueran, todos los afectos, quereres, sentimientos y mudanzas que en los siglos por venir han de
pasar en ángeles y hombres por toda la eternidad.

 

« Hermosísimo teatro, exclama el P. Juan Ensebio Nieremberg, es el de la sabiduría divina, en la cual conoce Dios infinitos mundos semejantes á este, y otros desemejantes totalmente, infinitas especies de animales, peces y aves diversas de las de ahora, é muimos individuos debajo de cada especie; y no sólo infinitos, sino infinidades de infinitos. No puede el entendimiento humano tener concepto de un infinito; pero en el entendimiento y sabiduría divina caben infinidades de infinitos, y no es más en ella que una gota de rocío que cae en el Océano. Están, pues, en la capacidad de su sabiduría, sin embarazo alguno,

 

1 De Trinit., 1. xv . cap. xiii.

 

1014                                      Día séptimo. —Era actual.

 

clara y distinta y particularmente, muchas maneras y géneros de infinitos, porque está la multitud de individuos, la cual es infinita en cada especie, y multitud de especies, que en cada género también es infinita, y los géneros también son infinitos; y no sólo conoce todas estas naturalezas, sino cuantos sucesos, movimientos y acciones en todo género pueden caber en tanta infinidad de individuos 1.» El mismo concepto expresó el P. Leonardo Lessio en sus Perfecciones divinas2, casi con las propias palabras, declarando que Dios conoce una muchedumbre infinita de cosas. Y dado que un número infinito no pueda
especificarse, ni ponerse en acto, porque, por más que se diga, resta siempre que poner ; empero «Dios, dice santo Tomás, no así conoce el infinito ó los infinitos, como quien cuenta parte tras parte; conócelos por junio, y á la vez, y no sucesivamente 3».

 

Sobre toda razón es la noticia que tiene Dios de las cosas. Desnudos y patentes están á sus purísimos ojos los actos libres que han de hacer las criaturas racionales : tiende los ojos por los largos trechos del tiempo y por las futuras soledades del espacio, y no hay determinación de criatura que se escape á la agudeza de su vista : tanto, que negarle á Dios el conocimiento cierto de las cosas futuras cualesquiera, es, en concepto de san Agustín, como poner en su esencia las manos, y despojarle de su divinidad 4: porque siendo acto purísimo, si granjease con el tiempo nuevas noticias , se perfeccionaría de alguna suerte; y
por ello decaería de su infinita perfección. Pero lo que realza más la sabiduría de Dios es el conocer, no sólo cuanto ángeles y hombres libremente querrían hacer en lo sucesivo; mas también lo que harían y querrían hacer si tales ó tales circunstancias los rodeasen. De esta ciencia pocas veces hablaron los antiguos escritores; no por eso deja de ser cierto é infalible en Dios el conocimiento de los futuros condicionados , que aun los hombres por presentimientos y conjeturas saben de algún modo rastrear. Si veneramos en Dios una providencia que guía á su término el curso de las cosas humanas, según el orden que él mismo estableció, ¿cómo podía escoger orden y guiar al fin propuesto las cosas, si ignorase las obras que habían de ejecutar los seres libres, puestos en determinadas condiciones 5?

 

Ahora, á quien deseare saber cómo Dios conoce tanta infinidad de cosas,  responde la Teología católica que la esencia divina, «que tiene en sí la semejanza de todo ser y de todas sus diferencias 6, es la lumbre donde ve Dios y entiende todas las cosas ; porque como la esencia divina sea la causa primera, eficiente, final y ejemplar de todo lo que algún ser participa, contemplando en ella Dios, descubre en sus vivísimos resplandores el orden y las naturalezas de todos los seres finitos y sin discurso ni trabajo ve delante de sí las más remotas consecuencias. Bien dijo santo Tomás : «Dios con su entendimiento se entiende

 

1 De la hermosura de Dios, 1. ii, cap. i. — 2 L. vi, cap. ii. — 3 I p., q. xiv , a. 12. — 4 De Civit Dei, 1. v, cap. ix.— 5 P. pedro fonseca; Metaphys., I. vi, cap. ii, v. 4 ; P. molina: disp. xiv. — 6 santo tomás: Contra Gent., I. ii, cap. xcviii.

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á sí principalmente, y en sí entiende todas las demás cosas 1». Pues las cosas futuras las conoce Dios con sus penetrantes ojos, no como futuras, que entonces habría en él orden de presente y porvenir, mas como presentes, á causa de su soberana eternidad, que equivale, abraza y está presentísima á todo tiempo y momento 2. Trae el P. Nieremberg una buena comparación, y es una razón tomada de santo Tomás en el lugar arriba citado, que declara más lo dicho. «El que está en medio de un teatro, dice, no ve junto todo lo que hay en él, porque si ve lo que está delante, nove lo que tiene á las espaldas; pero el que no estuviese en el teatro, sino sobre el teatro, levantado y eminente á todo, de una vista viera lo que se contenía en aquel espacio, Á este modo el Omnipotente Dios 3

 

En el modo de conocer los futuros condicionados libres queda realzada maravillosamente la ciencia de Dios. Porque teniendo ellos alguna manera de ser, es decir, condicionada, que es algo más que no ser futuros, como pondera el P. Casajoana 4, son sin duda conocidos de Dios, no en ningún decreto que sea absoluto por parte de Dios y condicionado por parte de la criatura, sino en sí mismos, en aquella presencialidad que poseen y que les viene de ser en sí verdaderos y cognoscibles. No es este lugar de extender las razones á tal punto que excedan los términos prescritos, y usurpemos la jurisdicción á la sagrada ciencia á quien esto incumbe. Lea quien quisiere al sobredicho P. Casajoana que trata esta materia sólida y cumplidamente 5, siguiendo las huellas de los grandes teólogos Pedro de Arrubal6, Valencia 7, Vázquez8, Tirso González 9, Gormáz 10, Marín 11, Mayr 12, y otros, comúnmente de nuestra sagrada Orden.

 

El segundo acto vital de Dios es su soberana voluntad : siendo sumo inteligente, no puede no ser sumo queriente: y fuera de ser esta perfección de las naturalezas espirituales, ¿cómo ejercitaría Dios su poder y justicia y misericordia si de voluntad estuviese ajeno? Y porque la voluntad es en él acto puro, que no difiere de su  esencia, y el amor es el primario y radical acto de la voluntad , resulta ser la divina esencia amor y caridad consumada 13 : y por ello síguese que Dios se ama á sí mismo principal y necesariamente, ya por tener en sí la fuente original de todo bien, ya por ser océano infinito y sin término de bondades 14. Empero no de tal manera arde en fuego de amor y se deleita y baña en los olores suavísimos de su amabilísima esencia, que no se aplique con solicitud tierna y vivísima al amor de las criaturas, que son huellas de sus infinitas perfecciones, y en tanto tienen alguna som-

 

1 Contra Gentes , 1. i, cap. lvii. 2 Santo Tomás : Quaest. Disp. De ver., q ii , a. 12. — 3  Hermosura de Dios, 1. ii , cap. i.—  4 Dísquisit. iv, De Deo uno, 1889, cap. ii, a. iv, thes. xxxi, 5 Ibid. , thes. xxxii.—  6 Comentar, ac disputat. in i p. Divi Thomae, disp. XLIV, etc. — 7 In I p. D. Th., q. xiv. — 8 In I p, D. Th., disp. lxvii. 9 Selectar. Dísputat. t. i , disp. xiii. — 10 Cursus Teolog. , t. i, tract. De Deo, disput. Xi,  xii. — 11 Theolog. speculativae:, tract. i, disp. xii. — 12 Theolog. scholastica , t. i , tract. l, disp. iii, quaest. iv.— 13 I II.-ae, iv. 8. — 14 S. Thom.: Contra Gentes, I. i, cap. lxxiv.

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bra de ser, en cuanto reverberan destellos de la divina bondad ; y así por ser Dios todo rayos de amor, y por abrasarse en vivas y eternales llamas para con su infinita bondad, el mismo ardor con su herida amorosa estimula su espíritu para que se ponga á tiernamente amar las cosas que la representan, como agudamente concluye santo Tomás 1 en el lugar referido.

 

No ha menester Dios actos distintos para querer : porque « á la manera que el entender divino es uno, pues no ve sino uno en muchas cosas, también es uno el divino querer, y simple, porque a las cosas no las trata ni las tiene afecto sino por una cosa, que es su bondad 2». De estas palabras de santo Tomás se saca que no hay en Dios más titulo que su bondad infinita que apremie su voluntad á mostrar eficaz amor ó á dejar de mostrarle. El asentar amistad con las criaturas y amarlas con extremo, es en Dios fineza de balde y graciosa;  porque, aunque las operaciones internas del amor divino sean necesarias y esenciales, no lo son, sino libérrimas y gratuitas, las que pone fuera de sí; pudiendo poner otras, y aun contrarias á las que hace. El Concilio Vaticano contra Günther, que quiso enseñar haber Dios criado el mundo de necesidad, vencido del amor que se tiene, ha definido : «Dios con libérrimo acuerdo crió las cosas mundanas 3». No puedeser más obvia la razón. Dios necesariamente de continuo se abrasa en amor de sí para consigo, por ser su esencia el principio sumo y el
más excelso fin de todo lo amable; las otras cosas, en tanto le cautivan la voluntad, en cuanto echan resplandores y hacen manifestación de sus eternos atributos, y como por infinitos grados que participen y por millares de maneras que reflejen la bondad suma, nunca llegarán , no digo á agotar su infinita amabilidad, mas ni á representarla dignamente, sino que la manifestarán siempre en sombras y figuras; siguese que Dios, que á cada ser señala el grado de imitación que debe emular, no pudiendo parar en uno ni en todos juntos, que si fueran sin número
quedaríanse muy atrás en la representación de la hermosura divina, ha de obrar libremente en la elección de las cosas que saca á luz, y es indigno de tan gran majestad atarse á la condición de cosas caducas, aunque fuesen en número y grado infinitas. Ni debe espantarnos el decir que más perfecta voluntad es aquella que se deshace en deseos de lo mejor; porque así como en Dios tan perfecto es el acto de crear plantas como el de sacar á luz ángeles, tampoco su voluntad es por
eso mejor, porque se emplee en mayor suma de bienes, como quiera que la medida de sus quereres sea el amor subsistente del sumo Bien.

 

En Dios pueden considerarse dos suertes de voluntades: una de complacencia, con que establece y manda que se cumpla lo que su majestad desea; y otra de permisión, con que sufre pacientísimamente, ó deja que sea ó que se haga lo que su bondad rehusa. Está claro que en queriendo. Dios que una cosa se ajuste á la disposición absoluta de

 

1 Contra Gntesi, cap. lxxv. 2 I p., q. xix, a. 2. — 3 Const. De Fide, cap. i, can. v.

 

                                      Cap. LI.—La yida divina                                           1017

 

su infinita voluntad, llévase á término sin falta ninguna; pero si quiere condicionalmente y mediando causa segunda, su querer no tiene en su pecho hondas raíces, y así no es de necesidad que se deba cumplir; mas como quiera que fuere, la divina voluntad siempre dominará y pasará adelante, estando, como está, puesta en que se guarde el orden secretísimo de su providencia. Así puede el Señor permitir males, no por la culpa y desorden moral que traigan consigo, sino por la proporción que puedan tener al cumplimiento de sus divinos acuerdos; porque, como dice san Agustín, « no permitiría Dios males si no fuera tan
poderoso y bueno que de ellos sacase bienes
1»: de cuyas palabras se
sigue cuan bueno es en Dios el tolerar la maldad.

 

En tercer lugar, la vida divina, no sólo consta de sabiduría y de voluntad infinita, sino lo que la inteligencia dirige y la voluntad ordena, lo pone en obra el poder. Porque, como dice santo Tomás , « el poder se pone en Dios como diverso de la ciencia y del querer, sólo racionalmente, en cuanto el poder importa razón de principio que ejecuta lo que manda la voluntad dirigida por el entendimiento: estas tres cosas en él una misma son; si no, digamos que la ciencia ó la voluntad según
que es principio efectivo tiene razón de poder : de arte, que la consideración de la ciencia y de la voluntad antecede en él á la consideración de la potencia , como la causa antecede al efecto 2». La omnipotencia de Dios, que, como su esencia, amor y entender, es toda infinita, extiende su jurisdicción á todo el ámbito de las cosas actuales, posibles y futuribles. Todo rinde vasallaje á su soberana potestad: ni por gobernar mediante causas segundas es menos inmediata y presente; porque tan esencial es la dependencia que tiene todo ser del Supremo ser, que sin su asistencia sería inhábil para existir, cuanto más para obrar; y si á las cosas les faltase el brazo de Dios, que las sustenta, como destituidas de fundamento caerían en su ruina y se resolverían en la misma nada que antes eran. Tan de Dioses la criatura, y tan absoluto Señor es él de ella, que nada puede dar de sí ni prestar, que no pertenezca primero á Dios por más de un título: de su luz participa toda luz, con su hermosura se engalana toda hermosura, su poder asiste á todo poder, con su vida alienta toda vida, de su esencia recibe virtud toda esencia, quedándose su poder tan entero, cual si con derramarse tan magníficamente en la creación no hubiera salido de sí Primeramente el poder divino se basta á sí mismo, y no ha menester sujeto que reciba y salga al encuentro A su acción. Crear puede ; y aunque no pudiese crear más mundos que este, había para quedar deslumbrados con la grandeza de su incomprensible Omnipotencia; ¿qué
será, pudiendo dar ser á otros cuentos sin cuento de mundos más perfectos y excelentes que el nuestro, ya en la corpulencia y lindeza de los astros, ya en la hechura y calidad de los animales, ya en la composición y gentileza de los cuerpos humanos, ya en la variedad y

 

1 Enchirid., cap. xi. — 2 I p., q. xv , a. l.

 

 

 

1018                                      Día séptimo.—Era actual.

 

eficacia de las leyes del universo? Y lo que más enmudece la lengua, y ataja las palabras , y desmaya el discurso de nuestra razón, es poder Dios deshacer en un pensamiento lo hecho, y aniquilar lo criado, y desandar lo andado con igual facilidad, y de nuevo fabricar esta gran máquina y otras cien, millares de millares de veces, sin mengua ni fatiga de su inagotable poder.

 

No explica con menos elocuencia el dominio de Dios la conservación que la creación. Si Dios no continuase aquel primer impulso que dio á la materia cósmica en el día primero, y no influyese inmediatamente en el sostenimiento de todas las cosas singulares, se desordenaría todo el ornato del mundo y repentinamente se destrabaría y fenecería la universidad de las cosas. Graciosamente y sin respeto á
su interés presta Dios la majestad de su influjo ; pero sin su soplo se apagaría la llama de toda vida , y toda existencia quedaría desflorada y sin vigor. Hermosamente lo demuestra san Agustín por estas palabras : « Puede entenderse que Dios descansó en el séptimo día, cesando de producir nuevos géneros de cosas, porque en adelante no crió más. Hasta el presente y en lo sucesivo obra la administración de los mismos géneros ya criados, mas no de tal manera que prive de la presencia y solicitud de su poder á los cielos, la tierra y cosas hechas, porque si les quitase su influencia se desharían y tornarían nada. Porque el poder del Criador es causa que subsistan las criaturas; que si de la mano las soltara, dejarían de ser y caerían en el abismo de lo que antes eran. No es este mundo como la fábrica de un edificio, que queda en pie y dura aun muerto el que le construyó: si Dios le substrae su gobierno y providencia, en un pestañear de ojos acabará y dará al través. Por esto cuando el Señor dice: Mi padre hasta ahora sigue obrando , demuestra una cierta continuación de su obra y la conservación, que contiene y administra todo el universo mundo 1.» Hasta aquí san Agustín.

 

En este eterno descanso del Criador resplandece su supremo dominio de varias maneras : ora sustentando las criaturas en el firmísimo arrimo de su divinidad, ora teniéndolas colgadas sobre el abismo de la nada y preservándolas de caer en él, ora dando virtud á sus potencias y cualidades para que obren, ora, en fin, apretando de continuo sus partes y habilitando sus fuerzas para que conserven la unidad de su ser y de su fin. El concurso de Dios en la conservación de las cosas
no es un influjo general é indeterminado, como pensaron algunos; es especial y concreto: aquella misma acción con que Dios crió, con esa perpetúa la existencia de los seres 2. Aun aquellas cosas que son producidas por causas segundas, y en cesando éstas duran en su ser, son confortadas por Dios con influjo determinado, cual sí sólo él las hubiese producido. El dominio de Dios tanto resplandece en  haber sacado de

 

1 De Genes. ad litt., I. iv, cap. xii.— 2 Lessius: De perf. divinis, I. x , cap. ix ; De Summo Bono, l. iii. N 31.

 

 

 

                                      Cap. LI.—La yida divina                                           1019


la nada la materia del mundo, cuanto en conservarla para que no cese, atrayéndola hacia sí, renovando sin cesar su naturaleza, teniendo adheridas entre sí las partes corpóreas y haciendo que eche de si nuevas formas de producciones. Por manera, que ninguna criatura que Dios preserve puede perecer, y ninguna puede alargar los días de su existencia si él no se lo da , porque sería absurdo conservarse un ser á sí propio sin la divina asistencia. Así que el influjo de Dios no es de menor entidad en la conservación que fue en la creación de las cosas, por ser la conservación continuada creación, y su potestad no de menos quilates, ni otra que aquella primera que llamó á la existencia las cosas que no la tenían , como se saca de san Agustín en el lugar citado, y de santo Tomás 1: y lo prueban entre otros Doctores el cardenal Cayetano 2, Durando 3, Escoto 4, Molina 5, Vázquez 6, Suárez 7 y Lessio 8, erudita y copiosamente.

 

Demostración esplendorosa de este inmenso poder nos suministran las ciencias naturales. El mundo microscópico descubierto por los modernos á poder de desojarse escudriñando la casi infinita numerosidad de sus individuos, revela cuan increíbles misterios tiene Dios engastados en un espacio pequeñísimo. ¿Hay prodigio comparable con el órgano del oído, tan corto en magnitud cuan preñado de maravillas ? Las fibras de Corti, que rematan en el nervio acústico, están dispuestas y derramadas con tal artificio, que siendo ellas tres mil, distribuidas
en siete octavas, á razón de 35 fibras por semitono, dan de sí todos los sones posibles, y excitadas 'por una vibración cualquiera, denuncian con facilidad la más leve diferencia del sonido. Y sin entrar en esta teoría de Helmholtz, ¿qué sabiduría y poder no requiere este sistema de cuerdas, hecho á manera de arpa, delicado cuanto sutil? ¿Hay mecanismo más portentoso que el oído medio ? Con ser la cadena de huesecillos menudísima, en vibrando la membrana del tímpano, comunica sus temblores al mango del martillo, éste da en el yunque, el yunque empuja el estribo, á la ventana oval, la ventana obra sobre el líquido del vestíbulo ; así con rapidísima sucesión de movimientos llega á tocar las fibras de Corti aquella vibración del cuerpo sonoro que por medio del aire hirió el tímpano del oído. ¿Qué diremos de la retina, expansión del nervio óptico, compuesta, con ser delgadísima, de ocho á diez telillas de finísimo tejido? Capa de los palillos
(omm, 0018 ancho—omm, 070 largo), capas granulosas , capa de células nerviosas , capa de libras nerviosas, membrana hialina, zona de Zinn, membrana limitante; todas estas finísimas tela? sobrepuestas son necesarias para que se pinten las imágenes en el fondo del ojo y tenga lugar el acto de la visión. ¿Quién que haga examen de este misterio no confesará exceder esta obra los límites de la humana comprensión?

 

Espantados andan y fuera de sí los que contemplan la fábrica de un

 

1 I p., q. civ , a. 2. — 2 In I p., D. Thomae., I. c. — 3 In II , dist. i , q. 2. — 4 In II,
dist. i , q. 5. — 5  In I p. , cap. x , a. v , disp. i. — 6 In I p. , disp.
lxxii. 7 Metaphysic., disp. xxi. — 8 De perf. div. , I. x , cap. i v.

 

 

 

1020                                      Día séptimo.—Era actual.

 

organismo, viendo cuántos milagros traen de continuo entre manos. En un milímetro cúbico de sangre, que puede colgar en la punta de un alfiler, descúbrense cinco millones de glóbulos; de ellos colorados, de ellos blancos destinados á producir los bermejos: además hematoblastos, más pequeños aún; microcitos, glóbulos bermejos degenerados; vesículas elementares, que nacen de los glóbulos blancos; granulaciones grasientas; corpúsculos puntiformes; placas de pigmento; cristales de hemoglobina; elementos extraños, bacterias, etc.,etc., etc.; es decir, en una gótica de sangre cabe un mundo de seres, dotados de
fuerzas maravillosas, con su peso, número y medida; y en este tan reducido espacio hacen generosa demostración de sí la sabiduría, la voluntad y poder de nuestro Señor, y dejan atónitos, pensativos y fuera de sí á los hombres que esto contemplan.

 

                                                     ARTÍCULO III.

Vida de Dios ad intra.—La comunicabilidad divina.—El Padre engendra al Hijo.—El Padre y el Hijo expiran al Espíritu Santo.—Dios reveló su vida intima en el Viejo Testamento por sus pro- fetas; en el Nuevo por su Verbo humanado para llevar á cabo el ideal del universo.—Restauración acabada por el Hijo de Dios hecho hombre.—La Iglesia católica promueve este gran intento.—Esfuerzos de León X1I1.—El sabatismo.—La creación segunda será coronamiento de la primera.—Gozo de la vida divina.

 

Esta es la vida de Dios, vida ad extra, ocupada en el cuidado de las criaturas, vida toda puesta en derramar bondades; pero que ni es comunicación de bien infinito, ni es fecundidad suma, porque no se da la divina esencia sino sólo á las criaturas se les reparte el ser caduco que tienen. Otra más alta vida goza Dios, vida ad intra.
¿Da vida él y carecerá de vida íntima? Vida tiene en su eterno descanso: fuera de los términos de este mundo deleznable, posee Dios vida interna y esencial: el inmutable se mueve, el incomunicable comunica, el autor de la vida vive. Y como haya distancia infinita de las criaturas á Dios, en nada turba la serenidad de aquella reposada vida el rebullicio de las cosas criadas. Vive, pues., Dios: y no solitario; pues en la unidad de la esencia subsisten tres personas divinas: ni vive estéril; que quien fuerza concede para engendrar, no había de quedarse sin Hijo,
ni el autor de toda fecundidad había de ser infecundo
1.  Á la condición de la bondad pertenece que sea comunicativa, y que cuanto mayor es el bien que posee, mayor sea su comunicación; y de aquí á la bondad infinita tócale comunicación llena y de todas maneras perfecta. La cual comunicación no puede consistir en hacer participantes de ser y de vida las criaturas que pueblan el cielo y la tierra: cortedad fuera ésta de parte de Dios, como quiera que, aun puesto caso que nuestro mundo

 

1 Isaías, LXVI, 9.

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fuese el más perfecto de todos, que no lo es, y rebosase en lindezas, ¿ qué serían todas ellas sirio menos que un poco de polvo en el divino acatamiento ?

 

Otra más alta comunicación, sin tasa, ni modo, ni límite era menester al talle de la capacidad de Dios, á que no se pudiese añadir ni imaginar cosa más subida: y así hay en Dios suma fecundidad, porque hay suma comunicación, comunicación de deidad infinita. Su vida propia, esencial y personal consiste en que, siendo Dios infinitamente uno y necesariamente único, es á la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo,
tres adorables personas y un solo Dios verdadero, indistintas en cuanto á la naturaleza, distintas, real y formalmente, en cuanto á las relaciones de origen. Misterio altísimo; con el abismo de su infinita luz reverberados nuestros ojos, se cerrarían y se harían del todo ciegos para no creer, si la misma inapeable alteza no tuviese rastro y olor de ser cosa de Dios, y verdad; como quiera que del Altísimo altísimamente debamos sentir, y cuanto más divinas son las cosas, más altas é incomprensibles las ha de estimar el hombre.

 

Dios se entiende á sí mismo: entendiéndose comprende toda la razón de su inteligibilidad, que es infinita; es luego infinítala inteligencia divina: y á la manera que el entendimiento criado produce un entender que no es su ser, sino accidente distinto, de la-esencia inteligente; por contraria manera el entendimiento increado engendra, entendiéndose, un concepto substancial, no accidental, de sí mismo, una imagen intelectual igualísima, Un ser intencional dotado de substancia, un
verbo inmanente y realísimo, que da de sí generosamente la misma deidad en cuanto entendida. Así la intelección substancial que produce al Verbo , y el mismo Verbo producido , son dos personas realmente distintas, Padre é Hijo; mas no de forma que pueda decirse que en cuanto el inteligente y el entendido poseen la misma deidad, sean dos substancias, sino una sola y dos relaciones. Unión inseparable y comunicación plenísima, que hace al Hijo imagen adecuada del Padre, retrato de su substancia, resplandor de su gloria, candor de luz eterna,
espejo sin mácula, fuente de sabiduría, alegría de los cielos, dechado de toda criatura.

 

Entenderse Dios es amarse. Pues así como entendiendo el Padre su esencia engendra por su infinita fecundidad al Verbo su semejante; así amándose el Padre y el Hijo, encendidos en mutua llama de caridad, por virtud de aquella estrecha unión, cual nunca cupo en entendimiento criado, por inefable y bienaventurada manera, expiran como término intrínseco el supremo y eternal amor, no por afecto sólo, sino por efecto y suma realidad: el cual, puesto caso que se identifique
con la esencia divina y esté lleno de su Infinita substancia, con todo, el Hijo procede por vía de entendimiento y no de amor, y el Espíritu Santo por vía de amor y no por entendimiento. El entender se presupone al querer en su orden de razón formal, porque se ama el bien en cuanto conocido, no al revés: así es Dios: entendiéndose, se agrada

 

 

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y se ama ; y no al revés 1: y por eso la formal razón del amor se funda en la formal razón del entendimiento, que es acto purísimo y simplicísimo. Pues como el Padre comunique al Verbo todo el caudal de sus atributos, excepto la razón de Padre , y por el mero hecho también la facultad de exhalar amor; y como la expiración del amor presuponga la inteligencia: de ahí viene á ser que el amor divino, que es el Espíritu Santo, deba emanar del Padre y del Hijo á la vez como de un principio, y no sólo del Padre que engendró al Verbo, mas también del mismo Verbo entendido y engendrado por el Padre. Y siendo este amor recíproco expirado por ambos á dos, no accidente, sino substancia, y esa infinita, igual con la del Padre y del Hijo, siguese ser la persona del Espíritu Santo Dios tan perfecto, poderoso y sabio cómo el Padre y el Hijo lo son, abrazo regaladísimo, ósculo suavísimo,
vínculo apretadísimo, paz serenísima, amor abundoso, raudal de gracia, mar de dulzuras, don de dones y raíz de gozo inefable.

 

Tres personas hay, pues, en la única y absoluta esencia. La noción de relativo distingue bien las personas, la noción de absoluto unifica la esencia. En la alteza de estos conceptos se desalienta la admiración y cae como aturdida la flaqueza de nuestro entendimiento ; y el hombre sumido en el piélago de tantas maravillas, no acierta á dar gracias á la incomprensible bondad de aquel Señor, que tuvo á bien revelarnos los secretos de su vida íntima y personal.

 

De muy antiguo puso Dios cuidado en dar á conocer á los hombres la alteza de su incomprensible Trinidad y descorrer tantico el velo que cubre su infinito resplandor. Del número ternario, dijo Aristóteles: cusamos de este guarismo para el culto de los dioses, habiéndolo aprendido de la naturaleza 2». Y Plutarco : «El número tres es el principal de todos los números 3».

 

Pero con alguna mayor claridad descubrió Dios á su pueblo escogido la grandeza de la Tríade gloriosa. No que el pueblo hebreo hiciese profesión de creer este augusto misterio; pero en los libros del Testamento viejo vemos con cuánto ahinco procuraba Dios adestrar los varones más sabios y amigos suyos, como arriba tocamos 4, debajo de figuras y símbolos, en el conocimiento de las tres augustas personas. Uno de los destellos más ilustres de la revelación de este misterio se contiene en el capítulo del Génesis , que vamos á dejar de las manos, en aquellas magníficas palabras : Y dijo Dios : «Hagamos al hombre á imagen y semejanza nuestra». Donde las voces imperiosas hagamos y nuestra denotan acción mancomunada, comunicación de intentos, acuerdo común y unión de voluntades. Ni vale ni repugna á esto el dictamen de Gesenio ni de los rabinos citados por Buxtorfio, ni de otro cualesquiera literatos, que para crédito de erudición han dado en llamar

 

1 Card. Franzelin : De Deo Trino,  thes. xxvii. — 2 De caelo, lib. i, cap. i.— 3 Lib. ix, Symp., cap. iii.— 4 Cap. viii, art. i.

 

 

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plural majestático al plural de este versículo: ni es menos intempestivo y descaminado el entender el facíamus como alocución dirigida á los ángeles, que, según antes decíamos 1, nada tuvieron que hacer en la formación del hombre. Las voces de los santos Padres concuerdan y corresponden las unas con las otras con tan maravillosa unidad, que hacen fuerza á todos los entendimientos humanos y cierran la puerta á todas las dudas 2; sin tocar ahora otros infinitos lugares que despiden encendidos rayos de este augusto misterio.

 

Pero queremos aquí señalar una de las principales glorias de la Iglesia española. La profesión del todo explícita y cabal del misterio de la augustísima Trinidad, viniendo de las Iglesias orientales, estuvo en vigor en España ya á mediados del siglo v, en 447 3. El Concilio tercero de Toledo (á 8 de Mayo de 589), por mandado del rey Recaredo , ordenó que el Credo constantinopolitano se cantase en todos los templos de la Península, y se rezase por el pueblo antes del Padre nuestro 4: en el Concilio Toledano cuarto (633), y en el sexto (638), y en los siguientes , se repitió y encomendó la misma profesión y creencia 5. Pronto el ejemplo de la Iglesia española fue el fermento que sazonó las de la Galia y de la Germania, que abrazaron el Filoque á fines del siglo viii6. La Iglesia romana parece que no introdujo la adición de esta augusta voz hasta mediados del siglo ix. Por manera
que la nación española puede preciarse de haber sido la primera de todo el Occidente que admitió y pregonó en toda su amplitud y extensión el soberano misterio de la inefable Trinidad 7.

 

Si, pues, Dios no hubiese tenido por bien revelarnos los arcanos de su vida interior, ignoraríamos qué hace en aquella su eterna bienaventuranza , qué piensa, qué dice, qué ama, cómo goza, de qué vive: y nuestra ruin naturaleza, sin esa ciencia que tanto la enaltece, sin participar de la maravillosa suavidad de estas clarísimas conveniencias, ¡qué vida tan mísera y apocada pasaría! Dios, pues, por un exceso de bondad, que sobrepuja todo sentido y admiración y vence todo agradecimiento, ha querido hablarnos de su vida, decirnos quién es, cómo
vive, de qué se constituye, qué relaciones tiene, qué palabras pronuncia , qué amor alimenta en el secreto de su pecho, cuáles son las correspondencias y consonancias de su vida personal y bienaventurada. En derramar su corazón en nuestra cortedad no se ha mostrado escaso, ni ha querido andar á medias palabras; sino que, traspasando los límites de nuestro flaco discurso, diósenos de mil amores á si mismo. El Padre nos entregó á su unigénito Hijo, hízonos  presente de su Verbo, y el Verbo encarnó por nosotros. Aquel Verbo substancial y plenariamente henchido de la divinidad, Dios como el Padre, rebosando vida
divina, ha venido á tratar y conversar con los hombres, para prender

 

1 Cap. XLIII, art. iii. — 2 Petavio: De Trinit., I. ii, cap. vii. — 3 Labbe: T. iii, p. 1465. — 4 Colección de can. de la Igl. esp., por D. Juan Tejada y Ramiro , t. i . p. 230. —Labbe. : T. v, p. 1000. — 5 Labbe : T. v , p. 1741. — 6 Labbe : T. vii. p. 994. — 7  wirceburg: Tract. de Deo uno et Trino, 1852 , p. 437.

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en la tierra y arraigar en esta vida humana los principios de la vida que goza Dios en su eterna felicidad. Mas, ¿con qué intento? Á fin de hacernos hijos del Excelso y ponernos en posesión de su propia bienaventuranza , para que, juntamente con las tres adorables Personas, todos los hombres, todos los ángeles y la naturaleza toda, mediante el Verbo humanado, compongan un cuerpo entero por infinidades de siglos eternos.

 

A este ideal camina el mundo universo. En el principio de los tiempos crió Dios la materia elemental en estado de caos. Aquella inmensa nebulosidad, encendida por el soplo divino fue dotada de inefable potestad y enriquecida de firmísimas leyes con que salir de tinieblas, vestirse de claridad, ponerse arrebolada y despertar con su vista el júbilo de los seres espirituales que acababan de salir á luz 1. Aquel hermoso resplandor, subiendo de punto, remató en incendio universal: templóse la fragua, y al amor de su lumbre forjóse el reino inorgánico, el más imperfecto de todos; redondeóse nuestro globo, la atmósfera érale manto, las aguas lecho, la superficie lugar de descanso; mas no descansó. Entró luego la vida en el mundo; la más tosca la primera, figurada en un reino entero, el reino de los vegetales. La luz solar, que rayaba en medio del reino sidéreo alumbrando las esferas de todo el sistema, juntamente con la apacible luz de la luna, daba prisa y calor ala vida sensitiva representada en el reino animal, y fomentaba la propagación de una prodigiosa fauna, que debía presto perder el nombre y dar
lugar á otra mucho más perfecta y acondicionada al servicio y conveniencia del hombre. Dispuestos los elementos, viene á la tierra el ser privilegiado á presidir la naturaleza sensible, á honrar con su vida racional la obra del Criador y á propagar el reino humano, siguiendo las trazas de la sabiduría infinita. Al hombre, sacándole Dios de la vileza de su ser natural, levántale al ser de la gracia , y hácele de siervo hijo y partícipe de su vida bienaventurada. El hombre en esta vida sobrenatural, que por privilegio había recibido, por sus propias manos ¡desventurado! á sí propio se la quitó; pero le fue devuelta en la esperanza de su Reparador, que había de supositar la naturaleza humana en su Persona divina, á condición que el mísero trabajase por ganar el perdón de su culpa y granjear la alteza de hijo de Dios, que primero había poseído.

 

Entretanto, en el mundo corpóreo resonó el golpe de la gran caída. Las cosas materiales, buenas en sí por ser obras de Dios, quedaron en su manera contaminadas por la malicia del hombre y por la envidia de Lucifer. Los espíritus infernales infestaron todo el ámbito de lo criado; la tierra levantóles templos, los metales ornaron sus altares, los minerales se emplearon en su infame culto, las bestias y los frutos se consumieron en sus torpes sacrificios, montes y ríos, bosques y mares, fuentes y llanuras se vieron profanadas é inficionadas al

 

1 Job, xxxviii, 7.

 

 

 

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contacto de la universal corrupción. ¿Qué más? El sol, la luna, planetas y astros del firmamento, primores del divino poder, fueron á un tiempo escarnecidos por las blasfemias del gentilismo, y hechos ídolos de corazones bajos y villanos; la creación, cuan grande es, en una palabra, vio derrocada su hermosura por aquel aire violento y pestilencial, y puesto su lustre y perfección al servicio de la vanidad y de la malicia, y en lucha abierta con la voluntad de su Hacedor, llevando
la bandera el pecado y la malignidad de los hombres 1. No mirando la divina bondad con aquel favor especial de antes al hombre y á cuanto le rodeaba, quedó el mundo abandonado alas consecuencias que trajo consigo la prevaricación de su rey y dominador. Y así «los más sublimes y grandiosos espectáculos, las escenas maravillosas y las harmonías incomparables del universo viéronse perturbadas por los dolores, ayes y miserias inenarrables de la humanidad, y por esa atmósfera horrible, en que las blasfemias del malvado, las lágrimas y arrepentimiento del penitente y las bendiciones de los justos, confunden los ecos, para hacer más evidentes las consecuencias de la prevaricación humana 2».

 

Venida la plenitud de los tiempos, fue devuelto el mundo á su antiguo esplendor. La restauración comprendió ángeles, hombres y seres todos criados. El Verbo eterno, juntando consigo un espíritu criado en unidad de Persona, consagró la nobleza de todos los espíritus, y los alegró con las nuevas de la, redención, y los beatificó con el fraternal abrazo de su divinidad. El hombre, lisiado en alma y cuerpo, fue consagrado en alma y cuerpo por la sangre del adorable Redentor, y
hecho templo de Dios, hijo del Altísimo y heredero del cielo. La naturaleza material fue renovada y purificada por la presencia de la divinidad; aire, fuego, aguas, cumbres, astros, cielos, recibieron una suerte de bautismo en la sangre del Hombre-Dios, y quedaron admitidos y consagrados otra vez al culto del verdadero Dios y al engrandecimiento de su eterna majestad.

 

Desde entonces el hombre no se basta á sí mismo: no halla en sí arbitrios que le llenen las medidas del deseo, ni en el orden físico, ni en el intelectivo, ni en el moral: todo le parece pequeño para sus alardes de grandeza: muérese de ansias de vivir, suspira por su ideal, todo se le va en querer ser feliz. Sabe que los ángeles gozan ya la bienaventuranza viendo á Dios cara á cara, y que el mismo galardón le aguarda á él si le procura con solicitud. Sabe cierto que su Redentor vive y espera en el postrero día volver á tomar la vida con inefable resplandor, vestidas sus heladas cenizas de dotes de gloria, y sus molidos huesos con ropaje de inmortalidad, y confía por sus propios ojos ver á su Salvador teniendo parte, cuerpo y alma, en aquella bienaventurada vida. Sabe que las criaturas todas suspiran por un estado mejor, mal halladas con lo rastrero de sus vidas y con las inquietudes de

 

1 Glutton: L' homne rélevé de Al chute, t. ii, chap. xxi.— 1 P. M. Mir: Harmonía, cap. viii.

 

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sus continuos vaivenes. Sabe que «las criaturas todas están esperando con vivas ansias la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas á la vanidad, no de su grado, sino por aquel que las sometió con esperanza: porque serán, también ellas libertadas de la servidumbre de la corrupción á la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas están
gimiendo y como con dolores de parto. Y no solamente ellas, mas también nosotros mismos que tenemos ya las primicias del Espíritu; aun nosotros suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando la adopción de los hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo 1».

 

Todo esto sabe el hombre, por más que parezca ignorarlo: arrebatado de un instinto superior, atiende á la especulación, ejercita las ciencias, perfecciona las artes, señorea la materia, funda instituciones, acaudala conocimientos, y alzadas de continuo las manos á la figura el mundo que pasa, sigue como la sombra al cuerpo en pos del ideal perfecto á que sin cesar aspira. Todo el universo se afana por ir tras una perfección que le falta , anhelando con todas sus fuerzas por un
engrandecimiento que sea su descanso y solaz.

 

Copiosamente expone este pensamiento D. Antonio Comellas y Cluet por estas graves palabras: « Todos los hombres somos hermanos, y nuestro Padre es el Padre celestial. Todos hemos sido criados por Dios á imagen y semejanza suya, como los hijos son una imagen de su padre; todos somos regidos y gobernados por Dios, como los individuos de una familia están sometidos al gobierno solícito y amoroso de su padre. Y no sólo los hombres, sino los ángeles y los hombres juntamente , constituimos una gran familia que tiene por Padre al mismo Dios; porque á éste debemos el ser, de éste somos imagen, y por él estamos gobernados tanto los unos como los otros.  La naturaleza pertenece también á esta gran familia, tío porque sea hija de Dios, sino por ser morada é instrumento de los hijos de Dios. La naturaleza no tiene la dignidad de la filiación divina que tenemos nosotros, porque no es imagen de Dios.... Pero la naturaleza es la habitación de los hombres y de los ángeles, y á unos y á otros suministra medios para su engrandecimiento. El hombre recibe de la naturaleza alimento corporal y encuentra en la misma un punto de partida para los diversos momentos de la ciencia y para su desarrollo moral. El ángel ha encontrado en la naturaleza ocasión de tener un conocimiento experimental más vasto de las obras de Dios, y se ha visto inducido á admirar y gozar la hermosura y bondad del divino Hacedor.... Así, pues, el universo, ese gran todo compuesto de innumerable familia de los hijos de Dios (ya sean hombres, ya sean ángeles), y de la naturaleza (que les suministra habitación y medios ó instrumentos para su adelanto), está sometido al cetro de Dios, y por éste va dirigido á la perfección.... Grandioso es el universo por la impo-

 

1 Rom. cap. viii, 19-23.

 

 

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nente unidad que mantiene enlazados á tantos millones dé seres y bellísimo por las corrientes de amor qué se extienden de un confía otro confín 1». Tal es el término final adonde enderezan sus tendencias todos los seres mundanos.

 

Á fin de dar feliz cumplimiento á esta afanosa aspiración bajó el Hijo de Dios á la tierra, y nos habló de su Padre y de su soberano Espíritu: no le quedó traza por tentar á trueque de descubrir al mundo, la grandeza, soberanía, atributos, relaciones y efectos de las tres divinas Personas de la augusta Trinidad, mayormente la noche antes de subir á la cruz y de consumar el sacrificio de la redención. Y para no dejar cosa qué no hiciese en orden á descubrir al mundo los senos de su secretísima vida, instituyó en la Iglesia católica una cátedra, con privilegio exclusivo de interpretar y dictar á los fieles todo cuanto convenga al perfecto conocimiento de los misterios de la divinidad: cátedra que asentada sobre piedra firme, contra la cual ni ríos de errores ni vientos de persecuciones, ni lluvias de crímenes, ni poderes infernales pueden prevalecer, siempre combatida, nunca vencida , tiene la llave y posee las arcas de los secretos del Verbo, y hace por la verdad divina cuantos esfuerzos cabe imaginar, llevando adelante la santificación de los hombres á costa de cualquier sacrificio.

 

¿No lo vemos? No bien hubo ascendido León XIII á la majestad del solio pontificio, como tendiese su vista de águila por el universo católico, y reparase cuan turbados trae los pueblos la falsa ciencia, acometió la empresa de una cruzada intelectual en razón de combatir los sofismas del error, y de señalar los manantiales de donde dimana la verdadera sabiduría. Para dar afortunada cima á este designio, sin mellar un punto la entereza de la verdad, después de hacer patentes los desastres del naturalismo, causa principal de tantos males, trató de poner remedio batiendo en ruina este enemigo del orden sobrenatural con Letras Encíclicas llenas de consoladora doctrina. La base en que ha de estribar todo orden es la autoridad de la Iglesia; León XIII avivó y despertó su amor en los pechos católicos 2: las teorías socialistas hacían tala en el campo de los fieles; León XIII las condenó y anatematizó 3, oponiendo á sus pestilentes errores el fin sobrenatural de los hombres: la ciencia superficial con calumnias y raterías desacreditaba la verdad religiosa; León XIII puso en su punto la filosofía católica, dándole por guía á santo Tomás de Aquino 4: la sociedad doméstica se desviaba del recto camino; León XIII ofrecióle abonada fianza de seguridad en el matrimonio cristiano 5: la sociedad civil corría inminente peligro de ruina; León XIII paró el golpe, autorizando sus derechos y recordando sus deberes 6: las sociedades secretas traían sobresaltada la paz de los Estados; León XIII miró por el

 

1 Demostración de la armonía entre la religión católica y la ciencia, 1880, parte I a, scción 2.a. cap. iv.— 2 Inscrutabili Dei consilio, 21 Abr. 1878.— 3  Quod apostolici muneris, 21 Dic. 1878. —  4 AEterni Patris , 4 Agosto 1879. — 5 Arcanum divinae. sapientae, 10 Febr. 1880. — 6 Inturum lllud, 20 junio 1881.

 

 

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bienestar común, apellidando á las armas contra ellas 1: la libertad política atropellaba el bien social y desfloraba el vigor de las sagradas instituciones; León XIII fijó los límites entre la autoridad y la libertad, atajando los abusos del poder civil2: los liberales con voz de libertad ponían sin tiento las manos en lo sagrado, atrevíanse á la autoridad eclesiástica, corrían sin freno por el campo del error , corrompíase la masa del pueblo por esta ponzoñosa levadura; León XIII sube otra
vez al trono de su soberanía, insiste en declarar el verdadero concepto de libertad, quita la máscara al corriente liberalismo y le reprueba y baldona, ensanchando el ánimo de los verdaderos católicos 3: finalmente, para que todos viesen con entera claridad cuál era el camino seguro, y en los trastornos políticos que nos afligen supiéramos qué partido tomar; señala el beatísimo Padre distintamente los
deberes de los cristianos respecto del orden social4: en una palabra, siempre los Romanos Pontífices se han opuesto frente por frente al triunfo del error, á la licencia del vicio, velando y volviendo por la incolumidad de 1os hijos de Dios.

 

Por medio de la Iglesia católica el Hijo de Dios comunica á la tierra la posesión de su substancia y santifica las almas con la unción del Espíritu Santo. ¡ Tanta es la copia que ha querido hacer Dios de sí á los mortales! Así son hechos hijos del Excelso por adopción verdaderamente, recibiendo comunicada la naturaleza divina; y siendo hijos, son luego herederos del reino celeste y dignos de reinar en su trono, y de que les quepa en suerte la vida bienaventurada. Y ellos, guiados por
el espíritu, dando muerte con el espíritu á las obras de la carne, sembrando en espíritu, combatiendo con armas de luz, viviendo vida de fe escondida con Cristo en Dios, yendo en pos de la incorruptibilidad, vienen á conseguir la vida eterna, donde beben finalmente y se hartan sin cansancio y. con plenitud en la fuente perennal de la vida, que es Dios.

 

« Réstale al pueblo de Dios un sabatismo», clamaba san Pablo 5: no aquel instituido por Moisés para descanso del humano trabajo en memoria de las obras de la Creación, ni tampoco aquel sabatismo frívolo de los pasatiempos de acá; sino el del reino de los cielos en el seno de la gran familia. Este es el sabatismo de Dios. La humanidad, salida de las manos y boca de Jehová, tornará finalmente al corazón de Dios: emanada del no ser, volverá á la suma realidad. La vida camina á la muerte, la muerte espera la inmortalidad, la inmortalidad tiene su remate
en el restablecimiento universal. Día vendrá en que esta creación, tan llena de maravillas , sea en los labios de los escogidos himno de gloria á la bondad del Sumo Hacedor 5.

 

Entonces todas las cosas presentes serán renovadas. Este primer cielo, esta primera tierra, este mar y las cosas que añora vemos, se

 

1Humanum genus, 20 Abril 1884. — 2 Immortale Dei, i° Nov. 1885. — 3 Encycl. Libertas, 20 Jun. 1888. —  4 10 Enero 1890. —  5 Hebr. iv, 3. — 6 Hebr., iv, 3.

 

 

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desvanecerán de nuestros ojos, y resplandecerá una segunda creación, un cielo nuevo, una tierra nueva. Entre estas dos creaciones se encierra toda la Escritura: entrambas comprenden del uno al otro cabo toda la obra de Dios. La primera creación encabeza el primer libro; la segunda corona el último 2 con pasmosa consonancia. En la nueva universidad de bienes infinitos no habrá sol ni luna, porque la claridad de Dios iluminará, y la lumbrera será el Cordero 2. En aquel nuevo paraíso, el árbol de la vida , plantado á las orillas del-río que tiene su
nacimiento en el trono de Dios, conservará con la virtud de sus hojas y frutos en frescura y lozanía la inmortalidad de las gentes por años sin fin 3. No habrá noche, porque la luz de Dios esclarecerá á los inmortales 4 y llenará de bienandanza el reino de los cielos. En la vida de Dios, como en fuente inagotable, apagarán su sed los que la tienen de felicidad, y serán colmados sus deseos  cumplidísimamente, gozando de la vista clara de Dios 5.

 

«¡Oh admirable divinidad, cuan admirable vida tienes ! Toda está llena de gozos, que no te costaron trabajo; llena de gusto, sin contrapeso de peligros; llena de suavidad, sin riesgo de penas; llena de bienes, sin experiencia de algún mal. Todo eres dulzura, todo paz, todo descanso, todo gusto, todo vida, todo bien y todo bienaventuranza, todo vida bienaventurada y beatificadora, y todo vida mía. Con razón te engrandecen tus Escrituras con llamarte Dios vivo; porque respecto
de tu vida, cualquier otra vida no lo parece, y sin la tuya nada vive. Tu vida es verdadera y vitalísima, vida causadora de todas las vidas. Vivid, vivid, Dios mío, pues me importa á mí más que el vivir; impórtame el ser, impórtame el alma, impórtame el cuerpo, impórtame la salvación. Vivid, vivid, vida mía , pues importa tu vida mas que la mía y de todas las criaturas. Huélgome, y el corazón se me salta de placer , que tengas por esencia y necesidad de tu ser lo que debía ser
deseo de todo ser y diligencia de todas las naturalezas. Huélgome que por esencia tengas el vivir eternamente, pues por tu vida debíamos dar todas las nuestras, que de ella dependen. ¡ Viva, viva Dios tan bueno!, y todos los ángeles digan : ¡viva! Aclámenle todas las naturalezas. Decid, elementos, decid: ¡ viva Dios tan poderoso! Decid, plantas y prados, decid: ¡viva Dios tan suave! Dacid, peces; decid, aves; decid, animales, decid: ¡viva Dios tan sabio ¡Decid, cielos; decid,
estrellas; decid, planetas: ¡ viva Dios tan hermoso ! Decid , hombres, decid: ¡viva Dios tan misericordioso! Decid, espíritus soberanos, decid á voces, decid: ¡ viva Dios tan grandioso, viva Dios tan liberal, viva Dios tan inmenso! Decid á una, elementos, plantas, peces, aves, animales, cielos, hombres y ángeles, decid:

¡viva Dios tan bueno, viva Dios tan admirable, viva Dios vivo, viva Dios eterno,
viva Dios bienaventurado, viva un Dios que es causa de todas las vidas! De él procede toda la vida de la naturaleza, de él mana toda

 

1 Apoc., xxi, i, 5.— 2 Ibid. , xxi, 23.— 3 Ibid., xxii , i , 2.— 4 Ibid. 5.— 5 Hibd., xx, i, 6.

 

 

 

 

1030                                             Día séptimo.—Era actual.

 

vida de gracia, de él sale toda vida de gloria. ¡ Viva Dios, en quien viven todas las vidas ! ¡Oh clarísima fuente de vida, cuya redundancia vital es una infinita plenitud de todo vivir! ¡ Oh Dios mío y vida mía !, hermosea la vida de mi naturaleza con la vida de tu gracia, y á la vida de gracia perfecciónala en mí con la vida de gloria: resucita mi espíritu , vivifica siempre mi alma con tus dones y gracias , para que viva sólo para ti y en tí 1

 

 

1 P. juan eusebio niercmberg : De la Hermosura de Dios, 1. ii, cap. xii, III.